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Historia 32318 — capítulo 3

- Sylá ha llegado -anunciaron Lylé y Kyrú al unísono.

Eva miró hacia afuera y vio a las sombras que se dirigían hacia aquel lugar.

- Eva recuerda algo -dijo Lylé-: nunca trates a Sylá como una persona superior, ceo que lo mencione.

Eva asintió, mientras observaba a las personas que se acercaban.

- No te ponga nerviosa, muchacha -se oyó las voz de Kyrú-, Sylá es igual a nosotras, solo es mayor, pero es como nosotras.

Eva asintió, intentando alejar su miedo y su nerviosismo, pero no resulto. Para Ella esconder alguna emoción era casi imposible, siempre decía lo que sentía tal y como lo sentía.

Decía lo que pensaba directamente, no se molestaba con rodeos y discursos de los que nadie entendía nada

Su padre acostumbraba decir que Eva era muy madura para su edad, aunque su madre no lo considerara así.

- Tranquila, chica -la tranquilizó Lylé-, nadie te juzgara prematuramente.

Eva asintió, no muy convencida.

**¿En que estaba pensando cuando acepte venir?,**pensó Eva, esto no tiene ni pies ni cabeza. Claro, yo solo quería resolver el misterio de porque una mujer con espada apareció en el jardín de la casa, pero parece que mi presencia aquí es mas importante de lo que pensaba, y ni siquiera se para que me necesitan.

- Pronto lo sabrás -oyó musitar a Kyrú.

Nadie había formulado ninguna pregunta, y sin embargo, la muchacha había respondido a una. Eva la miro confundida.

- Bien hecho Kyrú -murmuro Lylé, y Eva supo que Kyrú la había escuchado a pesar de que las dos estaban alejadas una de la otra.

Eva siguió mirando hacia la masa de personas que se dirigía hacia allí, descubrió que no eran tantas mujeres como había pensado en un principio.

Suspiro, aquello dejaba de tener sentido por momentos.

Kyrú bufo.

Y Eva nunca supo porque lo hizo.

**¡Que mujeres tan extrañas!,**pensó Eva, y se hizo la misma pregunta por enésima vez, ¿Qué hago aquí?

- Supongo que es comprensible -musitó Lylé.

- Se le pasara el nerviosismo -le contesto Kyrú-, pero primero debe tomar confianza, y no lo hará hasta que oiga la historia entera.

- Lo se, lo se -se apresuro a responder Lylé-. ¿Crees que la crea?

- No lo se -contesto la muchacha-, depende de lo que la chica crea.

**¿Qué historia?,**se pregunto Eva, Lylé casi no le había soltado pistas y tendría que esperar si quería saber algo mas, aquel asunto la exasperaba.

- ¿Cuantas son? -preguntó Eva repentinamente, al ver como la miraban, añadió-: eso es fácil de responder, además no me dirán nada inapropiado.

Lylé la miro, divertida.

- Dieciséis -respondió Kyrú, esbozando una sonrisa que más bien parecía una mueca, la muchacha no sonreía a menudo.

Las pisadas se oyeron más cerca y, finalmente, en la cueva, Eva se fijo en la mujer que estaba en el centro, la estudio de arriba abajo.

Finalmente, levanto la vista para mirarla a los ojos.

Sylá era una mujer de treinta y tantos años, con el cabello negro azabache, liso y cortado en pedazos irregulares hasta los hombros, no era muy alta, era incluso un poco mas baja que Eva, pero eso no hacia que su presencia fuera menos… ¿aterradora? ¿Inquietante?

Sus ojos eran negros, parecían mirar todo calculadoramente y haber visto muchas desgracias, su expresión era serena, no parecía ser el tipo de persona que se altera fácilmente.

- ¿Cómo se llama? -pregunto con una voz firme, acostumbrada a mandar, pero que no disfruta haciéndolo.

- Eva -respondió inmediatamente Lylé.

- Bien, bien -dijo la mujer estudiando a Eva con la mirada, como si la estuviera evaluando para pasar un examen-, ¿Que edad tiene?

- Eva, contéstale -musito Lylé.

- Trece años, tengo trece años -contesto Eva, mirando a aquella mujer.

- Aun eres muy joven, pero seguro serás buena guerrera -comentó la mujer, ladeando la cabeza.

**¿Guerrera?,**se pregunto Eva, ¿Eso es lo que quieren de mí? ¿Qué las apoye en su causa, cualquiera que sea?

Eva miro a las recién llegadas, eran catorce y casi no había mujeres mayores a los treinta, la muchacha se pregunto porque.

Había más adolescentes, desde los quince hasta los diecinueve, Eva vio que eran unas diez o doce.

Lylé, que decía tener veinticinco años, era de las mayores, solo había una mujer alta, parecida a ella, que parecía mayor, de unos veintiocho años.

- ¿Sabes que somos las Fereneés? -preguntó Sylá, pero antes de dejarle responder, añadió -: Por supuesto que no lo sabes, le ordene a Lylé que no soltara ni una sola palabra hasta que te trajera conmigo.

Sylá precia pasar por muchas presiones, aunque casi no lo demostraba. Era el tipo de mujer que dicen que todo esta bien cuando todo esta hecho un desorden y nada atiene solución, para dar optimismo a los demás.

- Supongo que tengo que contarte la historia -musito, aunque Eva lo oyó perfectamente-, pero ahora que estas frente a mi, ni siquiera se por donde empezar.

El tipo de persona que parece muy decidida cuando tiene un plan, pero cuando hay que llevarlo acabo las dudas le asaltan.

-Podría empezar por el principio de todo -sugirió Eva, que quería estar cuanto antes en su casa

Sylá la miró.

- El problema es que no se cual es, exactamente, el principio. Así que, mientras lo pienso ¿De donde viene la muchacha?

Lylé se apresuro a responder antes de que Eva pudiera separar los labios y decir algo.

- Del mismo país de Karet, del que juramos no mencionar su nombre.

Sylá frunció los labios, pero no hizo ningún comentario. Eva supuso que para no ofenderla, pues parecía saber lo que cada quien pensaba de su lugar de origen.

- Bien, se por donde empezar a contar esta historia -le dijo Sylá después de unos momentos-. No es el principio de Todo , ni el principio de la civilización, ni de la historia de los Fereneés y los Sereneés, el principio de lo que nos llevo a esto, a vivir lejos de nuestro hogar, a vivir escondidas por culpa de un despiadado asesino. Te contare acerca de La Guerra.

Sylá comenzó su relato con la mirada perdida en una pasado no muy lejano.

- Cuando alguien rompía una tradición en nuestros pueblos, era duramente castigado, la Sereneé Kare lo hizo.

"Yo tenía veinte años cuando sucedió, no supe demasiado bien que ocurrió en el territorio Ferenneé, pero se que a un hombre se le permitió la entrada a la isla en la que vivíamos.

Sylá frunció los labios antes de seguir narrando.

- No era un hombre mayor, tan solo era un niño pequeño, pero del sexo masculino, al fin y al cabo. Kare lo logro mantener escondido cuatro años, poco después lo descubrieron las dos tribus.

"Kare manipulo a las jefas Sereneés y las convenció de la presencia de niño en la tribu, así que nos enemistamos con ellas y la guerra empezó, por culpa de un niño mocoso de cuatro años y su madre, que se había permitido encariñarse con el.

Parecen muy arraigadas con sus costumbres**, pensó Eva, esperando seguir escuchando el relato tan extraño que aquella mujer le estaba contando.**

- Después de algunos meses de batallas bien planeadas casi habíamos triunfado en aquella guerra, pero Kare continuaba viva.

"Había visto morir a todos sus seres queridos, pero se desvivía por proteger al niño por el cual se había causado todo, casi todas las Sereneés estaban muertas, pero ella, Kare, no se rendía.

**¿Y todo aquello por un niño?,**se pregunto Eva mentalmente, son raras , se recordó, supongo que esa será otra de sus rarezas.

Alcanzó a ver con el rabillo del ojo que Lylé la miraba, divertida.

- Mi madre, que tenía una posición en el mando de la Tekka sugirió que entráramos en el territorio enemigo y castigáramos a Kare por la violación de nuestras costumbres milenarias.

"Fue la mejor decisión que se tomo, pero también la que desencadeno el desastre.

Sylá frunció el ceño y continúo.

- Acabamos con todas la Sereneés que nos salieron al paso, pero cuando llegamos al refugio de Kare descubrimos que había huido con su niño, tardamos casi una hora en encontrarlos, estaban en el portal .

"La madre mando al chiquillo por el portal en nuestras propias narices, a ella la atrapamos y la castigamos.

"Decidimos cruzar para averiguar que pensaba hacer el chiquillo.

Sylá miro a Eva y después dirigió su mirada hacia la nada.

- No supimos nada de el hasta hace tres años, cuando algunas de las nuestras empezaron a aparecer muertas, nos costo unos meses descubrir quien estaba detrás de aquello.

"La primera fue mi madre, la mujer mas poderosa de la tribu en ese momento, después fueron mas.

"No sabemos a que juega Karet, pero sabemos que estamos condenadas a desaparecer, es cuestión de tiempo.

Sylá volvió a fruncir los labios, con la mirada perdida.

- El es muy poderoso, como algunas de nosotras lo hemos comprobado, pelea sucio y nunca ataca de frente, por eso, estamos condenadas a desaparecer si no nos escondemos, en una pelea, no tenemos probabilidades de ganar.

"Karet quiere vernos muertas.

Karet había sentido a una persona con los poderes Sereneés aquella mañana, pero a diferencia de sus enemigas, no planeaba buscarlo y reclutarlo para su causa.

Porque lo suyo era venganza.

No misión.

Había visto a la chica pelirroja, solo de pasada, porque la mujer rubia era más importante.

Sabía lo que harían con la chica.

Le contarían que era el villano, el malo del cuento, le dirían que era su deber ayudarlas, porque era una de ellas. La muchacha podría ignorarlas, tomarlas por locas, pero ellas no la dejarían en paz hasta que aceptara.

Y el no pensaba matarla, ni siquiera enfrentarla, si podía.

Porque no le había hecho nada a sus seres queridos.

El vengaba a su madre, a sus amigos, a su familia, a su tribu. Porque aquellas mujeres la habían destruido, y le habían arrebatado su vida.

Y sabía que tenían buenas razones para hacerlo, pero no por eso Karet se iba a quedar quieto.

Karet recordaba perfectamente el día que había dejado atrás a su madre, que lo había metido en el portal en cuanto vio a las Fereneés.

Ella le había susurrando las palabras que Karet nunca había olvidado. Recuérdame, todos y cada uno de los días de tu vida, si caigo, no dejes pasar mi muerte, castígalas por mí.

Y Karet le hizo caso.

Había llegado allí en medio de una tormenta, muriéndose de frío, recordaba que se había acurrucado bajo una puerta y al poco tiempo Aston había llegado y lo había alojado en su casa.

El hombre había intentado sacarle información de quienes eran sus padres, de donde venía, pero Karet no había soltado nada, hasta que Aston había desistido.

Hasta la otra noche.

Aston nunca había dejado de preguntarle lo mismo hasta que el, en un desconocido impulso, le había respondido. Y el hombre había dejado de preguntar acerca del tema.

Karet nunca había sido un estorbo para Aston, que lo había cuidado y alojado hasta aquel momento, el hombre vivía a las afueras de una gran ciudad en el norte de aquel país. Karet sonrió al recordar que las Fereneés no pronunciaban nunca el nombre. Como si eso las fuera a salvar en caso de que el decidiera matarlas.

El chico había adquirido dos espadas cuando tenia diez años, se había entrenado desde entonces, su madre le había dicho que, solo con su poder, el era casi invencible, por lo que decidió explotarlo para pelear contra sus enemigas.

Por eso creían que peleaba sucio.

Y lo hacía, cierto, pero porque uno no podía solo contra casi veinte personas, pues casi ninguna de las mujeres peleaba en solitario si se trataba de el como enemigo. Karet pensaba que eran demasiado temerosas.

**Pero el solo mataba a las que habían estado en las filas de la guerra que decían que su madre había causado.**r al niño que había r

No era cierto que la guerra era por su culpa.

Su madre nunca había tenido intención de causar ninguna guerra, solo defender al niño que había resultado pertenecer a la tribu. Karet lo sabía.

La historia que Sylá le había contado a Eva era extraña, como las mujeres que la miraban en este momento.

Pero no era del todo absurda.

Entendía su punto de vista, eran tradiciones y alguien las había violado, pero no estaba muy segura si quería ayudarlas o no.

- Ahora viene la parte difícil -murmuro Kyrú, que se encontraba a espaldas de Eva.

- ¿Difícil? -pregunto Eva, algo desconcertada-. ¿Por qué difícil?

Todas las mujeres la miraban, Eva desvió la mirada, incomoda. Nunca le había gustado que la observaran fijamente, estudiándola, viendo que hacia, se sentía cohibida.

- Tendremos que decírselo directamente -opino Lylé, que se encontraba detrás de Eva también-, y arriesgarnos a que nos crea locas y trate de huir de aquí. Tenemos suerte de que allá accedido a venir.

Sylá asintió.

- ¿Kyrú? -pregunto, como si le estuviera pidiendo algo.

La muchacha hizo una mueca.

- ¿Tengo que ser yo? -pregunto-, me parece que la chica confía mas en Lylé.

A Eva tampoco le gustaba que hablaran de ella como si no estuviera presente, generalmente la ponía furiosa. Pero trato de controlar sus ánimos, ya que aquellas mujeres parecían hacerlo a menudo.

Kyrú asintió, después de que Sylá la mirara largamente.

- Bien, Eva -le dijo, colocándose enfrente de ella-, lo que vas a ver puede impresionarte, dejarte boquiabierta, o hacer que nos tomes por las personas mas locas del planeta, pero debes creerlo. Ahora, piensa en una pregunto, la que sea.

Eva la miro extrañada, pero hizo lo que le pedía. La magia. ¿Existe la magia? , llevaba todo el rato haciéndose la misma pregunta.

Eva alcanzo a ver que muchas de las mujeres la miraban divertidas. Se pregunto que les divertía tanto, no tardo en averiguarlo.

Ella misma.

- Si que existe Eva -respondió Kyrú a su muda pregunta.

¿Había leído su pensamiento? ¿Había oído lo que había pensado? ¿No era eso completamente imposible?

Kyrú suspiro y después volvió a reclamar la atención de Eva.

- Mírame, no me pierdas de vista.

Y la muchacha desapareció, en el aire. Poco después volvió a aparecer en otro lugar de la cueva.

Se había transportado sin mover un solo dedo.

- Bien -dijo Kyrú sin perder la calma ante la irada aturdida de Eva-, sigamos, mírame atentamente de nuevo.

Y Kyrú se fue difuminando hasta que su figura fue imposible de ver.

- ¿Me ves? -dijo la voz de Kyrú, en el mismo lugar donde ella había desaparecido.

Eva negó con la cabeza preguntándose se Kyrú la vería.

Después de aquella demostración se había quedado aturdida, no estaba ni siquiera boquiabierta.

Kyrú se hizo visible de nuevo, lentamente.

Eva fue capaz de pronunciar tres palabras, formulando una pregunta.

- ¿Telepatía, Teletransportación e Invisibilidad?

Eva nunca en su vida se había imaginado creyendo en lo imposible y sobrenatural, pero ahora lo estaba haciendo, contra todo pronostico.

Sylá había asentido como respuesta a su pregunta y después le había dicho que se fuera a casa con Kyrú, que era una de las más poderosas y capaz de plantarle cara a Karet, aunque a la larga no ganaría.

Ahora Eva estaba acurrucada en su cama intentando dormir y Kyrú vigilando su sueño.

Un sueño que tardaba demasiado en llegar.

**Esto fue una locura,**pensó, nunca debí hacer ido, solo por mi tonta curiosidad. Habría sido tan fácil ignorar este asunto tan absurdo, nunca debí de inmiscuirme.

- No creas que había sido fácil ignorar todo esto -murmuró Kyrú con voz socarrona desde algún lugar de la habitación.

**¿De verdad?,**Eva formulo aquella pregunta con su pensamiento, sin darse cuenta.

- Sylá es muy persistente -respondió, sin dar ninguna explicación mas.

Eva gruñó debajo de las sabanas, al parecer no era propio de aquellas personas dar explicaciones que las personas entendieran.

- Habría mandado a alguien a tu casa todos los días, hasta que accedieras.

Eva gruñó.

No sabia si aquel asunto le gustaba o no.

Esto fue una locura, una completa locura**, se dijo Eva.**

- Para ti -especifico Kyrú.

¿No puedes dejar en paz mi cabeza?, pregunto Eva.

- Cabeza no, mente -corrigió la muchacha-, además no hay nadie mas a quien leerle los pensamientos en este lugar, las de tus padres están en blanco.

**Pues haz lo que sea, duérmete, haz como que no oyes,**sugirió Eva.

Kyrú bufo, pero se quedo en silencio a partir de ese momento.

Eva logro conciliar el sueño una rato después, pero su sueño no fue mejor que la realidad.

Peleas.

Batallas.

Muertes.

Desgracias.

Todo aquello ocurrió en los sueños de Eva, en los que predominó el dolor.

Y la angustia.

Los sueños fueron imágenes confusas entremezcladas, espadas y armas por doquier. Armas que llevaban la muerte a todas partes.

Eva se movía entre un torrente de imágenes en los que nada, mas que uno mismo, parecía importar.

Donde la desgracia y la angustia predominaban.

Donde no había terminado una batalla cuando empezaba la siguiente.

Donde los muertos cubrían el suelo.

Donde el amor no existía.

Donde todos peleaban por salvar su vida y no por una buena causa.

Donde nada parecía real.

Donde el terror ganaba siempre.

Eva se estremeció al ver la última imagen:

Un niño pequeño, con lágrimas en los ojos, de cabello oscuro y ojos azules. Era una imagen que le rompería en corazón a cualquiera.