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Historia 32318 — capítulo 2
La chica era muy solitaria, y la compañía de la gente parecía no hacerle falta, en absoluto.
Se llamaba Eva y tenía trece años. Era pelirroja, alta, delgada como un palo y con unos ojos de un sorprendente verde esmeralda.
Vivía con la única compañía de sus padres y su perro en una casita de color rojo.
A Eva le gustaba estar sola y no echaba en falta la compañía de chicos y chicas de su edad.
Aquel día todo parecía normal. Pero no lo era.
Alguien la estaba esperando.
Eva se detuvo a mirar al visitante que estaba parado en medio del pequeño jardín de su casa.
Era la mujer mas extraña que la muchacha había visto en toda su vida.
- ¿Quién es usted? -exigió saber la chica- ¿Que quiere aquí? ¿Por qué entró en mi casa?
La desconocida era rubia, tenía los ojos castaños, muy abiertos, no era muy alta, tendría unos veinticinco, veintiséis años, delgada como un palo, incluso más delgada que Eva. Pero eso no fue lo que le pareció raro a Eva.
Fue la espada.
La mujer traía un espada al cinto, junto con una daga ¿No esas armas habían pasado de moda hacía mucho? La mujer parecía sentirse cómoda con ellas.
Vestía con pantalones color caqui ajustados, una blusa blanca ajustada también que le dejaba los brazos libres, llevaba unas sandalias de color oscuro que estaban acostumbradas a zonas selváticas.
- Tranquila muchacha, no te hare daño -dijo la mujer con un gesto de paz, pretendía ser amigable, así que Eva se relajo un poco, pero no del todo-. Mi nombre es Lylé y te buscaba a ti. Lo que dijo Sylá es cierto -añadió, casi para si.
¿Lylé? ¿Sylá? Ambos eran nombres muy extraños, pero no era la razón por la que Eva se quedo congelada en el suelo.
Se había quedado congelada porque una mujer desconocida había dicho que la buscaba.
La mujer bufó al ver el estado de Eva.
- Intentaras negar que eres especial, lo se -dijo para si-, los humanos creen que son normales, pero los hay especiales, como tú, Sylá te sintió a primera hora de la mañana y vine aquí.
Eva no entendió ni palabra.
- No me entiendes claro que no -dijo la mujer-. Bueno, que esto deje de ser un monologo, ¿Cómo te llamas?
- Eva -contestó ella con un hilo de voz.
- Eva, es un nombre bonito, pero no como los que les ponemos a nuestras bebes. ¿Nunca te has sentido extraña, fuera de lugar? -pregunto a Eva.
- Si, a veces.
- Entonces si eres tú… lo que necesitamos -dijo Lylé-. Te negaras si te intento llevar con Sylá ¿Me equivoco?
- No, no te equivocas, ahora no iré. Por la noche, si -dijo Eva, con curiosidad para desentrañas aquel asunto, aunque no le hacia gracia salir por la noche con una desconocida hacia un lugar desconocido.
Eva comió, hizo la tarea de la escuela y merodeó por la casa con aquella mujer, Lylé, pegada como si fuera su sombra.
- Es difícil concentrarse cuando tú miras -se quejó.
- Eres solitaria, chica -comento Lylé-. De todas maneras no podrás defenderte si él se aparece por aquí, te mataría antes de que pudieras decir pio, por eso estoy aquí -explicó-, sería más fácil si regresara por la noche.
Él**. Otra persona implicada es aquel meollo en el que Eva parecía jugar un papel, y ni siquiera sabía de qué se trataba. Suspiró. Tenía que saber de que se trataba aquello, el misterio la volvería loca.**
- ¿ Él ? ¿A quién te refieres con él ? -pregunto Eva dejando a un lado el libro que estaba leyendo en ese momento.
- Una persona muy peligrosa -contesto Lylé, evidentemente incomoda-, no te gustaría cruzarte con el.
Eva no pudo más, explotó.
- ¡Quiero respuestas! ¡Quiero saber que pasa! No pueden esperar que cuando un extraño aparece en casa diciendo que me busca me quede callada y no haga preguntas -le soltó a Lylé, ya exasperada porque, a las pocas preguntas que había hecho, no había recibido respuesta alguna.
Lylé la miró atentamente, evaluándola, después se rindió.
- Te diré solo lo esencial antes de llevarte con Sylá -dijo-, y no responderé a nada mas, eso te lo dirá nuestra líder, ¿entendido?
Eva asintió, rindiéndose.
- Él es una persona que nos busca para matarnos, se llama Karet y la mayoría no sale viva en un combate, por más entrenadas que estén. Somos como una tribu, una Tekka , en nuestro idioma. Sylá es nuestra líder e intenta evitar los combates con Karet -soltó de un tirón Lylé-. Es lo único que puedo contarte.
No fue como esperaba Eva, esa nada de información no le había sorprendido en lo mas absoluto, parecía obvio, después de todo.
- ¿Estas segura de que no me puedes decir nada más? -intentó Eva.
Lylé percibió sus intenciones.
- Eres agradable chica, pero no te contare nada más, ordenes de Sylá, quiere ser ella quien te lo cuente personalmente.
- Podrías, al menos, decirme como es Sylá -comentó Eva, intentándolo de nuevo-, así sabré como tratarla.
Lylé, al parecer estaba de acuerdo con eso así que suspiro, tomo aire y empezó a hablar.
- Es agradable, siempre y cuando no hagas algo que le moleste, no es tampoco muy pacifista que digamos, aprovecha cualquier oportunidad para la pelea y es quien enseña esgrima a las más jóvenes, a mí me entreno -presumió, sin petulancia en su voz-, es joven, aun, tiene algo así como treinta y cinco años, pero ni uno más. No la trates como si fuera una reina o algo parecido, ella alega que es nuestra líder y ya, nada más.
- No es suficiente con eso -se quejó Eva cuando Lylé calló.
- No te puedo contar más, por cierto, ¿no tus padres ya deberían de estar aquí?
Eva miro el reloj, instintivamente, a las seis y cuarto en punto sus padres estaban ya en casa, faltaban diez minutos para esa hora.
- Rayos -masculló-, ¿Qué vamos a hacer contigo?
- Nada, yo se esconderme solita -respondió Lylé, ofendida-. Me enviaron a mí precisamente por eso.
- Estas nerviosa hoy -menciono la madre de Eva durante la cena.
Y es que Eva no había ocultado lo suficientemente bien su nerviosismo, Lylé había desaparecido inmediatamente cuando el motor de los carros de los padres de Eva se había dejado oír, pero el nerviosismo y la curiosidad de Eva no desapareció junto con Lylé.
- ¿De verdad? -Eva opto por hacerse la que no sabía nada-. Debe de ser la tarea, hoy tuvimos más de la habitual.
Esa excusa basto para convencer a ambos padres, pero Eva estuvo atenta para rechazar cualquier insinuación.
Los padres de Eva trabajaban todo el día y no tenían mucho tiempo para su hija, sin embargo siempre se preocupaban por ella, en especial su madre.
- Bien -comento su padre, sin apartar la vista del plato.
El padre de Eva era una persona callada y tranquila, que casi nunca prestaba atención a otra cosa que no fuera el periódico, su trabajo y su hija, por ese orden, tenía el cabello oscuro que ya empezaba a encanecer en las sienes, alto y delgado como un palo, tenía la misma nariz aguileña de Eva y arrugas en las sienes cuando sonreía.
- ¿Hiciste todo lo que debías de hacer? -pregunto la madre de Eva.
Ya empezaba el interrogatorio, y como su madre detectaba las mentiras muy fácilmente, Eva debí intentar evadirlo por todos los medios a su alcance.
- Si, hice la tarea, merodear por la casa, leer -contesto Eva, dando evasivas-, ya sabes.
Su madre la miro con suspicacia.
La madre de Eva era una mujer elegante y, como decían algunas amigas de Eva, tenía la mente increíblemente cerrada. Siempre recogía el cabello en una larga trenza que le llegaba a la cintura, siempre tría grandes moños y faldas largas. Nunca cambiaba. Nunca variaba. Tenía el mismo cabello rojo de su hija, aunque el de la madre ya empezaba a encanecer en algunas partes, como en las sienes. Ojos muy juntos, para el gusto de Eva, la misma boca pequeña que su hija y una nariz demasiado pequeña. Era mucho más baja que su esposo y siempre usaba zapatos con tacón alto.
- Bien - dijo al fin su madre-, se que es viernes, Eva, pero me gustaría que te acostaras temprano.
Justo la excusa que Eva necesitaba para irse a la cama antes de lo normal.
- Esta bien -contesto automáticamente-, me gustaría acostarme más temprano, hoy estoy muy cansada.
Su madre volvió a mirarla con suspicacia, pero al final asintió.
- ¿Saldrás a alguna parte mañana? -pregunto su madre-, solo lo quiero saber para saber como hacer planes.
Eva se dijo que sería una excusa perfecta para no estar en casa al día siguiente.
- No lo se -respondió inocentemente-, aunque lo más probable es que sí salga con algunas amigas, iremos a centros comerciales, ya sabes, mamá, cosas de chicas.
Su madre asintió.
- Me dices bien por la mañana -pidió-. Ya son las siete ¿Te vas ya a la cama?
- Si, mamá, mañana quiero levantarme temprano -dijo Eva.
Se dirigió a su habitación y cuando entro le susurro a las sombras:
- ¿Lylé?
Eva y Lylé se habían sentado al borde de la cama, a esperar no se que, según entendió Eva, había intentado que Lylé le contara algo mas, pero esta se había limitado a negar con la cabeza y cerrar los ojos, parecía meditación lo que hacía.
- ¿Qué es lo que haces? -pregunto, pero solo recibió otra negación por parte de la mujer.
Eva se encogió de hombros y se limito a no hacerle caso, aunque pronto descubrió que ignorar a Lylé era una verdadera hazaña, pues tal era su tentación a hacerle preguntas, que no le importada lo que la mujer hiciera en ese momento.
Optó por reflexionar sobre lo que estaba a punto de hacer.
Estaba a punto de salir de noche, mientras sus padres dormían, saldría con una extraña, de la que no sabía absolutamente nada, de nada, más que su nombre, que era, por cierto un nombre muy extraño.
Eva suspiro, Lylé ni la miro.
Todo aquello solo por un misterio de una mujer con espada que le dice que la están buscando.
A Eva empezaba a parecerle una locura y sin embargo, como se recordó en su mente amargamente, no se echaría atrás, Eva se conocía demasiado bien.
Bueno, no esta tanta locura, esta mujer se lo toma enserio**, se recordó Eva, pero eso no le sirvió de consuelo suficiente para no sentirse inquieta.**
Estuvo allí, mirando a Lylé cerca de quince minutos hasta que Lylé abrió los ojos de repente, parecía ida.
- Lo siento -murmuro Lylé-, era necesario. Ahora si ¿Que preguntabas? -parecía que hacer lo que había hecho no le hacía demasiado bien.
- ¿Qué hacías? -volvió a preguntar Eva.
- Me comunicaba, pero tu no lo entiendes -respondió-, Sylá no quería que te dijera nada hasta que te llevara con ella, así que no hagas ninguna pregunta, o me obligaras a que te ignore -Lylé sonrió amigablemente, Eva noto que esa mujer no sonreía a menudo.
- ¿Qué haremos ahora? -pregunto Eva, de nuevo-. Eso parece fácil de responder.
Lylé asintió para si.
- Nos iremos -respondió, pero parecía dudar sobre algo.
Al final suspiro y se volteo hacia Eva.
- Quizá si deba decirte algo -dijo-, es tan solo una advertencia, pero te dará alguna pista. Bien, no te alteres por nada raro que veas que pase conmigo, estarás segura a menos de que un estirado flacucho aparezca de la nada y intente matarnos, si Karet aparece, huye, vuelve a tu casa, ah, y tampoco te alteres por nada extraño que te ocurra o que yo haga, recuerda que todo es seguro mientras estés conmigo.
Eva asintió, aquello solo le había soltado la pista de que no todo sería normal en su vieja y en lo que pasaría con Sylá.
- Bien, ¿Tenemos que salir de la casa para irnos? -pregunto, pues algo le decía que no tendrían que hacerlo.
- No, no tenemos que salir -respondió Lylé-, no te molestes en comprender como es que nos iremos, solo tómame las manos. A ver si con eso es suficiente -añadió para si, reflexionando consigo misma.
Eva le tomo las manos y la miro, Lylé no mostraba ninguna emoción cuando cerró los ojos y la condujo a un lugar desconocido. Con Sylá.
Eva sintió que algo la envolvía en sus brazos y se dejo llevar, sin intentar comprender, porque no lo hacia, lo que estaba pasando en ese momento. De pronto se sintió completa, como cuando la ultima pieza de un rompecabezas encaja en su lugar. Como si por fin estuviera en donde debiera estar.
No pensó mucho sobre aquello, como le había dicho Lylé simplemente se concentro en vivir ese momento, como si nada más importara, como si el pasado hubiera desaparecido y no hubiera futuro. A Eva sentir eso le ayudaba a no pensar.
- ¡Maldición! -oyó mascullar a Lylé y se pregunto que era lo que estaba pasando-, no pienses, no te preguntes, mantén la mente en blanco.
Eva lo hizo en el acto, ni siquiera se pregunto como fue que la mujer adivino sus pensamientos.
- Lo siento -dijo Lylé cuando las dos tocaron tierra firme-. Karet… bueno lo único que necesitas saber es que casi nos alcanza.
Eva asintió como una autómata y miro a su alrededor, estaban en plena zona selvática.
- ¿Qué hacemos aquí? -pregunto mientras miraba alrededor-, es un lugar extraño.
- Lo se, solo tenemos este refugio -contesto la voz de Lylé, de repente se puso tensa-. Maldita sea -mascullo.
- Vaya, vaya -una figura negra apareció de las sombras-, no acostumbro hablar con las victimas, pero tu, Lylé, vales la pena.
Eva sintió un escalofrió.
- ¡Corre, Eva, corre! -grito Lylé-, derecho hacia allá -Lylé señalo una dirección por la cual había un camino y Eva no se detuvo a pensar en nada mas, corrió hacia allá.
- ¿La proteges? -dijo una voz de muchacho desde las sombras, pero Eva no volteo-, no olvidare mi venganza, lo saben.
- Maldito… -respondió Lylé con una voz cargada de odio.
- ¿Pelearás o Huirás? -dijo la voz, de nuevo inexpresiva.
Eva no tardo en sentir las pisadas de Lylé atrás de ella, pero no se volteo, pues sabía que si Karet las perseguía estaban muertas.
Corrieron un gran tramo hasta que Lylé se detuvo.
- Maldito chico, ni siquiera Kyrú, las más poderosa de la tribu, le puede plantar cara -dijo Lylé-, descansemos un rato.
Eva se sentó en el suelo, Lylé la imito.
- ¿En donde estamos? -pregunto Eva, esperando que Lylé le contestara.
- En nuestro territorio protegido -respondió ella-, y no preguntes más si no quieres que te ignore -dijo con un tono mas duro.
Lylé miraba al suelo.
- Te diré algo, muchacha -dijo, aun con las vista fija en el suelo-, si alguna ves te vuelves a encontrar con él, huye, no intentes luchar. Huye siempre.
Eva la miro, parecía agitada, según observo.
- ¿Esta mas preparado que ustedes? -pregunto, aunque le parecía que conocía de antemano la respuesta.
- No, no lo esta, lleva menos tiempo luchando, pero es mas poderoso -Lylé parecía tener que controlar lo que sentía por dentro-, y pelea sucio, nunca da la cara, ataca al amparo de la oscuridad. Nadie le ve.
De repente apareció una silueta en el horizonte, Lylé volteo para mirarla.
- Es Kyrú, saben que hemos llegado -dijo y se puso en pie-, vamos.
Eva y Lylé echaron a andar y se perdieron en el horizonte.
La chica que había aparecido era una chica de cabello castaño oscuro, no tenía más de quince años y apenas rebasaba a Eva, Era delgada y portaba dos espadas en la espalda, vestía unos pantalones de cuero negro, una playera corta, del mismo color y unos guantes, andaba descalza y sus pies estaban llenos de callos, Eva supuso que era consecuencia de caminar descalza en plena selva.
- Kyrú -saludo Lylé en cuanto la alcanzaron.
- Bienvenida de nuevo, Lylé -dijo la muchacha con una voz felina-. Sylá y algunas más fueron de caza esta noche, estarán de vuelta en un rato.
Lylé soltó una maldición.
- Más vale que se apuren -masculló-. Kyrú, esta es Eva. Eva, ella es Kyrú -hizo las presentaciones correspondientes y después se dirigió hacia Eva- ¿A que horas debes de estar en casa?
- Más o menos a la una o dos de la mañana -respondió-, para poder dormir un poco, como mañana no tengo colegio le invente la excusa de que voy a salir con algunas amigas a mi madre, así que podría venir también mañana.
Kyrú y Lylé asintieron. Eva no dijo que solo pensaba volver si aquello le parecía interesante o que valía la pena.
- Karet nos ataco -informo Lylé-, no logro pasar la barrera.
Kyrú asintió.
- Será mejor que nos dirijamos a la cueva de Sylá -comento la chica-, seguro llegan en cualquier momento.
Lylé asintió t miro al horizonte, Eva se preguntaba hacia donde se dirigían, su aventura nocturna cada vez le resultaba más extraña.
- ¿A donde vamos? -pregunto dirigiéndose a las dos mujeres a la vez, esperando que alguna le contestara.
- A nuestro refugio -contestó Lylé-, donde vivimos.
Eva la miro, exasperada, no le gustaba que le respondieran con acertijos, y mucho menos con cosas obvias.
- Eso, ya lo había deducido yo solita -murmuro, en dirección a la nada.
Esto cada vez es mas extraño**, se dijo Eva, en su fueron interno, ya no se si venir para averiguar un simple misterio haya sido una buena idea, ni siquiera se como salir de aquí.**
Kyrú se dio la vuelta y comenzó a caminar por la maleza, Lylé no se lo pensó y la siguió, Eva se retraso unos segundos más, no estaba muy segura de lo que debía hacer. ¿Y si todo aquello era una trampa?
Pues si lo es, no lo parece**, se recordó Eva , estas extrañas mujeres parecer tomárselo totalmente enserio, y yo no se que pensar ya.**
Finalmente se adentro en la selva, siguiéndolas.
AL final del recorrido estaba la entrada de una cueva, grande y fría. A Eva no le parecía acogedora en absoluto.
- Bien, solo nos queda esperar -musito Kyrú, mirando alrededor de la cueva-, Sylá llegara en cualquier momento.
Eva descubrió que ninguna de las mujeres solía sonreír a menudo, no habían tenido una vida como cualquier otra chica, y sin embargo, parecían satisfechas con su destino.
Un destino, acerca del cual, Eva ya no estaba muy segura de querer saber. Aunque aquellas mujeres le inspiraban algo de confianza, No sabía que sería con Sylá.
A lo lejos se oyó el sonido de varias pisadas.