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Historia 31925 — capítulo 15

Traumático. Mankar no hallaba otra palabra para describir lo que acababa de presenciar.

Esa voz... esa escalofriante voz... no podía ser suya... no podía... Él no podía haber hecho una profecía. Estaba completamente horrorizado. Ahora entendía perfectamente lo que Alita sentía al revivir ese recuerdo.

Y sí, el hecho de ser capaz de realizar una profecía podía convertirlo definitivamente en un mago. ¿O era sólo un poder más del Rubí del Fuego?

Si era lo primero, quizás debía ser motivo de alegría, y no de miedo. En realidad, el tener visiones del futuro era un poder que Mankar siempre había deseado. Eso no era precisamente lo que en ese momento lo había impactado. Era el tono de su voz.

Esa voz tan espantosa seguía retumbando en sus oídos. «El sobreviviente y el sustituto se encontrarán y se enfrentarán». ¿Qué demonios podría significar eso? ¿A quién se podría referir en ese momento?

—¿Estás bien, corazón? —preguntó Gaby, pasado un rato.

Mankar la miró a los ojos. Estaba completamente pálida. El chico negó lentamente con la cabeza.

—¿Qué fue eso? —preguntó con un hilo de voz.

—Fue exactamente lo que hiciste aquella tarde de agosto —dijo Gaby, rodeándolo con el brazo—. No te asustes. No es nada malo. Tienes un don.

Mankar negó nuevamente con la cabeza.

—No ha sido la única vez —explicó en voz muy baja—. Desde que obtuve el Rubí... se ha repetido.

—¿Y no crees que es una ventaja?

Mankar negó con la cabeza una vez más.

—Ha sido todo muy extraño... —dijo—. Pensaría que ocurre cada vez que activo la gema, pero no es así. El Rubí brilla muy frecuentemente, pero no me volvieron a dar ataques... bueno, no volví a hacer profecías —corrigió—. Quiero decir, no ocurrió durante el duelo contra Haher, pero sí cuando probé la varita en mi casa...

—¿Disculpa? —preguntó Gaby, frunciendo el entrecejo.

—A lo que me refiero... —continuó Mankar—, es que en un momento tan emocionante como un duelo no hubo ni siquiera rastros de un ataque... de una profecía...

—¿Ustedes dos se batieron en duelo? —exclamó Gaby.

—¿Eh? —dijo Mankar, abriendo bastante los ojos, nervioso—. Fue sólo un pequeño problema, no pasó nada...

—¿NO LES HA BASTADO CON TODOS LOS PROBLEMAS QUE YA HAN TENIDO, COMO PARA BATIRSE EN DUELO? —rugió Gaby.

—Fue hace casi dos meses... —explicó Mankar—. No me regañes en este momento, por favor.

—De acuerdo, ¡pero Haher no se salva de esta!

Entonces Gaby intentó tranquilizarse, y le pidió al chico que le explicara todo. Mankar le reveló los detalles del duelo. Por momentos, la expresión de Gaby cambiaba severamente, pero luego volvía a la normalidad.

—Han corrido con mucha suerte —dijo, al finalizar el relato—. Si quien los hubiera encontrado hubiera sido la profesora Callahan, créeme que sus vacaciones habrían iniciado ese mismo día.

—El profesor Riddle también se molestó bastante —comentó Mankar.

—Pero Ángel también fue compañero mío en el Ministerio —explicó Gaby—. Yo lo conozco, él es más comprensivo.

—¿Ambos profesores de defensa Contra las Artes Oscuras son aurores? —preguntó Mankar, asombrado.

—Claro —respondió Gaby—. Y así como Taz es mi comadre, Ángel es mi compadre.

Cuando Gaby dijo eso, Mankar sintió una especie de tranquilidad. Era bueno eso de tener profesores relacionados con su familia, pensó.

Mankar y Gaby decidieron bajar a la sala de estar, a pasar el tiempo con el resto de la familia. Sin duda, el chico no se había repuesto de lo que acababa de vivir, pero pensó que no había que darle mucha importancia, pues era algo que en realidad había pasado hacía ya bastante tiempo. Incluso la profecía no necesariamente tenía que estar relacionada a él.

Durante los días de vacaciones de Navidad, Mankar se concentró principalmente en planearlo todo para empezar a preparar la poción multijugos. No quería decepcionar a su padre teniendo malas notas.

Era una lástima que no tuviera nada de dinero mágico; sólo dinero muggle. Podría incluso comprar los ingredientes que necesitara para preparar la poción, pero Merlín jamás le había dado ni siquiera un knut, porque hasta entonces no lo había necesitado. Pedirle algo de dinero (teniendo en cuenta que esos ingredientes debían de resultar bastante caros) resultaría muy sospechoso, y Mankar no quería que nadie excepto Haher y Gonza se enteraran de su plan, así como sólo ellos se enteraron de su habilidad para ver el futuro.

—Lo mejor será entrar a su despacho mientras la profesora Anna Black esté en medio de una clase —propuso Mankar, en el dormitorio de la Sala Común, la noche que regresaron a Harrylatino.

Habían decidido, después de todo, robar del armario de la profesora de Pociones los ingredientes más difíciles de conseguir. Intentaron entrar en la Sala de los Requerimientos en busca de todos ellos o de la poción ya preparada, pero sólo encontraban calderos, libros y objetos mágicos útiles para elaborar pociones.

—Sí —dijo Gonza—, pero no debemos faltar nosotros tampoco, porque seríamos los primeros sospechosos.

—Entonces lo haremos un jueves después de la hora de comer —dijo Haher—. Es el único momento en que estamos libres.

Gonza y Mankar coincidieron en que era buena idea. Así que, durante los días siguientes, idearon el plan para llevar a cabo esta misión.

Y había algo que mantenía a Mankar bastante ocupado: el entrenamiento con los WW. Sin embargo, su afición por el quidditch cambió severamente, quizás para bien, quizás para mal, con una noticia que recibió en la Sala Común, varias semanas antes del segundo partido.

—¡Entramos! ¡Logramos entrar! —gritaba eufórico Haher.

—¡Nos han aceptado! —exclamó Gonza—. ¡Seré buscador y Haher, cazador!

—¡Es genial! —dijo Mankar alegre—. Pero saben lo que significa, ¿verdad?

Sus dos amigos habían ido aquella tarde a una prueba para nuevos jugadores en el equipo Monstrose Magpies. Habían llevado las relucientes escobas nuevas que ambos habían recibido como regalo de Navidad. Mankar no pudo acompañarlos, pues necesitaba terminar con urgencia una redacción para la clase de Historia de la Magia.

Sus dos amigos se quedaron mirándolo un instante.

—Jugaré contra ustedes el próximo partido —continuó, mirándolos fijamente.

—¡Sí! —respondió Haher—. ¡Es fabuloso!

—Bueno, a mí me agrada mucho la idea —admitió Gonza—, pero en realidad hay algo que me molesta.

—¿Qué?

—Macnair también está en el equipo —respondió Gonza—. Nos enteramos cuando ya habíamos sido aceptados.

Era increíble. Mankar se sintió un poco confundido. Se alegraba mucho por que sus mejores amigos hubieran logrado entrar a un equipo de quidditch, pero a la vez sentía una especie de tristeza... ¿A qué se debía esto? Quizás porque, en el siguiente partido, los Wimbourne Wasps se enfrentarían a los Monstrose Magpies, o porque Juanjo Macnair hacía parte del equipo... y Mankar no...

Pero no podía quejarse de ello. Mankar ya pertenecía a otro equipo; no era que Haher y Gonza no quisieran incluirlo.

Era mejor no pensar mucho al respecto y concentrarse en la aventura que sería conseguir los ingredientes de la poción multijugos.

Tuvieron en cuenta cualquier inconveniente que se les pudiera presentar. Aunque Mankar tenía en su dormitorio el libro de Harry Potter donde se enumeraban los ingredientes de la poción, los chicos pensaron que lo mejor era investigar también en la biblioteca del colegio, pues, al ser libros que estaban al alcance de los muggles, muy probablemente no tenían la información completa.

Haher, a pesar de que insistía en que los hechizos ya no le salían como antes, fue capaz de realizar un encantamiento proteico temporal sobre un par de gorras, para volverlas invisibles al igual que la de Mankar.

De esa forma, el jueves siguiente los chicos estaban ya completamente preparados para entrar al despacho de la profesora Anna Black.

—Recuerda que el efecto del encantamiento proteico dura sólo unos minutos —dijo Haher, mientras hechizaba primero la gorra de Gonza y luego la suya.

Mankar, Haher y Gonza bajaron tomados de las manos (no podían verse) a las mazmorras, donde estaba el despacho de la profesora Anna, con sus gorras invisibles puestas. Como la habían estado vigilando durante los últimos días, ya sabían en dónde se encontraba su despacho.

Abrieron la puerta con mucho cuidado para no hacer ningún ruido. Era una habitación muy diferente a los fríos pasillos que había afuera. No era oscura, pues una especie de ventana la iluminaba, con las largas cortinas amarillas abiertas. Había varios armarios cubriendo las paredes, y estantes con numerosos libros. Delante de una puerta, estaba el escritorio de la profesora Black.

Los tres chicos, tras cerrar la puerta por que entraron, se quitaron las gorras, y cada uno se dirigió a un diferente rincón del despacho a buscar los ingredientes que necesitaban: cuerno de bicornio y piel de serpiente; los demás los podían encontrar en el armario de los estudiantes del salón de Pociones o en los terrenos del castillo.

Gonza se dirigió a los estantes que había junto a la ventana, mientras que Haher empezó a abrir los cajones del escritorio. Mankar entonces abrió uno de los armarios. Había allí cientos de frascos con toda clase de sustancias, algunas interesantes, otras repugnantes, pero todas etiquetadas y en orden alfabético.

Encontró rápidamente un frasco con brillante piel de serpiente arbórea africana, pero el que contenía cuerno de bicornio estaba vacío.

Le avisó a Haher y a Gonza, y entonces buscó en otro armario. En él había botellas con lo que seguramente eran pociones y antídotos, pero no encontró nada de lo que buscaba.

—Oigan —dijo entonces Gonza, con voz muy baja, mientras hojeaba uno de los libros de la profesora Anna—. Aquí hay una fórmula para hacer la poción multijugos, de una forma mucho más sencilla, ¿tomamos prestado este libro?

—Buena idea —dijo Haher—. Al menos ustedes dos han encontrado algo; aquí no hay nada más que papeles que no sirven para nada, de profesores que piden ingredientes o pociones a la profesora Anna...

Haher se calló. Alguien intentaba abrir la puerta. A Mankar le dio un salto el corazón. Rápidamente, hizo señas a sus amigos para que se colocaran sus gorras, mientras se ponía la de él.

Su tío desapareció en cuanto su gorra tocó su cabeza, pero Gonza se la puso y seguía completamente visible, lo que significaba que el efecto del encantamiento proteico de ella había terminado.

—¡Toma! —se oyó a la vez a Haher gritar, mientras en una fracción de segundo aparecía de nuevo, lanzando su propia gorra a Gonza, y escondiéndose bajo el escritorio.

O todo eso pasó muy rápido o el profesor Riddle tardó demasiado en abrir la puerta, lo cierto es que él era quien entraba al despacho en ese momento. Parecía tener algo de prisa, y también actuaba de forma sigilosa.

Se dirigió directo al escritorio y se sentó. Empezó a revolver los cajones, en busca seguramente de alguno de los papeles de los que había hablado Haher. Mankar, arrinconado junto a la puerta, vio la mano de su tío por debajo del escritorio, agarrando un par de ellos, y la cortina de la ventana moverse levemente y arrugándose en la parte donde seguramente Gonza se hallaba parado.

Riddle seguía ahí sentado abriendo cajón por cajón, sin percatarse de la presencia de Haher, y mucho menos de los otros dos. Era extraño, tal vez estaba oscuro bajo el escritorio, pero de todas formas el profesor se daría cuenta si estiraba las piernas tan sólo un poco...

Luego, echó una mirada a cada rincón del despacho. Se levantó, después de cerrar cuidadosamente cada cajón, y se detuvo frente a la puerta que había detrás de la mesa, tal vez cuestionándose si lo que buscaba lo hallaría allí. Se dirigió a la puerta del pasillo y salió del despacho dándose por vencido.

Justo cuando cerró, la gorra que ahora llevaba Gonza se hizo visible, y con ella, el cuerpo del chico.

—¡Qué cerca ha estado! —susurró.

—¡Yo pensé que me agarraba! —exclamó Haher—. Pero ni siquiera se dio cuenta, porque me atravesó. La Copa está escondida —añadió, atravesando con una palmada el hombro de Gonza.

Mankar sonrió asombrado.

—¿Qué buscaba? —preguntó.

—Ni idea —dijo Gonza, que se fue a revisar un armario.

—Tal vez... —respondió Haher, levantando unos papeles que tenía en la mano—, buscaba alguno de estos.

Mankar los miró.

Eran dos solicitudes de ingredientes, una de la profesora Sorceress y otra de Riddle. Entonces Mankar vio de qué se trataba: el profesor Riddle había pedido un frasco de piel de serpiente arbórea africana en tiras.

—¿Crees que quiera hacer la poción multijugos? —preguntó el chico a su tío.

Haher negó con la cabeza.

—No lo sé...

—Aquí tengo el cuerno de bicornio —dijo Gonza, mostrándoles un frasco mientras cerraba el armario—. Vámonos de aquí.

Los chicos salieron del despacho con el mismo sigilo; primero Mankar, con su gorra puesta, revisando que no hubiera nadie por ahí.

La Copa al parecer fue encontrada enseguida. Regresaron a la Sala Común con los dos frascos y el libro que Gonza había tomado, y los guardaron en su dormitorio. Una pregunta rondaba por la cabeza de Mankar sin cesar: ¿por qué el profesor Riddle quería robar el pedido que él mismo había hecho?

Llegó el momento en que Mankar se arrepintió de no haber preparado la poción multijugos desde antes de las vacaciones. Ahora tenían todos los ingredientes, pero no habían contado con algo muy importante: el tiempo que tardarían en elaborar la poción. Se necesitaba cocer los crisopos, que usaría para la poción, durante tres semanas, y tenían que encontrar Descurania sophia en los terrenos del castillo durante luna llena.

Los chicos habían preferido esperar a reunir todos los ingredientes antes de empezar a prepararla.

En conclusión, tardaría bastante para lograr elaborar la poción, de forma que Mankar no podría desempeñarse como era debido en sus clases durante el mes de enero, y menos en ese momento que todo se hacía mucho más complicado.

Decidieron no perder nada de tiempo desde entonces, y empezaron a cocer los crisopos en la Sala de los Requerimientos.

Quizás era el sentimiento frustrante de no encontrarse en el mismo equipo de sus amigos, o el intenso deseo de vencer a Juanjo, que Mankar comenzó a entrenar mucho más fuertemente con los WW.

Febrero llegó rápidamente. Muy poco faltaba para poder terminar la poción multijugos, justo en el momento adecuado, si es que Mankar quería aprobar Transformaciones y, por supuesto, encontrar la Copa de los Tres Magos por primera vez.

Mankar no había sido conciente de lo veloz que había sido el paso del tiempo. Estaba demasiado concentrado en sus entrenamientos de quidditch y sus deberes escolares. Gonza y Haher también empezaban a lucir estresados.

El día del partido, los tres desayunaron en el Gran Salón callados, y comieron muy poco. Los tres estaban bastante ansiosos. Cuando terminaron, salieron del castillo. Antes de entrar a los vestuarios, los chicos se reunieron para desearse buena suerte. Los estudiantes empezaron a llegar al campo de quidditch y pronto se convirtieron en una multitud.

Todo el público asistente gritaba con emoción, y se oía bastante fuerte desde los vestuarios. Mankar se colocó su túnica de los Wimbourne Wasps mientras Melb daba un pequeño discurso al equipo. Sil, Wodahs, Samira, Angie y Kamui escucharon también muy atentos.

—Este partido será muy diferente —dijo con voz algo temblorosa—. Hemos estado practicando durante semanas y cada uno de nosotros se ha convertido en un miembro esencial del grupo. No pensemos en lo bueno que es el contrincante, sino en lo unido que es nuestro equipo. Con las estrategias que hemos preparado, y con el público aún más a nuestro favor que en la anterior ocasión, sin duda que haremos un partido excelente. ¡Salgamos a jugar, a demostrar lo que valemos!

Era una sensación a la que Mankar jamás podría acostumbrarse. Todo Harrylatino reunido para verlos jugar, gritando, silbando, aplaudiendo... era la emoción más fuerte de todas, y más aún cuando tenía que enfrentarse a sus dos mejores amigos, y también a su mayor rival.

Los jugadores se reunieron alrededor del círculo en medio del campo. Mankar vio a Haher y a Gonza con sus espléndidas túnicas de color blanco y negro de los Monstrose Magpies, y sus brillantes escobas nuevas.

Juanjo lucía bastante nervioso, pero no dejaba de mirar a Mankar con una mueca de desprecio.

Entonces la profesora Tita indicó a los capitanes que se dieran la mano. Melb y Jorge Lupin, el capitán de los MM, se saludaron amistosamente. Al siguiente instante, las catorce escobas se elevaron en el aire.

Mankar y Samira El Mosri intercambiaron una mirada, antes de empezar a recorrer el campo en círculos, buscando interceptar las bludgers.

Volar en su nueva Saeta 87 en un partido con su equipo era bastante cómodo. La escoba era mucho más fácil de manejar, y también más rápida. Por momentos, Mankar sentía miedo de que volviera a ocurrir lo que pasó en el partido anterior.

—¡Y por fin volvemos a ver a los asombrosos Wimbourne Wasps en acción! —exclamó la voz amplificada de Tarru Potter—. Después de un encuentro alucinante con los Chudley Cannons, los siete miembros del equipo prometen darnos un espectacular partido en este día. Allá va Melb Stonks, con la quaffle, en una de sus populares jugadas con sus compañeros cazadores.

Mankar se encontraba cerca de ellos en ese momento. Una bludger iba directo hacia Sil, y el chico se lanzó a bloquearla, casi volando de cabeza, pero golpeándola con éxito.

—¡Una espectacular jugada por parte del golpeador de los WW! —exclamó Tarru Potter—. ¡Lástima que hayan perdido la quaffle!

Juanjo poseía la pelota en ese momento. Mankar deseó haber desviado la bludger hacia él. Sentía unas ganas enormes de derribarlo de la escoba... Echó un vistazo rápido a todo el campo. Una de las bludgers era golpeada por Matías Black, uno de los golpeadores de los MM. La otra bludger volaba rápidamente hacia Mankar.

El chico tomó su bate con todas sus fuerzas y golpeó la pelota de hierro apuntando a Juanjo.

Demasiado increíble. La bludger le pegó a Macnair tan bruscamente que le hizo perder el control totalmente. La quaffle fue recuperada por Sil. Ella, Melb y Wodahs se dirigieron a los aros opuestos, donde Jorge Lupin, el guardián de los MM, intentó frenar la pelota.

—¡Diez puntos a favor de las Avispas! —exclamó Tarru, con el público gritando de dicha.

Estaba demasiado pendiente de Haher y Gonza. El primero logró hacer varias anotaciones rápidamente, y el segundo recorría todo el campo en busca de la snitch. Mankar no era capaz de dirigir una sola bludger hacia ellos dos.

Los WW, sin embargo, nunca perdieron la ventaja. Rápidamente, la diferencia entre ambos equipos era de cincuenta puntos.

Mankar no dejaba de golpear cada bludger, siempre con la intención de derribar a Juanjo Macnair. El grandote se dio cuenta de ello, y tenía la cara roja de ira. Hubo un momento en que no aguantó más y se dirigió a Mankar para embestirlo. Lo golpeó tan fuerte que casi lo tira de la escoba.

La profesora Tita pitó, pues Macnair había cometido una falta. El partido se reanudó, y Macnair volaba hacia Mankar con intención de chocar contra él cada vez que tenía oportunidad, pero sin que la profesora Tita se diera cuenta.

Entonces Mankar decidió que lo mejor era intentar derribar con la bludger a los otros jugadores del equipo contrario. Se le presentó la oportunidad de golpear una bludger que fuera directo hacia Haher, pero se arrepintió en el último momento; no quería hacerle daño, así que se aseguró de que ésta sólo le pasara muy cerca.

Y Mankar vio de nuevo la snitch. Angie Mounier volaba rápidamente persiguiéndola, y Gonza se acercaba a la misma velocidad desde el extremo opuesto del campo.

En una fracción de segundo, Mankar vio que la pelota dorada se dirigía hacia él. La habría atrapado de no ser porque era golpeador. Si la tocaba, cometía falta. Entonces se dio cuenta que una bludger volaba directo a él. Mankar la golpeó fuertemente hacia donde estaba la snitch y, milagrosamente, le atinó.

La pelota dorada se desvió justo hacia donde estaba Angie, quien la atrapó hábilmente, dando por finalizado el partido.

Tarru Potter exclamaba muy asombrado lo qué había ocurrido al final, mientras el público entero gritaba de emoción.

Mankar echó un vistazo a Haher y a Gonza. Parecían algo desanimados... se sintió culpable porque era el primer partido de ellos, y habían perdido... Pero en cuanto Mankar se fue a reunir con ellos, ya en tierra firme, le sonrieron ampliamente.

—¡Por poco, Mank, estuvo muy cerca! —dijo Gonza, chocando con él las palmas de las manos—. Pero al menos te encargaste de darle su merecido a Macnair, ¿verdad?

—¡Bien hecho, Manu! ¡Estuviste genial! —exclamó Haher, también extendiendo la mano.

Él y Mankar chocaron las palmas. Aún el público gritaba fuertemente, y los jugadores de los WW celebraban entre ellos.

En ese momento, ocurrió algo bastante extraño. Mankar sintió que perdía el equilibrio y caía lentamente en el suelo, como tirado por una especie de fuerza. Pero nunca sintió el choque contra el suelo, porque se dio cuenta que el tiempo se había detenido, y que los colores se habían invertido.

Luego, se vio rodeado de oscuridad total. Ahora estaba de pie, mientras veía la silueta de una mujer embarazada que corría gritando desesperada. Era un sonido que horrorizó a Mankar. Y entonces vio la silueta de un hombre que la perseguía con la varita en alto.

Estaban en una especie de habitación, una que resultaba vagamente familiar para Mankar. La mujer estaba arrinconada, y se tiró en el suelo, llorando. El chico escuchaba voces, pero no entendía palabra alguna, excepto por los aterradores gemidos de la mujer.

Al final, hubo una palabra que sí entendió, la cual, en cuanto fue pronunciada, fue acompañada por gritos aún más desgarradores por parte de la mujer:

—¡CRUCIO!

Mankar se estremeció muy bruscamente. Abrió los ojos, muerto de la impresión, sin darse cuenta de que estaba tumbado en el suelo, que el público seguía gritando y que tenía a su alrededor a una docena de personas.

—¡Manu! ¿Estás bien? —preguntó Haher preocupadísimo. Intentó levantar la mano de su sobrino, pero la atravesó.

Había tres palabras que veía claras en su mente, pero que su boca no era capaz de pronunciar.

«Era mi mamá».