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Historia 32333 — capítulo 2
Albus no pudo evitar exclamar un infantil "Wow" al entrar en el Gran Salón. El techo era altísimo, como el de una catedral, y en ves de ver las piedras que lo formaban Albus veía el cielo nocturno que había cuando cruzaban el lago sobre las barcas. Había cuatro larguísimas mesas abarrotadas de jóvenes y al final del salón, sobre la pared, se encontraba una quinta mesa perpendicular a las otras cuatro con mucha menos gente. Sobre todas ellas flotaban cientos y cientos de velas encendidas, responsables de la iluminación, y los resplandores de las llamas se veían reflejados en los enormes platos de oro que había en casa mesa. Siguiendo al profesor Longbottom, la larga fila de niños se ubicó entre las dos mesas centrales. Sintiéndose observado por todos, Albus se puso entre Rose y Rob y aguardó. El profesor se ausentó unos momentos que para los niños parecieron eternos, en los que el resto de la gente dentro del comedor los observaban evaluadoramente sin preocuparse por disimularlo. Cuando Longbottom regresó, llevaba consigo un taburete de madera en la mano izquierda y un viejo y raído sombrero de ala ancha y puntiagudo, muy remendado, en la derecha. Colocó el sombrero sobre el taburete y se alejó un poco. Ante los ojos de todos, un tajo con forma de boca se abrió sobre el ala del sombrero y comenzó a moverse entonando una canción con voz potente:
-Hace ya mucho tiempo Cuatro magos lo hicieron Fundaron el colegio Y a enseñar se pusieron Gryffindor enseñaba a los valientes, Hufflepuff a los perseverantes; Ravenclaw a los brillantes y Slytherin a los astutos y ambiciosos. Las cuatro casas llevan sus nombres Y mi deber es ubicarte. Así que no temas, ven a sentarte ¡Y este sombrero a probarte!
Todos aplaudieron al sombrero con entusiasmo, aunque los nuevos aún un poco pasmados por la sorpresa, pero el profesor Longbottom los sacó de su ensimismamiento con prontitud:
-Los llamaré por orden alfabético. Cuando escuchen su nombre-el profesor carraspeó un poco-hagan el favor de acercarse y sentarse en el taburete. El sombrero hará el resto.-ahora sujetaba al sombrero desde la punta y acercándose un gran trozo de pergamino a los ojos, comenzó a leer-: Abercrombie, Johanna.
Una niña castaña y regordeta salió de entre la fila y se acercó con paso dubitativo. Cuando estaba a solo unos pasos del taburete, tropezó y por poco no cayó al suelo, provocando algunas risitas aisladas entre los estudiantes mayores. Luego, muy sonrojada, se sentó en el taburete y Longbottom le puso el sombrero, el cual le cubría los ojos. Luego de unos momentos el tajo con forma de boca volvió a abrirse y gritó:-¡Gryffindor! La mesa del extremo derecho estalló en vítores y aplaudió a su nueva compañera de casa, que corrió hacia la mesa más sonrojada que antes. El profesor Longbottom volvió a alzar la voz para llamar a Jonathan Boot, que fue a Ravenclaw. La ceremonia era larga, muchos alumnos fueron sorteados, pero Albus estaba demasiado nervioso como para reparar en ellos. Luego, su nerviosismo aumentó cuando oyó su nombre:
-Potter, Albus Severus-llamó el profesor. Luego levantó la vista del pergamino y lo miró con simpatía. Neville Longbottom era un cercano amigo de sus padres y había ido varias veces a cenar a su casa, por lo que Albus no se sintió extrañado ante la sonrisa que esbozaba el adulto.
Albus se encaminó con un fingido paso decidido hacia el taburete. Sus piernas parecían hechas de gelatina y rogaba por no tropezarse como la primera chica. Se escuchaban algunos cuchicheos entre los estudiantes, lo cual no lo sorprendió, teniendo en cuenta quién era su padre. Cuando llegó junto al taburete, se sentó en él y Longbottom le puso el sombrero. Al instante sintió cómo una pícara vocecita le murmuraba al oído:
-Mmm...Pero, ¿qué es esto? El segundo hijo de Harry Potter llega a Hogwarts. Tu hermano fue a Gryffindor sin dudarlo, pero tú no eres un Gryffindor. Eres más astuto y calculador; así como inteligente y brillante. ¿Acaso todos los Potter son tan difíciles? Sin embargo, he tomado una decisión. Tú, mi joven amigo, eres sin lugar a dudas un ¡SLYTHERIN!
Longbottom le sacó el sombrero, pero aún así Albus no escuchaba aplausos de la mesa de Slytherin. Sin embargo, se levantó y caminó decidido hacia la mesa de su casa. Luego de unos instantes se escucharon algunos aplausos, iniciados por alguien desconocido. Después de unos segundos de silencio el profesor siguió llamando alumnos y las miradas parecieron desviarse de él y concentrarse en la chica que estaba sentada en el taburete. Se sentó en un extremo de la mesa y se olvidó de la selección. Estaba anonadado. El sombrero había descartado la posibilidad de mandarlo a Gryffindor en un segundo y él no había hecho nada para impedirlo, había permitido que lo mandase a Slytherin. Se calmó un poco al recordar que su padre le había dicho que estaría orgulloso sin importar en que casa quedara. Levantó la vista para ver cómo seleccionaban a su compañero de viaje, el tartamudo Rob Warwick, en Ravenclaw, al igual que su prima Rose. Envidiaba a Rose. Ella había quedado en una casa de buena reputación y ya conocía a alguien. El, por el contrario, no conocía a nadie de Slytherin y daba la impresión de que ningún alumno de Slytherin quería conocerlo. Durante el banquete, Albus se sintió muy solo. Los que tenía cerca hablaban entre ellos y lo ignoraban olímpicamente. Apenas y toco el pastel de chocolate que había elegido comer de postre. Al finalizar el banquete, el hombre sentado en la gran silla dorada en el centro de la mesa de profesores, el director, se puso de pie y todas las conversaciones cesaron. El director era un mago de gran estatura, calvo y con mirada severa. Llevaba puesta una túnica roja que daba destellos violetas bajo la luz. También llevaba numerosos collares colgando del cuello, de los cuales uno llamó la atención de Albus. Colgando de una fina cadena plateada, un medallón redondo giraba con cada movimiento del director. De un lado era plateado con algo tallado que Albus no pudo divisar, mientras que del otro era un espejo que emitía reflejos de luz. Luego de desviar la mirada de aquel hipnotizante medallón, Albus decidió prestar atención a lo que estaba por decir el director:
-¡Bienvenidos a Hogwarts! Es un placer para todos nosotros volver a tenerlos aquí. Para los nuevos, mi nombre es Phillippe Lesseps y soy su director. Es mi deber informarles que los Bosques dentro de los terrenos del colegio continúan siendo prohibidos (algunos deberían recordar la palabra prohibidos)-ante este comentario se oyeron algunas risitas aisladas-.Nuestro celador me ha pedido que les recuerde que no pueden hacer magia en los pasillos. Por último, quiero presentarles a la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, Leona Lippi.
Al ser presentada, una mujer morena y de mediana edad se levantó del asiento y agradeció la educada bienvenida a base de aplausos que le dedicaban los alumnos. Albus supuso que sería agradable tener clases con ella, pues tenía una expresión simpática y despreocupada. Luego de unos momentos se sentó y Lesseps los mandó a dormir. Albus se levantó y comenzó a seguir a sus desconocidos compañeros, cuando un chico de unos quince años alzó su voz y comenzó a llamar:
-¡Los de primer año! ¡Síganme, les mostraré cómo llegar a la Sala Común!
Albus y un grupo de niños y niñas se pusieron en fila frente al prefecto, quien los guió hacia el vestíbulo, pero en vez de subir por una escalera, descendió por una en dirección a lo que Albus supuso que serían las mazmorras. El grupo de Slytherins atravesó los siniestros pasillos subterráneos del castillo hasta llegar a una lisa pared de piedra. El prefecto se detuvo frente a ella y pronunció con voz clara:
-Serpentus Gigantus-al instante la pared de piedra comenzó a deslizarse como una puerta corrediza. Mientras esto ocurría, el prefecto volvió a hablar-. Ésa es la contraseña para ingresar en la Sala Común. Recuérdenla o de lo contrario no podrán entrar.
Entró en la sala seguido de los alumnos. La sala común de Slytherin era una gran habitación de piedra, en la que los colores verde y plateado estaban por todas partes. Las lámparas de aceite que colgaban del techo emitían una mortecina luz verdosa, mientras que su estructura era plateada. Los sillones eran de terciopelo verde, mullido y al parecer muy cómodo. Había mesas para trabajar, más sillones distribuidos alrededor de la sala, una gran chimenea con serpientes talladas a los lados donde crepitaba un fuerte y cálido fuego y numerosas alfombras cubrían el frío piso de piedra. A la izquierda había una puerta y a la derecha otra. El prefecto se dirigió por última vez a los niños:
-Bueno, como pueden ver hay una puerta a su izquierda y otra a su derecha. La puerta de la izquierda da acceso a los dormitorios de las chicas, mientras que la de la derecha permite el acceso a los dormitorios masculinos. Descubrirán que sus posesiones ya están en su habitación. Buenas noches.
El chico se marchó y los dejó contemplando la impresionante recámara. Luego de unos momentos comenzaron a moverse y a ir a sus respectivos dormitorios. El dormitorio también estaba todo decorado con el verde y el plateado. Las cortinas y los acolchados de sus camas también eran verdes, mientras que las sábanas eran de satín plateado. Albus se dirigió a la cama del fondo, la más apartada, depositó a un costado su baúl, lo abrió y comenzó a organizarse. Sus cuatro compañeros de cuarto conversaban a un costado, murmurando y susurrando cosas ininteligibles. Luego de unos segundos se acercaron a Albus, quien levantó la mirada y se encontró con cuatro pares de ojos mirándolo de forma extraña.
-¿Qué sucede?-preguntó eso por no quedarse callado, pues no le interesaba saber nada con esos chicos; ya le habían demostrado que no querían nada con el al no dirigirle la palabra en el banquete.
-Bueno, consideramos que dado que compartiremos el cuarto, debemos conocernos.-el que habló era el que estaba en el medio, un chico rubio, de rostro anguloso y muy blanco-.Mi nombre es Scorpius Malfoy. Ellos son Augustus Nott, Lawrence Goyle y Christian Flint.
Ante la mención de su nombre cada uno fue inclinando la cabeza en señal de saludo. Augustus Nott era un chico bajito, blanco como la tiza, de pelo y ojos negros, de aspecto astuto y calculador. Lawrence Goyle era sumamente grande para su edad. Su espalda tenía dimensiones importantes y sus brazos eran muy largos; y su cara parecía la de un mono. Christian Flint también era bastante grandote para su edad, aunque no tanto como Lawrence, y no tenía la cara de mandril del otro. Su rastro más característico era una gran nariz aguileña y una constante mueca burlona en el rostro.
-Yo soy Albus Pot...
-Ya sabemos quién eres. Y sobre eso se basa la siguiente pregunta-Albus esperó sin inmutarse la pregunta que Scorpius iba a formular-. ¿Qué demonios haces en Slytherin? Digo, el hijo de un Gryffindor como Harry Potter, vencedor de Ya Sabes Quién...
-No importa quién sea mi padre; el sombrero me mandó aquí por mis cualidades, no por mi apellido. Si les molesta, es problema suyo.
-No estamos recriminándote nada, Albus, así que no actúes como si lo hiciéramos-Augustus era el que había hablado y lo miraba con interés-. Es cierto, no importa de quién seas hijo, lo que importa es que estás aquí y eso significa que te lo has ganado. Yo confío en el Sombrero, si el cree que encajarás aquí, pues yo le creo.
-Gracias...supongo.
Albus estaba más calmado. Sus compañeros habían sido más simpáticos de lo que se esperaba. O, mejor dicho, habían resultado no ser tan horribles como se los imaginaba. No podía decirse que le habían agradado, pero era un comienzo. Pensaba todo esto mientras se ponía el pijama, desarmaba su cama y se metía en ella. La encontró muy cómoda y cálida. Apoyó su cabeza en la almohada y antes de poder evitarlo, Albus se había quedado dormido entre sus sábanas de lujoso satín plateado y su pesado acolchado de plumas, de color verde; ambos colores representaban a su casa: Slytherin.