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Historia 32255 — capítulo 3
Capítulo 3: Navidad II
Todos habían llegado ya a la vieja casa, y cada año eran más, o eso le parecía a la pobre Sra. Weasley. Esa noche, estaban George, su mujer Angelina, y sus hijos Fred y Roxanne; también había venido Charlie, solo; así como Ron, Hermione, Rose y el pequeño Hugo; y, por último, Ginny, Harry, James, Albus y Lily.
−¿Cuántos somos, querida? −le preguntó Molly a su nieta Rose.
−Somos dieciséis, abuela −respondió Rose repasando quien iba a acudir con los dedos.
−Que tu hermano te ayude con las sillas −le ordenó su abuela, y la muchacha se dispuso a obedecer. Entonces entraron los Potter por la puerta−. ¡Oh! ¡Ya habéis llegado! ¡Sacudios bien los pies antes de entrar!
Ginny entró la primera, sacudió su capa y se limpió los pies en la alfombra destinada a ello mientras besaba a su madre, que ultimaba los detalles de un gran pastel de chocolate y fresas. Luego, entró Lily, que abrazó efusivamente a su abuela.
−¿Dónde están los chicos? −preguntó Molly mirándolas.
−Lily y yo vimos por aparación conjunta, pero Harry y los chicos insistieron en venir con su "moto muggle voladora" −dijo Ginny torciendo el gesto−. Desde que la reparó, no se despega de ella. ¡El colmo es que enseñó a James cómo montar!
−¿Necesitas ayuda, abuela? −preguntó Lily quitándose su largo abrigo y colgándolo en la percha.
−Sí, cielo. Ayuda a tus primos, están todos fuera −Lily salió de la cocina, y fue al jardín−. ¿Cómo que le enseñó a montar? ¡Harry se ha vuelto loco, querida! −exclamó la Sra. Weasley.
Angelina apareció por la puerta, y besó a su cuñada.
−Molly, ya hemos des-gnomizado el jardín −la muchacha parecía agotada −. Si te parece, me voy a cambiar de ropa, ¿vale?
−Por supuesto, querida. Ella, George y Charlie estaban limpiando el jardín. Se han quedado todos aquí. ¿Dónde se habrá metido Roxanne? ¡Hace más de dos horas que la envié a por pan al pueblo muggle!
−¿Por qué no lo hiciste tú misma, mamá? −dijo Ginny mientras recubría el pollo asado de salsa.
−Ella insistió en ir. ¡Ah!, ¡parece que ya llegó!
La muchacha mulata entró por la puerta, calada de nieve.
−¡Hola tía! −dijo abrazando a la pelirroja.
−¿Por qué no te apareciste? −la muchacha acababa de abandonar Hogwarts, y estudiaba en una universidad muggle.
−Ehm... Preferí ir... andando.
Entonces se oyó un gran ruido, y las voces de Harry, James y Albus riendo. Parecía que los chicos Potter habían llegado, ya podía empezar la cena.
Todos estaban sentados en la enorme mesa decorada con un mantel navideño. En realidad, nevaba, pero gracias a la carpa que Hermione había dispuesta, ellos estaban secos y calentitos. Mientras Hermione y la Sra. Weasley trataban de convencer a Charlie de que abandonase su celibato, Harry y el Sr. Weasley hablaban de su moto muggle, Ginny les contaba a Lily y Roxanne su pasado como estrella del Quidditch y Hermione discutía con George y Angelina acerca de la adecuada distribución de los productos de "Sortilegios Weasley" en el mercado no-mágico, Fred enseñaba a Albus y Hugo cómo realizar un correcto encantamiento "sopla-mocos".
−Rose... Sabes que para mí eres como una hermana pequeña −dijo James mientras su prima jugaba con el corcho de la botella de mantequilla, sin mirarle−, y que por eso quiero lo mejor para ti... y siento el impulso de protegerte.
−James, ya soy ma... −pero el chico le interrumpió.
−No, Rose. Él es malo. No te conviene. No me gusta para ti. Cuando estaba con Alex, todo era...
−¡Ah, así que ese es el problema! ¡Tu amiguito! ¡Pues que sepas que no le deje yo, me dejo él! −la chica se levantó de la mesa, y se fue adentro.
−¿Qué le has hecho a tu prima, James? −preguntó Harry disgustado. La mesa se había quedado en silencio.
James fue tras su prima, y la encontró llorando en las escaleras.
−Lo peor... −dijo sollozando−, es que tienes razón.
−¿Qué? −le dijo James contrariado. No se esperaba esa reacción por parte de Rose.
−Pues que... él es un capullo, James. Pero si le dejo, me quedo sola. No quiero estar sola, James. No puedo ahora −el chico abrazó a su prima.
−¡Por favor, Rose! ¡Como si a ti te costase encontrar novio!
−Pero... Estoy harta de esos chicos superficiales... Quiero a alguien que me quiera de verdad... Alguien que sea... Quiero a Alex −dijo ella abriendo mucho los ojos −. Le sigo queriendo... Ese es el problema. ¡Él es el problema! Tengo... ¡Tengo que decírselo!
−Rose... −dijo James agarrándola por el brazo −. Rose, no creo que sea buena idea...
Pero la chica se soltó, y subió escaleras arriba. James hizo una mueca. Él conocía mejor que nadie a su amigo, y sabía que, aunque el chico tenía buen corazón, no era el mejor novio que le podía desear a su primita. Alex le haría daño, de eso estaba seguro.
⁑
Rose entró en el baño, y se sentó sobre la taza del váter, mirando su teléfono móvil muggle. Todo esto la tenía muy confundida, y no sabía si quería a Tom, o si, por el contrario, sólo lo había utilizado para darle celos a Alex. Recordó a su ex-novio. Por alguna razón, ese chico de ojos grises, le había calado hondo. La chica giró el móvil en sus manos varias veces, y, señalando el nombre de él en la agenda, empezó a mirarlo.
−¿Alex? −preguntó ella con la voz temblorosa.
−¡Hola, preciosa! −respondió él. Entonces lo tuvo claro, su voz le despejó todas sus vidas. Ella quería a Alex.
−Alex... Sólo quería desearte una Feliz Navidad...
Y colgó. No fue capaz de pronunciar ni media palabra. Colgó. Es más: apagó el teléfono.
⁑
James estaba sentado en el sofá de sus abuelos, retorciéndose las manos. ¿Qué había hecho? Con su comentario, él sólo pretendía disuadir a Rose acerca de su relación con Tom, su compañero de cuarto. Pero sólo había conseguido que ella llegase a la temible conclusión de que Alex, ¡por dios, Alex!, era el hombre de su vida. No sabía si salir al jardín con su familia, pues vendrían las preguntas y, como cabe esperar, temía la reacción de su tío Ron, tan posesivo como era con su hija.
Se frotó la frente con los dedos, pensando en todo lo que había acontecido esos últimos dos días. Para él también había sido todo muy precipitado. Sobre todo, la escapada al local muggle. Nunca habría podido esperar una reacción así por parte de Hallie, jamás. Esperaba que ahora ellos dos pudieran establecer una relación, algo más formal, que era lo que él realmente aspiraba.
James tenía la impresión de que esta etapa algo loca de su vida debía acabar de alguna manera ya, que debía sentar la cabeza. Y siempre pensó que Hallie era perfecta. En mitad de sus pensamiento, una vibración en el bolsillo de sus vaqueros le distrajo. Con ironía, pensó "ahora todos los magos nos hemos mugglizado". Era Alex. ¿Qué podría haber pasado?
−James, dime que Rose no ha estado llorando −dijo Alex nervioso.
−¿Qué? ¿De qué hablas?
−Me llamo hace cosa de unos minutos, estaba muy rara. Y me colgó sin dejarme hablar, y ahora, tiene el móvil apagado −dijo el chico muy rápido −. ¿Qué le han hecho?
−¿Qué? ¡Nada! ¡Nadie le hizo nada! Y sí, ha llorado −respondió James incrédulo. Jamás habría pensado que Alex llamara a la chica.
−¡¿Qué?! ¿Por qué?
−Debería contártelo ella, ¿no crees?
−Pásamela, por favor −pidió Alex.
−¡No sé dónde está!
−James... −rogó el chico.
−Vale, vale −dijo James mientras subía las escaleras y llamaba a la puerta del baño −. ¿Rose? ¡Rose, abre!
La chica abrió, con los ojos rojos.
−Rose, habla con él −dijo el muchacho tendiéndole el teléfono. La chica negó con la cabeza−. Rose... −el tono del chico se endureció, y la chica, finalmente, terminó cogiéndolo y poniéndoselo en la oreja. James salió de la habitación, pensativo, y volvió al jardín, donde su abuelo le dio una apasionante charla sobre muggles y buzones mágicos.
−Alex, no tengo porque hablar contigo de nada −dijo Rose tajante.
−Sí, ¡sí que tienes! −la chica intentó hablar, pero él no le dejó−. Rose, ¿te crees que no me importas? ¿Acaso crees que no te preocupo por ti? ¡Pues estás muy equivocada, joder! ¿Qué te pasa?
−Yo... Voy a cortar con Tom −dijo la muchacha decidida, mirándose en el espejo.
−¡Bien, algo coherente esta noche! ¿Qué te ha hecho ese gilipollas? −preguntó él, muy disgustado ante la perspectiva de que ese chico le hubiese hecho algo a su Rose.
−No, Alex, él no hizo nada. Soy yo. No le quiero, es un idiota. Siempre está fardando de mí. Parece que sólo me quiere por ser guapa... −murmuró ella.
−Eres más que guapa, mi vida...
−Esa no es la cuestión. El caso es que... ¡Oh, Alex, me cuesta reconocerlo! Sólo salía con él para... darte celos −dijo la chica de un tirón, y tragando saliva después−. Sí, ya lo sé. Ningún resultado en ti. Yo ya no te gusto, tú cortaste conmigo. Me olvidaré de ti, supongo... Adiós...
−¡Espera! −gritó Alex−. ¿Quién dijo resultado cero? ¡Rose, claro que odiaba verte salir con ése! Fui un estúpido dejándote ir, lo sé... Supongo que nunca aprenderé... ¿Me perdonarás algún día?
−Deja que lo piense...
−¡Rose! ¡Sentaré la cabeza, lo prometo! ¡No más arrebatos, no más chicas! Sólo tú... Que se prueben a meterse contigo... ¡Los mato!
−Yo... Alex... Esto no significa que estemos saliendo juntos, ¿verdad? −preguntó Rose incrédula.
−Comprendo que necesites tu tiempo. ¿Amigos sólo? Y... ¿quién sabe?, quizás más después...
−Sólo amigos, Alex. Eso está bien por ahora. Supongo que ya nos veremos, se estarán preguntando que dónde estoy yo, un beso.
Y colgó.