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Historia 31721 — capítulo 8

Mil gracias a:ariana_james, barbara_lovegood, emma_luna, Porotinah, maga_angelik, marisilla_malfoy, erikka, todos los que comentan esta historia y todos los que la tienen en favoritos. Sin ustedes no hay escritor que valga ni fic que exista!


No puedo describir mi dolor, y es que no existen palabras para él. No puedo describir mi tristeza, y es que es incomprensible. No puedo describir mi odio, y es que es prácticamente inexistente. Después de todo, ¿cómo odiarlo? ¿Cómo odiar a ése ángel negro, a ese joven incomprendido? Se que no es la mejor persona del mundo, sé que no es el más aplicado estudiante, sé que no es el chico más amable que ha pisado éste castillo, pero sin embargo una pequeña luz, una frágil voz susurra en mi pecho diciéndome que él es bueno. Que es bueno en un sentido extraño de la palabra.

No es bueno con todos, porque no sabe serlo pero esa vocecita me anima y me dice que él es bueno con… las personas que ama.

Pero entonces me perturbo de nuevo porque yo no sé si me ama, yo no sé si siente algo tan lindo por mí. No lo creo. Porque el dijo aquella noche, que yo no era más que un juego. Y él no está aquí. Yo estoy tendida en una cama de la enfermería pero él no está aquí, no está a mi lado, no me dice que me quiere. Dios, si esto no es más que una dulce ilusión. Lo solía ser, pero yo no sueño. Yo no me permito soñar. Yo soy realista, bienvenidos a mi realidad.

Hace años que no conozco la ilusión de un amor… "mágico"… porque creo que el amor es subjetivo, está sobrevalorada y creo que las personas en sí están sobrevaloradas entonces ¿qué vale un inocente amor si no tiene fundamento? ¿Si no tiene posibilidades? Merlín, es ridículo.

Mis sueños son ridículos. No soy más que la insufrible hija sabelotodo de dos muggles que desconocen por completo lo que yo paso. Que no saben lo que significa el mundo mágico. Y por eso, yo nunca tendré un amor mágico ni una historia mágica.

No hay cuentos de hadas.

No hay ilusiones de niña.

—Hermione ¿estás bien? —era Ron. Él estaba acostado en la cama continua y había despertado hacia un par de horas. Lo miré, algo enojada. Por su culpa, por su culpa y la culpa de Draco había comenzado todo aquello.

—Sí. Duérmete.

Fui muy dura con él, pero no me voy a arrepentir: sé que tengo razón, no es justo lo que me hacen. No es justo que él me sonría con inocencia fingiendo que no sabe nada, cuando en realidad se alegra por la ausencia que a mi me atormenta. Por la ausencia de mi ángel negro: Draco Malfoy, el arrogante Slytherin.

El silencio nos cubrió como un potente manto por unos minutos. Porque el no sabía que decir o lo estaba pensando muy bien, y porque yo estaba furiosa. Entonces, cuando comenzaba a sentir que la tristeza y la depresión suplantaban esa furia, él habló de nuevo.

—Soy un idiota —susurró. Yo no respondí—. Hermione, lo siento tanto.

Apuesto que él esperaba que yo preguntara qué sentía. Pero no respondí. Me quedé con la boca bien apretada, mis labios curvados hacia abajo. Intentaba parecer enojada pero las lágrimas luchaban por escapar. Me rogaban que escondiera mi cara en una almohada y gritara, llorara a gritos para quitarme la angustia de encima.

Y no respondí. Pero no hizo falta: Ron decidió continuar.

—Sé bien cual fue mi error, Hermione. Se cual fue mi error y el… el de Harry también lo es —al fin me volteé para verlo. Pero él no me miraba: el miraba el cielo raso… sus ojos cargados de pena, de tristeza. Y me sentí mal y angustiada por él también—. Porque eres nuestra mejor amiga y te amamos. Pero somos unos idiotas… somos unos idiotas porque no supimos cuidarte como es debido.

—Ron, yo no quiero que me vigilen veinticuatro horas creyendo que así me cuidan —dije yo, con fastidio. Él negó la cabeza y sonrió con tristeza, como si deseara que yo hubiese dicho lo contrario. Pero él siguió:

—Yo no hablo de vigilarte… yo creo que ése fue nuestro error —silencio. No sabía que decirle, me sentía algo sorprendida. Las palabras de Ron me tomaron desprevenida y ridículamente sentía más ganas de llorar—. Quiero decir ¡¿Cómo puedes confiar en nosotros si nosotros no confiamos en ti?! ¿Qué clase de amigos somos? Nos demostraste que eres más fuerte de lo que tú misma crees y no permitirte cuidarte sola, equivale a no apreciarte lo suficiente. Hermione, eres muy poderosa… pero a la vez eres sólo una chica, una adolescente atrapada en este mundo y quiero que sepas que cuando necesites apoyo moral, yo estoy aquí. Porque puedes confiar en mi.

Me sentía conmovida. Las lágrimas rebalsaban de mis ojos, se derramaban por mis mejillas e iban a perderse entre mis rizos castaños. Tenía la boca firmemente apretada, conteniendo el grito quebrado que luchaba por salir de mi garganta. Dios, me sentía tan conmovida con sus palabras, me sentía tan extraña. Creo que nunca soñé con que Ron dijese eso. Creo que ni en mis ilusiones más maravillosas, mi mejor amigo, el que solía gustarme, me regalaría esas palabras.

—Gracias —farfullé. Mi voz se quebró y las lágrimas cayeron en mayor cantidad. Por dentro yo sabía que Ron sólo lo decía porque se había convencido de que yo ya no quería nada con Draco. Supuse que si él supiera algo de aquello, de inmediato cambiaría de idea y decidiría que prefería abandonar la confianza y vigilarme veinticuatro horas seguidas. Pero el simple hecho de que hubiese pensado en aquello, y lo hubiese dicho en esa ternura, me llegó sinceramente al corazón.

Cielos, en las últimas semanas estoy descubriendo muchas cosas: puedo soñar, soy más fuerte de lo que creí, tengo sentimientos poderosos… y estoy enamorada.

—Lo mereces —susurró él, con dulzura.

Sonreí, pero eso no frenó el flujo de lágrimas saladas.

Era ya muy tarde. Me desperté algo somnolienta. Mi almohada estaba húmeda por todas las lágrimas. Me sentí algo abochornada. Ron también se había dormido ya. Estaba todo oscuro, habían apagado las velas.

No sabía qué me había despertado exactamente. Pero tanto podía ser un sueño como una mosca, no podía descubrirlo. Me desperecé, me dejé caer nuevamente sobre las almohadas y me volví intentando dormir.

Un rayo de luz entraba por la ventana y alumbraba la silueta de Ron, quien dormía pasivamente. ¿Quién lo hubiese dicho? Otro ángel en tierra. Cerré los ojos, tratando de olvidar los recuerdos que esas simples palabras traían a mi mente, tratando de olvidar el insomnioque poco a poco me invadía. Pero no podía, aunque cerrara los ojos con fuerza, imágenes molestas volvían a mi perturbada cabeza.

No quería llorar. Oh, no de nuevo, por favor. Sé que él no está aquí, ya intenté convencerme de que a lo mejor no le volveré a hablar jamás, porque quizá el comprendió que lo más realista es que me odie. Pero por más resignada que esté, ese simple pensamiento me sigue atravesando el pecho como una navaja.

No es justo. No, no es justo… ¿por qué? ¿Acaso nunca más volvería a mirarme de la manera que me miró en la biblioteca, cuando yo despotricaba contra él? ¿Cuándo yo decía lo herida que estaba?

No, debía entenderlo: él no me miraría más así… él era un slytherin, un sangre pura. Yo era Gryffindor. Y yo era una sangre impura. Nadie permitiría que tal atrocidad ocurriera, que él manchara su nobleza de esa forma.

Y en ese momento me sentí sucia, me sentí como una mancha asquerosa…

Me sentí detestable.

"Duérmete" me dije a mí misma "Por las noches las cosas siempre parecen peores de lo que son. Duerme y quizá mañana descubras que no es el fin del mundo"

No es el fin del mundo porque me quiten un ángel. La vida no se acaba porque una noche, a las tres de la madrugada, di un paseo con Draco Malfoy y me gusto. Y quizá él sólo jugaba. Pero eso no me servía de consuelo: me seguía sintiendo horrible de sólo pensar que jamás volvería a mirarme.

—No sabía cuando venir —me quedé helada. Mi corazón dio un salto muy desagradable y a continuación comenzó a latir desbocado. El miedo, la adrenalina, la emoción, todos me inundaron mareando mi pobre y cansado cerebro. ¿Me había imaginado aquella voz? ¿Era sólo la ilusión de un sueño que jamás sería realidad porque no era más que un cuento que hadas?—. Hermione, sé que estas despierta y si no quieres hablarme lo voy a entender, pero necesito que me escuches, que te vuelvas y al menos me mires a los ojos.

Temblando de miedo, y sobre todo temiendo que al volverme no encontrara a nadie allí, me desilusionara y me sintiera pésimo por el resto de mi vida, me di vuelta lentamente.

Era un sueño. Era una ilusión, era mi ilusión. Sólo que esta vez, era más que eso: era real. Porque el realmente estaba allí. Otro suave rayo de luna caía sobre su rostro de facciones afiladas y perfectas, arrancaba destellos de plata de su cabello y me trajo recuerdos de esa noche, a las tres de la madrugada. Esos recuerdos, burlándonos de los gorilas de él y un poco de mis amigos, riendo, casi besándonos… y entonces todo se echó a perder.

La sorpresa y la conmoción de verlo allí, arrodillado al lado de mi cabeza, me dejó muda. Temí no poder hablar jamás y no poder decirle todo lo que pensaba de él. Lo malo y lo bueno.

—Hola —murmuró él. Yo no podía contestar y temí que él lo tomara mal, que creyera que yo no quería que estuviese allí: era todo lo contrario—. Hermione, necesito decirte esto o temo tomar decisiones apresuradas y equivocadas. Así que sólo hablaré y si tienes algo que decir luego, puedes hacerlo… o no. Quiero que sepas sobre todas las cosas que he hecho y dicho para evitar confusiones, ¿bien? —a falta de palabras sólo afirmé con la cabeza y sentí las lágrimas resbalar por mis mejillas de nuevo—. Quiero que entiendas muchas cosas… por ejemplo, esa noche que te invité a dar una vuelta por los jardines. Quiero que entiendas todo: decidí que fuera a las tres porque todos estarían durmiendo y yo no quería que tuvieses problemas con mi presencia frente a todos. Decidí ir al lago porque me gustaba y porque era un lugar seguro pero alejado del castillo. De los ojos de curiosos que tuviesen insomnio. Decidí mentir a tus amigos de esa forma, para también ahorrarte problemas con ellos, tenía la esperanza de que me siguieras el juego. Decidí seguirte hasta la biblioteca porque no pensé que la comadreja también iría. Decidí no venir hoy más temprano para no causarte problemas, nuevamente. Y decidí estar aquí ahora porque quiero que sepas todo esto… Hermione, lastimarte nunca fue mi intención, todo lo contrario pero quizá el destino está en mi contra y quiere mantenerme alejado de ti pese a mis esfuerzos… lamento mucho que esto termine así.

Me besó la frente, se puso de pie y se volvió para irse, seguro de que yo estaba enojada, que no quería hablarle, que lo odiaba. Pero no, yo no quería que se fuera.

—Te faltó algo —susurré, consiguiendo fuerzas para hablar de donde me fue posible—. ¿Por qué decidiste invitarme a dar un paseo?

Él se dio vuelta de nuevo y me observó sorprendido. Sonrió con suavidad y se arrodilló a mi lado de nuevo. Parecía aliviado de que yo lo hubiese llamado, pero no podía estar segura.

—Decidí invitarte a dar un paseo porque pensé que eres maravillosa —me tomó una mano, con delicadeza y cariño—. Y no me equivocaba.

Sonreí. Sonreí porque era todo lo que podía hacer en aquella situación. No había más que eso: sonreír aturdida ante sus dulces palabras, ante aquella dulce salvación que el milagroso y más glorioso cielo me ofrecía. Estaba muy aliviada y me sentía infinitamente mejor. En ese momento nada me importaba, ningún problema, ningún nada… sólo que él estaba aquí conmigo. Como debía ser.

—Gracias —susurré, con la voz algo quebrada—. No debería decir esto, pero ciento como si fuese la segunda vez que me salvas… ciento que eres mi… ángel.

Él me besó la mano y me miró a los ojos con una sonrisa torcida que me dejó sin aliento.

—Por siempre —me dijo.