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Historia 31749 — capítulo 9
La profesora McGonagall encabezaba la marcha hacia su despacho, el de los directores del colegio. Jessica se colocó a su nivel.
-¿De verdad te crees esa historia de los viajes en el tiempo? - preguntó Stevenson ceñuda.
-Somos brujas, nunca sabes lo que la magia hará, sabemos que se puede viajar en el tiempo, aunque sólo sea unas horas, ¿por qué ellos, los mejores magos y brujas que la historia ha conocido, no iban a lograr viajar hasta este momento?
-Está bien. - cedió Jessica -¿Y cómo estás tan segura de que son quienes dicen ser?
-La pregunta no es si son verdaderamente quienes dicen ser, sino el porqué están aquí, por que algo que he aprendido en todos mis años como profesora, es que la magia accidental siempre ocurre por alguna razón. Y sí, son ellos, los conocí a todos y no tengo la más mínima duda. - terminó por contestar McGonagall ante la cara despectiva de Jessica.
-Gracias profesora - le agradeció Sirius su confianza en ellos.
Jessica miró a Sirius con cara de pocos amigos, y Sirius le guiñó un ojo sonriente. James y Remus se miraron curiosos por aquel comportamiento de su amigo ante la muchacha, sabían que solo había un motivo para ello. Jessica siguió adelante con la cabeza bien alta, metida en sus pensamientos y de mal humor, tal y como lo había estado durante catorce años.
Siguieron adelante, y cada vez que pasaban por algún punto del castillo del que tuvieran recuerdos, alguno de los merodeadores hacía un comentario y el resto sonreía al recordarlo.
Cuando llegaron al despacho, lo primero que les llamó la atención fue el cuadro de Dumbledore, detrás de la mesa, y desde donde un Dumbledore dibujado los miraba con sus ojos azules por encima de las gafas como si aún estuviera vivo. La profesora cogió se sentó en el asiento del director, y esperó a que los viajeros saludaran al profesor Dumbledore y decidieran comenzar a contar su historia.
Lily fue la primera en hablar, le contó lo ocurrido con el libro, que no sabe como ella y James viajaron hasta encontrar a Sirius, y los tres viajaron de nuevo hasta encontrar a Remus y a Tonks, no saben como llegaron hasta las tumbas y como lograron entrar en el castillo sin ser descubiertos.
Una vez que el relato había terminado, la profesora decidió, que lo mejor sería que no salieran del castillo durante el resto del día, y ya encontrarían alguna manera de que no los descubrieran al día siguiente. Por supuesto, esta idea no fue bien acogida por ninguno de los viajeros, por que el que mas y el que menos, le apetecía conocer a algún que otro hijo. Después de muchas discusiones cedieron. Sin embargo, nadie captó las miradas cómplices de Sirius y James, después de que prometieran no salir del castillo.
Después de que se marcharan los cinco merodeadores, Jessica y McGonagall se quedaron en el despacho a solas.
-Ha hecho lo mejor, seguramente intentarían averiguar lo que les ocurrió. De esta manera conseguirán mantenerlos al margen. - comentó Jessica.
-¿Mantener al margen,… a los merodeadores? - una sonrisa sarcástica apareció en el rostro de McGonagall.
McGonagall se levantó y observó la imagen de Dumbledore, el cuál se había mantenido en silencio durante todo el tiempo, el profesor del cuadro ahora sonreía de oreja a oreja. La profesora McGonagall le dio la espalda a Jessica que la miraba atónita, y se acercó a la ventana.
-No por nada, son los padres de Harry. -dijo esto mientras sonreía de oreja a oreja, acababa de ver por la ventana como los merodeadores incumplían sus órdenes e iban corriendo por los jardines hacia Hosgmeade.
Cuando salieron del despacho, James y Sirius captaron en silencio la mirada de Remus.
-¡No! -exclamó Remus, llamando la atención de las chicas.
-¿Qué ocurre? -preguntó extrañada Tonks. Lily frunció el ceño, ya sabía de más como se las gastaba esos tres cuando estaban juntos.
-Na…nada, cariño. Tú dame la mano. -contestó su marido observando con el rabillo del ojo a sus dos amigos.
Caminaron en silencio hasta que llegaron al aula por la que habían entrado, entonces James gritó "¡Ahora!", Sirius abrió las puertas, Remus jaló de Tonks hacia el aula, y James de Lily. Abrieron la ventana, y salieron fuera, donde comenzaron a correr hacia la reja.
-¡Os habéis vuelto locos! -exclamó Lily, sin embargo, ya se había soltado de James momentos antes y corría sonriendo por si propio pie.
-¡Venga lentos! - gritó Tonks, se había colocado la primera en la carrera y comenzaba a dejarlos atrás, les hacía señas para que aceleraran el paso mientras sonreía - ¡Venga! ¡Qué quiero conocer a mi hijo!
-¿Dónde nos apareceremos? - preguntó James jadeando.
-Dijeron que iban hacia La Madriguera después de la celebración. -recordó Sirius.
-Nos apareceremos en el cobertizo. -sugirió Tonks desde la distancia.
-¡Buena idea! - anotó Sirius.
-James y yo no sabemos donde es. - indicó Lily.
-Bien, pues haremos aparición conjunta.-sugirió Remus- Tú Lily conmigo, y James con Sirius. - James y Lily asintieron.
-Yo no he llegado a ir nunca a La Madriguera - señaló Sirius.
-Bien, pues vosotros dos venís conmigo, y Lily con Tonks. - decidió Remus.
-¿Qué pasa no te fías de nosotros? - preguntó Sirius.
-Ya sabéis que no. - contestó Remus burlonamente.
-Debemos de contarle lo ocurrido a Harry - sugirió Minerva en el despacho, cuando los merodeadores desaparecieron de su campo de visión.
-¿Por qué? -preguntó alarmada Jessica desde su asiento.
-Por que acaban de marcharse. -y señaló a la ventana.
-¿Sigues preocupado? - le preguntó Ginny a su marido.
Harry asintió. Aquella intrusión iba a dar muchos problemas a su departamento, nadie excepto Ginny se había dado cuenta, y el lugar estaba lleno de aurores, deberían de haber notado que había un farsante entre ellos. Pero, lo que más le preocupaba, era el porqué entraron en el castillo, ¿qué era lo que buscaban? Su instinto le decía que algo pasaba.
-¡Papá!- la voz de su hija sacó a Harry de sus pensamientos.
La niña corría hasta él con los brazos abiertos y sonriéndole, le encantaba la sonrisa de su hija, le recordaba mucho a Ginny, era la única de sus tres hijos que había nacido con claras muestras de ser una Weasley. Su carita estaba llena de pecas, su cabello rojo como el fuego lo dejaba caer suelto sobre sus hombros, y había heredado los ojos almendrados de su madre. Cogió a la niña en brazos, y continuaron su camino hacia la casa.
Louis, hija de Bill y Fleur, Molly y Lucy, hijas de Percy y Andrey, Roxane, hija de George y Angelina, y Rose, la hija de Ron y Hermione, se acercaron a saludar también a sus respectivos padres y en la entrada de la casa ya los esperaba la Sra. Weasley preocupada por su retraso.
-¿Se puede saber qué ocurrido? Me teníais muy preocupada.
-Entraron intrusos en Hogwarts mamá. - comenzó George a explicar.
-Anda, iros a jugar. - le dijo Harry a los niños.
-¡Vale! ¡Vamos! Mis hermanos están jugando en el cobertizo. - comentó la pequeña Lily.
Los adultos entraron en la casa, y les contaron todo lo ocurrido a quienes no estuvieron allí.
-¿Y no encontraron ningún rastro? - preguntó Arthur interesado por el tema.
-Nada, mañana iré con un grupo de aurores a confirmar que no haya nadie escondido. - contestó Harry.
Colocaron varias mesas en el patio para poder almorzar todos juntos. Avisaron a los niños, quienes se encontraban jugando en el cobertizo, excepto Teddy y Victoire que habían estado paseando.
-Por cierto, ¿y Jessica? ¿No quiso venir tampoco este año? -preguntó Molly mientras los niños se sentaban a la mesa algo pálidos.
-No. - contestó Harry. -¿Estáis bien? ¿Tenéis mala cara?
-Sí…pa…pá. -contestó Albus moviéndose mucho en su asiento.
-Lástima, es una gran muchacha, ojala algún día rehaga su vida. - se lamentó la sra. Weasley.
-No creo que lo haga nunca, a este paso. - comentó Ron.
-¡Insensible! Es natural que en estas fechas quiera estar sola, hace catorce años que perdió a toda su familia. - exclamó Hermione horrorizada por la insensibilidad de su marido.
-Sí, ¿pero también debe de estar sola el resto del año? -intentó defenderse Ron.
-Ron tiene razón, Hermione, esa chica debería de haber levantado ya cabeza, sé que fue difícil, pero no la única que perdió a sus seres queridos en aquella batalla. Y todos hemos continuado adelante. - intentó mediar George.
-Sí, pero ninguno perdimos además de nuestros padres a la persona amada. - comentó Harry como si nada.
-¿Qué quieres decir cariño? -preguntó Ginny muy interesada en ese detalle.
-¿No lo sabíais? - todos los allí presente negaron con la cabeza - Su prometido también falleció, Dolohov lo mató. Iban a casarse en septiembre.
-¡Por las barbas de Merlín! - comentó Molly entre lágrimas silenciosas.
-¿Cómo te has enterado? - preguntó Ginny aún entristecida por la noticia.
-Ella me lo contó el primer día que hicimos una misión juntos. - respondió Harry.
-¡Mirad! - exclamó Percy señalando a la cerca. - Jessica y McGonagall.
McGonagall y Jessica entraron, después de rechazar varias ofertas de bebida y comida por parte de la Sra. Weasley todos los adultos se fueron a la casa por petición de las recién llegadas. La profesora tomó asiento al lado de Harry, y mirándolo seriamente tomó aire para comenzar a hablar.
Harry, lo que voy a contarte no es nada fácil de comprender, por lo que necesito que me prestes mucha atención. -Jessica la miraba asustada, temía la reacción de Harry, él cual la instó para que continuara. - Encontré a los intrusos que entraron en Hogwarts.
-¿Quiénes eran? - preguntó Bill.
-La cuestión no es quienes eran, sino de donde vienen.-contestó la profesora. Miró a Harry, volvió a tomar aire y dijo. - Vienen del pasado. - Harry frunció el ceño.
-¿Quiénes…? -consiguió articular Harry.
La tensión se palpaba en el ambiente.
-Son cinco, dos vienen de hace 30 años, uno de hace 16 años y los otros dos de hace 14 años. - Harry frunció el ceño - Harry, son… -le miró a los ojos - tus padres. -Harry estalló en carcajadas ante la sorpresa de todos.
-¡De verdad quiere profesora McGonagall que me crea que mis padres han venido del pasado!
-Es cierto Harry, yo los he visto. - confirmó Jessica. La sonrisa de Harry desapareció. Se sentó, su cabeza iba mas lenta que de costumbre.
-¿Dón...?
-¡Papaaaaaaaaaaaaaaaaaá! - la pequeña Lily entró al salón como un terremoto interrumpiendo la escena. - ¡Papá! Tengo una amiga nueva, ¿y sabes qué? ¡se llama como yo!
-¿Dónde? ¿Dónde las has visto? - Harry zarandeó a la niña, esta se asustó mucho ante la reacción de su padre y los ojos se le humedecieron. - Lo siento, lo siento, mi niña -Harry abrazó a su hija después de darse cuenta de lo mal que había reaccionado - ¿Dónde está esa amiga tuya? - preguntó con mucha más suavidad.
-En… en el cobertizo - dijo entre sollozos la pequeña.
-¿Aquí es? -preguntó Lily mientras observaba el cobertizo.
Remus y Tonks asintieron. Comenzaron a escuchar voces, pero una de las voces la reconocieron, era la de la niña del cementerio.
Corrieron a esconderse detrás de la leña y varios objetos que había al fondo del cobertizo, donde por suerte estaba bastante oscuro y no los verían.
-¡James! ¡Albus! ¡Papá y mamá ya han llegado! - la niña empujó la puerta del cobertizo. - ¡No hay nadie! - le dijo la pequeña a sus primas.
-¿A dónde habrán ido? - dijo una niña, llamada Rose, algo mas mayor que la pequeña Lily, era casi tan pelirroja como su prima, y tenía muchísimas mas pecas, sin embargo mucha gente creían que eran hermanas.
-¡Mira! - Lily señaló a un perro negro que se acercaba muy lentamente hasta ella.
La pequeña se acercó corriendo al animal, y comenzó a acariciarle las orejas, tal y como hizo con la estatua de Canuto aquella mañana. -¡Qué cariñoso es! ¡Venid! -el perro meneaba la cola sin parar de un lado a otro.
Rose se acercó junto al resto de sus primas con mucha mas cautela pero igualmente terminaron encariñándose con el animal.
-¡Alejaros de ese perro! - gritó James apareciendo bajo la capa de invisibilidad en una esquina del cobertizo, con el estaba Albus, Fred y Hugo.
Habían estado allí desde que las niñas, se fueron, escondidos bajo la capa preparados para asustarlas, en cambio tuvieron una visita que no esperaban y sus planes se chafaron.
-¡Qué! ¡James tonto, solo es un perro! - exclamó Lily mosqueada con su hermano y su intromisión.
-¿Qué queríais asustarnos? - preguntó Rose colocando los brazos en jarras y mirando con el ceño fruncido a su hermano menor.
-Shh… - silenció Albus. - Salir de ahí. - Albus se acercó hasta las niñas y las alejó del perro que se había mantenido inmóvil en su sitio todo ese tiempo.
Canuto miró primero a los niños, y luego al lugar donde estaban sus amigos, se dirigió hasta allí meneando la cola. Desapareció tras la oscuridad.
-Bien, bien, ya salimos. - dijo la voz de James adulto.
Lentamente se acercaron a los niños, Sirius ya era humano, el joven James y Fred protegían con sus cuerpos al resto. Cuando al fin, todos estuvieron en la luz, donde sus rostros fueron vistos por los infantes, el joven James abrió los ojos espantado, dio un paso hacia atrás, y por primera vez en su corta vida, no supo que decir. Su hermano y Fred lo miraron extrañado.
Su primo Fred, al ver la reacción del joven James, decidió tomar la iniciativa.
-¿Quiénes sois?
-Creo que él ya lo sabe. - contestó James señalando a su tocayo. Los otros lo miraron asustados.
-¿Sabes quienes son? - le susurró Fred entre dientes. El pequeño James asintió.
-No… no podéis… ser… -comenzó James.
-Shhhh… - le acalló Sirius mientras le guiñaba un ojo - Es más divertido así.
-Pero… ¿entonces sois…? - continuó. Por respuesta obtuvo el asentimiento de los cinco viajeros.
-No debéis tenernos miedo. - pidió Lily adulta.
-¡Oh! Por favor Lily, no creo que tengamos pinta de… - exclamó Sirius.
-¿¡Te llamas Lily!? - exclamó la pequeña - ¡Yo también! ¿A qué es un nombre muy bonito? - la mayor sonrió de oreja a oreja. - ¡Voy a contárselo a Papá y…!
-¡NO! - gritaron al unísono los dos James.
-¿Por qué no? - preguntó la pequeña con su vocecilla.
-Pues… por que… - comenzó a improvisar Cornamenta.
-…esto es un secreto, sí, un secreto, y no debes decírselo a nadie, y menos a Papá. Y esto va por todos, - se dio la vuelta y miro a todos sus primos y hermanos - , no debéis decírselo a los adultos, y tampoco a … - miró a Remus y Tonks, estaba seguro de quienes eran, los había visto a todos en fotos miles de veces - … a Teddy. - terminó susurrando.
-¡Vale! - la pequeña corrió y se acercó a Lily, y comenzó a contarle cosas, y a preguntarle que juegos se sabía.
-James, se puede saber… - comenzó Al. Sus primos y los dos Potter se acercaron a él, haciendo un corro.
-¿De verdad no los reconocéis? -preguntó incrédulo James.
-Cierto, como que no nos reconocéis. - Sirius se había acercado hasta el corro silenciosamente, y cuando habló provocó el respingo de varios de los niños.
-Tú… tú eres… Sir… - intentó asegurarse el joven James, según iba hablando perdía mas la voz.
-¿Sirius Black? - dijo Canuto con una sonrisa de oreja a oreja. Los demás niños que no lo habían reconocido se quedaron con la boca abierta y los ojos espantados.
-¡No!, Sirius Black murió hace 16 años. Me lo dijo mi madre. - comentó Rose con un tono bastante parecido al de Hermione.
Lily adulta se encontraba entreteniendo a la pequeña, se había dado cuenta de que ella era capaz de contárselo a Harry en cualquier momento, y más aun si averiguaba quienes eran.
-Sí, pero lo que no sabe tu madre, es que he viajado en el tiempo, y vengo desde el pasado. Yo y mis amigos. - señaló al resto de viajeros en el tiempo, Remus, James y Tonks se habían acercado y escuchaban la conversación. -Por cierto, ¿Quién es tu madre?
-¿Lo dudas Sirius? - le preguntó Tonks antes de que Rose pudiera contestar. - Es la hija de Hermione, por supuesto. - Rose se quedó boquiabierta.
-¿Cómo sabe quien es mi madre?
-Porque te pareces mucho a ella, y…
-Esperad. - Al comenzó a notar algo que faltaba por se explicado. - Si tu eres Sirius Black… ¿Vosotros quienes sois? - preguntó temiendo la respuesta.
Los adultos se miraron, Lily lo había oído, pero intento que la pequeña no lo hiciera.
-Nymphadora Tonks-Lupin, podéis llamarme Tonks. - dijo sonriente la metamorfaga. - Este es mi marido Remus Lupin.- se estaba divirtiendo ante las miradas y las reacciones de los pequeños.- Y él es… - James carraspeó.
-Y si me permites. Creo que puedo presentarme yo. Mi nombre es… Yo soy… - no sabía que decir exactamente - … es más complicado de lo que pensaba… - susurró - Bien, mi nombre es James Potter, y soy vuestro… - señaló a los pequeño Potter.
-… abuelo. - dijeron al unísono los niños Potter algo pasmados, Cornamenta asintió sonriendo.
-Y ella, mi bella esposa es Lily…
-…Potter. - volvieron a decir al unísono los pequeños.
-…nuestra abuela. - comentó Al mirándola.
-¿Cómo habéis…? - preguntó Roxane, se encontraba mas alegre que el resto de sus primos.
-¿… llegado hasta aquí? - completó Sirius - Eso es lo que me gustaría saber a mí.
-El perro… eras tú, ¿No? - preguntó el pequeño James curioso, un rastro de mirada traviesa apareció en el rostro del chico.
Sirius se transformó ante los niños arrancándoles a todos los infantes una sonrisa.
-¡Has visto eso! ¡Él era el perro! Se parece al que está en la tumba de los abuelos.
Los niños se echaron a reír, todo aquello comenzaba a gustarles. Estuvieron largo rato charlando sobre diversos temas, Canuto y Cornamenta le contaban sus travesuras en Hogwarts al joven James y a su primo Fred, Remus y Tonks intentaban averiguar sobre el futuro de sus conocidos, y principalmente querían saber cosas sobre su hijo. Pero Lily fue quien le cogió más cariño a aquella niña tan alegre y simpática que era su nieta.
Cuando llegó la hora de almorzar, acudieron rápidamente para que no tuvieran que ir ningún adulto a avisarle y vieran aquello. Los niños prometieron no contar nada por el momento y traerles algo para que comieran. Antes de que se marcharan, Remus les advirtió que la profesora McGonagall era la única que sabía que ellos estaban allí.
Al ver llegar a la profesora McGonagall tan preocupada, James le susurró a los otros que sería mejor intervenir en la conversación.
-Lily, recuerdas que te dijimos que no se lo contaras a Papá. - La niña asintió - Pues ahora puedes.
-¿¡De verdad!? - preguntó la pequeña llena de felicidad.
-Sí, ve, corre, y dile que tienes una nueva amiga que se llama como tú.