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Historia 32318 — capítulo 1
Si, tenía una sangre fría que hacía palidecer, a su lado, al mas poderoso de los asesinos.
También actuaba con una total indiferencia, como si nada importara, como si el matar no le causara remordimientos.
Era sigiloso como un felino, nadie le oía llegar y una victima nunca escapaba cuando se decidía a matarla.
Nunca olvidaba un nombre, ni una cara.
Actuaba siempre de noche, en los callejones, al amparo de la oscuridad.
Pasaba desapercibido con total facilidad.
A Aston le costaba entenderlo.
Lo había refugiado en su casa una noche de tormenta, había encontrado al niño de cinco años en la puerta, paralizado de frío y mojado de los pies a la cabeza, el niño nunca se había ido.
Cuando cumplió los doce años su único propósito en la vida parecía se matar, asesinaba mujeres, todas diferentes, sin ninguna conexión con la anterior.
Y no mataba por gusto, ni por deporte, como él mismo había dicho. Aston no sabía por que mataba y tenía planeado preguntárselo aquella noche.
El hombre lo dejaba ir y venir, al principio de las muertes se había escandalizado, pero después de ver que no lograría cambiar al chico simplemente lo dejaba vivir.
El joven había recorrido el mundo según le parecía a Aston y ninguna Ferenneé escapaba de su mirada.
Ferenneé, el joven llamaba así a las mujeres que asesinaba.
El chico nunca respondía a las preguntas de Aston, solo lo miraba con un infinito dolor en la mirada. Cada noche el hombre le preguntaba lo mismo, pero el joven solo miraba.
Por la ventana el hombre vio llegar al muchacho, en silencio, con su sigilo habitual.
- Aston -saludo al cruzar el umbral de la puerta.
- Buenas noches muchacho -respondió Aston, mirando al chico.
No cargaba con un cuerpo, aquella noche ninguna mujer había caído.
El muchacho tenía quince años escasos, cabello negro azabache, ojos azules claros como el hielo, y a veces su simple presencia le daba escalofríos a Aston. Siempre tenía el rostro impasible y sereno.
Además tenía un nombre que se le hacía extraño a Aston. Karet.
- Chico, te hare la pregunta de todas las noches, te limitaras a mirarme, cenaremos y te iras a acostar -soltó Aston de un tirón-, ¿Por qué no me quieres contestar? ¿Es un secreto?
El muchacho lo miro.
Aston lo miro exasperado.
- ¿Por qué las matas Karet? ¿Por qué lo haces?
Una sombra de dolor cruzó el rostro del chico cuando Aston le hizo esa pregunta, como todos los días.
Aston miro al chico a los ojos un buen rato, no tardo en desistir, el muchacho no le contestaría esa vez, ni nunca, se dio la vuelta hacia la cocina, la voz de Karet lo sorprendió.
- Por venganza -dijo con un hilo de voz, tan bajo que a Aston le costaba oír con claridad lo que decía-. Las mato por venganza.