Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 32333 · de

Historia 32333 — capítulo 1

Ese 1° de Septiembre reinaba una impaciencia desenfrenada en el N° 12 de Grimmauld Place. Las cosas volaban hasta encontrar su lugar, los pisos se quejaban del maltrato y los baúles escapaban de sus dueños.

-¡James, sujeta tu baúl o hará  que me rompa una pierna!-Harry Potter esquivó el pesado baúl que lo perseguía y empezó a subir las escaleras. Al llegar al primer rellano llamó a la puerta que estaba a su derecha y entró sin esperar respuesta alguna.- ¡Albus! ¿Aún no terminas de armar tu equipaje?

    Albus era un niño de once años, flaco y de estatura normal, con cabello negro azabache y alborotado y ojos color verde esmeralda; en otras palabras, idéntico a su padre.

-Lo siento, es que el muy chistoso se resiste.-bufó Albus-No se porque le compraste al tío George estos baúles encantados.

-Yo tampoco, recuérdame nunca comprarle nada más-dijo Harry mientras apuntaba al baúl de su hijo-¡Inmóvilus!

-¡Por fin!-Albus se acercó a la derrotada valija semivacía y comenzó a meter las ropas y libros que tenía preparados desde hace por lo menos media hora. Su padre salió de la habitación y Albus escuchó como reprendía a James por no apurarse.

    Una vez hubo terminado de meter sus dos idénticas túnicas negras, los respectivos libros de hechizos para su primer año, su caldero, sus ingredientes para preparar pociones y algo de ropa muggle;  entró en el baño y abrió la ducha. Mientras esperaba que el agua se calentara, el niño de once años se miró en el espejo y su reflejo esbozó una sonrisa.

-Eres igual a tu padre. Parece que hubiera sido ayer cuando el usaba este cuarto y este mismo baño.

    Desde que era niño dormía en esa habitación y usaba ese baño, por lo que el espejo ya no lo sorprendía.

-No empieces a ponerte sentimental-le dirigió al espejo una mirada reprobadora mientras se desvestía para entrar a la ducha. Una vez dentro oyó que el espejo le decía:

-Y dime Albus, ¿cómo te sientes? ¿Nervioso? ¿Feliz?

-Supongo que ambas. Por suerte Phineas me ha contado bastante de Hogwarts, así que tengo una idea de lo que voy a encontrarme. Aunque es demasiado molesto que hable todo el día de Slytherin y de que se sentiría orgulloso de que entrara allí. Se comporta como si fuera mi propio padre.

-Aún no entiendo cómo te agrada ese viejo, desde que colgaron su retrato allí en el cuarto me he llevado muy mal con él. Siempre sintiéndose superior...¡JA!-este último sonido sobresaltó a Albus-Superior a mí, que he estado aquí colgado desde 1632. No señor, si aquí alguien es superior ese soy yo.

    Mientras el espejo decía esto último Albus cerró el grifo de agua caliente y salió de la ducha, por lo que pudo escuchar con toda claridad una voz aflautada del otro lado de la puerta que decía:

-Eso es lo que tú piensas, vieja baratija.

-¡Pero cómo se atreve!-el espejo estaba aparentemente indignado.

-¡Oh, ya cállense! Tendrán tiempo de sobra para pelear cuando yo me haya ido.

    En circunstancias normales le hubiera divertido la pelea que estaba por darse entre el retrato y el espejo, pero había empezado a sentir el nerviosismo por empezar su primer año en Hogwarts. Comenzó a ponerse los jeans que había preparado junto con una remera y un sweater. Una vez que estuvo listo miró el reloj: las diez de la mañana. Aún tenía algo de tiempo para repasar sus pertenencias, pero en ese instante una mata de pelo rojizo se deslizó por la abertura de la puerta y habló con una voz cantarina:

-Mamá dice que bajes inmediatamente tu baúl y que esperes abajo a que todos estemos listos.

-¿Y porque yo tengo que ser el que los espera?-le dedicó una mirada caprichosa a su pecosa hermana Lily.

-Porque siempre eres el primero en estar listo-luego de decir esto último su hermana salió de su habitación.

    Admitiendo que su hermana tenía razón en esto último, tomó su baúl y salió al rellano, donde se encontró con su hermano mayor, James, que parecía muy divertido escuchando lo que pasaba en el piso de abajo. Su hermano era dos años mayor que él, pelirrojo como su madre (y como todos los Weasley) y con ojos azules, como sus tíos.

-¿Qué haces, James?-lo miró con cautela, ya conocía el sentido del humor de James y no quería ser la víctima de una de sus nuevas bromas.

-Escucho a papá quejarse de mi broma-río una vez más por lo bajo y añadió-. Es mucho más divertido jugarle bromas a él que a ti.

    Algo aliviado por el hecho de que su hermano hubiera encontrado nuevas víctimas decidió escuchar también lo que decía su padre. Se inclinó sobre la barandilla y escuchó a Harry protestar:

-¡Nunca más le compramos algo a tu hermano!-la voz de Harry denotaba hastío y enojo.-Maldito jarrón, se lanzó sobre mi en cuando pasé frente a él.

-Pero nunca antes lo había hecho, no estoy segura de que sea culpa de mi hermano-Ginny intentaba calmar a su esposo, pero ella no estaba mucho más tranquila.- ¡Niños, apresúrense!

    Mientras Albus bajaba las escaleras su hermano le confesaba que él había encantado el jarrón del vestíbulo (cosa que Albus ya había descifrado segundos antes) a modo de broma para el primero que pasaba por allí. Una vez que toda la familia estuvo reunida en el vestíbulo, salieron a la calle y subieron al modesto auto que Harry había comprado para trasladarse con su familia cómodamente. Recorrían las calles de Londres aparentando ser una familia normal, como cualquier otra, aunque ese aspecto flaqueaba un poco al notar que en el coche junto con los humanos había dos lechuzas en jaulas sobre el regazo de los niños. En menos de quince minutos habían llegado a la estación de King Cross's y habían conseguido dos carritos para llevar más cómodamente el equipaje de James y Albus. Mientras caminaban a través de la estación, James le decía a Albus:

-Sabes, capaz el sombrero te envíe a Slytherin-decía James mientras miraba a su hermano menor con malicia esperando el resultado de sus palabras.

-¡No! Claro que no, no iré a Slytherin-Albus no podía dejar de pensar en Phineas Nigellus y su insistencia en ir a Slytherin-Yo iré a Gryffindor como papá, mamá y todos los tíos.

-No lo sabes aún, bien puedes ir a Slytherin.

-No, no, no-repetía hasta el cansancio Albus.

Al llegar a la barrera que dividía la plataforma 9 de la plataforma 10, se detuvieron y su padre habló:

-Adelante James, haz los honores.

    Al escuchar las palabras de su padre, su pelirrojo hermano se encaminó con decisión hacia la barrera divisoria acarreando su carrito, el cual llevaba encima su baúl y una jaula que llevaba a su lechuza macho llamada Boris. Al principio caminaba, pero luego comenzó a acelerar el paso y cuando se supone debería haber colisionado con la dura piedra, desapareció de la vista.     Esta era la forma para llegar a la plataforma 9 ¾. Albus ya la conocía pues había ido a despedir a su hermano los dos años anteriores, pero no le agradó nada cuando su padre lo instó a avanzar solo. No es que fuera miedoso, solo que nunca había cruzado esa barrera solo, sin alguno de sus padres, pero no dijo absolutamente nada y enfrentó la piedra. Tal cual había hecho James, comenzó a caminar hacia el muro llevando su carrito y a su lechuza, una bonita hembra marrón bautizada Olivia. Al principio iba despacio, pero luego consideró que era mejor hacerlo más rápido. Antes de darse cuenta, había evitado la colisión y había traspasado la barrera.           El vapor emanado por la escarlata locomotora con las palabras Expreso de Hogwarts grabadas a un lado hacía que la vista fallara y que no se distinguieran muchas cosas hasta acostumbrarse. Detrás de él aparecieron su padre, madre y hermana, que habían atravesado la barrera juntos. La pequeña Lily ya había empezado a tironear de la manga de su padre y a repetir el monólogo que hacía desde hace dos años al llegar a la plataforma 9 ¾:

-Papi, quiero ir, quiero ir a Hogwarts. ¿Cuándo podré ir, papi?

-Lily, ya te lo dije, cuando cumplas once años podrás ir tu también.

    Dejando a sus padres y a Lily, subió con dificultad su equipaje al tren y buscó un compartimiento vacío, en el que dejó su baúl y la jaula con Olivia. Luego salió del tren para estar con su familia los últimos momentos antes de que el tren partiera. Se encontraron con sus tíos, Ron y Hermione que llevaban a sus primos Rose y Hugo. Rose también empezaba Hogwarts junto con Albus, por lo que se enfrascaron en una corta charla sobre el futuro que estaban por vivir. Cuando sonó el silbato indicando la salida del tren, Albus y Rose subieron al tren y se despidieron de su familia con la mano mientras sus siluetas se alejaban al tomar el tren velocidad; hasta que al llegar a una curva, los perdieron de vista definitivamente.     Los niños se dirigieron hacia el compartimiento que Albus había encontrado anteriormente. En el camino se cruzaron con muchos niños y adolescentes, algunos que conocían por ser hijos de amigos de sus padres, como Patrick Finnigan y Dorian Mcmillan. Cuando llegaron al compartimiento había alguien en él.     Un niño que al parecer tenía como ellos unos once años, por lo que seguramente sería su primer año en Hogwarts. Era ligeramente más alto que Albus, rubio y de ojos castaños claros, tenía una nariz algo respingada y su boca de finos labios esbozaba una leve sonrisa. Parecía muy concentrado mirando por la ventana los paisajes que pasaban frente a sus ojos. Al notar la presencia de los otros dos, dio un respingo y se levantó del asiento dando un salto.

-Lo-lo siento, to-todos los compartimientos e-estaban llenos menos éste, que solo tenía ese baúl y esa le-lechuza. Ya-ya me voy.-se había puesto nervioso y algo sonrosado mientras buscaba apresuradamente sus cosas y tartamudeaba sin parar.

-No, está bien, puedes quedarte. Soy Albus Potter-dijo Albus extendiéndole la mano al extraño para que la estrechara- y ella es Rose Weasley.

-Gr-gracias. S-soy Ro-rob Warwick-dijo el chico estrechando la mano de Albus y luego la de Rose-. ¿U-ustedes también e-empiezan este año?

-Así es. Yo no puedo esperar a ser seleccionada, he estado averiguando muchísimas cosas sobre las casas y los fundadores.

-¿L-las casas? ¿A qué t-te refieres?-Rob la miró con curiosidad.

-A las casas; las cuatro casas en las que son divididos los alumnos en primer año y a las que pertenecen el resto de su educación en Hogwarts. ¿Acaso nunca habías escuchado de ellas?-Rose parecía no dar crédito a sus oídos.

-N-no, nadie me c-contó de Hogwarts antes. Mis padres n-no son ma-magos.

-¡Oh! Ahora si lo entiendo.-Rose parecía no aceptar la posibilidad de que un niño británico criado por magos no conociera las cuatro casas de Hogwarts.-Si tus padres son muggles es obvio que no sabes de lo que hablo.

-Mira, las cuatro casas de Hogwarts son: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin-comenzó Albus uniéndose a la conversación-. El sombrero seleccionador te manda a una casa según que cualidades poseas y que se ajusten a las cualidades de la casa.

-¿Y que c-cualidades t-tiene cada c-casa?

-Pues para estar en Gryffindor tienes que ser valiente y noble, para Hufflepuff leal y trabajador y para...

-Para Ravenclaw tienes que ser inteligente y querer aprender y para Slytherin debes ser astuto y ambicioso.-terminó Rose luego de haber interrumpido a Albus a mitad de la explicación, cosa que había molestado sumamente a Albus, quien la miraba con cara de pocos amigos.-Lo siento Al, es la costumbre.

-¿Y en que c-casa creen que e-estarán?-Rob parecía algo divertido por la intervención de Rose y de la cara que le dirigía Albus.

-No lo sé, pero estaré contenta en cualquiera de ellas. Aunque me consta que a mi familia no le gustaría nada que quedara en Slytherin.

-¿P-por qué?

-Porque de Slytherin es de donde han salido más brujos oscuros que de todas las otras casas juntas. Y nuestras familias han sido Gryffindors desde hace muchas generaciones.-Albus se había adelantado a su prima y la miraba con una sonrisa burlona. Desde que eran pequeños, Albus y Rose habían competido por nimiedades, pero que habían llevado a hacerlos rivales en algunas cosas.

-¿S-sus familias? ¿S-son parientes?-Rob al parecer no se lo esperaba. La verdad nadie se lo esperaría: Albus era morocho con ojos verdes y Rose era pelirroja de ojos castaños, más parecida a su tía Ginny que a su propia madre.

-Si, somos primos. Su mamá es la hermana de mi papá-explicó Rose-. Somos muy diferentes, ¿verdad?-Rose parecía divertirse mucho ante la sorpresa de Rob.

    Pasaron el resto del viaje explicándole a Rob sobre Hogwarts y diferentes cosas mágicas. Luego pasaron al tema de las familias, cuando Albus y Rose se explayaron hablando de su enorme familia y de sus muchos primos. Antes que los niños pudieran percatarse de ello había oscurecido y una voz masculina amplificada resonó en el tren

-Estamos por llegar a Hogwarts. Cuando desciendan del tren no se preocupen por el equipaje, este será llevado a sus habitaciones más tarde.

    Luego de escuchar que estaban cerca Rose y Albus se pusieron sus túnicas (Rob ya la tenía puesta desde antes) y esperaron a que el tren se detuviera. Cuando esto ocurrió, salieron al pasillo, dónde había un aparente embotellamiento de alumnos tratando de salir del tren. Afuera hacía frío; soplaba un seco viento otoñal que hizo que los tres niños se cubrieran con sus capas hasta el cuello y comenzaron a caminar en la misma dirección que todos cuando escucharon una atronadora voz masculina más adelante:

-¡Los de primer año por aquí! ¡Por favor, los de primer año!

    Albus rió al ver la expresión de asombro y miedo en la cara de Rob al ver a Hagrid, el viejo amigo de su padre, un muy amable semigigante. La barba y la oscura mata de pelo de Hagrid ya no eran negros azabaches, sino de un gris ceniciento, aunque aún bastante oscuro. Hagrid los condujo por un sendero hasta la orilla de un enorme lago.

-¡Es tradición que los de primer año lleguen al colegio cruzando el lago! ¡Sólo cuatro por barca, por favor!-gritó Hagrid con su atronadora voz mientras señalaba unas diez barcas ancladas a la orilla. Luego de que todos se repartieran debidamente entre las barcas y subieran a ellas, Hagrid (quién tenía una para el solo), indicó:-Una vez que estén todos bien posicionados, levanten el ancla, pónganla dentro de la barca y quédense quietos.

    Una vez Rob terminó de levantar el ancla de la barca en la que estaban él, Rose y Albus y de meterla en la diminuta embarcación, esta dió un sacudón que arrancó un grito por parte de Rose y comenzó a introducirse en el agua sin ayuda de que nadie la empuje ni nadie que se impulse con remo. Los niños no daban crédito a sus ojos. La velocidad y elegancia con que se deslizaban las barcas en la reluciente superficie del lago había dejado a los niños con las bocas abiertas e incapaces de pronunciar palabra. Sin embargo, al doblar en una curva para esquivar un acantilado, Hogwarts apareció frente a sus ojos y olvidaron las barcas sin ninguna dificultad.     Esa inmensa edificación medieval le sacaba el aliento a cualquiera. Las cientos de ventanas iluminadas, las numerosas torres y almenas hacían que uno se sintiera insignificante y exactamente eso sintieron todos los niños que lo vieron esa noche por primera vez.     Al acercarse más y más al castillo, vieron que debajo de el había una gruta donde el lago se adentraba un poco. Al ingresar en la cueva vieron que al final había un muelle y unas escaleras. Una vez que todas las barcas se detuvieron junto al muelle y los alumnos y Hagrid habían descendido de ellas, el semigigante los guió hacia arriba. Cuando habían subido lo que Albus pensó que eran dos mil escalones, llegaron a un enorme salón vacío al que llegaban numerosas escaleras, descendiendo o ascendiendo, por lo que Albus supuso sería el vestíbulo. A ambos lados del vestíbulo había enormes puertas de roble; de una de ella venía mucho ruido y estruendo. En ese recinto debía de estar todo el cuerpo estudiantil; pero cuando Hagrid comenzó a caminar de nuevo no fue ahí donde entró, sino en un pequeño cuarto a la izquierda. Una vez dentro se dirigió a los alumnos antes de salir:

-Bueno, yo debo ir al banquete, quédense aquí. Pronto vendrá la persona que los guiará hacia el Gran Salón.

    Ni bien Hagrid cerró la puerta tras de sí, todos los alumnos comenzaron a cuchichear sobre que pasaría ahora. La excitación podía sentirse en la habitación con suma facilidad cuando otra persona entró en el cuarto. Era un hombre un poco regordete, con expresión afable.

-¡Bienvenidos a Hogwarts! Yo soy el profesor Longbottom. A continuación empezará la Ceremonia de Selección. Síganme, por favor.

    El profesor Longbottom salió del pequeño cuarto seguido de los alumnos, atravesó el vestíbulo y abrió las puertas de roble del Gran Salón.