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Historia 32029 — capítulo 4

El señor Weasley no se opuso a la idea de los chicos, él más que nadie sabía la presión mediática que les perseguía desde el mismísimo día de la batalla, así que como faltaban menos de tres semanas para el cumpleaños de Ginny y como un favor especial del mismísimo ministro, la chica obtuvo un permiso para realizar magia legalmente fuera del colegio aun siendo menor de edad y uno para presentar el examen de aparición antes de tiempo (el que aprobó, al primer intento).

Encontrar el lugar donde se encontraban los padres de Hermione no fue difícil, ya que varios Aurores fueron encargados de rastrearles y localizarles, así que los chicos viajaron allí mediante un traslador.

Lo realmente difícil vino después de reestablecer la memoria de los Granger, explicarles todo lo que había pasado fue una verdadera odisea y el hecho de que Hermione hubiese utilizado la magia en ellos, aunque fuese con el fin de protegerlos, no evitó que sus padres se sintiesen excluidos de la vida de su hija. Mas sin embargo la emoción de volver a tenerla con ellos fue mucho más fuerte.

La casa en donde vivían era una vieja casa colonial a las afueras de un pueblo cercano a Sydney. El paisaje era precioso, una mezcla perfecta y justa entre el mar y las montañas. Los muchachos se pasaron días enteros explorando el lugar, yendo de un sitio a otro, viviendo y comportándose como muggles que hasta el mismísimo Vernon Dursley les habría confundido.

Los padres de Hermione prepararon todas sus cosas para el regreso a Inglaterra en relativamente poco tiempo (todo es relativo si contamos con cierta ayuda mágica ¿no creen?), y se empeñaron en llevar a los chicos a la opera de Sydney el lunes siguiente para celebrar los cumpleaños de Harry y Ginny, aunque faltaran cuatro días para los de esta última.

Eran más o menos las cinco de la tarde, cuando la madre de Hermione llamó a las chicas desde las escaleras.

-¿Hermi, Ginny estáis listas? -Inquirió la mujer-. Si no os apuráis no llegaremos- les apremió. Los chicos llevaban aproximadamente media hora esperándolas. Harry llevaba un pantalón de vestir, camisa blanca y americana negra a juego con su pantalón, además de unas converse negras que le daban un toque más desenfadado a su atuendo (N/A soñar no cuesta nada supongamos que les dejarían entrar así, vale). Ronald, sin embargo, llevaba unos pantalones de vestir azul marino, camisa azul cielo, del color de sus ojos, con los dos últimos botones sin atar y una americana a juego con sus pantalones, zapatos negros de vestir (insistencia de Hermione) y su pelo rojizo ligeramente enmarañado. Pero toda espera tiene su recompensa, y ésta no iba a ser la excepción.

Hermi y Ginny se detuvieron en lo alto de las escaleras como si fuesen una aparición. El vestido de Hermione era azul celeste de atarse sobre el cuello con un escote al que su madre se había opuesto, entallado en la cintura hasta las caderas y caía libremente hasta medio muslo donde una abertura dejaba al descubierto su torneada pierna casi en su totalidad, con zapatos plateados y bolso de fiesta a juego. Ginny también iba preciosa, vestido dorado con un aire retro propio de los cincuenta, el escote en palabra de honor y bajo el busto una franja negra que lo resaltaba, su melena pelirroja la llevaba en una cola de caballo ladeada de la que salían varios tirabuzones y un largo flequillo le enmarcaba las facciones.

La reacción de Harry y Ron no se hizo esperar su cara de…. (N/A: Poner el mejor adjetivo que encontréis a mi se me ocurren muchos) les revelaron a las chicas que habían hecho un buen trabajo.

-Estás preciosa…- dijo Ron -No te había visto tan guapa desde el Baile de Navidad.

-Me lo tomaré como un cumplido- respondió Hermi con una sonrisa. Harry, sin embargo, estaba atónito, parecía como si le faltase el aire mientras miraba a Ginny.

-No te gusta, ¿verdad?- le interrogó la pequeña de los Weasley

-¿Qué?- preguntó Harry- Bromeas, me encanta. Estás… simplemente, estás guapísima- Ginny ensanchó su sonrisa, mientras se humedecía los labios con la lengua.

-Bueno tortolitos- dijo la Señora Granger rompiendo el encanto -debemos irnos- les apremió la mujer. El viaje en coche hasta la Opera, fue tranquilo y muy divertido, hasta allí todo podría decirse que era perfecto, la obra elegida fue Aída de Verdi, así que los chicos realizaron hechizos para poder entenderla (la obra esta en italiano), la representación era preciosa y los tres Granger parecían divertirse, pero no se podía decir lo mismo de Ron, Harry y Ginny.

La pelirroja, que estaba sentada justo detrás de su hermano, con Harry a su lado, le susurró al oído:

-Te doy lo que me pidas si me sacas de aquí- el moreno la miró con perspicacia y preguntó:

-¿Lo que yo quiera?

-Lo que sea Harry, no puedo seguir escuchándola gritar- dijo refiriéndose a la actriz - Harry le tomó la mano y se apareció con ella en una calle lateral al teatro.

-Gracias- le dijo la muchacha. El chico miró su reloj y le dijo:

-Tenemos una hora y media antes de que acabe y tu hermano note que faltamos.

-Podríamos ir a comer algo- le sugirió ella.

-Claro- dijo él tomándola de la mano. Caminaron en silencio durante más o menos un cuarto de hora antes de encontrar un lugar donde pudiesen comer algo. Al entrar todos les quedaron mirando de forma extraña y no era para menos, nadie esperaba encontrase con una pareja vestida de largo en medio de un McDonald's -¿Por qué nos miran todos?- interrogó Ginny curiosa.

-Por nuestra ropa- le respondió Harry.

-¿Qué? La mamá de Hermione me aseguró que pasaría desapercibida si llevaba esto- reclamó la pelirroja.

-En la opera sí- afirmó Harry -pero no en un restaurante como éste.

  • ¡Oh!- exclamó la joven.

-¿Te gustan las hamburguesas?- interrogó Harry.

  • ¿Hambur… qué?- preguntó Ginny.

-Hamburguesas, es una comida Muggle- contestó él.

-No lo sé, pídeme lo mismo que te pidas tú.

Después de pedir, se sentaron en una mesa apartada y comenzaron a comer en silencio, hasta que Harry lo interrumpió.

-Con respecto a mis honorarios…

-Pensé que lo harías gratis, como se trata de mí- le interrumpió la chica.

-Oh no, por supuesto que voy a cobrarte- dijo seriamente, provocando una mirada de incredulidad en la pelirroja -quiero una cita- le contestó el ojiverde.

-¿Una cita?- preguntó ella extrañada.

-Sí, una cita, tú y yo solos.

-¿Más o menos como ahora?- le preguntó la pelirroja.

-Sí, pero una que haya planeado yo- le contestó el moreno.

-¿Cuándo?- inquirió ella.

-Mañana en la tarde. Ron y Hermione tienen planes y los padres de Hermione estarán fuera hasta la hora de la cena.

-Vale- contestó ella con una risita, mientras salían del restaurante.

Caminaron de vuelta a la opera por el paseo marítimo bajo la luz de las estrellas. Ginny estaba ensimismada mirando al cielo cuando sintió el saco de Harry caerle sobre los hombros.

-Gracias- susurró la chica ante este gesto.

-Escoge una- le dijo Harry.

  • ¿Que escoja qué?- preguntó ella sin entenderle.

-Una estrella, la que más te guste- le respondió él como si fuera lo más normal del mundo.

-Esa de allí, la que está cerca de la luna- dijo la chica señalando al cielo.

-Te la regalo, de hoy en adelante esa estrella es toda tuya- le susurró él mientras seguían caminado, Ginny le dio un beso en la mejilla como agradecimiento y continuaron su camino rumbo a la opera.

Llegaron a su palco justo cuando los espectadores rompían en aplausos.

-Fue preciosa ¿no creéis?- les preguntó Hermione cuando iban rumbo al aparcamiento.

-Oh, sí- exclamaron los tres a unísono.

  • ¿Qué fue lo que más os gusto?- les preguntó Hermione.

-El final- se aventuró a decir Ginny.

-Sí, el final fue maravilloso- la apoyó Harry, ganándose una mirada de incredulidad por parte de sus mejores amigos.

  • ¿Os gusto el que su padre les prohibiese verse y ella muriera de pena?- exclamó Hermione.

-Lo que queríamos decir es que, bueno es decir…- comenzó a divagar Harry cuando fue interrumpido por cierta ojimiel.

-Bueno, ella muere por amor ¿no? ¿Acaso no es lo más romántico del mundo?- inquirió la pelirroja, pero sin esperar una respuesta preguntó -y a ti Ron, ¿qué fue lo que más te gustó?

-Bueno, son tantas cosas que no podría elegir una sola- dijo el chico mientras subían al coche para marcharse.