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Historia 31633 — capítulo 4

Hogwarts (parte 1)

Una semana después de esos sucesos mamá, mis hermanos y yo nos dirigíamos a la estación de King´s Cross. Mamá llevaba mi carrito con mi fénix, Fawkes, encima. Los muggles miraban extrañados a mi fénix, debían pensar que era alguna especie de pájaro tropical o algo así. Atravesamos la barrera en la plataforma 9 y llegamos al andén 9 y ¾.

No estaba listo para eso.

Había un hervidero de alumnos de todos los cursos haciendo diversas cosas: subiendo sus carritos al tren, buscando a sus amigos, despidiéndose de sus padres. Pero en cuanto entramos todos se detuvieron y (absolutamente todos) se quedaron mirándonos y murmurando cosas como

-Hey… ¿esos no son los Dumbledore?-

-Oí que su padre fue encarcelado en Azkaban por atacar a tres niños muggle-

-Deben ser unos locos anti-muggles-

También me fijé en cómo nos miraban. Algunos nos observaban con interés. Otros con miedo. Y unos pocos con rabia. Ni siquiera desaparecer en el tren fue un alivio para mí, sino lo contrario. Ahora que mi familia se había ido, aprovechaban y me lanzaban cosas: útiles inservibles, tinteros vacíos y avioncitos de papel.

Estuve como media hora buscando compartimiento, pero todos estaban llenos. Excepto uno en el que había un chico con aspecto enfermizo, que tenía síntomas inconfundibles de haber contraído viruela de dragón hacia poco. Por suerte la cara del joven mostraba un tono verdoso que decía que la enfermedad ya no contagiaba. Abrí la puerta y pregunté

-Disculpa… ¿puedo entrar?, todos los compartimientos están llenos-

El chico sonrió. Al parecer estaba feliz de que alguien se quisiera sentar con él.

-Adelante- me dijo. Entré y dejé a Fawkes y a mi baúl sobre la rejilla portaequipajes. Mi compañero miraba fascinado a Fawkes.

-Guau…que mascota, chico- me dijo

-Gracias- le respondí -Soy Albus Dumbledore ¿y tú?-

-Elphias Doge- me dijo y nos estrechamos la mano. Tenía el cabello rubio oscuro, mas bien castaño claro, y los ojos verde pálido. Nada había que destacar entre sus rasgos excepto su nariz, pequeña y respingada, muy bonita.

-Hasta ahora eres el único que se me acerca en todo el día- me dijo tímidamente.

-¿Eso es un cumplido?- bromeé. Ambos reímos, cómplices.

Entonces una mujer gordita abrió la puerta y nos preguntó si queríamos algo del carrito. Yo compré dos ranas de chocolate, un paquete de grageas Berttie Bott, algunos chicles Drubbles y unos pasteles con forma de caldero. Elphias se compró una bola de helado levitador, unas moscas de café con leche y una bolsa de brujas fritas.

Nos sentamos a comer nuestras golosinas y hablamos de nuestras vidas. Yo le dije que al parecer todos me odiaban por lo que había hecho mi padre y que mientras buscaba compartimiento todos me tiraban cosas. Él me comentó que cómo estaba enfermo de viruela de dragón, nadie se le acercaba y en lugar de compadecerse, se burlaban y lo llamaban "Elphias Alientofétido Doge" o también "Cara de perro-dragón" o "fenómeno". Un poco antes del atardecer ya nos habíamos puesto las túnicas de la escuela y empezamos a hablar sobre casas.

-Oye, Elph, ¿a qué casa irías si pudieras elegir?- le pregunté. Él hizo como si levantara una espada imaginaria.

-¡A Gryffindor, el hogar de los valientes!, comomis padres, ¿y tú, Al?-

-También me gustaría ir, pero creo que Ravenclaw no será tan mala, ¿o sí?- respondí.