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Historia 31925 — capítulo 19

—Pero, si las Gemas nos daban a cada uno un poder, ¿por qué Haher ha sido metamorfomago toda su vida, mientras que yo no tuve visiones sino hasta que obtuve el Rubí?

El cambio del trato de Beatriz Callahan con los chicos fue bastante notorio. Sí, seguía siendo la misma profesora estricta, seguía dejando tarea muy aburrida y difícil, y para nada les guiñaría un ojo como la profesora Anna Black acostumbraba hacer a sus alumnos. Pero también se mostraba más amigable, por algún extraño motivo, en especial con Mankar, Haher y Gonza.

—Tal vez está relacionado con que fueras un squib... —respondió ella—. Necesitabas la Gema para desarrollar tu poder mágico.

Ellos nunca dudaron preguntarle cualquier duda que fuera surgiendo... como el hecho de que entre Haher y Mankar se hubiera realizado un Priori Incantatem, lo cual la profesora Callahan atribuyó a la posible igualdad del poder de ambos chicos, explicación con la que Gonza quedó bastante satisfecho, pues desde un principio le sorprendió que Mankar, cuya única fuente de poder mágico era la Gema, hubiera conectado su varita con alguien más, así como así. Aún quedaban bastantes dudas por resolver, en especial las relacionadas con que Mankar fuera squib.

Sin embargo, no estaban dispuestos a revelarle gran cantidad de detalles. Sabían que, por más de que la relación entre ellos y su profesora hubiera mejorado, ella no perdonaría faltas como entrar en despachos de profesores a robar ingredientes de la poción multijugos, por lo que para nada mencionaron lo que habían visto en el despacho de Riddle.

De todas formas, tantos descubrimientos en tan poco tiempo resultaba abrumador. Mankar aún no lograba entenderlo... No era capaz de asimilar que su familia, Weasley, fuera descendiente de Slytherin. Tal vez era por la fama que tenía aquella casa... ero había comprobado que la casa no tenía nada que ver con la «bondad» o «maldad» de una persona, y la prueba de ello era Juanjo Macnair.

¿Sabían de ello sus otros familiares? Definitivamente, debían. El hecho de ser descendiente de uno de los magos más poderosos de la historia no era algo que se podía pasar por alto. Gaby, en especial ella, debía de saber algo al respecto. Ella tenía que conocer el símbolo que había en el Rubí de Mankar. Tenía que saber algo acerca de Roha, razón por la cual llamó así a su hijo. Pero, ¿por qué habría de simular lo contrario?

Era frustrante no poder escribir todo en una sola carta... Desde el final de las vacaciones de Navidad habían surgido tantas dudas... Mankar sabía que tenía que esperar, que hablar de temas tan importantes no era conveniente hacerlo vía lechuza, y lo mismo pensaba Haher.

Empezaron a sentirse inseguros. Aún con el respaldo de la profesora Callahan, era probable que fueran víctimas en cualquier momento de otro intento de Riddle para apoderarse de las Gemas.

Con esa molesta incertidumbre, fueron pasando los días. La Sala de los Requerimientos y los Clubes eran un refugio para ellos. Mankar se distraía mucho en su club, con ayuda de su elfo doméstico, lo remodelaron por completo, pues estaba cayendo en el abandono y él necesitaba conseguir más puntos.

Era una fortuna que pudieran repartir todo su tiempo en los entrenamientos de quidditch, la preparación multijugos, los deberes escolares y los clubes. El siguiente y último partido de quidditch de las Avispas de Wimbourne era contra los Ballycastle Bats, la final de la liga. Esto mantenía a Mankar muy ansioso. Ganar la liga de quidditch sería un verdadero sueño.

Lamentablemente, el siguiente mes, al no poder contar con la poción multijugos, se volvió mucho más duro que en un comienzo. Los profesores estaban bastante confiados en las habilidades de Mankar, pero al no poder rendir al máximo, algunos de ellos empezaron a sugerir que era por su propia falta de responsabilidad, lo cual le produjo una baja en sus notas. El profesor Zancaturno estaba muy decepcionado.

La poción estaría lista para comienzos de mayo, y Mankar se defendió lo más que pudo hasta entonces. Se sentía muy agradecido de poder contar con Haher y Gonza. La relación entre los tres era ahora mucho más estrecha. Era una lástima que no pudieran llevarse tan bien con Roberto Potter y Ron Lesson, sus otros compañeros de cuarto. En los meses que llevaban juntos, no se trataban más que como unos simples conocidos, excepto por Vancer, quien seguía a Mankar de cerca.

—Claro, a ti te siguen los gatos por ser heredero de Gryffindor —decía Haher—. Por eso me simpatiza la serpiente de la profesora Callahan. ¿Será que puedo hablar pársel?

Era bastante incómodo no poder hablar con Rob y Ron presentes, aunque Mankar entendía que no podía compartir nada con ellos, así como ellos parecían tener sus propios secretos. A Jessi tampoco pensó nunca decirle absolutamente nada, e incluso se enojaba cuando, inevitablemente, Mankar, Haher y Gonza se quedaban callados si ella aparecía.

Cuando la poción multijugos estuvo lista por fin, la vida de Mankar volvió a ser tan llevadera como antes. Comprobó que, si lo intentaba, podía hacer desaparecer y aparecer el brazalete a su voluntad, mientras hiciera efecto la poción.

Varias semanas después, la mañana del partido de quidditch, él, Haher y Gonza fueron a la Sala de los Requerimientos para que tomara un poco, pues no quería correr ningún peligro en caso de necesitar la varita.

El inmenso dolor que le recorría de pies a cabeza era algo que jamás se acostumbraría a sentir, ni aunque no llevara más de un mes sin experimentarlo. Cayó al suelo al perder de nuevo el equilibrio. Cuando recuperó las fuerzas, Gonza y Haher lo ayudaron a levantarse.

Faltaba menos de una hora para el inicio del partido, por lo que él ya debía estar listo. Mankar guardó un poco de poción en un frasco pequeño y la echó en un bolsillo de la túnica. Se dirigieron a la salida de la Sala de los Requerimientos, pero se detuvieron allí, pues oyeron un ruido muy extraño afuera.

—¡NO! ¡TENGO QUE IR A SALVARLO! ¡SUÉLTAME YA!

Eran gritos desesperados de una mujer. Mankar se asustó en serio. Miró a sus dos amigos y tenían la misma expresión.

—Basta, por favor... —intentaba decir calmadamente la voz de la profesora Taz—. Tranquilízate. ¿Por qué no intentas hacer lo que dice la nota?

—¡PORQUE AUNQUE TUVIERA EL MALDITO FRASCO DE PIEL DE SERPIENTE NO DEJARÍA QUE UNA PERSONA INOCENTE MURIERA POR MI CULPA!

Entonces Mankar reconoció la voz de la mujer que gritaba. La profesora Sorceress.

—¡SÉ DONDE LO TIENE! ¡Y TÚ NO ME VAS A DETENER! ¡O ESTÁS CONMIGO O EN MI CONTRA! ¡MERLÍN!

La voz de Sorceress se quebró con las últimas palabras, que fueron seguidas de un fuerte sollozo y del sonido de pasos furiosos que corrían por el pasillo.

—¿Mi papá? —se dijo Mankar con un hilo de voz.

Salió de la Sala de los Requerimientos apresuradamente. Se detuvo frente a la profesora Taz e ignorando su mirada sorprendida le preguntó muy angustiado:

—¿Hablaban de mi padre? ¿De Merlín?

La profesora Taz no se mostró preocupada. No cambió su cara sorprendida.

—Por supuesto que no —respondió—. No se preocupen, chicos. Un familiar de la profesora Sorceress ha tenido un pequeño accidente. Necesita piel de serpiente para preparar un antídoto que podría salvarlo. Pero yo creo que es una exageración. Cuando dijo «Merlín» no se refería a tu padre, supongo. Sólo era una exclamación.

Haher y Gonza aparecieron junto a Mankar. Taz los miró muy seria. Seguiría creyendo que la Sala de los Requerimientos era simplemente el mismo armario de escobas en que los encontró una vez. Sin embargo, esta vez no les hizo ningún reclamo.

—¡Vamos, prepárate para tu partido! —le ánimo Taz a Mankar—. ¡Tengo mucha fe en que tu equipo ganará!

Mankar sonrió débilmente y asintió con la cabeza. La profesora Devil se retiró caminando por el pasillo.

Estaban demasiado impresionados con los gritos de la profesora Sorceress. Los chicos caminaron hacia su Sala Común de nuevo, a esperar la hora del partido. Mankar subió a su dormitorio para descansar un momento; todavía estaba un poco adolorido por haber tomado la poción multijugos.

Antes de abrir la puerta, escuchó las voces de Ron Lesson y Rob Potter adentro.

—Esto está llegando demasiado lejos —decía Ron—. No puedo seguir con esto.

—Créeme, yo tampoco quisiera, pero ya no hay marcha atrás —respondió Rob—. Ya hemos hecho bastante como para arrepentirnos.

—Pero, ¿y si nos descubren?

—¿Por qué habrían de hacerlo ahora?

—Todo el mundo sabe...

Las voces se iban acercando a la puerta. Mankar se apartó de un salto y regresó a la Sala Común sin que lo vieran. Gonza y Haher hablaban con una chica de Gryffindor en un rincón. Mankar se acercó a ellos.

—Cálmate —le pidió Haher—. ¿Qué es lo que nos quieres decir?

Mankar miró a la chica. Era la niña que habían visto suplicarle al profesor Riddle, el día que entraron en su despacho. Esta vez también estaba muy alterada, y su voz sonó quebrada cuando habló:

—No puedo seguir con esto —dijo intentando no sollozar. A Mankar le pareció curioso haber escuchado la misma frase dos veces en tan pocos minutos—. Tiene que detenerse...

—¿De qué estás hablando?

—¡Mi mamá! ¡Mi mamá ayuda a ese hombre! ¡Ustedes deben tener cuidado con ella!

Mankar habría repetido la pregunta, pero estaba muy confundido y asustado. La niña continuó.

—¡Han estado poniéndoles trampas peligrosas a ustedes! —las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas— ¡Corres peligro si juegas el partido! —le dijo a Mankar.

Él la miró atónito.

—¿Quién es tu madre? —tartamudeó.

La niña dudó un momento, pero con un repentino impulso de valor, respondió:

—Tazllatrix Devil.

En ese momento, Mankar sintió una confusión inmensa, casi creyó que el nombre que hubiera acabado de escuchar lo había pronunciado alguien que estuviera bastante apartado de él, y se negó en un principio a aceptarlo verdad.

La niña asintió cerrando los ojos y secándose las lágrimas.

—Soy su hija, Silvana —dijo con voz aún quebrada—. Ángel tiene a tu padre. Lo ha raptado. Y mi mamá es su cómplice.

Aquello fue un golpe duro para Mankar, que casi lo hace perder la conciencia.

—¡¿Cómo puede ser?! —exclamó horrorizado.

—Creo que la profesora Sorceress ha ido a salvarlo —respondió ella con un hilo de voz.

—¡¿Tú sabes dónde tiene a mi hermano?! —preguntó Haher con el mismo tono de Mankar.

Ella negó rápidamente con la cabeza.

—¡Por favor! ¡Nadie se puede enterar lo que les estoy diciendo!

Pero Mankar no escuchaba nada. Se encaminaba a paso firme al agujero del retrato de la Sala Común, seguido por Haher y Gonza.

—¡Manu! ¿Qué haces?

—No irás a ver a la profesora Devil, ¿cierto?

Salieron al pasillo del séptimo piso. La luz de la mañana entraba tranquilamente por las ventanas. Algunos niños pasaban caminando emocionados por la final de la liga de quidditch.

—¡Esa «Hechicera» no debería enviar esas lechuzas sin comprobarlo antes! —exclamó en la mente de Mankar la voz de Norita, su tía.

—Se llama Sorceress—corregía la voz de su padre, haciendo énfasis en el nombre.

Emprendió un paso aún más rápido, hacia las escaleras que siempre tomaba camino al vestíbulo.

—¡Mank, imagínate lo que le hará Devil a Silvana si llega a saber que su hija nos lo contó!

—No me importa —respondió, sin ser conciente de las palabras que decía. Luego, recapacitó—: Voy a salvar a mi padre.

Bajó corriendo cada tramo de escaleras, seguido por sus amigos.

—¡Pero no sabemos dónde puede estar!

—¡NO ME QUEDARÉ AQUÍ ESPERANDO QUE LE HAGAN ALGO!

Habían llegado al vestíbulo. Mankar corrió hacia las puertas del castillo, pero resbaló y cayó al suelo.

—Miren qué tenemos aquí —dijo con burla la horrible voz de Juanjo—. Tenemos una cuenta pendiente. ¿Qué mejor momento que este?

Macnair apareció escoltado por Carlos Granger y Mauricio Copbottom, y los tres apuntaban sus varitas a Mankar, Haher y Gonza.

—Ahora no, Macnair —rugió Mankar.

Se abrió paso a través de los tres grandotes, casi con fastidio, mirando seriamente la puerta.

—¡Impedimenta! —lanzó Macnair. Mankar volvió a caer al suelo.

—Ahora no —repitió Mankar pausadamente.

Empezó a sentir ira. Ira porque Macnair era un entrometido. Ira porque escogiera precisamente ese momento para fastidiarlo. IRA PORQUE SIN DUDA TENÍA ALGO QUE VER CON EL SECUESTRO DE SU PADRE.

—¡TÚ! ¡ERES SU CÓMPLICE TAMBIÉN! ¡PERO NO ME HARÁS PERDER EL TIEMPO CONTIGO! —rugió aún más fuerte, levantándose de un salto.

Macnair se asombró tanto que incluso retrocedió. Entonces, rió.

—Comadreja, ya andas delirando. ¡Expelliarmus!

La varita de Mankar saltó hacia atrás de él. Estaba tan alterado que la muñeca empezó a dolerle. El Rubí brillaba intensamente. Quería hacerle daño a Macnair. Quería desquitarse con él. Haher y Gonza se juntaron a su lado.

Dio un paso al frente; no pretendía usar varitas. Macnair tampoco lo haría, pues su varita se había prendido en fuego, y él la dejó caer al suelo rápidamente.

«No —pensó Mankar de repente—. No queda tiempo. Tengo que salvar a mi padre».

Dio media vuelta y tomó su varita rápidamente. Salió por las puertas del castillo sin mirar atrás, ignorando las protestas de un trío de fracasados que nunca habían podido derrotarlo.

Caminó cada vez más rápido a través de los terrenos de Harrylatino.

En su mente, se vio en su club, el día que lo fundó, y escuchó a Sorceress diciendo:

—Puedes escribirle a Merlín si lo deseas.

«Ellos se conocían —pensó—. ¡Sorceress y mi padre son amigos! ¡Por eso ella se enteró de que lo habían secuestrado!»

Sin darse cuenta, Mankar había llegado al estadio de quidditch. Sus amigos no se atrevían a pronunciar ninguna palabra.

Mankar entró a los vestidores. Faltaban diez minutos para el inicio del partido. Sus compañeros de equipo voltearon a mirarlo sobresaltados. El público ya gritaba y aplaudía ensordecedoramente.

—¡Por fin llegas! —gritó histérico Melb—. ¡Creí que no te ibas a presentar!

Mankar lo ignoró. Tomó su Saeta 87, la cual se la había prestado a Melb en el último entrenamiento y salió de los vestidores una vez más.

—¡¿Qué crees que estás haciendo?! —exclamó Melb en vano.

Mankar le habló a Haher y Gonza.

—Si quieren seguirme, traigan sus escobas.

—¿Estás loco? —dijo Gonza—. ¿Pretendes que viajemos a quién sabe dónde en escoba?

—No sabemos dónde está, Manu.

—No creo que Riddle se haya tomado la molestia de traerlo aquí —dijo Mankar secamente—. Debe tenerlo en la misma ciudad que lo encontró.

—¡¿Y vamos a atravesar continente en escoba?!

—Manu, Silvana dijo que su madre te tenía una trampa preparada en el partido. No puedes confiar en tu Saeta. Debemos encontrar otra forma de irnos de aquí.

Mankar soltó la escoba y ésta cayó al suelo. Hubo un profundo silencio, a pesar de que se oía fuertemente la multitud en el estadio.

Parpadeó lentamente. Tuvo una visión de nuevo. Era otro recuerdo.

Había una especie de pantalla allí, en su mente, que mostraba una pregunta.

«¿Cómo se llama la criatura que es mitad águila, mitad león?»

Era la trivia de Dumblemort. Luego, escuchó la voz angelical de Jessi Jordan.

—Mankis, esa es fácil. ¡Skript!

Respuesta: Grifo Ganadora: Jessica Jordan

Parpadeó de nuevo. Miró a Haher. El corazón de Mankar dio un salto. Miró el Rubí. Se comportaba muy extraño. No emitía su habitual brillo dorado. Ahora era una potente luz roja. Haher levantó su muñeca, como quien va a mirar la hora en su reloj, y vio que está emitía una luz verde igual de fuerte.

Sabían exactamente lo que debían hacer. Una sola frase se escuchó gritar, por lo que cualquiera habría pensado que era una sola voz, pero que había salido tanto de la boca de Haher como de la de Mankar.

—¡EXPECTO PATRONUM!

Los ojos de ellos dos no mostraron sorpresa alguna, cuando de la varita de Haher salió un majestuoso león corriendo, que no era plateado, sino completamente traslúcido: estaba hecho de agua. De la varita de Mankar se elevó a toda velocidad una poderosa águila, que difería bastante del dibujo que alguna vez había hecho Mankar, cuando soñaba con ser mago, pues su patronus estaba completamente hecho de fuego.

Diez metros más allá del lugar en que fueron conjurados, el águila y el león se fusionaron, formando un grifo, cuyas alas y cabeza estaban envueltas en llamas, y cuyo resto del cuerpo parecía hecho de cristal.

Haher y Mankar corrieron tras el grifo, y se montaron de un salto, seguidos por Gonza, que estaba demasiado confundido e impresionado.

Se agarraron como pudieron del animal, sin quemarse ni mojarse, y emprendieron un vuelo que iba directo a la cerca que delimitaba los terrenos de Harrylatino, flanqueada por altos pilares coronados por sendos elefantes dorados.

El grifo embistió las puertas con una fuerza increíble, rompiendo el candado y abriéndolas de par en par, saliendo de Harrylatino a la libertad del infinito cielo azul.

Mankar tuvo otro recuerdo.

—Oye, pa... —preguntaba Mankar a su padre, en el aeropuerto El Fénix Dorado— ¿por qué no dice el país del colegio?

—¿Eh? Debe ser porque no se sabe en qué país está ubicado. Excepto que es al sur del continente—le respondió Merlín, en su mente.

Mankar miró la espalda de su tío, que se había montado delante de él.

—¡Tenemos que encontrar el norte! —exclamó Haher, por encima del viento que les cortaba la respiración, volteando ligeramente la cabeza.

—¡Pero el sol está en lo más alto! —respondió Gonza con voz ahogada—. ¡Es imposible saber dónde está el norte!

A la mente de Mankar llegó otro recuerdo.

«¿Qué hechizo usa Harry en el laberinto para buscar el norte?», preguntaba la trivia de Dumblemort.

Respuesta: Oriéntame Ganadora: Iame El Mosri

—¡ORIÉNTAME!—exclamó Mankar, colocando su varita en la palma de su mano, la cual, sin caerse, apuntó hacia el norte.

El patronus de inmediato cambió su rumbo hacia allá, y empezó a volar a una velocidad increíble, a juzgar por la velocidad con que pasaban las nubes, aunque ellos no la sentían, lo cual los hizo pensar que llegarían rápidamente a su destino.

Por algún motivo, Mankar pensó que después de todo no había perdido su tiempo en Dumblemort.

Si alguien hubiera mirado hacia el cielo en ese momento junto a las puertas de Harrylatino, los habría perdido de vista en una fracción de segundo, al que ahora no era más que un destello que cruzaba el cielo, directamente hacia el norte.