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Historia 32029 — capítulo 5

A la mañana siguiente, los chicos se despertaron con un ruido proveniente de la cocina. Ginny intentaba hacer un desayuno a lo Muggle y de verdad, no entendía cómo éstos podían arreglárselas sin magia.

-Qué ha sido eso- preguntó Hermione entrando en la cocina, que estaba llena de humo.

-Ha explotado- exclamó Ginny.

  • ¿Chicas estáis bien?- preguntaron Harry y Ron al mismo tiempo.

-Sí- respondió la pelirroja -ha sido el dichoso horno, intentaba hornear unos bollos pero explotaron- contestó la muchacha un tanto avergonzada.

-Lo recalentaste- sentenció Harry mientras miraba el aparato y lo reparaba con su varita.

  • ¿Entonces será mejor que desayunemos fuera, no creen?- les preguntó Ginny.

-Es una buena idea, pero Hermione y yo tenemos planes- le contestó Ron.

  • ¿No os importa desayunar a vosotros solos, verdad?- les interrogó la castaña ruborizándose.

-Oh no, por supuesto que no- les contestaron Harry y Ginny al momento.

  • ¿Vendréis para el Brunch?- inquirió la pelirroja.

-En realidad pensábamos pasar el día fuera- sentenció Ron.

-Bueno, como tienes mis apuntes de Historia de la Magia y Pociones, y Harry va ayudarte con Defensa Contra las Artes Oscuras, yo creí que no me nece…

-Hey, Mione- la interrumpió Gin -no tienes que excusarte, es decir, entiendo que queráis pasar tiempo solos además, es cierto, Harry va ayudarme con DCAO y no íbamos a estar mucho tiempo con vosotros, así que a divertiros- dijo Ginevra con una sonrisita cómplice y maliciosa, que hizo sonrojar a su hermano y mejor amiga, mientras salían por la puerta trasera.

-¿Qué crees que se traen esos dos?- le preguntó Gin a Harry cuando estuvieron solos.

-Eres demasiado curiosa- le espetó el chico. Ginny le miró de forma acusadora y agregó.

-Hace unos meses te gustaba mi curiosidad- recordó, la chica con una mirada maliciosa, haciendo que el muchacho tragara en seco.

-Bueno, creo que deberíamos desayunar y después ponernos manos a la obra con tus deberes- apresuró Harry para desviar el tema.

-Yo creía que hoy tendríamos una cita- exclamó Gin.

-Y la tendremos señorita, después de que hayas terminado con tus deberes, de otro modo Hermione me mataría- sentenció el chico mientras se colocaba un mandil.

-¿Cocinarás para mí?- interrogó la muchacha sorprendida.

-Oh sí, ya verás que no es tan difícil- comentó Harry mientras preparaba el desayuno.

Después de comer, Harry se pasó horas ayudando a Ginny a preparar su examen de DCAO.

Al mismo tiempo Ron y Hermione se aparecían en una calle poco concurrida del pueblo.

-Creo que tuviste muy poco tacto con Harry y Ginny, podríamos habernos quedado y desayunar con ellos- le reprendió Hermione.

-No, no podíamos- sentenció el ojiazul -tú y yo teníamos planes para hoy ¿no lo recuerdas?- le pregunto él.

-Sí, pero ¿y si tú hermana necesita ayuda con alguna de las materias?- dijo Hermione.

-Te recuerdo que Harry se ofreció a ayudarla con DCAO y dudo mucho que estando solos se dediquen a estudiar- le contesto él.

Hermione le miro perpleja y le preguntó - ¿y esa idea no te molesta?

-Veámoslo desde este punto, si están solos, no tienen en qué o en quién escudarse para hablar y aclarar lo suyo- respondió el chico.

-¿Y por qué tanta prisa de que vuelvan a estar juntos?- le preguntó Hermione sorprendida.

-Bueno, estamos a comienzos de agosto y a menos de un mes de regresar a Hogwarts y con el regreso a clase vuelven el resto de los pretendientes de Ginny- dijo el pelirrojo tranquilamente.

-Oh- exclamo la castaña -por un momento pensé que lo hacías por la felicidad de tu hermana y mejor amigo- dijo la morena ceñuda.

-Y en cierto modo es así- le respondió él, ahogando una risita -si Harry espabila y logra conquistarla antes de volver a Hogwarts una cosa menos de lo que preocuparnos y no tendré que buscar excusas para estar a solas contigo- sentencio él y después anunció -ya estamos.

Hermione le miró confundida y preguntó.

-¿Creía que haríamos un picnic?

-Y eso haremos- le contestó el chico.

-Puedo preguntar entonces, ¿qué hacemos en un embarcadero?

-Oh, eso- exclamó él pelirrojo.

-Tu padre me contó que de pequeña te encantaba navegar, que lo hacíais casi siempre que estabais de vacaciones y, ¿adivina qué?

-¿Qué?- preguntó curiosa Hermione.

-Pues que Thomas- dijo el chico, señalando a un hombre joven que estaba parado delante de ellos -alquila su barco y organiza excursiones hasta esa isla que vez allí, que es donde haremos el picnic- anunció el pelirrojo con una sonrisa.

-Wooow Ron, todo esto es perfecto. Pero puedo preguntar, ¿cómo vamos a pagarlo?

-No debería contestar a eso pero no te preocupes, George me adelantó parte de mi paga, dijo algo así como: "no se qué ha visto Hermione en ti, pero espero que no la cagues hermanito" y después me dio el dinero. Yo le pregunté para qué era y dijo "para que hagas algo bonito por ella, pedazo de bestia"- concluyó el muchacho entre risas. -Aunque sigo sin saber por qué piensa que voy a meter la pata- añadió el pelirrojo mientras ayudaba a la castaña a subir al yate.


-Bueno, creo que esto ya está- comentó el moreno. -Eres la mejor alumna que he tenido- elogió el ojiverde.

-Espero que quien revise mi examen piense lo mismo- sentenció la muchacha.

-Deberías subir y vestirte- recomendó Harry al percatarse de que ella aún llevaba su pijama y una bata sobre ésta.

-¡Qué!- exclamó la chica mientras se miraba y comenzaba a ruborizarse -Oh sí, subiré a prepararme para nuestra cita- dijo Ginny perdiéndose escaleras arriba.

Casi cuarenta y cinco minutos después la pelirroja entró en el salón llevando unos legins grises y jersey de escote barco gris con franjas fucsias y unas manoletinas a juego, el pelo suelto recogido a un lado con un broche y un maquillaje nada exagerado.

-Lista- exclamó la chica parándose frente a Harry.

-Perfecto, vamos entonces- la apremió el muchacho tomando su abrigo y saliendo hacía la calle.

-¿A dónde vamos?- interrogó ella curiosa mientras caminaban en dirección al pueblo.

-No deberías comer ansias- fue la respuesta del chico.

-Sólo quiero saber si mi atuendo es el adecuado para no llamar la atención- le respondió ella, mientras abría la gabardina que llevaba sobre la ropa (N/A: Recordemos que en el sur es invierno cuando en el norte es verano y viceversa).

-Estás preciosa- le aseguró Harry sonriendo.

-Por fin, pensé que no lo habías notado- reclamó ella -pero no me has contestado aún, ¿dónde vamos?

-Bueno, como siempre te quejaste de que no teníamos una cita como Dios manda, pensé que te la merecías- le contestó el ojiverde.

-Tuvimos algunas citas maravillosas - se apresuró a añadir ella.

-Lo sé- le aseguró Harry -pero estando encerrados en el colegio y con todos pendientes de nosotros, no eran muy privadas que digamos.

-¿Y ésta sí lo será?- preguntó ella levantando una de sus cejas.

-Oh sí- exclamó él -me pediste que te reconquistara ¿no?- le interrogó, mas sin esperar una respuesta añadió: -pues es justo lo que intento hacer. Una cita, tú y yo a solas, sin que nada ni nadie lo arruine, y no es ni en los jardines, ni en el lago, ni la torre de astronomía y mucho menos la Sala de los Menesteres…- hizo una breve pausa y agregó -Sí, en definitiva una cita diferente a las demás- concluyó.

-A mí me encantaban nuestras citas en la Sala Multipropósito- masculló Ginny por lo bajo. -La última en especial- agregó hablando para sí misma.

-A mí también me gustaban esas citas en particular -confirmó Harry con una sonrisa que provocó que la pelirroja se sonrojara.

Ginny se percató que habían atravesado casi todo el pueblo y le interrogó.

  • ¿Aún queda mucho?, estamos bastante lejos de casa y…

-No, ya estamos- le interrumpió Harry señalando una vieja casona justo delante de ellos,

-¿Qué es este lugar?- preguntó Ginebra.

-Ya lo verás- le respondió él mientras le abría la puerta.

-Buenas tardes, bienvenidos a CAKE & TÉ. Yo soy Diana- les saludó una chica rubia bastante guapa que le sonreía a Harry de forma coqueta.

-Buenos días- contestaron Harry y Ginny al unísono.

-¿Tiene reservación?- interrogó Diana, con una mirada seductora para Harry.

-Sí- contestó el moreno -a nombre de James Evans.

-Oh sí, señor Evans, permítame acompañarle a su reservado- contestó la rubia de forma amable.

-Gracias- contestó Ginny un poco molesta. -Vamos cariño- apuró la pelirroja tomando a Harry de la mano.

Mano que soltó una vez estuvieron a solas en su mesa.

-¿Celosa?- inquirió el pelinegro enmarcando una de sus cejas.

-¿Celosa? ¿Por qué iba a estarlo?- hizo una breve pausa y continuo - mmm, déjame pensar. Porque me invitas a salir y coqueteas con el primer palo de escoba que se te atraviesa. Oh no, por supuesto que no estoy celosa- le respondió Ginny sarcástica,

Harry pensaba replicar, pero la aparición de un guapo moreno de sonrisa irresistible lo hizo imposible.

-Ciao. Io soy Paolo y seré vuestro camarero- comentó el chico con un marcadísimo acento italiano.

-Bon yorno, Paolo- le dijo Ginny dedicándole una de sus sonrisas encantadoras.

-Bellisima, ¿hablas italiano?- preguntó el moreno sin percatarse de la presencia de Harry.

-Oh no, picolo- le respondió ella, pero el ruido de alguien aclarándose la garganta les trajo de vuelta a la realidad.

-Oh, excuci- exclamó el camarero algo incomodo -Eh… la especialidad de la casa es Tarta de Tres chocolates, Suflé de Cerezas, Yogur Helado con Sirope de Frutas del Bosque y, como acompañamiento, Capuccino, Mocaccino o Té.

-Tomaré la Tarta de Tres Chocolates y un Capuccino, gracie- le dijo Gin.

-Yo tomaré el Yogur Helado- dijo Harry secamente.

-OK, marchando- contestó el camarero saliendo del lugar, el cual quedó en silencio.

Después de que éste se hubiera marchado, Ginny se concentró en jugar con el borde de su servilleta mientras Harry la miraba fijamente.

-Si me sigues mirando de ese modo vas a gastarme- comentó la pelirroja pasados unos minutos.

-No le dijiste lo mismo a "Paolo"- le espetó Harry imitando la voz del italiano.

-Sólo intentaba ser amable- contestó la chica a la defensiva.

-Lo mismo que hacía yo con Diana- agregó Harry.

-Tú intentabas ser amable y ella coqueteaba contigo- dijo Ginny tratando de calmarse.

-¿Y acaso Paolo no lo hacía contigo?- interrogó Harry.

Ginny le miró a los ojos mientras se mordía el labio inferior tratando de buscar una respuesta más convincente para zanjar una discusión estúpida. Pero el ojiverde se le adelantó.

-No te traje aquí para pelear contigo- susurró el moreno mientras le sostenía la mirada. -Empezamos a parecernos a Ron y Hermione.

Ginny sonrió ante el comentario y le preguntó.

-¿Crees que lo logren?

-¿El qué?- preguntó Harry sin entender.

-El estar juntos, me refiero a que ahora todo va bien, pero, ¿cuando volvamos a casa y todo vuelva a la normalidad?- contestó la pelirroja.

-¡Vamos! Son tal para cual, se quieren creo que desde primer curso, no veo por qué no iban a poder ser felices- le dijo Harry.

-Ya, ¿y nosotros?- le preguntó Ginny desviando la mirada.

Harry se quedó mirándola fijamente, buscando las palabras exactas para responder a esa pregunta, pero la llegada de Paolo con los pedidos desvió la atención de ambos. Los chicos comieron en silencio, uno pensando y la otra a esperas de una respuesta.

-No me has contestado aún- le apremió Ginny una vez terminado su pastel.

Harry la miró fijamente y le contestó.

-Lo haré, pero no aquí y tampoco ahora.

Ginny le miro incrédula, dispuesta a salir de ese lugar y alejarse todo lo que pudiera de Harry, ya que comenzaba a sentir que el aire le faltaba.

Harry la tomó del brazo antes de que se fuera.

-Hey, déjame hacerlo a mi manera, no me lo pongas más difícil, por favor- le suplico él ojiverde.

Gin asintió y se dejó conducir fuera del salón de té.

  • ¿Damos un paseo?- le preguntó él muchacho. La muchacha no respondió y sólo se dejó guiar hacia la playa desierta. Eran casi las cinco de la tarde y el sol comenzaba a ponerse. Caminaron durante quince minutos en un silencio roto sólo por el sonido que producían las olas al morir en la playa. Harry hizo aparecer un par de mantas, una la estiró sobre la arena de la playa indicándole a Ginny que se sentara y la otra la uso para cubrir los pies de ambos. El muchacho sacó una cajita rectangular de terciopelo turquesa de su bolsillo y se la puso a ella en las manos.

-Lo compré para ti- comentó ante la mirada sorprendida de la chica.

La muchacha lo abrió lentamente y se encontró con un colgante sencillo, compuesto por una fina cadenita de oro blanco en cuyo centro había un pequeño corazón con un brillante que relucía como una estrella. Ginny le miro fijamente en busca de una respuesta.

-Pensaba regalártelo por nuestro aniversario, antes de la muerte de Dumbledore- aclaró el chico.

-No puedo aceptarlo- le contestó ella.

-Oh no, sí que puedes- le afirmó Harry, ganándose una mirada ceñuda de la pelirroja.

-Ginny, ¡por Merlín! Esto es estúpido e innecesario- sentenció el moreno perdiendo las formas. -He repasado, lo que iba decirte, cómo iba a decirlo y el dónde, pero ya ves, las cosas no salen como uno las planea.

-Ya- fue la contestación de ella.

-Ginevra yo te amo, puedo asegurar que con locura, eres mi fuerza, mi valentía, el motivo principal por el cual sigo vivo y el motivo más grande por el que daría mi vida. Te aseguro que no esta en mí el poder tratarte como a una hermanita pequeña y no es lo que quiero para nosotros- el muchacho hizo una pausa para obligarla a mirarle a los ojos y continuó -no digo que mi decisión haya sido justa, por que no lo fue para ninguno de los dos. No sabes lo difícil que fue estar cerca de ti y no poder siquiera darte un beso o abrazarte, y tampoco imaginas el calvario de estar lejos y pensar que estabas en peligro y que si te pasaba algo yo me moriría, Gin- hizo una pausa para tomar aire, mientras le acariciaba la mejilla. -No es que no me fíe de ti o que no confié en tus capacidades, te aseguro que si he de poner mi vida en manos de alguien, tú eres una de mis primeras opciones. ¿Pero acaso no es eso el amor? ¿Estar dispuesto a renunciar a lo que se ama, con el fin de protegerlo?- el lugar quedó en silencio, mientras Ginny desviaba su mirada, ya que las lágrimas amenazaban con salir. -Te quiero en mi vida, Ginevra, como mi amiga, mi compañera, mi amante, en las buenas y en las malas, pase lo que pase y para siempre, pero la decisión es sólo tuya- finalizó el ojiverde mientras la miraba.

La pelirroja levantó su mirada con el fin de enfrentarlo, algunas lágrimas rebeldes surcaban sus mejillas, las que empezaban a enrojecer al igual que su nariz, pero al encontrarse con esos ojos verdes que lograban desarmarla y dejarla tan vulnerable como a un bebé, sólo fue capaz de acortar la distancia que los separaba y besarlo, besarlo con toda la pasión, el amor y la ternura acumuladas durante ese año de grandes ausencias.

Un beso tan efusivo que, sin percatarse, Harry terminó tumbado sobre la manta con ella encima de él.

-Ginny- la llamó Harry en un momento que se separaron para tomar aire -Cariño, alguien podría vernos- comentó el muchacho con la respiración agitada.

  • ¿Y crees que eso me importa?- le contestó ella mientras le besaba de nuevo.