← Historia 31633 · de
Historia 31633 — capítulo 2
Percival en Azkaban
-¡Contesta!- exigió en el mismo tono
-¡No lo sé!- Ariana estaba espantada
-¡Mientes!, cuando cambiaste el color de las alas de la mariposa dijiste "Parece que ahora lo domino", ¿cómo lo hiciste?- Mark empezaba a enojarse
-B-b-bueno, s-s-supongo que p-p-puedo decírselo, aunque n-no creo q-que p-p-puedan h-hacerlo- tartamudeó ella
-¡Pues dilo ya!, estamos perdiendo la paciencia- le ordenó él. Ariana se levantó.
-Bueno…entonces, miren el agujero- les dijo- Sólo cierren los ojos y piensen en que se reparó, con todas sus fuerzas y abran los ojos, verán que se reparó- Ian sujetó a Ariana por los hombros, para que no escapara si se trataba de una trampa y los otros dos cerraron los ojos y se concentraron con todas sus fuerzas. Pero, naturalmente, eran muggles, y no pudieron hacer el truco.
-¡Mentirosa!, ¡Nos engañaste!, querías escapar mientras teníamos los ojos cerrados, pero no lo lograste y tendrás que soportar toda nuestra furia…- le gritó Mark. Ian le tapó a la niña la boca para que no pudiera gritar y tanto Jim como Mark hicieron sonar los nudillos. Luego…no puedo describirlo…hubo una escena de violencia contra Ariana que, si la contara, esta historia sería para mayores de trece. Pero luego de eso, Ariana cayó al suelo cubierta de moretones y sangrando tanto sangre como lágrimas de dolor y finalmente gritó. Un grito que probablemente se escuchó hasta en Francia, un grito que atravesó las paredes de la casa y que atrajo a su padre, Percival, que entró al jardín, muy asustado y enseguida vio lo que le habían hecho esos mugglesa su hija.
-¡¿QUÉ LE HICIERON A MI HIJA, DESGRACIADOS?!- les gritó y, perdiendo el control de sus actos, enseguida sacó su varita.
-¡Desmaius!,**¡Impedimenta!, ¡Petrificus Totalus!- Ian cayó al suelo, desmayado, Jim también y Mark juntó involuntariamente los brazos y las piernas y también cayó al suelo.
-¡Tergeo!- volvió a exclamar Percival dirigiéndose a su hija, quien, curada de sus heridas, lo abrazó, todavía llorando. En ese momento entró el resto de la familia: la madre, Kendra y los dos hermanos mayores de Ariana, Albus y Aberfoth.
-¡Percival!, ¡Ariana!, ¡¿Qué pasó aquí?!- preguntó Kendra, escandalizada al ver al los chicos tirados en el piso. Ariana soltó a su padre y corrió a abrazar a sus hermanos, en especial a Aberfoth, su favorito de los dos.
-No me preguntes a mí, Kendra, pregúntale a Ariana- le respondió él. Aberfoth dejó que su hermana se soltara de su abrazo y ella se dirigió hacia su madre, aún con lágrimas en los ojos.
-Yo estaba regando las plantas, como me dijeron, pero una mariposa se posó en mi brazo y yo cambié el color de sus alas. Pero estos tres…- señaló a Jim, Ian y Mark -…Me vieron y como no pude enseñarles a hacer el truco, ellos me…me…empezaron a golpear y a lastimarme y papá llegó y al verlo todo, los atacó y me curó- contó ella. Su madre abrió mucho los ojos.
¡Percival!, tú sabes lo que esto causará, ¡los representantes del Ministerio deben estar llegando!- le dijo Kendra, que ahora también lloraba de miedo y pena. Percival se dio cuenta de lo que había hecho. Había atacado a tres jóvenes muggles, ¡lo meterían en Azkaban por eso!
En ese instantese oyó un sonido proveniente del interior.
-¡Alto, en nombre del Ministerio de la Magia!- gritó una voz grave. Kendra se puso a llorar a los gritos. Antes de poder hacer nada, unos cinco hombres con túnicas verde oscuro aparecieron en el jardín y les apuntaron con sus varitas.
-Pongan las manos en alto- les ordenó el hombre de la voz grave. Ellos obedecieron.
-Ahora… ¿quién de ustedes se hace llamar Percival Dumbledore?- preguntó. Percival dio un paso hacia adelante.
-Queda arrestado por usar magia contra los muggles, sentencia…- el hombre sacó una especie de libreta -…cadena perpetua en Azkaban- decretó.
-Llévenselo- le dijo a sus hombres.
-¡NO!, ¡ES MI PADRE!- exclamó Ariana, intentó ir hacia su padre pero los hombres del Ministerio se lo impidieron.
-Lo siento, pequeña. Tu padre es un delincuente y tiene que cumplir su condena, pero tendrá un juicio. Aún así no creo que tenga muchas esperanzas.- le dijo el hombre. Ariana quedó destrozada. Intentó decir algo pero Aberfoth la tomó del hombro y la miró como diciendo "Déjalo, es una batalla perdida". Ariana volvió a abrazar a su hermano y siguió llorando, mientras los hombres del Ministerio se llevaban a su padre.