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Historia 32255 — capítulo 2

Capítulo 1: Navidad

Era 23 de diciembre, y en el Valle de Godric nevaba. La casa de los Potter estaba decorada con luces de Navidad, y, en el jardin, Lily y Hugo estaban haciendo un muñeco de nieve mientras Ron quitaba la nieve de la entrada de la casa de su hermana.

En el piso de arriba, James y Alex, el muchacho de pelo negro y ojos grises que era el mejor amigo del hijo mayor de los Potter, jugaban a un videojuego muggle.

−¡¡Ja!! −gritó Alex−. ¡Te maté! ¡Otra vez!

−Jo, tío, es que siempre me ganas... −dijo James arrojando el mando inalámbrico al suelo.

−Es que soy el mejor −dijo Alex echándose sobre la cama victorioso−. Pon algo de música.

−¿Las Brujas de Macbeth? −preguntó James mirando su colección de discos.

−¡Tio! ¡Eso es cuando nuestros padres iban a Hogwarts! ¿No tienes algo más actual? −respondió James mientras se levantaba de la cama y le daba a Few, la lechuza de James, una golosina.

−Sí, claro. ¿Los Vampiros de la Media Noche? −dijo el muchacho del cabeza rojizo a su amigo.

Albus entró en el cuarto de su hermano sin llamar a la puerta,

−James, ¿tienes grageas? −le preguntó rebuscando en su mesilla.

−En el tercer cajón, pero no te atiborres antes de la cena.

−No son para mí, le apetecen a Rose. Gracias −dijo Albus saliendo de la habitación y cerrando la puerta.

−¿Rose? −preguntó Alex mientras James metía el disco en su aparato reproductor−. ¿Está aquí Rose y no me lo habías dicho?

−¿Y yo qué sé? ¡Es mi prima, se pega el día aquí!

−Rose es muy guapa... −murmuró Alex.

−Tío, ella está con Tom. Tú la dejaste. Tuve que soportarla todo un verano lloriqueando. Olvídate de ella −le dijo James muy serio.

−De todas formas, tampoco está tan buena. La que está buenísima este año es Hallie.

−Sí... −dijo James embobándose.

−¿Sabes qué? ¡La voy a llamar! −dijo Alex sacando su móvil.

James le miró mientras acariciaba a Few.

−Pon el altavoz.

Alex asintió y se oyó la voz de Hallie.

−¿Sí? −preguntó la chica.

−¡Hola, preciosa!−dijo Alex con voz de galán.

−¡Alex! ¿Cómo está el capitán más guapo de todo Hogwarts

−Perfecto ahora que escucho tu dulce voz −dijo Alex con su voz más sexy −. ¿Y tú, guapa?

−Bueno... Un poco aburrida... Este año estamos solos mis padres y mis abuelos porque mis tíos se fueron con mis primos al norte, y... En fin...

−Pues yo estoy aquí con James, pervirtiéndolo un poco.

Hallie rió.

−¡Hola, James!

−Hola guapa −dijo James.

−Oye, Alex... ¿Por qué no os pasáis luego por mi casa? A eso de las doce, os podría esperar abajo. Por donde vivo yo, en Londres, hay un montón de sitios a los que podemos ir. Y podría venir mi amiga Rachel, va a Ravenclaw.

−¿La morenaza? −preguntó Alex entusiasmado.

−Sí. ¿Qué me decís?

−Podemos coger la moto de mi padre −sugirió James.

−¡Sí! ¡Coged la moto de su padre!

−Bueno, cielo, a las doce en tu casa. Nos vemos luego. Un beso −dijo Alex y colgó −. ¡Te acabo de conseguir una cita con la chica más guapa de Hogwarts! −¡Uff! ¡Eres genial! −exclamó James soriente.

−Es lo que tiene ser yo.

⁑

−Así que... ¿tú y Tom? −preguntó Albus mirando a su prima.

−Así es −dijo ella metiéndose una gragea morada en la boca −. Uhm... Moras.

−No sé, Rose. James siempre dice que no es de fiar.

−James dice muchas cosas −respondió Rose de malas maneras.

−Eso es cierto. ¿Hay alguna posibilidad de que nos juntemos todos estas vacaciones? −preguntó Albus refieriéndose a sus amigos.

−Bueno, supongo. Pero dudo que a Scorpius le dejen venir −dijo Rose apenada.

−¡Pobre Scor! ¡Haber nacido en los Malfoy...!

−¡Ya lo creo! ¡Con lo bueno que es él...! ¡A mi padre le costó aceptar que él era diferente! Pero ahora dice "Sí está en Gryffindor, no puede ser tan malo" −dijo Rose haciendo una perfecta imitación de la voz de Ron.

Albus rió y llamaron a la puerta. Ginny entróa la habitación de su hijo pequeño.

−Rose, cariño, tu madre dice que os vais ya, que llegareis tarde a casa de sus padres.

⁑

−¡Chut! ¡Vas a despertar a todo el mundo! −le susurró James a Alex cuando éste tropezó una maceta y se cayó al suelo.

−¡Perdona!, ¡es que no veo nada!

−¡Lumux! −mumuró el muchacho.

−¿No se supone que no podemos hacer magia fuera de Hogwarts? −preguntó Alex dirigiéndose al garaje.

−Sí, bueno, ¿qué más da? ¡Alohomora! −murmuró James apuntando con su varita a la puerta del garaje. Se dirigió hacia la moto, y montó en ella. Metió la llave en el contacto y apoyó el pie en el acelerador −¡Sube!

Por la ventana de su habitación, Albus vió como su hermano y su amigo volaban en la vieja moto de su padre.

⁑

−Número veintiocho de la calle Greenwich, ¿no es así? −preguntó James.

−Sí −respondió Alex con la voz temblorosa.

A James le encantaba conducir aquella moto desde que su padre le enseñó ese verano. Adoraba sentir el aire frío contra su cara, y la sensación de velocidad cuando aquel aparato aceleraba y echaba a volar. Su padre Harry decía que se habría llevado bien con Sirius, y que su Ginny y él hicieron bien en ponerle ese segundo nombre. James, por su parte, se sentía orgulloso de llevar el nombre de aquel hombre que consideraba un héroe.

−Esta es la calle −anunció James.

En el portal del número veintiocho estaba sentada una hermosa joven con el cabello cobrizo y los ojos ambarinos, como los de los gatos. Cuando la moto paró delante de su casa, Hallie se sobresaltó y se levantó. Sonrió al ver de quien se trataba.

−Eres la primera chica que conozco que llega cinco minutos antes al lugar donde a quedado con un chico −dijo James quitándose el casco, sonriente.

−Hola a ti también, guapo −le dijo Hallie besándole en la comisura de la boca.

James pensó que iba muy guapa.

−Bueno, ¿qué pasa aquí? ¿Y tu amiga, Hallie? −preguntó Alex.

−Me dijo que nos esperaría en el local muggle.

−¿Subes a la moto, Hallie? −le preguntó James tendiéndole el casco.

−Sí, claro.

−Pero, tío, ¿vamos a caber todos en esto? −preguntó Alex.

James señaló el carrito que iba sujeto a la moto, y Alex, aunque con el gesto torcido, se metió dentro.

−James... −dijo Alex cuando ya estaban volando hacia el local−. ¿Nos van a dejar entrar? Somos menores.

−Encantamiento Confundus, amigo.

Hallie rió, y James aparcó la moto en un lugar al cual los muggles que hacían cola en la puerta del bar no miraban. James ayudó a la hermosa chica a bajar del vehículo, y cogió el casco que ella le tendría. Alargó el brazo hacia Alex, y éste le dio a su vez el suyo. Con un movimiento de varita, los hizo desaparecer y le tendió el brazo a su acompañante. Hallie se cogió al brazo del chico, y, sonriente, avanzó hasta la cola buscando con la mirada a su amiga.

−¡Rachel! −la muchacha se soltó del brazo de James, y avanzó hasta su amiga, que la abrazó.

−¡Hallie, cielo! ¿Qué tal estás? ¡Te veo bien esta noche! ¿Vestido nuevo? −dijo la chica morena mirando el vestido negro ajustado, con un corte irregular, de su amiga.

−Ajá. ¡Un regalo adelantado de mí a mí! ¿Y tú cómo estás? −dijo la hermosa joven dando una vuelta sobre sí misma para que su amiga pudiese ver mejor su vestido y dejando sin habla a James, que la miraba con la boca ligeramente abierta.

−Perfecta. ¿No vas a presentarme a tu amigo? −dijo Rachel señalando a Alex, que sonrió.

−Hola, soy Alex. Vamos juntos a clase de Herbología, ¿no es así? −le preguntó Rachel dándole un beso a Alex en la mejilla, después se giró hacia James −. Hola James, tú y yo hemos hablado un par de veces, ¿no?

−Supongo... −respondió James sin mirarla detenidamente, y, dirigiendo la varita hacia el portero del bar, susurró "¡Confundus!".

Cuando los muchachos fueron a pasar por la puerta, el voluminoso portero ni siquiera les miró. El local estaba lleno de luces de colores, y la música sonaba alta, invitando a bailar. James guió a sus amigos por la discoteca hasta encontrar unos sillones libres, algo apartados de la pista de baile, pero cerca de la barra.

Hallie se sentó en un sillón de cuero, mirando a James, que se sentó a su lado. Alex y Rachel, mientras tanto, dijeron que iban a por bebidas y se alejaron. La muchacha colocó su mano en el muslo del joven, y le miró.

−Sé que te gusto, James.

El muchacho no dijo nada, pero se la quedo mirando fijamente.

−Sé que te gusto, y eso me gusta. Es más, eso me pone −James trago saliva, mirándola−. Me gusta como me devoras con la mirada. Lo he notado. Por eso he venido, James. He venido porque me gustas. He venido porque quiero que me... −pero la muchacha no pudo acabar su frase. James se había acercado mucho a ella y presionaba sus labios contra los de ella, separándolos con la lengua. La chica respondió a su beso y enredó los dedos en su pelo.

Entonces oyeron un carraspeó. Un joven camarero los miraba, divertido.

−¿Qué queréis tomar? −les preguntó.

−¿Qué quieres, cielo? −le preguntó James a Hallie.

−Uhm... Me apetece algo fuerte hoy... Un vodka con lima, por favor −dijo con una sonrisa en los labios.

−Que sean dos −dijo el chico mirándola.

−Marchando. Serán doce libras.

−Creo que tengo algo de dinero muggle por aquí... −murmuró James buscando el dinero en su bolsillo.

Pagaron al camarero, y un silencio tenso se apoderó de sus bocas. Hallie cruzó las piernas, mirándole.

−¿Qué tal todo? ¿El Quidditch va bien?

−Ehm... Sí. Ya lo sabes, Hallie. Ganamos el primer partido.

−Ah sí, es verdad.

Entonces, llegaron las bebidas. Hallie bebió un gran trago de su vaso, y sonrió.

−¿Qué pasa?

−Nada −Hallie se empezó a reir−. Es que no sabes como me pongo cuando bebo, y el vodka me sube rápido a la cabeza...

−¿Cómo te pones pues?

−Más cachonda que una perra en celo −dijo Hallie contra el cuello de James, y empezó a lamérselo subiendo hasta llegar a la línea de la mandíbula, subiendo por su barbilla y lamiéndole los labios.

James se mordió el labio inferior, y bajó las manos por la espalda de ella, acariciándosela, hasta colocarlas en su trasero. La chica empezó a besarle, bebiendo de sus labios, y permitió que sus lenguas jugasen. Hallie introdujo su mano izquierda por la camisa de él, acariciando su pecho, mientras su manos derecha le desabrochaba el botón del pantalón vaquero.

El joven Potter la besaba por el cuello, y la chica dejó escapar un gemido ahogado mientras su mano se deslizaba por dentro de la ropa interior de él. James se estremeció cuando sintió los dedos de Hallie acariciando su dura polla.

−¿Podemos ir a un sitio más...íntimo? −le preguntó él contra su oído.

⁑

Cuando la joven Mary entró al servicio de señoritas de aquél bar para retocarse el maquillaje, salió instantáneamente. Parecía como si una pareja estuviese haciendo el amor violentamente... Y así era.

James tenía a Hallie sujeta por el culo mientras se la metía y sacaba rápidamente. La chica gemía mientras él le chupaba el lóbulo de la oreja.

−Fóllame... Más... Más deprisa −gritó ella jadeando.

El chico aumentó el ritmo de sus embestidas mientras los gemidos de ambos aumentaban de volumen, alcanzando el clímax. Entonces ella comenzó a gritar, arañando con sus uñas la espalda de él. Tras el furioso frenesí de golpes contra la puerta de la cabina del baño, los músculos se relajaron, y él, con un grito, se corrió.

Se quedó unos instantes más dentro de ella, mirando cómo habría la boca en un mudo gesto de placer. El ritmo de sus respiraciones volvió a la normalidad, y él la bajó. Miraba su cuerpo desnudo con avidez, mientras ella, con la cara roja, jadeaba y, colocándose a cuatro patas, besaba su polla aún erecta.

⁑

−¡Me duele todo! −exclamó James tumbándose sobre su cama.

−No me extraña... ¡A mí me va a estallar la cabeza! −respondió Alex desplomándose sobre la cama plegable que Ginny le había preparado.

−No sabes beber... −dijo el chico bostezando.

−Mejor no diré lo que tú no sabes hacer.

⁑

Ginny los despertó un par de horas más tarde, aporreando la puerta.

−¡Alex! ¡Alex! ¡Tu madre acaba de llamar! ¡Dice que como no estés en casa en cinco minutos, echa tu escoba al fuego!

Los chicos se vistieron rápidamente y bajaron corriendo las escaleras. Alex se despidió con la mano de todos.

−Supongo que tú y yo nos veremos pronto −le dijo a James, que asintió, y se metió en la chimenea, echando un puñado de polvos Flu y pronunciando su dirección.

Ginny suspiró, resignada a que tanto su hijo como el mejor amigo de éste fuesen tremendamente desastrosos, y se sentó en la mesa de la cocina con El Profeta en las manos.

−¡Buenos días, hermanito! −dijo Albus sonriendo−. ¿Has pasado buena noche?

James hizo una mueca, y abrazó a su hermana Lily, que miraba la MTV en el televisor.

−Buenos días a todos.

−¿Quieres huevos, James? −preguntó Harry con la sartén en la mano.

−No, gracias papá. Tomaré unos cereales y me sentaré con Lily −respondió sacando la leche de la nevera.

−¡Yo sí que quiero, papá! −exclamó Albus.

Harry le sirvió los huevos a Albus.

−Mamá, ¿vamos a casa de la abuela Molly y el abuelo Arthur? −preguntó Lily.

−Sí, claró, cariño. Como todos los años, cielo.

⁑

Cuando los Potter llegaron a La Madriguera, hacia ya un rato que George, Angelina, Charlie, Ron, Hermione y sus respectivos hijos habían llegado. Tanto Percy como Bill estaban pasando las Navidades con sus respectivos suegros. Harry sonrió ante de la perspectiva de no tener que soportar al pedante hermano de su mujer.

Ron estaba ayudando al Sr. Weasley a juntar mesas en el jardín mientras Hermione agitaba su varita para construir una carpa que los protegería del frío. Molly le gritaba a Fred, el hijo mayor de George, que pusiera la mesa.

Es un poco corto... pero pensé que era mejor que nada