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Historia 32255 — capítulo 1
Capítulo 1: Pre-Navidad
Harry sacudió la cabeza y los copos de nieve cayeron sobre sus zapatos negros. Sacó la varita del bolsillo de su capa, y presionó el ladrillo correcto. Sonrió pensando en la primera vez que las puertas del Callejón Diagon se abrió ante sus ojos, tantos años atrás.
El Callejón estaba rebosante de gente que ultimaba sus compras de Navidad, todo estaba decorado con guirlandas, acebo y muérdago, y los escaparates de las tiendas mostraban objetos mágicos de todo tipo. Harry se paró delate de la tienda de Equipamiento para Quidditch, y se quedó embobado mirando la nueva Rayo 3000. Miró su reloj. Aún le quedaban 10 minutos antes de encontrarse con su mujer, Ginny, Ron y Hermione en Sortilegios Weasley. Entró a la tienda, decidido, esquivó a los niños pequeños que pegaban el cristal al mostrador donde se exponía la colección de cromos de Grandes Iconos del Quiddicth de Todos los Tiempos y llamó la atención del joven empleado.
Cuando Ginny vió llegar a su sonriente marido con un paquete alargado, torció el morro.
−Harry, ¿no será eso la escoba que quería James, verdad? −Harry besó a su mujer y abrazó a Ron y Hermione.
−Hola a todos. Cariño... No te enfades, no pude evitarlo.
−Pero, ¡Harry! ¡James ha suspendido su TIMO de Historia de la Magia!
−Yo también lo suspendí y no me ha pasado nada...
−Vamos, hermanita, ¡es Navidad! −dijo Ron sonriente.
Hermione volteó los ojos, expresando su acuerdo con Ginny.
−¡Hola Harry! ¡Qué bien te veo! −gritó George desde el mostrador −. ¿Has venido buscando unas bombas boñiga para Albus?, y tú, Ron, ¿qué tal un buen filtro de amor para Rose?
−No creo que ella necesite un filtro de amor −dijo Ginny riendo.
−¿Qué?¿Ya tiene novio mi pequeña? −preguntó Ron provocando las risas de sus amigos.
−No te enteras, cariño, ya ha tenido dos en lo que va de curso y ahora está con ese chico de sexto, Tom−dijo Hermione pasándole el brazo por los hombros a su marido.
−Oh, no... −murmuró Ron.
−Se nota que ha heredado la belleza de su madre, porque la tuya...
Harry, Ron, Ginny y Hermione pasaron el día haciendo las compras de Navidad, puesto que sus hijos regresaban al día siguiente de Hogwarts. Iban a cenar todos en casa de los Weasley en Noche Buena, y como ya se había convertido en tradición, los niños recibirían los regalos allí.
A mediodía, comieron en el pequeño salón reservado del Caldero Chorreante. Ron devoraba su pastel de riñones y carne mientras Ginny y Hermione parloteaban y Harry dibujaba hermosos copos de nieve con su varita.
−¡Siempre le encantó comer! −exclamó Ginny mirando a su hermano.
−Harry, podrías decorar mañana así la mesa. A los niños les encantará... −dijo Hermione sonriente.
−Bueno, los niños ya no son tan niños... Parece que fue ayer cuando el pequeño James entraba a Hogwarts...−dijo Harry acariciando el papel a rayas en el que estaba envuelta la maravillosa nueva escoba de primogénito.
Ginny frunció el ceño y Hermione se echó a reir.
−Fe fa a enfantaf −dijo Ron con la boca llena mientras se servía más cerveza de mantequilla.
−¿Qué dices, Ron? −preguntó Hermione mirándole.
−¡Qué le va a encantar!
−La túnica de gala de Rose si que es bonita... −dijo Ginny limpiándose la boca con la servilleta.
−Sí, es lo que ella quería. Al parecer, el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, McGrey, celebrará un baile después de las vacaciones −explicó Hermione.
−Es muy joven para asistir a un baile −escupió Ron mientras atacaba su pudin de chocolate.
−Bueno, nosotros íbamos a cuarto cuando lo del Baile de Navidad... y ella va a quinto −respondió su mujer.
−Me da igual, es mi hija.
−¿Cómo va el asunto de Tekkins, Harry? ¿Ha vuelto a atacar a algún muggle ese viejo chiflado? −preguntó Hermione,
Harry se frotó la frente, parecía cansado de áquel tema.
−Bueno, ya lo apresamos. El problema es que no podemos enviarlo a Azkaban, pese a que haya usado Imperius en una decena de muggles para humillarlos. Está loco... Por ahora lo tenemos en San Mungo, en una habitación como las de los psiquiátricos muggles, pero no sé lo que haremos con él... Pero nos trajo buenos quebraderos de cabeza cuando estuvo robando varitas de otros magos para hacer de las suyas. ¿Sabes que robó la varita de Seamus? ¡Qué tipo aquél! Tendrías que haber visto la cara de Seamus cuando le detuvo Colin, Ron.
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−Rose, ¿has cogido tú mi fular rosa? −preguntó Stacy rebuscando en su baúl.
La habitación de las chicas de quinto curso, en la torre de Gryffindor, estaba hecha un desastre. Todos los baúles estaban abiertos, y el suelo estaba cubierto por libros, ropa y demás objetos. Rose estaba tumbada en la cama, leyendo un libro, mientras sus compañeras hacían las maletas.
−No, creo que te lo dejaste el otro día en la biblioteca, pero no me hagas mucho caso. ¿Por qué lo dejáis todo para el último momento? No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy −respondió la chica retorciéndose un tirabuzón.
−¿Tú ya has hecho las maletas? −preguntó Kelly, una chica rubia muy guapa mientras buscaba un par de calcetines debajo de su cama −. ¡Jane, deja esa blusa, es mía! De todas formas, nunca cabrías en ella...
Jane dejó la blusa cuidadosamente doblada encima de la cama de su compañera, y a Rose le pareció que sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas.
−Cielo, ¿quieres un caramelo de arándanos? −dijo Rose mirándola.
−No, gracias...
−¡Uy! ¡Son ya las seis! ¿Cómo estoy? −le preguntó a Stacy−. ¿Llevo el pelo bien?
−Estás perfecta, como siempre.
−Me voy, he quedado con Tom. Os veo en la cena supongo.
Rose salió a toda prisa por la puerta.
−¡Ja!, no creo que esté a la hora de la cena −dijo Kelly riendo, y Stacy la imitó.
−Ya, ni yo.
−¿Por qué decís eso? −preguntó Jane contrariada.
Kelly se sentó en la cama de Jane y la cogió por los hombros.
−¡Ay, Jane! ¿Qué vamos a hacer contigo?
⁑
Tom estaba sentado en su sillón favorito cuando vió a su preciosa novia, Rose, bajar las escaleras de dos en dos y dirigirse contenta hacia él. No pudo contener una sonrisa al verla vestida con un bonito vestido muggle.
−¡Hola, cielo! −dijo Rose y se inclinó para besarle en los labios
−Hola, preciosa. ¿Dónde quieres que vayamos? −preguntó el chico levantándose del sillón y agarrándola por la cintura.
Scorpius miraba la escena desde un sillón cercano y no pudo evitar contener una mueca de desagrado. Dejó de mirar la escena para esconder el rostro en Un estudio reciente de los últimos avances de la Transformación.
−No sé, cielo −respondió Rose−. Hace frío para ir a los exteriores... −señaló mirando por la ventana.
−Bueno... Con un poco de suerte el aula 3C estará vacía... −le murmuró Tom muy cerca del oído.
Cuando Scorpius levantó la vista de su gran libro, vió a su mejor amiga salir por el hueco del retrato de la mano de aquél chico de sexto.
−¡Scorpius! −gritó Jake, un muchacho rubio con los ojos verdes, muy atractivo −. ¿Vienes a jugar con Albus y conmigo a las batallas de nieve? ¡Estamos ya en vacaciones, ¡no es puede estudiar en vacaciones!
−Bueno, vale...
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Tom y Rose bajaron de la Torre de Gryffindor al tercer piso y la chica intentó abrir un aula.
−¡Oh!, está cerrada.
−¡Alohomora! −dijo Tom −. ¿Ves, cielo? Ya está abierta.
Tom hizo un encantamiento Muffliato para que nadie los escuchase, y juntó cuatro pupitres. De un salto, Rose se sentó en ellos. Tom se quedó mirándola.
−¿Qué pasa? −preguntó Rose divertida.
−Nada, es sólo que... Joder, ¡tengo la novia más guapa de todo Hogwarts!
Rose rió.
−No, cielo. Tu visión no es objetiva. Anda, siéntate a mi lado −dijo la joven mirándole con esos ojos marrones que a Tom tanto le gustaban. El chico obedeció, y se sentó muy cerca de ella, acariciándole el espeso cabello castaño ypasándole un brazo por la cintura −. ¿Sabes? Te voy a echar mucho de menos estas vacaciones.
−Bueno, mi vida, tendrás a mi lechuza rondando tu casa cada día, y podemos vernos... −la chica le hizo callar colocando sus labios contra los de él y presionando suavemente.
−Pero no te veré cada día −dijo sobre sus labios.
Tom la empezó a besar más violentamente, y la chica le echó los brazos al cuello mientras él la cogía por la cintura. Ella abrazó la cintura de él con sus piernas, y dejó que sus lenguas se juntaran.
−¿Estás segura de que quieres seguir? −preguntó Tom separando sus bocas y mirándola. Rose le quitó le camiseta y le empezó a besar por el cuello−. Lo que yo pensaba −murmuró el muchacho mientras le quitaba el vestido.
Tom se echó sobre las mesas y dejó que Rose le quitase los pantalones y se tumbase sobre él. Se maravilló con su parcial desnudez, y el cuerpo de la muchacha se le antojó más que de adolescente, ya de mujer.
Rose sintió vergüenza al sentir la mirada de su novio pasearse por su cuerpo casi desnudo, pero empezó a besarle por el cuello para bajar por el pecho del chico y su vientre. La chica se puso aún más colorada al ver la erección de su novio.
−Rose... −la muchacha le miró−. Rose, ¿de verdad quieres hacerlo? No quiero que te sientas forzada a hacer algo que de verdad no quieres...
−Tom, cariño, sí que quiero. Pensaba que no me considerabas tan estúpida −dijo ella riendo.
−Eres maravillosa.
Rose volvió a concentrarse en el cuerpo de su novio, y le acarició el pene erecto por encima de los bóxer. El chico se estremeció, mordiéndose el labio inferior. Ella empezó a quitarle la ropa interior...
−Véamos qué tienes ahí...
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Abajo, en los nevados terrenos, Scorpius no paraba de torturarse. No podía dejar de pensar en Rose desnuda con aquel indeseable...
−¡Scorpius! ¡Reacciona! ¡Es la quinta bola de nieve que te lanzo! ¿Estás bien, tío? −preguntó Albus preocupado −. Vale que seas un Malfoy, y eso te haga jodidamente raro, pero, tío, me empiezas a preocupar.
−¡Parecer un muerto viviente! −dijo Jake riendo.
−Chicos, la verdad es que no me encuentro muy bien, Voy a la enfermeria a ver si me dan algo.
−Vale, ¡nos vemos luego en la sala común! −gritó Jake al ver a su amigo correr hacia el castillo −. ¿A éste qué le pasa?
−¿A mí me lo preguntas? ¡Toma bola de nieve! −gritó Albus lanzándole una gran bola.
−¿Conque con ésas estamos, eh? ¡Te vas a enterar!
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Pero Scorpius no fue a la enfermeria. Cuando pasó por el hall, vió a Elizabeth, una chica con el pelo castaño claro ondulado y unos ojos grises preciosos, y a Peter, un muchacho alto y fibroso, leyendo Historia de Hogwartsjuntos mientras Lily y hugo jugaban al ajedrez mágico. No pudo evitar sonreir. Cuando iban a tercero, Rose y él también hacían esas cosas. Antes de que ella empezase a tener novios.
Saludó a sus compañeros de casa al pasar, y subió las escaleras a toda prisa. "Tercer piso, están en el tercer piso. Aula 3C" pensó el joven Malfoy mientras subía los peldaños de dos en dos. Pegó la oreja a la puerta del aula, pero no oyó nada. "Muffliato" pensó con desagrado. Bueno, el despacho del profesor McGrey, de Defensa Contra las Artes Oscuras, estaba al lado de ese aula, siempre podía fingir que le estaba esperando.
El muchacho no paraba de mirar el reloj, y el tiempo parecía pasar muy lento.A eso de las siete y media, llegó el joven profesor.
−¡Señor Malfoy! Intuyo que quiere verme, a no ser que encuentre muy interesante la puerta de mi despacho. Pase, pase. Estaba ayudando a Hagrid con unas doxys rebeldes. ¿Puedo tutearle? ¡En fin, no debería preguntarte eso, soy tu profesor! ¡Y qué brillante alumno eres! ¿Llevas mucho esperando? −preguntó el profesor mientras abría la puerta y los dos pasaban.
−No, profesor, apenas unos minutos −contestó Scorpius contrariado.
−Siéntate. ¿Una taza de té?
−Sí, por favor.
−Por tu cara intuyo que sin leche y con tres terrones de azúcar, ¿me equivoco?
−En realidad... Con leche y sin azúcar, por favor −puntualizó Scorpius sonriendo.
−Nunca se me dio bien la Adivinación −murmuró el profesor mientras preparaba el té y se servía hidromiel −. Delicioso... −murmuró mientras bebía un sorbo y le pasaba la taza de té a Scorpius −. Tú eres muy joven aún, pero el año que viene ya podrás probar el fabuloso hidromiel de la Señora Rosmerta.
−En realidad no. Tengo quince años, señor −respondió el muchacho.
−¡Como me vuelvas a llamar señor te lanzo una maldición crece-pelos!
−Disculpe, profesor... −empezó a disculparse el chico.
−¿Qué te trae por aquí, joven Malfoy? −Scorpius hizo una mueca al oír su apellido −. ¿Te desagrada tu apellido?
−No me enorgullecen precisamente las acciones pasadas de mis abuelos... ni las de mis padres −murmuró el muchacho con los ojos fijos en su taza de té.
−Uno no elige a su familia, Scorpius. Alégrate de no ser como ellos, te queda poco para irte de casa. Pero no venías para hablarme tu familia, ¿no?
Scorpius dudó. No había pensado de qué hablarle al profesor, pero una idea cruzó su mente.
−Me preguntaba si... Bueno, usted sabe que mis abuelos están en Azkaban, y estas Navidades seguramente me veré obligado a visitarlos, y, bueno... Antes los dementores no se fijaban en mí, pero el año pasado, debieron de percibirme con mayor claridad, y me intentaron atacar... Mi padre conjuró un Patronus, y me preguntaba si usted...
−Te preguntabas si yo podría enseñarte, ¿no es así? −Scorpius asintió con la cabeza −. Bueno, es magia muy poderosa, y no creo que sea de tu...
−Profesor, Albus me contó que su padre sabía hacerlo. A los trece años. Y usted sabe de mis capacidades, profesor.
−¿Albus Potter? Claro, su padre es Harry Potter. Bueno, si quieres, volveremos a hablar del tema después de las Navidades, pero mientras visites a tus abuelos estas fiestas, procura pensar en cosas felices, ¿está claro? −el muchacho asintió−. ¡Qué tarde es! ¿Por qué no bajamos los dos al Gran Comedor?
Scorpius asintió, y los dos salieron por la puerta. Mientras el profesor cerraba la puerta de su despacho, el chico fijó la mirada en el aula 3C. La puerta estaba abierta y el aula vacia.
−¡Qué raro que esta puerta esté abierta! −dijo el profesor agitando la varita.
Scorpius volvió en sí cuando la puerta se cerró de golpe.
−Vamos, Scorpius −le instó el profesor McGrey.
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