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Historia 31558 — capítulo 5
SENTIMIENTOS A FLOTE
Este capítulo será explicado por Scorpius.
Ufff… ¡Ese maldito despertador! Lo tiraría por la ventana, pero claro a mi amiga no le haría mucha gracia.
Bueno, no hemos comenzado muy bien, así que me presento. Me llamo Scorpius Malfoy, tengo 16 años, soy alto, tengo el pelo rubio y los ojos grises. Mis mejores amigos son Albus Potter y Rose Weasley y mis padres son Draco y Astoria Malfoy.
Suspiro mientras pienso en mi amiga, alta, buen cuerpo, un pelo, unos ojos,… La verdad es que es muy guapa, bellísima.
¡Pero se puede saber que estoy pensando de mi mejor amiga! Me regaño interiormente, y no es para menos, Rose y yo siempre seremos amigos y de hay no pasará.
-¿O si?-me pregunto a mi mismo con una sonrisa boba en la cara. ¡NO!
Mejor voy para abajo a desayunar, la verdad es que la familia de mis amigos me cae muy bien, en un principio todos cuando supieron que era en Malfoy casi les da un ataque, pero, después cuando vieron que no era como mi padre fueron todos muy simpáticos, y yo estoy aquí pensando estas cosas de Rose, de mi amiga, estoy loco.
Mientras bajo por las escaleras para ir a desayunar sigo pensando en mi amiga, o, ¿significa algo más para mi? La verdad es que no lo se, no se nada, no se es mi amiga o algo más para mí, pero de una cosa estoy muy seguro: ella es muy importante para mí.
-Hola Scorpius cariño, ¿Qué quieres para desayunar?-me dijo la señora Weasley, o como ella quería que la llamara, Hermione. La verdad es que ella siempre me a tratado con mucho cariño, como una madre a un hijo, ese cariño que aún yo, no había recibido.
No estoy diciendo que mi madre no me quiera, es solo que ella no me demuestra que me quiere de la manera que lo hace la señora Weasley (Hermione).
-Leche con cereales y alguna tostada con mantequilla-le dije después de haberle dado un abrazo, ese abrazo que solo reciben los hijos.-Pero déjalo, me lo preparo yo.
-No pasa nada cariño, te lo preparo yo, así también preparo el desayuno de los Weasleys que viven en esta casa y el de Albus.-La verdad es que me lo quería preparar yo, ya me sentía demasiado culpable con mis pensamientos, hacía su hija para que, encima me hiciera el desayuno.
Pero mis pensamientos se esfumaron al ver hacía las escaleras. Ella, Rose bajaba las escaleras aún con pijama, algo de que ya estaba acostumbrado, siempre en las vacaciones, aún cuando nos quedábamos en casa de Albus, siempre bajaba a desayunar en pijama, pero me da igual, se ve muy hermosa recién levantada.
-Hola Rose-yo todavía embobado.
-Hola Scorpius-dijo dándome un abrazo efusivo.
Que pena se separo muy rápido, bueno ya le daré otro abrazo cuando aya algún momento, como un abrazo de buenas noches, si eso haré, antes de irme a dormir le daré un abrazo y un beso.
-Hola Scorpius-con ese saludo de parte de Ron, el padre de Rose, y Albus salí de mis pensamientos.
-Hola señor Weasley-el susodicho cuando le saludé hizo una mueca, yo sabía que no le gustaba que le dijera así, pero, yo quería ser educado.-Hola Albus.
Y así juntos, todos desayunemos, la verdad es que en las vacaciones de verano me las pasaba muy bien, no podía decir lo mismo de las de Navidad, me las paso con mis padres, es muy aburrido, el único consuelo que me queda cuando estoy con ellos es pensar que pronto volvería a Hogwarts, con mis amigos.
Y así paso el día, entre risas, y yo con mis pensamientos hacía Rose.
Como estabamos muy cansados mis amigos y yo, la señora Weasley fue al Callejón Diagón a por nuestro material, la verdad es que se lo agradezco, estaba muy cansado, tan así que Albus y Rose se han quedado dormidos en el sofá.
Mientras pienso observo a Rose dormida, es muy hermosa, esas pecas, ese pelo, esa nariz…
¡Que sueño tengo!
Me estoy quedando dormido, pero antes de eso, descubro la verdad sobre los sentimientos hacía Rose, para mi es más que una amiga, para mi ella es mi todo, porque yo la veo como una mujer, como la mujer con quien quiero casarme.
¡Estoy enamorado de Rose Weasley!
Pero antes de dormirme quiero cumplir la promesa que me había echo a mi mismo cuando desayunaba, y con ese pensamiento en la cara la abrazo con mucho cuidado, como si fuera una muñeca de porcelana. Y cuando al fin estoy abrazado a ella caigo rendido en el mundo de los sueños.