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Historia 31925 — capítulo 20
Era ridículo. Una total locura. ¿Cómo sabían qué tan lejos podían ir? ¿Cómo podían saber que iban en la dirección correcta? No, no lo sabían. Pero el grifo siguió volando seguro y sin cambiar de rumbo.
Meses atrás, a Mankar le hubiera resultado muy extraño que Haher pudiera conocer sus pensamientos. Es decir... había sido así durante el duelo que tuvieron en Halloween cuando lanzaron a la vez el hechizo; en el bosque prohibido cuando se enfrentaron a las acromántulas; y quizás varias veces más, sin que ellos se dieran cuenta. Pero ahora era tan normal que parecía que hubieran creado y fusionado sus patronus mil veces antes sin acordarlo, como aquél día.
Muchos recuerdos seguían viniendo a la mente de Mankar... Aún se rehusaba a creer que Taz no era la buena persona que aparentaba ser... Qué extraña coincidencia: «Devil» aliada con «Ángel»...
También muchas preguntas surgían... pero Mankar no podía seguir concentrándose en eso. Tenía que pensar en qué iba a hacer para liberar a su padre, para ayudar a Sorceress, quien quizás ya tenía todo bajo control. Mankar quería convencerse de que así era.
Los ponía aún más nerviosos la incertidumbre por no saber a dónde se dirigían exactamente. Oscureció, pasaron varias horas... y ellos aún no habían llegado a su destino. Mankar, desesperado, empezó a cuestionarse si realmente se dirigían a algún lugar. Se alarmó cuando fue conciente de que no sería capaz de hacer magia sin ayuda de la Gema, pues el efecto de la poción multijugos debía de haber acabado hacía un buen rato y él había olvidado llevar más. De repente, ocurrió de nuevo.
Tras un lento parpadeo, en un ínfimo instante en que los colores que Mankar veía se invirtieron, se sintió transportado a otro lugar. Vio a su padre tirado, inconsciente, con la cabeza apoyada en las piernas de Sorceress, quien tenía una mirada de pánico. Frente a ella estaba la silueta de un hombre. Luego, vio la habitación en que se hallaban. Era bastante amplia y oscura. Había un espejo enorme que cubría parte de una pared.
Parpadeó.
La habitación se fue alejando y Mankar la veía como quien camina en reversa, regresando por una especie de túnel y saliendo de él por un armario, muy parecido a la sala secreta en el despacho de Riddle. Se encontraba ahora en un lugar familiar. Era otra habitación, un poco más estrecha, iluminada desde el techo por una débil luz blanca, y con sucios estantes cubriendo las paredes.
Parpadeó.
—¡Ese lugar! —exclamó Mankar.
—Es muy similar al despacho de Riddle —comentó Haher.
—Yo lo conozco —dijo Mankar.
—¿Qué? —preguntó Gonza muy confundido.
—¡He estado antes en ese sitio! ¡Por eso me resultaba familiar el despacho de Riddle! ¡Ese lugar está en el Wizentro!
En ese preciso instante, el grifo empezó a descender a toda velocidad y casi verticalmente. Mankar, Haher y Gonza no percibían cambio alguno en la velocidad o en la gravedad desde el instante en que ubicaron el norte.
Las luces de una ciudad se vieron brillantes desde abajo, y el patronus se acercaba a ellas a una velocidad increíble. Los chicos tuvieron miedo de chocar contra el suelo, pero sin duda el grifo sabía exactamente lo que hacía, porque aterrizó de una forma muy suave.
Los niños no perdieron ni siquiera un instante. Desmontaron el patronus y echaron un vistazo al lugar en que se hallaban. Era una calle que se encontraba vacía. Frente a ellos, había una puerta negra y estrecha. Mankar la reconoció como la entrada al Wizentro.
Se inquietó bastante, pues esa calle siempre estaba atestada por los muggles, y el hecho de que en ese momento se encontrara completamente sola seguro era una mala señal.
El patronus se esfumó.
—¿Estás seguro de que es acá? —preguntó Haher.
Mankar asintió.
—«¡Wizentro!» —susurró Haher apuntando con su varita a la cerradura.
La puerta se abrió y ellos entraron rápidamente. Mankar la cerró y se encontró en una especie de túnel completamente a oscuras. Gonza, quien iba adelante, se detuvo frente a la puerta que apareció al final del camino.
Pero esta vez fue diferente a la anterior visita que había hecho Mankar al Wizentro, pues, al abrirse la puerta, ninguna luz los cegó. Es más: había tanta oscuridad dentro del centro comercial que era casi imperceptible la diferencia entre la plaza principal y el túnel del que acababan de salir. Sólo un par de brillos se veía venir de algunos locales de pisos superiores. ¿De verdad habían durado tanto tiempo viajando que el Wizentro había cerrado?
—¡Lumos! —exclamó Mankar, sinperder el tiempo y echando a andar a paso rápido.
—¡Manu, no te funciona! —dijo Haher—. ¡Lumos!
La punta de su varita se iluminó, seguida por la de Gonza, pero no era suficiente para ver mucho más allá de donde se encontraban.
—Es por aquí —dijo Mankar con voz inexpresiva, sin prestar atención.
—¡Mank! —exclamó Gonza—. ¡No puedes enfrentarte a él en estas condiciones! ¡Debe haber poción multijugos en algún local! ¡Vamos a buscarla!
—No —respondió Mankar con una serenidad asombrosa, pero sin perder su paso firme—. No vamos a robar nada. ¿Cómo sabes que no habrá alguna alarma allí, y que nos atrapen?
«Y no necesito poción multijugos», se dijo Mankar, mirando de reojo por uninstante el brillo de su brazalete.
Entraron entonces a un pasillo que se hallaba en una oscuridad quizás mayor aún que en el túnel de entrada al Wizentro. Él sabía que el lugar que buscaban estaba en el fondo. El corazón le latía muy rápidamente. Se aproximaron y se detuvieron frente a una puerta. En un instante una de las varitas iluminó el letrero de la tienda y pudo leerse: Muggler.
La puerta estaba cerrada, pero no ajustada. Mankar vaciló un momento. La imagen de su padre y de Sorceress en el suelo llegó a su mente, y con un impulso que lo llenó de valor, empujó la puerta.
Una muy débil luz blanca iluminaba del techo; más bien parecía la luz de la luna en una noche siniestra. Un lugar muy angosto, atestado de objetos muggles por doquier. Pero en ningún detalle se fijaron ellos, pues su mirada se quedó fija, desde que colocaron un pie adentro del lugar, en algo que desencajaba totalmente en medio de todos los artículos de la tienda: un gran armario negro, idéntico al que tenía Riddle en su despacho.
Mankar, sin pensarlo, abrió la puerta y entró de un salto. En ese espacio tan angosto, la luz del Rubí y de la Esmeralda, ambas brillantes, alcanzaba a llegar a los costados.
Era el lugar perfecto para un secuestro: ¿quién imaginaría que en la tienda de muggles se encontraría ese pasadizo? Pero este no era igual al del despacho de Riddle: era un túnel recto y que descendía. Era totalmente oscuro. Pero no era largo, en cuestión de segundos se aproximaron al final.
—Claro, claro que sí —decía una voz en lo que se oía como una especie de susurro macabro, desde el otro lado de la puerta que se hallaba al final del pasadizo.
—Pero ¿cómo? —chilló otra voz—. ¡¿Cómo pudiste?! ¡Eres un auror! ¡Y Gaby...!
Sorceress se calló. A Mankar le dio un salto el corazón.
De repente, como empujada por una feroz ráfaga de viento, la puerta del final del túnel se abrió hacia adentro, e hizo un ruido fuerte al golpear la pared de la habitación. Riddle sostenía la varita apuntando directamente hacia ellos, con una mirada maníaca.
—¡Pasen, por favor! —dijo con una voz escalofriante—. Los estábamos esperando.
Mankar no se movió. Tenía fuertemente sujetada su varita en su mano, y estaba dispuesto a lanzar cualquier hechizo sin importarle que quemara cualquier cosa. Echó una mirada a la habitación. En el polvoriento suelo de madera había dos figuradas tiradas: Sorceress, apoyándose en uno de sus brazos, y a cuyos pies yacía inmóvil la figura de Merlín, inconsciente. ¡Tenía que estar inconsciente y no...!
—Niños, ¿acaso sus profesores no les han enseñado nada? —preguntó Riddle con burla—. Es una lástima que no estuvieran en mi clase. Y suelta ya esa varita —dijo con impaciencia—. ¡Expelliarmus!.
Cuando Mankar vio aquel hechizo dirigirse a ellos, instintivamente, extendió su mano y apuntó con su varita a Riddle, pero eso fue exactamente lo que éste esperaba que hiciera, pues la varita saltó de las manos de Mankar y cayó en el suelo.
—¡Accio! —exclamó Riddle.
La varita de Mankar voló a sus manos. Luego, el profesor agitó la suya algunas veces más, sin pronunciar palabra, y las varitas de Haher y Gonza cayeron al suelo también y luego se dirigieron a las manos de Riddle como por efecto magnético.
—¿Ya pueden pasar o tengo que enviarles una invitación?
Movió su varita y ahora apuntaba a Sorceress y a Merlín. Mankar se rindió y entró. La puerta se cerró en ese mismo instante. Se hallaban en una habitación muy oscura, a duras penas iluminada por una ventana (por la cual entraba una muy débil luz blanca, parecida a una especie de rayo de sol, aunque no se podía ver afuera) y que tenía un alto espejo en un fragmento de la pared.
Dio unos pasos vacilantes hacia su padre, seguido por sus amigos, sin perder de vista a Riddle, aunque éste no le dio importancia. Sorceress miró a los niños con los ojos húmedos.
—Los estábamos esperando —dijo Riddle, paralizando con su voz a los niños—. Sorceress se muere de ganas por saber algunas cosas; ella también acaba de llegar. Lástima que tuve que silenciar a Merlín.
Mankar miró con ira a Riddle. Pensó que debería activar el Rubí e incendiarlo todo, pero tenía que controlarse, en primer lugar, porque sentía curiosidad por lo que Riddle diría, y en segundo lugar, porque podrían salir lastimadas las personas equivocadas, teniendo en cuenta que Riddle poseía las varitas de todos ellos y conocía lo que podían hacer con las Gemas. Además, Merlín seguía inconsciente y Mankar no estaba seguro de poder manejar el fuego como quería.
—También es una lástima —continuó Riddle— que nuestro plan ya no sea secreto. Nos han puesto las cosas un poco más difíciles de lo que esperábamos.
—Ya lo conocíamos —dijo Haher, armado de valor, mirando por un instante a Merlín—. Y también usted parece saberlo todo de nosotros.
Entonces Mankar se dio cuenta de que Sorceress metía una mano en el bolsillo de Merlín, aquél en el que siempre guardaba la varita. Haher también lo sabía, por eso habló para distraer a Riddle.
—Naturalmente —contestó Riddle con tranquilidad—. ¿O creen que todo lo que les ha pasado es pura coincidencia?
—No —dijo Mankar, evitando desviar la mirada a su padre—. Pero debimos saberlo, la Copa que nos llevó al bosque se hallaba en el aula de Devil.
Sintió la mirada de Sorceress clavada en su cara, pero Mankar no la miró.
—Sí, bueno —respondió Riddle, empezando a pasearse por la habitación—, aunque hay que admitir que alejar a todos los niñitos que había cerca fue algo más difícil... y divertido —agregó sonriendo con placer.
—Y usted le hizo eso a mi club —dijo Haher.
—Otra de las cosas que lamento. A veces los elfos domésticos no cumplen las órdenes como uno lo espera, por eso el incendio no los atrapó a ustedes. De todas formas, parecía muy difícil que Mankar entrara, porque por lo visto habían peleado —hizo una mueca de compasión con burla, igual que el tono que adquirió su voz.
»En realidad —continuó—, fue una gran sorpresa que tú tuvieras también la Esmeralda —dijo dirigiéndose a Haher—. Hasta donde tenía entendido, el otro heredero había muerto. Además, pensé que eras tío de Mankar.
Ninguno de ellos respondió. Mankar pensó que Riddle enloquecía.
—La profesora Tazllatrix fue quien me lo contó —prosiguió Riddle—. Ella los vio a los dos usar sus Gemas en su clase, como si fuera cualquier hechizo. Pero Taz conoce tan bien como yo las características del fuego y del agua legendarios. Luego, me enteré del duelo que ustedes dos tuvieron, y lo comprobé por mi mismo. O sea, la única forma de que Mankar pudiera tener un priori incantatem con alguien más era que su contrincante tuviera también una Gema, y, Haher, usabas un hechizo de agua.
«Todo es por nuestra propia culpa —pensó Mankar—. Si hubiéramos sido un poco más prudentes, ellos no sabrían nada...»
—¿Y cómo sabía que yo tenía una? —preguntó.
—Un árbol que se quema sin producir humo atraería la atención de cualquiera —dijo Riddle. Jugueteó un instante con una de las varitas—. Claro que —añadió mirando ahora a Mankar—, yo ya lo sabía aún antes. Yo estaba como público en el partido, aunque tú no me veías, ni siquiera cuando maullé.
Mankar no entendió la última frase, pero Riddle ya estaba respondiendo la pregunta que nadie hizo: se apuntó con su varita un momento y, con un rayo plateado y azul, su cuerpo en un instante se hizo diminuto y adoptó otra forma. La forma de un gato negro. La forma de Vancer, el gato de Rob Potter.
La impresión casi no dejó pensar a Mankar. Vancer siempre se les acercaba a ellos inocentemente en la Sala Común, también cuando ellos hablaban en secreto. Eso explicaba por qué sabía lo del duelo en Halloween. Y no sólo eso: Riddle debió enterarse así de todo.
Pero ser conciente de ello no le llevó a Mankar más que una fracción de segundo, porque después intentó acercarse a donde Vancer... es decir, Riddle, se hallaba, para recuperar su varita. Fue inútil. El chico estaba mágicamente paralizado. Por eso Sorceress aún no había intentado nada con la varita de Merlín.
Riddle recuperó su forma humana mientras daba una carcajada estridente.
—Trabajar como auror en el Ministerio tiene sus ventajas —continuó hablando tranquilamente—. Tu familia siempre estuvo en mi mira. Fue allí donde me enteré que habías hecho magia y que ibas a recibir una carta para estudiar en Harrylatino. Era muy extraño... tú eras un squib, ¿no? Pero en el Ministerio fueron muy amables —sonrió con sarcasmo—, y Taz y yo nos enteramos de que lo que habías hecho era una visión del futuro.
»Una visión del futuro —repitió—. Ya tenías en tu poder el Rubí de Gryffindor. Había puestos de profesores en Harrylatino para Defensa Contra las Artes Oscuras, y sin dudarlo nos presentamos y lo obtuvimos; no nos convenía hacerte algo mientras Gaby estuviera cerca. Teníamos que seguir con el engaño de los «compadres» —dijo con burla.
Eran compañeros de Gaby... eran compadres... amigos... y ambos, Devil y Riddle, la traicionaron...
—Después de todo, en Harrylatino hay demasiados estudiantes como para garantizarle a todos protección —comentó Riddle.
Los ojos de Mankar se desviaron un momento hacia Sorceress. Ella mantenía la mano en el bolsillo de Merlín. Si tan sólo encontraran la forma de librarse del hechizo que los petrificaba...
—Y claro, después del duelo en el aula de Taz, recuperaste algo de tu poder mágico, quizás transmitido por el priori incantatem, algo que te permitió volar en escoba. Fue una gran sorpresa cuando nos enteramos que incluso ibas a jugar quidditch en esa «liguilla» —dijo con desprecio—, y, bueno, hicimos todo lo posible para que Sorceress te permitiera jugar, ¿verdad? —le dirigió a ella una mirada cómplice, aunque no se dio cuenta de lo que ella hacía—. Y, ¿por qué no intentarlo? Era la oportunidad perfecta para hacerte algo. Lástima que no hubieras sufrido daño alguno cuando quemé tu escoba con fuego invisible...
»¿Te das cuenta? Siempre intentamos acercarnos a ti por aquéllo que te gustaba: la Copa de los Tres Magos, por la que siempre los vi saliendo a toda prisa de la Sala Común a buscarla; el quidditch, tu mayor orgullo; y los clubes. Bueno, la pasión que ustedes le tenían a sus clubes la descubrí cuando Mankar volvía de la Sala de los Requerimientos cargado de un montón de cosas para el club. Me dijiste que lo habías recibido por lechuza, pero yo sabía que no era así —explicó como si fuera, tal vez, una clase en el castillo—, Taz y yo revisamos cada lechuza que entra y sale de Harrylatino.
Mankar fue hasta entonces conciente de la expresión que debía tener en la cara. Riddle lo miraba complacido mientras le revelaba aquéllas cosas.
—Pero Devil... me enseñó a inventar hechizos.
—Claro, era la manera perfecta de ganar tu confianza —explicó Ángel—. De todas formas nos la pusiste mucho más difícil de lo que pensábamos. Después de matar a tu madre, su hijo debía de ser pan comido.
Esas palabras fulminaron a Mankar. Más allá de la rabia que podía sentir, más allá del odio, lo invadió una tristeza inmensa. Habría caído de rodillas si el encantamiento se lo hubiera permitido.
Era él. Era el monstruo que torturó a su madre durante su embarazo. Era el monstruo que acabó su vida. Era él la razón por la que fuera un squib.
—Bueno, pero también hay una razón por la que buscamos las Gemas —continuó Riddle con total naturalidad—. Sí, son valiosísimas y nos darían un poder absoluto, pero hay algo más: Taz y yo somos whitys. No nos vendría nada mal un nuevo tesoro mágico.
¿Era eso... relevante? ¿Podía haber algo más que importara...? Mankar se sentía destrozado... Estaban desprotegidos contra un asesino, enfrentándose a una realidad abrumadora...
—Sorceress dice que no tomó ninguna piel de serpiente de mi despacho —seguía diciendo Riddle—. Bueno, allí donde tengo nuestras investigaciones sobre las Gemas, guardaba yo los ingredientes que necesito para preparar la poción whity, ya saben, la que podemos tomar y nos libra de tener que aferrarnos a un objeto mágico, aunque no de forma permanente. No, a diferencia de una Gema de Elemento. Es obvio que ustedes la tomaron, ¿verdad?
»Hay que admitir que estuvieron muchas veces cerca de descubrir nuestro plan, o bueno, de terminar de descubrirlo; siempre husmeando en la Sala de los Requerimientos... Es que ése era el lugar donde preparábamos la poción —soltó una especie de risita—. El caldero en que se debe preparar es demasiado grande y, como se imaginarán, llevarlo es muy complicado... era mejor transformarme en gato y deslizarme por el tobogán que había en mi despacho para llegar a la Sala de los Requerimientos. El tobogán que, claro, ustedes usaron, porque el día que el frasco desapareció yo no los vi. Cuando llegué, Sorceress se encontraba allí esperándome, por lo que supuse que había sido ella.
Era demasiado conocer toda aquella información... Mankar no podía asimilarla de ese modo... Miró a su padre esperanzado de que despertara, o a Sorceress que se librara del hechizo y atacara a Riddle con la varita de Merlín, pero era imposible...
—Nuestra querida Tazllatrix me hizo saber que ustedes habían salido del colegio —comentó Riddle—. Es de mala educación dejar a alguien esperándote, Mankar, y más cuando te tenía preparada una sorpresa. Pero bueno, ya fuera en el partido de quidditch o acá, tu destino sería el mismo.
»Y Haher, para ti también teníamos algo preparado... Bueno, prisa no teníamos, ¿verdad?
»Pero no logro entender qué haces tú aquí, Gonza.
Cuando lo nombró, a Mankar le saltó el corazón violentamente. Gonza se quedó inmóvil en el acto, ni siquiera respiró. Riddle lo miraba con expresión curiosa, sin dejar de parecer demente.
—Quiero decir —continuó—, no tienes esmeralda ni rubí, ¿era necesario que vinieras aquí? ¿Qué posibilidades tenías tú?
Gonza no respondió. Mankar sabía que Gonza no necesitaba excusa para ir a rescatar al padre de su mejor amigo.
—Bueno —dijo Riddle, riendo—, no podemos permitir que hayas venido en vano, ¿o sí? ¡Prankiumcorpus!
Gonza fue elevado un metro del suelo con expresión horrorizada, guiado por la varita de Riddle, y fue lanzado a una gran velocidad en contra de uno de los muros de la habitación, con el cual se dio un doloroso golpe, en la cabeza y al caer. Mankar y Haher no pronunciaron ningún sonido, sólo podían mirar cómo su mejor amigo caía inconsciente en el suelo.
—Y, ahora que recuerdo, ¡también eres whity! ¡qué coincidencia! ¡ACCIO!
Del cuello de Gonza se desprendió su talismán whity, rompiendo la cadena que lo sujetaba, y atravesando la habitación directo a las manos de Riddle.
—¡NO! —gritó Mankar horrorizado. Sin su talismán Gonza moriría.
Riddle esbozó una sonrisa placentera, y levantó una ceja.
—El siguiente... ¡Prankiumcorpus!
Haher fue elevado del suelo esta vez, con los ojos llorosos y la boca abierta, y fue golpeado contra el muro contrario al que Gonza fue lanzado. Sorceress hizo un movimiento muy veloz en ese instante, y le entregó disimuladamente a Mankar la varita de su padre.
Haher cayó e intentó levantarse... parecía que mientras Riddle usara un hechizo, el encantamiento que los paralizaba suspendía su efecto. El chico quedó con una rodilla levantada y otra en el suelo antes de no poder volverse a mover.
—A ti te quiero en el medio. Suficientes problemas me has causado —dijo Riddle a Mankar—. Serás el público hasta que sea tu turno al final. ¡Mobilicorpus!
El cuerpo de Mankar fue transportado de esta forma al centro de la habitación, a escasos metros de Riddle. Agarró con fuerza la varita de Merlín.
—Veamos... lo primero que necesito es la Esmeralda —miró a Haher y le apuntó con la varita—. ¡Avada Kedavra!
Mankar no lo pensó. Estiró su brazo hacia su tío y gritó con todas sus fuerzas:
—¡PROTEGO!
Quizás habría funcionado si el efecto de la poción no hubiera terminado hacía tantas horas...
Haher vio el rayo dirigirse hacia él y una lágrima cayó por su rostro. El rayo de luz verde proveniente de la varita del profesor dio en el blanco sin ninguna interferencia. Su cuerpo saltó por los aires una vez que la maldición asesina hubo impactado. Inmóvil, cayó cerca de Sorceress y Merlín.
Mankar lo veía sin poder creerlo. Tenía un nudo en la garganta que no lo dejaba respirar. No... No podía ser cierto. Haher no podía estarlo...
—Pásame eso, ¿de dónde lo sacaste? ¡Accio!
La varita de Merlín saltó de las manos de Mankar y Riddle la tomó en el aire.
—Sólo es cuestión de tiempo para que tu otro amigo también muera. —Mankar negó frenéticamente con la cabeza, en lo que podía hacerlo—. Ahora... tu padre, sí.
Riddle levantó la varita en dirección a Merlín.
—¡BASTA! ¡BASTAAA! —exclamó Mankar con la mayor ira que había sentido. Levantó inconscientemente su mano derecha, y vio al Rubí del Fuego de Gryffindor brillar con una luz que iluminó de rojo a toda la habitación.
Mankar miró hacia su derecha, donde se encontraba el espejo alto cubriendo el muro, y vio cómo su silueta empezaba a arder en llamas hasta convertirlo en una especie de criatura de fuego, tal y como lo vivió en la visión que tuvo el día antes de viajar a Harrylatino, en septiembre.
De sí mismo empezaron a salir rayos anaranjados y chispas, al tiempo que criaturas envueltas en llamas, con forma de león, brotaban del niño y saltaban directo hacia Riddle.
Su esfuerzo por defenderse era inútil, y ver su cara espantada significó una satisfacción para Mankar, antes de que Riddle fuera cubierto por el fuego que lo consumió, mientras, en la muñeca del chico, se desintegraba por completo la Gema que alguna vez perteneció a uno de los más grandes magos de la historia.