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Historia 31633 — capítulo 3
Peleas
Ariana suspiró, con lágrimas en los ojos. Tres días antes, su padre había tenido su juicio. Aunque había dicho la verdad, lo habían condenado a una cadena perpetua en Azkaban por atacar a los muggles(por cierto, el Ministerio les había borrado la memoria). Después de eso, todos en la familia se vestían de negro, por el luto y la tristeza de saber que nunca volverían a ver a Percival. ¡Y eso que Albus entraba a Hogwarts ese año!, tendría que cargar con la reputación de su padre.
Nota de la autora: A partir de ahora, la historia es narrada por Albus
Esa tarde apenas tomé un sorbo de mi limonada y casi no toqué mis galletas de chocolate, pues, aunque es mi merienda favorita, para mí todo carecía de sabor desde que encarcelaron a mi pobre padre, ¡Ahora jamás me vería entrar a Hogwarts, ni nada! Me limpié las migajas que habían caído sobre mi túnica negra y solté un suspiro como lo había hecho mi hermana.
Todo era su culpa.
Si ella no hubiera usado la magia, los muggles no la habrían atacado, y mi padre no los habría atacado a ellos, y si no los hubiera atacado, no lo habrían encarcelado y estaría allí, con nosotros.
-Todo es tu culpa- le dije
-Albus, no digas eso- me reprendió mi madre
-Pero es cierto- protesté -Si ella no hubiera usado la magia, papá estaría aquí con nosotros- continué
-Tú quieres que esté aquí para poder presumir todos los trofeos que dices que ganarás en Hogwarts- me dijo Aberfoth, mi hermano menor. Ariana lloraba silenciosamente. No lo entendí. Ella había causado todo, ¿por qué lloraba?
-Y tú dices eso porque me tienes envidia y porque nunca ganarás ningún premio- le respondí.
-¡Albus!, ¡No seas tan grosero!- me gritó mamá, enojada.
-Pero es cierto- le repetí -Y tú… ¿por qué lloras, si causaste todo esto?, jugueteabas en el jardín usando magia como si fuera una muñeca mientras papá era encarcelado- le dije a mi hermana, quien empezó a sollozar y se encogió en la silla.
-¡Albus, ya basta!- me volvió a decir mi madre.
-¡Y Aberfoth, tú no hiciste nada para detener a esos hombres del Ministerio!, ¿por qué siempre te rindes tan fácil?, eres un cobarde- le dije a Aberfoth.
-¡Miren quién lo dice!, ¡Tú tampoco hiciste nada!, ¡Eres un gallina y un egoísta, egocéntrico, arrogante y pusilánime…!-
-¡NIÑOS, YA CÁLLENSE!- Nos gritó mamá -Albus, ve a tu cuarto y reflexiona sobre lo que has dicho ¡Y lo mismo para ti, Aberfoth!- Ambos saltamos de las sillas hachos una furia y nos dirigimos al cuarto que compartíamos con Ariana y nos sentamos en nuestras respectivas camas. Aberfoth empezó a leer un cuento sobre una cabra mientras yo miraba el cielorraso de la habitación, intentando pensar en lo bien que me iría en Hogwarts.