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Historia 31558 — capítulo 4

¡CREO QUE ME GUSTA MI AMIGO!

Que semanita llevamos, Scorpius, Albus y yo no hemos parado desde que lleguemos a casa, prácticamente no nos hemos sentado ni para descansar.

Pero por eso tengo un problema, e estado pensando y dándole vueltas a la cabeza con el problema pero, no e encontrado ninguna solución.

Si alguien sabe alguna solución para dejar de que te guste alguien que me lo diga, porque yo no se ninguna y saber que me gusta mi mejor amigo, Scorpius, y que cada vez ese sentimiento se hace más fuerte no ayuda mucho.

Por suerte no se me nota mucho, aunque sospecho que mi madre intuye algo, a lo mejor es mi imaginación, pero cuando le sonrío a Scorpius mi madre me mira mucho y bajo la cabeza avergonzada, pero Scorpius es demasiado… no se como decirlo, el caso es que no se cuenta de nada, pero claro es un chico.

Y aquí estoy yo, en mi habitación, pensando que, la carga de que me guste mi mejor amigo la llevaré hasta que muera, porque no creo que me desenamore de el, pero no por eso tengo que amagarme, así que voy a seguir como todos los días, guardando este sentimiento como si fuera un secreto que, si lo dices el mundo se va a la mierda.

Bueno voy a vestirme, no se que ponerme, pero como seguramente iremos a la playa me pondré ese vestido azul y blanco.

Voy a desayunar aún con mis problemas dando vueltas en mi cabeza, odio pensar y analizar tanto mis problemas cuando, no tienen solución, pero soy así de complicada, a veces me hubiera gustado ser otra persona, con menos complicaciones que las mías.

Cuando bajo veo que están ya todos abajo desayunando, en cuanto me siento saludo a todos con un beso en la mejilla ruborizándome sin sentido cuando beso la mejilla de Scorpius.

-Y, ¿Qué aremos hoy, Rose?-me preguntó Albus.

-Lo que más os guste hacer-dije, total a mi me daba igual que hacer, mientras fuera divertido.

-Y si llamamos ha algunos de tus primos-dijo Scorpius, que mis primos le caían fenomenal.

-Vale-acepte, siempre nos lo pasábamos genial con ellos.

Y así pasemos la mañana, con mis primos, jugando y divirtiéndonos.

Yo no podía dejar de mirar a Scorpius y cada vez que lo miraba rezaba para que nos se diera cuenta de mis miradas.

Y en la noche cuando se fueron mis primos nos volvimos a quedar los tres solos, mis padres también se avían ido y se habían llevado a mi hermano Hugo.

-¿Qué hacemos ahora?-dije, claro lo dije porque me estaba aburriendo.

-¿Vemos una película de terror?-dijo mi primo Albus, con una cara que daba miedo el saber que estaba pensando.

-Vale-accedimos Scorpius(con una sonrisa, que por poco me derrito) y yo.

En cuanto pusimos la película sentía que me iba a morir, pero no por la película de terror, si no por que estaba sentada en el mismo sillón con Scorpius, no hay que decir que el sillón era más bien pequeño pero, cabían dos personas un poco apretadas.

No le presté mucha atención a la película, me quedé embobada viendo a Scorpius, su pelo rubio platino, su cara, sus ojos… todo de el me era perfecto. Y embobada me quedé dormida con la cabeza apoyada en el hombro de Scorpius, pensando que me gustaba mi mejor amigo, que seguramente me falta poco para enamorarme de el.