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Historia 30452 — capítulo 3

Dos días después, a mediodía del jueves, Hermione se encontraba atrincherada en su habitación. Realmente, no podía creer que las cosas pudiesen salir tan horriblemente mal…Pero una vez más, había quedado comprobado que ella no podía tener buena suerte. Con la cara frente a la almohada y tapada hasta la cabeza, empezó a recordar…

--Martes por la mañana--

Hermione se despertó sonriente. Ese día su padre tenía cita con el médico, así que su madre no podría ir a visitarla; la Señora Weasley también estaba ocupada ayudando a Ginny a preparar algún evento relacionado con el Hospital San Mungo, en el que trabajaba, y Luna había desaparecido con Ron (era preferible no saber que estaban haciendo…).Eso quería decir que tenía toda la tarde libre para prepararse para la cena de esa noche con Harry…

Se levantó de la cama y, tras ducharse y vestirse, fue a la cocina a desayunar. No se preocupó al no ver a Lily, seguramente estaría en el estudio. Se preparó unas tostadas y el café, pensando que ese día por fin tendría algo de paz y tiempo para ella (y a lo mejor, hasta tenía oportunidad de ir a casa de Harry después de la cena…para ver como celebrar la ceremonia, por supuesto).No había terminado de pensar eso cuando oyó un ruido extraño…

Se dirigió a la ventana de la cocina extrañada, y vio algo que la hizo desear echar a correr: había como mínimo 4 lechuzas que llevaban cartas…con logotipos de distintos servicios de cattering mágicos. Abrió la ventana con precaución, pero antes de que pudiese evitarlo, todas las lechuzas entraron dejando las cartas. Sabiendo que no se irían hasta que leyera las susodichas cartas, la castaña las fue abriendo una a una, sorprendiéndose cada vez más: siempre había sabido que a la gente le gustaban los famosos (tenía a una cotilla pegada a los talones continuamente), pero esto era el colmo. En todos los sobres intentaban por todos los medios convencerla de que escogiera sus servicios (algunos de dudoso origen) e incluso llegaban a mentir de todas las formas imaginables.

Suspirando, sacó la varita y envió una carta idéntica en respuesta: pedía amablemente que no volvieran a intentarlo, o tomaría otra clase de medidas.

Mientras se tomaba su café tomó una decisión: el cattering sería al estilo muggle. Así se ahorraría muchísimos problemas.

Tras terminar su desayuno, miró sorprendida la hora: debería estar en el trabajo desde unos 15 minutos atrás(es decir, le sobraban 10 minutos aún para cogió su capa y se apareció en la puerta del Ministerio de Magia.

Al entrar y pasar su identificación, observó que la mitad del personal la miraba como si fuera una arpía (sector femenino), y la otra mitad con total admiración. Decidiendo ignorarlos a todos, se dirigió al Departamento de Aurores rápidamente, mientras hacía una lista mental de lo que tenía que hacer. Allí se encontró con su amigo Ron (había reaparecido; sólo esperaba que Luna tardase un poquito más en hacerlo, por su salud mental), algunos compañeros más y su jefe (y también prometido), el cual se fue rápidamente hacia ella y la besó con dulzura en los labios. Antes de que el beso pudiese pasar de un inocente saludo, su amigo pelirrojo los interrumpió con una nada disimulada tos, sonriendo.

-Chicos, hay mucho trabajo que hacer.

A partir de ese momento, ya no tuvo más oportunidades de estar con Harry a solas; Ron siempre estaba acompañando a uno de los dos y, aunque tenían confianza con él y no les importaba demostrar su amor, no veían bien hacerlo de forma tan abierta en el trabajo.

Finalmente, llegó la hora de comer y los tres se fueron a una cafetería muggle (esta vez le tocaba elegir a Hermione), y almorzaron tranquilamente. Estuvieron comentando un poco de todo, hasta que el inevitable tema apareció.

-¿Y quién será el padrino?

Eso era un enorme problema que ninguno de los dos había querido plantearse: por una parte estaba Albert Granger, el padre de Hermione; adoraba a su niña, y siempre había dicho que se sentiría orgulloso de llevarla ante el altar; por otra, Ron Weasley, mejor amigo de ambos y prácticamente su hermano. No querían herir a ninguno de los dos, y por eso mismo evitaban el tema a toda costa.

Hermione intentó solucionar el problema momentáneamente.

-Ron, hace apenas dos días que nos comprometimos, y ni siquiera hemos tenido tiempo de hablar de la boda. Aún quedan dos meses, ya te lo diremos.

Al ver que Harry asentía, el pelirrojo decidió no insistir más por el momento.

La pareja suspiró aliviada y condujeron la conversación por otros términos.

La hora de su almuerzo terminó, y el trío de aurores decidieron volver al trabajo. De nuevo, Hermione y Harry volvieron a estar ocupados toda la tarde, pero justo antes de irse a casa, Harry dejó un papel disimuladamente en la mesa de la exgryffindor.

“Nos vemos en J a las ocho. Te quiero, preciosa.

H. J. P.”

La castaña sonrió. J era la inicial de Jonny´s, un bonito restaurante regentado por una pareja de ancianos squibs. Siempre que querían estar solos iban allí, ya que la única persona que sabía que era su sitio especial era Ron, y nunca lo revelaría (bajo amenaza de maleficio por parte de Hermione). La pareja era muy amable con ellos y nunca hacían comentario alguno respecto a la posición que ambos ocupaban en el mundo mágico, de forma que se encontraban siempre muy a gusto. La chica salió felizmente del Ministerio y se apareció en su casa.

Mientras se preparaba su baño (aún quedaban un par de horas para la cita, y ella tenía tiempo de sobra), pensó vagamente que no había visto a su suegra en todo el día, algo extraño teniendo en cuenta que no la había dejado en paz desde que se comprometió con el moreno. De todas formas, no le dio mucha importancia y se dedicó a relajarse y arreglarse.

Una hora y media después, terminaba de ponerse los tacones de aguja y se disponía a escribir una nota para que, cuando a la pelirroja le diera por aparecer, no se preocupara. Acto seguido, recogió su chal y el bolso y desapareció del piso rumbo al restaurante.

Al llegar, vio rápidamente a Harry esperándola en una mesa apartada y elegantemente preparada: velas, una sola azucena (en su opinión, era más romántico una sola flor que el ramo completo) y su vino favorito enfriándose. El moreno se levantó sonriente al verla y la recibió con un beso. Cuando ya empezaba a subir de tono, sintieron una fuerte descarga eléctrica y sobre la mesa apareció un papel en el que reconocieron la letra de Luna.

“Molly y Jane me han pedido que haga un pequeño hechizo. No podréis tener contacto físico que ellas consideren inapropiado antes del día de vuestra boda. ¡Espero que disfrutéis, chicos!

Luna Weasley”

La pareja se miró sin saber a quién estrangular: si a Luna por hacer caso a Jane Granger o a Ginny por dar la idea (porque esa idea tenía que ser de Ginny)

Mientras Hermione se sentaba en su silla decepcionada, apareció ante sus ojos su desaparecida suegra. Intentando no mostrar nada en su expresión, miró disimuladamente a la pelirroja intentando darle a entender que se fuera, pero ésta simplemente sonrió y negó, sentándose y mirando fijamente a su hijo. Desde ese mismo instante, Hermione dejó de escuchar lo que su prometido le decía, porque estaba oyendo la voz de Lily en su cabeza.

-Mmm…esto es muy bonito. James no solía hacer esta clase de cosas, era más de sorpresas a lo grande. Y hay que ver lo guapo que está mi hijo, pero gracias a Merlín no tiene el carácter de su padre.

-Esto…Lily, estoy intentando tener una cena romántica con Harry¿te importaría salir de mi cabeza y dejarme en paz?

-¿Para que? Ese magnífico hechizo que ha hecho la chica rubia no va a permitiros tener a penas contacto físico. Además, tú deberías estar descansando. ¡Tienes una boda que preparar! Por cierto, gracias.

Hermione frunció el ceño sin saber a qué se refería, y esto fue notado por su prometido.

-Hermione, cielo¿me estas escuchando? Llevas muy rara desde hace rato. ¿Prefieres que te lleve a casa? Seguro que estás muy cansada, con todo el tema de preparar la boda. Reconozco que tratar con la Señora Weasley cuando se le mete algo en la cabeza no es fácil, y con tu madre tampoco…Bueno, por lo menos no tienes que lidiar con la mía; según me contó Remus, también era muy cabezota…

-“Si tú supieras…la tengo pegada a mi cabeza todo el día”

-¡Oye!-el grito de la pelirroja sonó en su cabeza bastante amplificado-Yo no molesto, intento ayudar.

Hermione suspiró.

-Que sí, Lily…

Obviamente, Hermione no pudo disfrutar de las dos horas que duró la cena ni de una conversación medianamente interesante con Harry. Al ver que no valía la pena seguir ocupando una mesa si no iba a disfrutarla, le pidió a Harry que solicitase la cuenta y se fueran a casa. El moreno, decepcionado por no haber conseguido que su novia lo pasase bien (y creyendo que era culpa suya) asintió y pidió la cuenta. Pagaron y desaparecieron del restaurante, apareciendo de nuevo en casa de la castaña. Se miraron durante algunos segundos y no pudieron evitar empezar a reírse a carcajadas. Cuando lograron calmarse, se despidieron con un suave beso y la chica entró a su apartamento.

Justo cuando iba a cerrar la puerta, descubrió que Lily se había quedado mirando a su hijo embobada así que, cuando el moreno desapareció, le hizo una señal para que entrase al piso.

La chica se cambió y, cuando se metió en la cama, suspiró con derrota.

-“Al final nada ha salido como yo quería”

--Presente--

La ojimiel volvió al presente de golpe, recordando la frustración de no haber podido recuperar esos dos días sin estar a solas con su novio, pero más frustrada aún de no haber podido disfrutar siquiera de la cena en su restaurante favorito. Aún así, nada se comparaba con lo que había tenido que aguantar el miércoles…

--Miércoles por la mañana--

La chica se despertó de bastante mal humor y con ojeras, por no haber dormido en toda la noche. Se duchó en 5 minutos y se dirigió a la cocina, sin molestarse en comprobar si la pelirroja estaba en el estudio. Cuando llegó, ignoró a la mujer, que se mostró ofendida, y se preparó únicamente el café. En cuanto lo terminó, cogió su capa y la varita y desapareció del piso rumbo al Ministerio. En la cocina de su casa, con la palabra en la boca, se encontraba Lily con un ejemplar del Profeta de esa mañana en la mano…

Una vez en el Ministerio y tras haber pasado todos los controles ignorando las miradas de los trabajadores, Hermione se dirigió al Departamento de Aurores. Allí, nadie excepto su amigo Ron se acercó a ella.

-Herms, Harry quiere vernos a los dos en su despacho.

Suspirando, la chica se dirigió hacia el despacho del Jefe de Aurores, y entró delante de su pelirrojo amigo, que miraba al moreno con algo que podría definirse como lástima.

-Sentaos, chicos.-el morenos ofreció asiento a su amigo y su prometida, intentando no mirar a esta a la cara.

-¿Qué pasa, Harry?-la castaña no estaba ese día para rodeos; se había despertado de muy mal humor y ahora le venían con ese secretismo.

-Veréis…tengo que ir a una misión en solitario. Seguramente no durará más de dos o tres semanas, pero tengo que ir yo. Así que quería deciros que ambos quedáis a cargo del Departamento. Hermione será la jefa provisional mientras no estoy, y…

-¡Pero Harry! Yo tengo que prepararlo todo con mi madre, la Señora Weasley y las chicas…no voy a poder hacer también el trabajo de Jefa de Aurores y el mío propio, que ya es bastante… ¿No podría hacerlo Ron?

-No, no, no, no-el pelirrojo movía la cabeza, las manos y cualquier gesto que representase una negativa.-Yo también tengo muchas cosas que hacer en el trabajo, y además tengo que cuidar de Andrew. Lo siento, Herms, pero tendrás que hacerlo tú. Además, siempre has sido capaz de llevar diez o doce trabajos a la vez, y nunca te ha pasado nada. Seguro que también puedes con esto.

-Herms, cielo, de verdad siento mucho tener que irme ahora y dejarte a ti con todo el problema del departamento, la boda y la prensa, pero…

-¿Cómo que la prensa? Ya me ocupé de Skeeter el otro día-la castaña frunció el ceño contrariada.

-¿No lo sabes?-ambos chicos se miraron con cierto temor.

-No, y quiero saber que pasa.

Sabiendo que no podrían ocultárselo, el pelirrojo sacó un ejemplar del Profeta y se lo mostró. En la portada aparecían dos fotos: una era de Hermione hablando con su madre en el Callejón Diagón (ella reconoció la ropa que llevaba el día que fueron a la tienda de vestidos), y la otra mostraba de lejos la impresionante mansión de Harry en el Valle de Gódric.

Debajo de ambas, un gran titular decía:”LA BODA POTTER-GRANGER SE CELEBRARÁ EN LA MANSIÓN DEL NOVIO. ¿SERÁ UNA ANTIGUA TRADICIÓN POTTER O UNA FORMA DE OSTENTAR?”

Hermione arrugó el periódico con fuerza, sintiendo como la ira y el deseo de estrangular a esa reportera de pacotilla crecían en su interior.

-“Voy a matar a esa arpía…y luego voy a quemar uno por uno todos los cuadros de Howarts hasta que descubra quién ha sido…”

-Te dije que te esperaras pero ¡NOOO! La señorita estaba de mal humor y no quería escuchar a nadie.

Hermione sintió como a su lado aparecía el fantasma e Lily, sonriendo con suficiencia. La chica respiró, intentando recordar que era la madre de su prometido y que, sobretodo, ya estaba muerta y no valía la pena intentar matarla de nuevo.

Mientras, los dos chicos la miraban temiendo una dolorosa explosión, pero la chica simplemente seguía respirando trabajosamente. Finalmente, levantó la mirada.

-Ya sé lo que voy a hacer primero. Voy a denunciar a esa reportera de 3 al cuarto y, si no consigo que la metan un par de días en Azcaban, al menos haré que no pueda volver a escribir en ningún periódico del país…

Ninguno se atrevió a llevarle la contraria…Pocas veces habían visto a Hermione tan enfadada, y últimamente estaba muy rara, seguramente a causa de la boda…Era mejor no enfadarla más.

-Er…si, cariño, me parece bien. Al menos estará parada un tiempo. Entonces¿no te importa que me vaya?

La castaña volvió en sí e intentó ignorar la retahíla, cortesía de Lily, que estaba escuchando en su cabeza y que estaba empezando a crear un intenso dolor.

-Bueno, importarme sí que me importa, pero entiendo que es tu trabajo y tienes que hacerlo. Sólo te pido que antes de irte me dejes un informe de todo y que vuelvas pronto.

-Hermione¿para qué quieres un informe? Estás al tanto de todo mi trabajo, y prácticamente llevas tú todo el papeleo de la oficina.

-Siempre hay que estar bien preparada. Bueno¿cuándo te vas? Hay que prepararlo todo.

Sin que Hermione se diera cuenta, ambos hombres estaban sonriendo. Parecía que su Hermione había vuelto, al menos de momento.

--Presente--

Hermione apoyó la cabeza en su almohada. Desde ese momento, todo había ido del revés: la misión, que era para el día siguiente, se había adelantado para esa misma tarde, así que habían tenido que arreglarlo todo en un par de horas; se había quedado sola frente a todo el Departamento de Aurores y, aunque no era la primera vez que se veía en esa situación, si que era la primera vez que tenía que lidiar con eso y con su propia boda, por no contar que estaba mentalmente agotada.

Tras salir del trabajo totalmente agotada y más tarde de lo normal, había tenido que ir a hablar con un servicio de cattering muggle que conocía para que solucionaran todo ese tema; cuando terminó de hablar con la empresa, eran más de las once de la noche, así que decidió que la quema de cuadros y el arruinar la vida de esa arpía cotilla podían esperar al día siguiente.

Totalmente agotada, apareció en su casa y, sin ni siquiera cenar, se cambió y acostó, pero no pudo dormir hasta dos horas después, cuando a su “queridísima” suegra le dio por dejar de mover libros en su estudio. Finalmente, cuando el ruido cesó, logró dormirse, sin siquiera tener tiempo de un último pensamiento.

Ese había sido su “fantástico” miércoles. Ahora, tras haber dormido únicamente seis horas, lo único que quería era quedarse en la cama y desaparecer hasta el mismo día de la boda. Sin embargo, sabía que dejar la boda en manos de su madre y Molly Weasley podía suponer un desastre. Sacando fuerzas de no se sabe donde, consiguió levantarse y darse una ducha con desgana. Se vistió y fue a la cocina, pero ese día no le apetecía absolutamente nada tomarse un café.

Bostezando, se despidió brevemente de Lily y apareció en el despacho de Harry directamente, sabiendo que llegaba bastante tarde; al ser ahora jefa de departamento(al menos, temporalmente), no necesitaba pasar por la entrada e identificarse (en realidad, antes tampoco, pero le gustaba seguir las normas). Empezó a revisar el papeleo sin prestar mucha atención, hasta que entró la secretaria de Harry.

-Señorita Hermione, han traído estos sobres para usted. El Señor Weasley me dijo que se los trajese.

Hermione intentó sonreírle, pero consiguió muy poco resultado.

-Gracias, Sally, ahora lo revisaré.

Hermione suspiró con cansancio y revisó las cartas que le había traído la chica. Al ver lo que decían, tuvo deseos de echarse a llorar como una niña. Eran cartas de su madre, diciéndole que tenían que ir a elegir los vestidos de madrina y damas de honor para la boda. La otra carta era de una imprenta muggle que, por lo visto, su madre había contratado sin consultárselo, y ahora tendría que hablar con ellos.

La chica miró el montón de papeles de trabajo que llenaban la mesa, y las dos cartas que acababan de entregarle.

Parecía que, por lo visto, ese tampoco sería un día tranquilo para ella.