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Historia 31721 — capítulo 9

Siento mucho haber tardado tanto. Estuve con algunoss problemas personales. En fin, recién ahora pude actualizar así que... espero que disfruten de este cap n_n Besos, y disfruten la historia!!

Capítulo 9

La Traidora

¡¡Tarde!! Siempre me despierto tarde. Y siempre llego tarde a todo. Es así como hoy no alcanzo a desayunar nada, corro a la clase de transformaciones, la profesora me regaña y para colmo quería ir a ver a Hermione y a mi hermano en la sala de enfermería. Pero no, yo siempre llego tarde a cada lugar al que tengo que llegar.

Varias veces pensé dormirme más temprano y comenzar a levantarme a las 8:30, pero al parecer dormir temprano es imposible para la pequeña Ginny Weasley. ¿Justo tenía que salir a Fred y a George? Les echaré la culpa de todo a ellos y me sentiré mejor.

El tiempo se pasó lento, como si me tomara el pelo. Parecía realmente una burla. Un segundo. Otro segundo. Otro… tic-tac… tic-tac… tic-tac… Lento muy lento más lento.

Palabras que entraban por una oreja y salían por la otra sin dejar ningún rastro de comprensión. Sólo oía el tic-tac y veía moverse lentamente la aguja, como si se riera de mí: Oh sí Ginny, lo hago para fastidiarte. A partir de hoy aprenderás (tic-tac) a levantarte (tic-tac) más temprano (tic-tac).

Y el reloj se reía de mí.

"Eso es injusto" le dije, molesta "Sé que debo despertar más temprano pero… ¿No puedes entenderme? Quiero ver a mi hermano estoy preocupada por él"

Aprenderás

"Oh, vamos! Unos segundos más rápido, ¿qué te cuesta?"

Aprenderás

Bufé por lo bajo, furiosa con el maldito reloj. Entonces, con ese simple bajo bufido atraje la atención de la profesora McGonagall, que me miró y levantó una de sus finas cejas.

— ¿Algo que la moleste, Weasley?

"Sí, claro. Ese reloj, ¿le molestaría llevárselo o transformarlo en un lindo cerdito?"

Le dediqué mi mejor sonrisa de niña buena.

—Para nada.

La profesora afirmó una sola vez con la cabeza de forma brusca. Presté atención dos palabras que consistieron en "La sencillez…" y luego ya no sé qué dijo. Miré al reloj con odio por todo el desastre que había hecho en tan poco tiempo que para colmo parecía mucho.

Tic-tac.

Los pasillos estaban llenos de jóvenes muertos de hambre que se abarrotaban y empujaban para correr al almuerzo. Yo hice buen uso de mis puntiagudos codos de los que siempre me quejo. Pero ésta vez sirvieron de mucho porque los pude correr violentamente para abrirme paso entre ellos y llegar a la enfermería antes que ellos al almuerzo.

Estaba abriendo la puerta, orgullosa de mí y mis codos (yo sabía que de algo tenían que servir) cuando oí una voz tan conocida como fuera de contexto dentro de la sala. Con el corazón latiendo acelerado, me quedé tras la puerta oyendo. Sí, esa era Hermione… ¿Pero qué hacía ella hablando con Malfoy?

—…y ver cómo haría, yo no haré de esto un secreto…

—Bien pero… —Hermione suspiró y supe reconocer la inseguridad en su vos ¿estaría él fastidiándola?—. Tú eres un Slytherin y yo una Griffyndor, tú eres bueno en Quiditch y yo en transformaciones. Tú eres un sangre pura y yo una…

Calló repentinamente. Espié un poco y noté que Malfoy le tapaba la boca con una manola miraba casi amenazador.

—Cuida lo que vas a decir —bajó un poco más la voz—. Soy un Malfoy, claro que me importa la pureza de mi sangre. Pero mi padre se olvidó de enseñarme a no amar a ninguna mujer. Jamás creyó que hallaría a la mujer perfecta y entonces mi sangre pasaría a segundo plano.

Fruncí un poco el ceño ¿Qué demo…? Sentí un pequeño acceso de envidia… ¿Malfoy enamorado de Hermione? ¿Y a tal punto de decir todas esas cosas hermosas? ¡¡Yo no tenía quien me dijera esas lindas cosas!! Por eso a veces me arrepiento de no haber sido un poco más autentica… quizá así Harry se hubiese enamorado realmente de mí.

Agucé más el oído para no perderme ni un detalle, aunque la envidia me estaba opacando.

—Draco… Tú sabes que me gustas… pero no quiero ser la causante de futuros problemas…

—Hermione… tú vales más que un pequeño montón de problemas…

—No creo que estés…

—Herms

—Es que yo…

—Herms…

— ¿Qué?

—Me vas a dejar demostrarte cuánto vales para mí?

No podía ver la cara de Malfoy, pero la cara de Hermione fue suficiente. Quedó pasmada, impresionada. Y yo era lo suficientemente buena en aquel tema como para saber que en aquel momento su corazón latía a doscientos por minuto.

El calor cubrió de rubor sus mejillas. Bajó la mirada y supe que a ella no sólo le gustaba. Estaba enamorada. Y aunque no podía culparla (él era guapo y decía cosas realmente lindas), me parecía una traición a los Griffyndor.

Entonces noté la mano de él tomar su barbilla y comencé a ver parte de su cara, que se acercaba a la de mi sorprendida amiga. ¡¡Oh Dios!! ¡¡Se iban a besar!!

Estaba tan concentrada contemplando aquel extraño y misterioso suceso, que no controlé mi peso. Tampoco me di cuenta de la pérdida repentina de equilibrio. Me fui para adelante y empujé la puerta con fuerza.

Draco y Hermione se volvieron con cara de miedo justo hacia mi lado. Pero yo había alcanzado a correrme y no pudieron verme.

Suspiré aliviada. Oí a Malfoy decir:

—Mejor me voy. Más tarde vendré a verte y hablaremos de lo nuestro, ¿bien?

—Bien.

No pude verla, pero supuse que Hermione estaba sonriendo ampliamente.

Desde mi seguro escondite vi a Draco salir por la puerta y dirigirse hacia el final del pasillo. Con el corazón desbocado, esperé a que él terminara de desaparecer. Luego salí del escondite, me di tiempo de tranquilizarme, y entré a la enfermería con aire casual. Me agradecí mis dotes de buena actriz.

—¡Herms! —saludé. Fui y la abracé aunque en realidad no tenía deseos de hacerlo—. ¿Cómo es la vida en la enfermería?

—Tranquila —contestó ella. La sonrisa no se le borraba, y supe que no estaba producida por la alegría de verme, justamente. Me contuve todo lo que pude de hacer algún tipo de comentario. Me costaba mucho ocultar el odio que sentía—. Ginny… ¿Estás bien?

Pues yo era buena actriz, pero ella era terrible y endemoniadamente inteligente… nadie podría engañarla fácilmente.

—Claro —me aclaré la garganta—. Tan sólo venía a ver a mi hermano pero… —me volví hacia las otras camas—. Veo que no está.

—Oh, no —ella también se aclaró la garganta y lo supe: me quería ocultar todo a toda costa—. Le dieron el alta esta mañana.

Por supuesto que le habían dado el alta aquella mañana. Y Draco Malfoy se había salteado un par de clases para venir a verte, ¿verdad? Vamos, ¿qué te pasa Herms? ¿No confías en mi? ¿Qué hay de los sentimientos de mi hermano?

No dije nada de eso, claro. Aunque no me faltaban ganas. Entorné los ojos, furiosa.

—Bien —le dije. Intenté controlar el histerisísmo de mi voz—. Veo que no hay nada más que hacer aquí.

Me di vuelta y me fui, sin importarme realmente cómo tomaría ella mis palabras y la dureza con las que las había pronunciado. Y resolví que en realidad no me importaba. Tan como a ella no le importaban los sentimientos de mi pobre hermano, a mi no me importaban sus tontos sentimientos de maldita traidora.

No si a ella tampoco le importaba…