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Historia 30470 — capítulo 9

Courtney llegó de las últimas al internado, acompañada de Patrice y Erich que me miraba con ojos envenenados. Ahora entendía de porqué Courtney me había dejado caer eso de que no me fuese a Suiza, aunque me molestaba que apreciasen la amistad de Erich. Lucas estaba muy raro. Raquel parecía que volvía al corredor de la muerte. Vic volvía con un i-pod seguro que un regalo de navidad escuchando música. Con sus estrafalarias camisas y cobatas con tablas de surf. Yo, simplemente bajé del coche de mi padre y simplemente me dirigí con la maleta bien cargada y diciéndole adiós con la mano. Subí a la habitación y cuando Courtney entró ya tenía cada cosa en su lugar. Estaba bastante enfadada pero sabía que Courtney lo hizo para protegerme en cierto modo. A saber lo que Erich era capaz estando lejos del colegio. Pasaba de hablar con mi compañera de cuarto y salí a dar una vuelta. Balthazar miraba al cielo, aunque yo no me acerqué a él. Di la vuelta por los terrenos del colegio y me acerqué a las cuadras. Allí estaban los caballos, tan hermosos como siempre. Decidí cepillarlos un poco, seguro que hechaban de menos que los atendieran. De vez en cuando les contaba cosas. Algo que mi madre me había dicho de pequeña. Algo que mi padre me había dicho de más mayor. Ellos relinchaban como dándome la razón o protestando no estando de acuerdo. Lucas apareció divertido porque hablaba con los caballos.

  • Ahora no me dirás que los entiendes - dijo.
  • Ojalá. Seguramente sus conversaciones serían mucho más interesantes. Cosas como... ¿Me voy a comprarme herraduras nuevas? - rieron.
  • Te entiendo. Seguramente dirán "hace fresco", "la hierba verde es más rica que la paja", "me gustaría correr y correr sin parar".
  • Sí, no son nada egoístas - el caballo que cepillaba en esos momentos me acarició con su cabeza.
  • Le gustas - dijo Lucas.
  • No, quiere azúcar - saqué un terrón y salí de la cuadra. Había cepillado a todos los caballos. Caminaron un poco y se sentaron en los bancos de piedra.
  • ¿Te pasa algo? - le pregunté.
  • No lo entenderías.
  • ¿Es con Bianca?
  • En parte, sí.
  • Creo que me odia.
  • No creo que haya nada de odio en ella.
  • No me gusta como me mira.
  • Simplemente no os habéis tratado lo suficiente.
  • Será eso.
  • ¿Y a tí, qué te pasa?
  • No encajo en ningún sitio.
  • No digas eso.
  • Es lo que siento.
  • Te llevas bien con tu compañera de cuarto.
  • Eso es lo que parece. Iba a ir con ellas a esquiar a Suiza - Lucas se puso tenso - pero a última hora me dijo que no fuese.
  • ¿Por qué?
  • Dijo que llovió y la lluvia convirtió en hielo la nieve de las pistas. Pero al volver ví que lo hacía con Patrice y Erich.
  • Ese maldito...
  • Después pensé que lo hizo para que él no me hiciera nada. Capaz que me rompe una pierna y hace que parezca un accidente.
  • Solo una pierna... - dijo entre susurros.
  • ¿Cómo?
  • No nada, pensaba en voz alta. Preferiría que no te juntases con ellos, son bastante peligrosos.
  • No más que yo. Te lo aseguro - sonreí - él me miró extrañado. Tragó saliva.
  • ¿Tu... tu eres como Bianca?
  • Si te refieres a que soy una chica de diecisiete años, con dos piernas y dos brazos...
  • Me refiero a que eres una nacida. Mi cara debió quedarse pálida del espanto. Mis ojos desorbitados por la sorpresa de la revelación debieron impresionarle pues me quiso acercar una mano, pero no se atrevía. Me puse rígida y las lágrimas se peleaban por salir y mi garganta se negaba a hablar. Quise decir muchas cosas. Preguntarle qué sabía él de que Bianca era una nacida. Qué sabía de los vampiros y qué narices sabía acerca de nuestro santuario. Quise decir tantas cosas que no pude decir... Me eché a llorar tapando mis manos y antes de que su mano rozase mi espalda para consolarme salí corriendo hacia el colegio.