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Historia 30752 — capítulo 3

Ojala y te me borraras de mis sueños 

Y poder desdibujarte Ojala y pudiera ahogarte en un charco Lleno de rosas de amor

Ojala y se me olvidara hasta tu nombre, ahogarlo dentro del mar Ojala y que tu sonrisa de verano Se pudiera ya borrar

Ojala y te me borraras para siempre de mi vida para no volverte a ver y ojala y te me borraras  con las noches  en el día para no volverte a ver y ojala y te me esfumaras  de mi sueños vida mía  para no volverte a ver noo ni en sueños.

Que pase un milagro Pase algo Que me lleve hasta ti

Maná (Amar es combatir)

Severus Snape se puso a realizar la poción que Slughorn les habia mandado hacer en esa clase de manera automática y sin prestar mucha atención al resto de la gente.

Le dolía demasiado el pecho, el corazón, el alma.

Era cursi sentirse así, pero a veces los sentimientos no se pueden evitar.Amaba tanto a Lily…cada pelo pelirrojo que le caía en cascada de la cabeza, sus ojos verdes, penetrantes, sus finos labios…

Se odió a sí mismo más aún por desearla tanto.

Ella no era para él, por mucho que él lo quisiera así, y por mucho que le doliera, seguramente hasta el estúpido de James Potter sería mejor para ella que él mismo. Era divertido, o al menos eso creía la gente, popular y en el fondo, lleno de buenas intenciones. Y estaba muy enamorado de ella, eso también lo había notado. El chico era un maldito libro abierto. Y él podría darle todo lo que ella necesitaba. Él o cualquiera, mientras no se llamara Severus Snape y no fuera un amargado hijo puta cómo él…

-¿Severus? ¿Me oyes?

De repente se dio cuenta de que le hablaban. Alba Ruiz le decía algo.

-¿Qué?

-Es por si me puedes echar una mano. No consigo que la mandrágora me quede bien cortada…

Severus, que no tenía ojos para otra chica que no fuera Lily, no podía evitar sentirse extrañamente fascinado por esta chica. Su aspecto físico no era nada del otro mundo, y era hasta irritante. Pero…le gustaba cómo lo trataba, cómo si diera igual que ella fuera una Gryffindor y él un Slytherin, cómo si ella no se diera cuenta que él era odiado por todo el mundo, especialmente por parte de los de su casa. Cómo Lily lo había hecho hasta aquel maldito día… Sabía que era amiga de Sirius Black, aunque no sabía porqué. Sirius era la segunda persona que Severus odiaba más en el mundo, y no parecía apreciar en nada tener una amiga cómo Alba.

-Tienes que hacerlo así-dijo cogiendo su cuchillo y mostrándole a la chica. Normalmente rehusaba ayudar a nadie en nada, pero no hubiera sabido decirle que no a ella. Además…sabía que Lily les miraba. Aunque no sabía porqué.

-Genial, Severus. No sé cómo lo haces, tienes un don.

Severus enrojeció. No estaba acostumbrado a los cumplidos.

-No es…nada.

Alba le miró sonriendo.

-Yo creo que sí es algo. No te quites méritos.

-Bueno…gracias.

-¿Sabes realizar los deberes de Defensa?

-Sí…claro.

-Eres…bueno, muy inteligente ¿Sabes? Bueno, no te quiero seguir haciendo la pelota porque ahora sonará…¿Pero me ayudarías a hacerlos?

Severus se quedó pasmado con la aparente seguridad de la chica, y sobre todo con su petición. Una cosa era una ayudita en clase y otra eso. ¿No le importaba lo que pensaran los demás? Seguramente Sirius se enfadaría…

Eso le animó a aceptar.

-Sí, claro…cuándo quieras.

-Nos vemos cómo… ¿A las 6 en la biblioteca?

-De acuerdo.

Alba le sonrió y siguió con la tarea. Severus sintió que el alma no le pesaba tanto.

A las 6 menos 5 Severus llegó a la biblioteca y encontró a aquella extraña chica esperándole. Le sonrió y le saludó con una mano.

-Hey, Severus. Gracias por venir.

-No es nada. ¿Empezamos?

-Cuándo quieras.

Una hora después Severus había resuelto más o menos las dudas de la chica, y también había pasado algo extraño. Se sentía cómodo con ella. Nunca se había sentido agusto estando mucho rato con una persona, si exceptuaba a Lily…era muy fácil hablar con ella, no le acribillaba a preguntas y hacía parecer todo tan natural…

-Entonces…¿Lo tienes ya claro?

-Creo que sí. Eres muy bueno explicando, Severus. Deberías ser Profesor.

Severus sonrió para sí mismo. Profesor, él. Ja.

-Bueno, entonces…

-Me ha gustado estar contigo.

-¿Qué?

Severus empezó de repente a sentirse incómodo.

-Oh, venga. Tú también lo has sentido. Es extraño ¿No?

Severus sabía a que se refería…

-Sí, mucho.

-No quiero que pienses que…-dijo inclinándose hacía él- que siento algo por ti…a ver…-dijo enrojeciéndose-me explico…claro que siento algo…me caes muy bien…pero tanto tú cómo yo amamos a otras personas, ya sabes…-Severus se sorprendió. Esa sí que no se la esperaba…- O sea, no buscamos eso. Pero me gusta estar contigo. Eres…una buena persona-Severus jamás había escuchado esas palabras dirigidas hacía él-y…¿Quieres venir conmigo al Baile de Navidad?

¿Qué? ¿Baile de Navidad? ¿Estaba de broma, no?

Severus la miró confuso. Vió que no estaba de broma. Su expresión era muy dulce.

-Sí, claro.

Más tarde, Severus se preguntaba porque había aceptado. ¿Él?¿Baile de Navidad? Mala idea…muy mala.

Pero así podría ver a Lily bailar con Potter, probablemente y esperaba que ese dolor le hiciera empezar a borrarla de sus sentimientos.

Además, porqué no decirlo, Alba Ruiz le gustaba mucho…de una manera diferente de Lily. Pero no por ello sentía menos ganas de experimentarlo.

-Al fin y al cabo, tengo 16 años-pensó- y amaré a Lily hasta que me muera, estoy seguro…muy a mi pesar. Pero eso no quiere decir que no pueda intentar vivir un poco…

Y se durmió, sin poder evitarlo, pensando en Lily Evans…

Los besos de Amy sabían a fresa. A una fresa muy ácida y, hasta cierto punto, desagradable.

-Vale Amy, me voy. Tengo sueño.

La chica le miró incrédula. Cualquier otra persona hubiera protestado cuándo él se levantó dejándola tirada en el frío césped, pero ella estaba tan colada por aquel chico…nunca haría nada que le molestara.

-¿Entonces nos vemos mañana?-dijo esperanzada

-Ya veremos…esto, vamos para dentro ¿De acuerdo?

Sirius Black no era muy caballeroso, pero nunca hubiera dejado a una chica allí sola. Se separó de ella cuándo torció hacia su habitación en Huflepuff, dándole otro de sus -ahora era manifiesto- desagradables besos.

No pensaba volver a estar con ella nunca. Dos días habían sido de sobra.

Cuándo llegó a su habitación y vio que Alba no le esperaba se puso aún de peor humor. Se alegraba de que ella superara sus miedos, de que no dependiera tanto de él al hacerse mayores, pero por otro lado…la echaba de menos.

Y no sabía porqué.

Porque desde que él y Alba empezaron a separarse, él la necesitaba más y más. Porque los besos de las otras se le hacían más amargos, le daban cargos de conciencia. Porque cada vez soportaba menos las conversaciones de ellas, sólo pudiendo pensar en lo que diría Alba si estuviera allí…sin duda algo con más sentido.

Sabía que lo que opinarían Remus y James si les explicara lo que sentía. Que estaba enamorada de ella. Pero él no creía que fuera eso.

-A mí me gustan las chicas guapas,- pensó y enseguida se sintió mal por su dureza- No es que sea fea…pero no es mi tipo. Siempre con esas gafas y ese pelo…Lily o Anna, por ejemplo, son mucho más atractivas, y eso que podría decir que son chicas del montón…comparadas con Amy por ejemplo…

Pero él sabía que eso no era lo que pensaba, sino lo que quería pensar. Lo que le habían enseñado a pensar. Siempre diciéndole que él era mejor por haber nacido en tal familia, que él era importante, inteligente, guapo. A pesar de que nunca había querido darle mucha importancia a nada de aquello, pensó que en el fondo sí que le había afectado.

Tanto que le costaba aceptar que la que era del montón era Amy, por mucho maquillaje o relleno en el pecho que se pusiera. Que las especiales era Anna, Lily…Alba, sobre todo, Alba.

Que era la chica más bonita que había conocido nunca, y, de lejos, la que más había deseado.

Se dio un golpe en la cabeza automáticamente. ¿Qué decía de desear, era estúpido?

Conocía a Alba desde antes de que pudiera recordar. Era una "sangre pura" cómo él, y su madre sólo le permitió que se relacionara con ella siendo un niño. Digamos que se hicieron amigos por necesidad, soledad y más tarde, porque no podían vivir el uno sin el otro.

Recordaba cómo ocurrió la gran tragedia y de cómo la niña se mudó con sus abuelo, que eran los vecinos de Sirius. De cómo su madre la despreciaba cada día un poco más, por sus maneras, descaro y, sobre todo, por meter ideas raras en la cabeza de su hijo.

Se hubiera muerto de un infarto si hubiera subido que la chica pasaba de su ventana a la del cuarto de Sirius. Solo al lado de él conseguía dormir cuándo la pesadilla de su horror la invadía.

¿Cómo podía desearla? Era algo repugnante. Ella…nunca, no, estaba mal.

Pero una cosa es lo que uno quiere y otra la que siente…y Sirius sabía que no podría evitar ese sentimiento, por mucho que intentara no pensar en ello.

Por mucho que quedara con Amy cuándo vio a Alba en la biblioteca con Quejicus…estuvo a punto de acercarse, pero no quiso darle importancia, no quería que ella lo notará.

Aunque si le ponía una mano encima, lo mataría.

Ahora se arrepentía de haberse ido. Deseaba estar con Amy y llegar con ella hasta el final. Vivir unos momentos de agónico placer para olvidar lo mucho que le dolía todo. 

-Mierda-dijo, dando un golpe a una de las columnas de la cama. Sirius Black no era así, no sufría por amor, él hacía sufrir. 

Se durmió y soñó con su madre diciendole que él valía más que nadie. Deseó volver a creer que era así. Ya ni ella lo creía…