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Historia 30452 — capítulo 2
Un ruido en la ventana despertó repentinamente a Hermione. Se levantó y abrió los cristales para que la lechuza pudiese entrar y darle la carta. Bostezando, la cogió y se fue a la cocina para prepararse su acostumbrado café de la mañana. Al pasar por el pequeño estudio, vio algo de lo que se había olvidado momentáneamente: Lily estaba en su estudio moviendo varios libros. Al notar su presencia, la pelirroja se giró sonriendo.
-Tienes una magnífica colección. Algunos de estos libros son prácticamente imposibles de encontrar. ¿Cómo los conseguiste?
-Algunos de los más antiguos me los regaló Harry. Nunca he conseguido que me dijese donde los había comprado.
Lily sonrió divertida.
-Lógico que no te lo diga; esos libros pertenecían a la biblioteca de la mansión Potter.-al ver la mirada entre sorprendida y arrepentida de Hermione, sonrió quitándole importancia.-Tranquila. Ahora todo eso es tuyo. Cuando tengas tiempo de mirarlo todo con más atención, descubrirás títulos que todo el mundo pensaba desaparecidos.-paró de hablar y miró curiosa la carta que la joven llevaba en las manos.- ¿Qué es eso?
Hermione devolvió la vista a la nota y su cara cambió totalmente.
-Es la Señora Weasley; quiere que mi madre y yo nos reunamos con ella en una tienda del Callejón Diagón para empezar a ver el vestido de novia…
Inmediatamente, se arrepintió de haberlo dicho.
-¡Magnífico! Recuerdo que para mi boda con James teníamos que ir prácticamente escondidos…
-Sí, me imagino…Estaban escondiéndose de Voldemort y …
-¡Para nada! Voldemort aún no nos perseguía a nosotros en concreto, la profecía aún no había sido hecha…Es que James era bastante conocido y yo también, así que teníamos que ir Alexa y yo escondiéndonos de la bruja de Reeker.-parecía que a Lily no le caía nada bien la susodicha, así que Hermione decidió no preguntar…por si las moscas.
-Señ…-al ver la mirada que le dirigía la pelirroja, rectificó rápidamente.-Lily, me voy a la cocina a tomar un café. Si me necesitas…
-Voy contigo, querida. Ya tendré tiempo de ver el resto de los libros.
Suspirando, y con su suegra detrás, Hermione se dirigió a la cocina maldiciendo a todos los dioses existentes por su mala suerte.
Mientras se preparaba el café, observó disimuladamente a Lily, pero antes de que pudiese hablar, la pelirroja la interrumpió.
-¿Cómo piensas hacer la boda?-al ver que Hermione no sabía a que se estaba refiriendo, especificó.-Me refiero¿piensas hacerla muggle o mágica? Yo decidí hacerla mágica, ya que sólo iban mis padres. ¿Como te gustaría a ti?
Hermione no sabía que decir. La verdad es que no se había planteado aún nada de eso…Había ido a muchas bodas mágicas y por su puesto a muchas muggles, pero nunca pensó como sería la suya.
Antes de que pudiese responder, algo empezó a dar golpes en la ventana de la cocina. Con un movimiento distraído de varita, la abrió y empezaron a entrar lechuzas con extraños sobres rojos…Cuando quiso darse cuenta, ya era demasiado tarde: todos los howlers se habían abierto y le lanzaban insultos que dejarían avergonzado al mismísimo Voldemort, ante la mirada divertida de Lily.
Tras un cuarto de hora intentando destruirlos, por fin se callaron ellos solitos, dejando como consecuencia un terrible dolor de cabeza para la ojimiel. Resoplando (y jurando arreglar cuentas en cuanto aquella tortura terminase), Hermione fue al mueble y sacó una aspirina y un vaso.
Cuando el dolor de cabeza cesó, se dirigió al sofá para poder tomarse su café tranquila, pero no había terminado de sentarse cuando el timbre de su casa sonó. Resoplando, la castaña se levantó y fue a abrir, encontrándose a su madre al otro lado de la puerta, que la miraba con un punto de regaño.
-Cariño¿qué haces aún en pijama¡Hemos quedado con Molly en el Callejón dentro de media hora! Aún hay muchísimas cosas que hacer, y más si queréis casaros en dos meses. No se por qué no podíais haber esperado un poco más, porque…
Sabiendo que si no paraba aquello el dolor de cabeza regresaría, Hermione levantó la mano frenando a su madre.
-Mamá, te prometo que en diez minutos estaré lista, pero por favor, no grites¿si?
Antes de que su madre tuviera oportunidad de volver a regañarla, Hermione se dirigió a su habitación para vestirse. Nadie se dio cuenta de que Lily Potter tenía los ojos brillantes…
Efectivamente, no habían pasado diez minutos cuando Hermione salió vestida de forma sencilla: unos vaqueros, una sencilla camiseta ¾ , unas zapatillas deportivas y el pelo recogido en una coleta. Recogió su chaqueta y su bolso y acompañó a su madre a la puerta, siendo seguidas por una Lily sonriente.
Unos diez minutos después(a su madre no le gustaba mucho lo de aparecerse, así que tuvieron que ir por Red Flú), salían del Caldero Chorreante, ignorando las miradas curiosas de todo el mundo.
Hermione pinchó con la varita los ladrillos precisos y ante ellas apareció el bullicioso Callejón Diagón. Entraron en él y se dirigieron tranquilamente hacia la tienda en la que habían quedado con la Señora Weasley…pero se encontraron a alguien muy desagradable por el camino.
-¡Pero miren a quién tenemos aquí!-Hermione intentó contener una mueca de asco.-Si es la Señorita Granger… ¿o debería decir futura Señora Potter? Al final yo tenía razón…y dinos, Hermione¿cómo te sientes habiendo cazado por fin al famoso Harry Potter?
La Señora Granger miraba todo esto en un segundo plano, rezando silenciosamente porque aquella horrible mujer se callase, mientras una sonriente Lily esperaba a ver que es lo que haría su nuera.
Hermione se volvió esbozando una dulce sonrisa, demasiado dulce. Miró a la reportera y se acercó a ella.
-¡Señorita Skeeter¡Qué sorpresa encontrármela aquí hoy¿Qué quiere?
La reportera no dejó mostrar el recelo que sentía.
-Únicamente, quiero saber como se siente al haber conseguido su objetivo: atrapar al salvador del mundo mágico. ¿Puede hacer unas declaraciones?
-Por supuesto-sonrió encantadoramente.-Pero antes ¿sería tan amable de enviarme aquel bote de cristal que le presté? Es que me hace falta para un experimento.
La bruja palideció totalmente.
-Yo…bueno, es que…lo perdí.
-¡Oh, vaya! No se preocupe. Creo que tengo otro en casa, que estoy segura de que servirá igualmente…los insectos se sienten como en casa allí¿no cree?
La reportera frunció los labios y, sin ni siquiera contestar, se dio la vuelta y desapareció con su vuelapluma detrás.
Hermione sonrió con suficiencia y, ante la mirada sorprendida de su madre y escuchando las carcajadas de Lily, volvió a emprender su camino hacia la tienda.
-Cielo¿quién era esa mujer?
-Alguien que no volverá a molestar en mucho tiempo.
La Señora Granger decidió no volver a preguntar y simplemente siguió a su hija. Al entrar a la tienda, todo el mundo quedó en silencio durante unos segundos. Al momento, sonó la conocida voz de Molly Weasley dirigiéndose rápidamente hacia ellas, seguida de su hija y su nuera.
-¡Hermione, querida! Pensé que no llegarías. Ven, ya te he seleccionado algunos vestidos, que estoy segura de que te encantarán…
Sin dejarla hablar siquiera, las arrastró a ella y a su madre al interior de la tienda. Lo que vio allí la dejó horrorizada: todo tipo de vestidos de novia con encajes imposibles, vuelos kilométricos y juraría que algunos de aquellos vestidos debían ser de la época victoriana (es decir, aquello era más viejo que Dumbledore). Miró a su madre (que parecía igual de ilusionada que la Señora Weasley) y intentó decir algo. Se giró y vio a Lily mirándola sin saber si reírse…o tirarse por el suelo de risa. Molesta, volvió a dirigir la vista a su madre, y decidió no darles más esperanzas.
-Mamá, Señora Weasley, lo siento pero este…este no es precisamente mi estilo.
Ambas mujeres la miraron como si acabase de decir el mayor sacrilegio del mundo, y su madre se acercó a ella rápidamente.
-Pero querida, estos vestidos son preciosos. ¡Míralos! Están muy bien conservados y tienen un diseño magnífico y…
-Sí, mamá, no lo niego, pero es que no me gustan. Sabes que yo prefiero la comodidad, y esto debe de ser lo más incómodo del mundo…
-¡Tonterías! Mira, este te quedaría precioso…
Ambas mujeres sacaron un vestido blanco que haría las delicias de cualquier abuela del siglo XVIII que se precie: una cola de unos 5 metros, encaje de bolillo enrevesado, mangas hasta las muñecas y, lo más impactante, unos veinte botones abrochaban el dichoso vestido por detrás.
Hermione quiso morirse en ese mismo instante, ante la mirada divertida de sus amigas (en este momento, ese adjetivo estaba seriamente puesto en duda)
Sin hacer caso de sus protestas, su madre y la Señora Weasley llevaron el traje al mostrador, y pidieron que lo arreglaran (seguramente, querrían tapar aún más a la pobre chica)
Antes de que la castaña pudiera decir nada, todas salieron del local en dirección al Caldero Chorreante de nuevo. Cuando llegaron, entraron a la chimenea y, por turnos, fueron apareciendo en el despacho de Albus Dumbledore (para sorpresa de Hermione)
-Molly, Señora Granger¿qué les trae por aquí¿Quieren un caramelito de limón?-el anciano, siempre tan hospitalario, conjuró cinco sillas para que todas pudiesen sentarse.-Por cierto, Hermione, muchas felicidades por la boda. Estoy seguro de que usted y Harry estarán felices.
-A eso venimos precisamente, Profesor Dumbledore.-el anciano y Hermione miraron curiosos a la Señora Granger.-Molly me ha informado de que en el mundo mágico, es normal que un mago del Ministerio oficie los matrimonios, y nos estábamos preguntando si usted sería tan amable de hacerlo…
El anciano sonrió como un niño en navidad y miró a una sorprendida Hermione (sorprendida porque, por una vez, ambas mujeres hubiesen hecho algo sensato).
-Para mí sería un honor oficiar esa boda. No se si sabes, Hermione, que yo fui quién ofició la boda de James y Lily, y me haría mucha ilusión oficiar la vuestra…
Disimuladamente, Hermione miró hacia donde se encontraba Lily, que asintió confirmando lo que había dicho el director. La castaña sonrió de vuelta al hombre.
-Para Harry y para mí seria un honor que usted nos casara, profesor.
-Hermione, hace muchos años ya que dejé de ser vuestro profesor. ¿No crees que es hora de que me tutees?
-Si usted lo dice…quiero decir, si tú lo dices, Albus, está bien.
-Bien¿y donde se hará la ceremonia?
-En mi casa.
-En la Madriguera
Ambas mujeres se miraron entre sí frunciendo el ceño y empezaron a discutir. Hermione notó como el horrible dolor de cabeza de esa mañana volvía con renovadas fuerzas, e intentó darse un masaje para relajarse. De pronto, sintió a Lily a su lado, susurrándole la solución al problema.
-¿Por qué no lo hacéis en el valle de Godric? La casa es inmensa, podréis acoger a todos los invitados que queráis, y así no habrá discusión.
Sin pensárselo dos veces (no creía que Harry tuviese ningún problema), Hermione levantó la voz.
-La boda se hará en casa de Harry, en el Valle de Godric.
Por el tono que usó, ninguna de las dos mujeres se atrevió a llevarle la contraria, así que simplemente asintieron sumisas (aparentemente), y Hermione suspiró aliviada.
-Bueno, Albus, en ese caso, ya está solucionado. Nos casaremos en casa de Harry, ya te diré la fecha vía lechuza.
De repente, pareció acordarse de algo y miró a los cuadros con recelo. El director pareció notarlo.
-No te preocupes, querida. Ninguno dirá nada.
La bruja asintió no muy convencida, y se dirigió a la chimenea para volver a casa (entre unas cosas y otras, se le había pasado la mitad del día y tenía cosas que hacer)
Una a una, todas fueron desapareciendo en la chimenea rumbo a sus respectivos hogares (Hermione las había convencido; había costado, pero al final lo logró).
Al llegar a casa (obviamente seguida de Lily), solo quería darse una ducha y recuperar el trabajo perdido, pero al llegar, se encontró con una agradable sorpresa: sobre la mesa de su salón había un gran ramo de azucenas, sus flores favoritas, junto a una nota.
Te echo de menos, preciosa. No te veo desde ayer por la mañana que te fuiste de casa dejándome la nota. ¿Qué te parece si quedamos mañana y salimos a cenar? Mándame la respuesta con Hedwig.
Te amo
H. J. P.
Hermione sonrió tontamente y recogió las flores para ponerlas en agua. Cuando volvió, acarició a Hedwig y le dio de comer antes de entregarle la respuesta. La lechuza, cuando estuvo satisfecha, salió volando en busca de su amo, dejando atrás a una sonriente Hermione.
-Vaya, por lo visto mi hijo es un romántico total. ¿Son tus flores favoritas?
La castaña salió de su ensueño al escuchar la voz de Lily, que olía las flores sonriendo.
-Bueno, más o menos. De vez en cuando me sorprende con un detalle de estos.
La pelirroja sonrió viendo como Hermione se dirigía al año para tomar su acostumbrado baño nocturno.
Tras una media hora, la chica salió con el pijama puesto y el pelo seco, y se dirigió a la biblioteca. Efectivamente, allí se encontraba Lily ojeando un par de libros de Encantamientos y Transformaciones avanzadas.
-Creo que dejaré el trabajo para mañana. Estoy agotada de tanto ir de un lado a otro. Nos vemos por la mañana.
La fantasma sonrió.
-Que descanses.
Hermione se dirigió a su cuarto y se metió en la cama, cayendo dormida casi al instante, con tiempo de tener un último pensamiento consciente.
-“Bueno, mañana será un día más tranquilo. Peor que este creo que es físicamente imposible”
Tras esto, la castaña quedó dormida, sin saber que eso no era más que el principio de esa tortura llamada “PREPARACIÓN DE BODAS”…