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Historia 30890 — capítulo 3

Fred subió las escaleras hacia el cuarto compartido, Lorcan, Hugo y Lysander estaban todavía durmiendo, Albus metía ropa en su baúl y James estaba en el escritorio, posiblemente volviéndole a escribir a Susan.

Fred no se molestó en sentarse en un espacio de la mesa del escritorio, colocó un pergamino y cogió pluma y tinta, para escribir: ¿Qué os parece NO? Ni lo soñéis, la abuela esta para algo, que se quede con ella.

-¿Qué pasa?-Preguntó James viendo el cabreo de su primo, mientras este arrugaba la carta de su madre y la lanzaba a la papelera, luego secaba el pergamino, todavía sin contestar y se lo ataba a la lechuza.-Fred.-Llamó James, pensando que el pelirrojo no lo había escuchado.

-¡¿QUÉ?!-Rugió Fred.

-¡Hey! Cálmate.-Se quejó James.-Me vas a destrozar los tímpanos y a despertar a los chicos.

Los otros dos miraron a los demás, Albus seguía guardando sus cosas en el baúl sin inmutarse y Lorcan, Hugo y Lysander seguían dormidos, tenían un sueño demasiado profundo.

-A estos no los despertaría ni un huracán.-Dijo Fred haciendo un amago de sonrisa y suspirando.

-¿Qué pasa?-Volvió a preguntar James.

-Esto es lo que me pasa.-Le enseñó la carta del Ministerio aún no abierta y sin arrugar, sería del mismo tema, sino, no hubiesen llegado juntas.

Abrió la ventana para dejar salir a Grek.

-Se lo llevas a mama.-Dijo en tono desanimado, la lechuza salió veloz y en segundos, se perdió en el horizonte.

-¿Cuál es el problema?-Preguntó James leyendo por lo alto.

Fred le arrebató la carta, en esta decía lo mismo que la de su madre pero con otras palabras y con la firma de sus padres, dándole plenas responsabilidades a él.

-¿Eres ciego?-Preguntó Fred, señalando la carta.

-Si mis padres me hicieran lo mismo a mi no me importaría, ¿tanto la odias?

-¡No! Pero… no quiero tener que verla a menudo.-Se quejó Fred.-Ya tengo bastante con verla a la hora de comer o cuando nos quedamos aquí.

-No es para tanto.-Dijo James.-Lo que pasa es que después de tantos años no la conoces lo suficiente.

Fred rebatió el comentario y empezó a quejarse de lo injusto que era que eso le pasase a él y que se negaba a hacerlo que más le valía a su madre quitarle la custodia, que viniese ella o su padre y que uno de ellos se quedase en Estados Unidos pero que no le cargasen a él el marrón.

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Rose se despidió de Ron con un abrazo, ya se había despedido de los demás y había tardado bastante.

Al lado de la chimenea una chica castaña con el pelo liso a media espalda, de ojos marrones, de diecisiete años, muy bien conjuntada, esperaba a que la pelirroja acabase de despedirse de su padre, era Adriana Rivas, hoy Rose se iría con ella al lujoso hotel muggle, durante tres semanas, luego se tendría que ir a Salem, para luego ir hacia Hogwarts.

-Cuídamela.-Le dijo Ron a Adriana que asintió pero el pelirrojo no quedó muy convencido, esa chica le daba mala espina, no por nada había sido la prometida de uno de los hijos de Malfoy y de ellos no te puedes fiar.

-No se preocupe señor Weasley.-Dijo la cabeza castaña de un chico saliendo de la chimenea.-Cuidaremos de Rose como si de nuestra vida se tratase.-Luego le guiñó un ojo a la pelirroja, lo que no gustó al padre de esta, el chico no pareció darse cuenta del fruncimiento de ceño de Ron pero Adriana si y comenzó a coger el baúl de su amiga.

-Nos están esperando, un placer volver a verlo.-Dijo educadamente Adriana, Ron pareció relajarse un poco pero no se fiaba demasiado.-Nos están esperando.-Miró a Rose y ella asintió.-Jake, vuelve al hotel o nos llevaremos tu cabeza.-El chico de ojos azules obedeció al instante, después de lanzarle un beso a Rose.-Este chico es idiota.-Comentó Adriana por lo bajo notando el gesto de enfado de Ron y pensando que no dejaría ir a su amiga con ella.

Arrastró el baúl y tiró de la muñeca de su amiga que había cogido los polvos flu y los había lanzado.

-¡London Palace!-Gritó Adriana y luego empezaron a ver cientos de chimeneas en muy pocos segundos.

En menos de un segundo, salían disparadas hacia el suelo de parque barnizado, de un salón muy iluminado y gigantesco.

Unos brazos levantaron a Rose y luego la abrazaron, la chica correspondió el abrazo, dándose cuenta de que el que la abrazaba era Jake porque olía a su colonia y faltaba él entre los otros chicos que estaban viniendo a saludarla.

Sus nombres eran, Alexandra Hall, morena de ojos azul claro, Amy Nedison, rubia de ojos negros, Susan Green, castaña claro de ojos verdes oscuros, Chris y Frederic o Sugar Williams, mellizos, ambos morenos de ojos pardos, el primero con buen cuerpo el otro regordete, Chris de piel dorada y Sugar pálido y con muchas pecas.

El quejido de Adriana llegó a los oídos de Rose que intentó separarse de Jake, el chico todavía no había dejado que nadie más se le acercara.

A su amiga se le había caído su baúl en las piernas, Alexandra y Chris se lo quitaban de encima y Susan la ayudaba a levantarse, mientras Jake se llevaba a Rose cogida por la cintura hacia uno de los sofás color crema.

-No sabes lo que te echamos de menos.-Dijo Amy que se sentó en el borde del sillón que acababa de sentar Sugar.

-Ha sido horrible pasar las vacaciones sin ti.-Jake la volvió a abrazar.-Hueles a vainilla ¿perfume nuevo? Me gusta, aunque el de fresa también olía bien, porque a ti todo te queda bien.

Adriana se sentó al otro lado de Rose con las piernas un poco rojas por el golpe y escuchando sobre el perfume que se echaba Rose, Jake era tan corto para algunas cosas y tan perspicaz para lo que le interesaba y daba la casualidad de que lo que le interesaba era el perfume que llevaba Rose.

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Ya había mandado otra lechuza a sus padres, diciendo que no se encargaría de Roxy y sus padre le habían mandado otra diciéndole que así veían como quería a su hermana y ahora se encontraba en el ministerio de magia, para que le pasaran la custodia a su abuela.

Siempre "cuida de tu hermana" "acompaña a Roxy" "deja de molestarla" y en la mayoría de ocasiones no hacia nada, para las pocas veces que hablaba con ella siempre lo asociaban a que se metía con ella. Cuando sus tíos o abuelos iban a su casa en la época en la que eran pequeños hacían los típicos comentarios de "como ha crecido la niña" "que guapa esta" y le daban regalos y a él nunca le traían nada porque decían que era el mayor. Y en su cumpleaños le daban a ella mejores regalos y en el de ella a él no le traían nada. Se podría decir que le caía mal por el favoritismo que había hacia ella.

Primero se dedicaba a meterse con ella y hacerle unas transformaciones físicas cuando tenía ocho años, mientras su hermana dormía, le cortó el pelo.

Después empezó a gastarle bromas y por el barrio fue colgando fotos de su hermana en el baño, dejó de hacerlo, Roxy hizo lo mismo con él.

Cuando Roxy llegó a Hogwarts, las bromas se incrementaron, llevándola en ocasiones a la enfermería y luego Fred decidió ignorarla y ahora solo se metía con ella cuando todos se unían contra Roxy, como el otro día en la pelea Lily Vs. Roxy, si es que en el fondo su hermana era peor que él pero nadie lo quería reconocer o estaban cegados por su carita de niña buena.

Ya estaba viendo la cara de su madre cuando se enterase de lo que iba a hacer, la esperaba ansioso, solo ver esa cara le haría feliz ¿qué podrían hacerle? ¿quitarle la paga? Se rió de su propia broma y varia gente en la cola se giró a mirarlo extrañados de su comportamiento pero no le importó ya vería la forma de explicarle a sus abuelos que Roxy era responsabilidad suya, los gritos de su abuela lo dejarían sordo pero su abuelo era muy comprensivo, seguro que lo entendería, se preguntó si sus padres le habrían dicho a Roxy que ya no estaba a su cargo y que había pasado al suyo, no debían de habérselo dicho porque sino su hermana le hubiera comentado algo pero los últimos días había estado muda y parecía que le estaba huyendo.

Entraba en una habitación en la que ella estaba, Roxy ni lo miraba y salía, no es que tuvieran mucha comunicación, conocían el nombre del otro porque eran hermanos… bueno, Fred no sabía el segundo nombre de Roxy pero sabía el primero que ya es algo, pero Roxy nunca le había sido indiferente, al punto de que solo estar en su presencia le provocara tener que marcharse.

Quedaba un señor más en la cola, sería su turno y se libraría de responsabilidades innecesarias como lo era su hermana.

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Albus había llegado ayer a la mansión Malfoy, le habían dado un cuarto propio, más grande que el piso de arriba de su casa (exagero un poco pero solo un poco) y ahora estaba regresando a la mansión, junto a Evangelice, una de las hijas de Draco Malfoy, después de haber pasado toda la tarde jugando al Quidditch.

Evangelice Malfoy tenía el pelo dorado y algo ondulado, sus ojos eran grises y su piel rosada, tenía la misma edad que Albus y era una de los trillizos Malfoy (llamadme loca, lo soy) aparte de los otros dos trillizos, Lucius y Scorpius que iban más atrás, junto con Andrómeda, la menor por un año.

Iban hablando de Quidditch, de lo mala que era Evangelice, aunque Albus decía que era buenísima, la chica se empezaba en decir que no y entonces lo dijo.

-Quizás tu podrías enseñarme.-Después, como si diese su toque personal, pestañeó dos veces.

-Eve, no te hace falta.-Dijo el chico.

-Por favor, Al.-Pidió la chica haciendo pucheros y volviendo a pestañear dos veces.

-Yo no te puedo enseñar nada pero…-Evangelice hizo un gesto con la mano para que siguiera.-¿Te acuerdas de mi primo Luke?-Albus siguió hablando de lo bueno que era Luke volando y como buscador, ni se había fijado en la cara que había puesto su amiga cuando había dicho el nombre de su primo y no había esperado respuesta a su pregunta.-¿Qué dices?

Evangelice había dejado de escuchar a partir del nombre de Luke y puso cara de confusión.

-Es buenísimo, lo juro, el podrá hacer que mejores, cosa que yo no podría hacer porque juegas mejor que yo.

"Mierda" pensó la rubia pero se le ocurrió otra cosa.

-Solo si tu vienes a las clases.

-De acuerdo, ahora solo falta preguntárselo a él, no creo que se niegue.-Dijo Albus y como había salido el tema de Luke comenzó a detallarle como era su primo, por si su amiga no se acordaba de haberlo visto en cuando coincidían en Hogwarts, aunque a Evangelice no le hacía falta.