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Historia 32333 — capítulo 3

A la mañana siguiente se despertó por un agudo chillido que empezó a sonar en la habitación. Corrió las cortinas de su cama y salió de entre las sábanas. Sus compañeros estaban haciendo lo mismo, todos sumamente dormidos. Albus trató de rastrear el insoportable sonido, que lo llevó hasta la cama de Scorpius, donde el niño se estaba despabilando. El sonido venía de un reloj despertador mágico que estaba posado sobre la mesa del joven Malfoy.

-Lo siento muchachos-se excusó Scorpius tomando el reloj y deteniendo el chillido-. Es que me cuesta mucho despertarme y no hay ventanas por las que entre el sol para despertarme.

-Trata de que suene más despacio la próxima vez-gruño Lawrence mientras se metía en el baño.

    Albus, que opinaba como Lawrence, permaneció callado. No tenía ganas de estropear la poca relación que se había formado entre el y los otros niños. Se puso unos jeans y una camisa y la túnica del colegio por encima. Consultó la hora: las ocho de la mañana. Era una hora razonable para desayunar, por lo que decidió dirigirse al Gran Salón.

-¿Alguien me acompaña a desayunar?-preguntó más por educación que por deseo, pero obtuvo una respuesta.

-Yo voy. Ellos nos alcanzarán después-Augustus se aproximó a la puerta y lo dejó pasar primero-. Prefiero ir temprano, siempre tardo mucho tiempo en desayunar.

    Emprendieron el camino hacia el comedor a través de los lúgubres pasadizos. Un par de veces se encontraron frente a callejones sin salida, pero al cabo de diez minutos llegaron al vestíbulo, donde había algunos alumnos que, como ellos, iban a desayunar. Entraron en el Gran Salón y se sentaron a la mesa de Slytherin. Ya habían empezado a desayunar cuando Marie Saint-Clair, la profesora de Transformaciones y jefa de la casa de Slytherin, pasaba por la mesa repartiendo los horarios. Al llegar a ellos, los miró atentamente y mientras buscaba entre los papeles les decía:

-Nott y Potter, ¿verdad?-dijo con voz aristocrática. Antes de esperar respuesta, le dio a cada uno una hoja y agregó-: Bienvenidos a Hogwarts y a Slytherin.

    La profesora Saint-Clair siguió con su tarea mientras los niños leían sus horarios. Augustus no parecía muy contento y lo expresó justo cuando Scorpius, Lawrence y Christian se les unían:

-¡Demonios! Dos horas de Historia de la Magia, dos de Transformaciones y luego del almuerzo dos de Defensa Contra las Artes Oscuras. No está tan mal, lo único malo es Historia de la Magia.

-Y Defensa Contra las Artes Oscuras-opinó Scorpius-. Siempre opiné que es una materia estúpida. Si no nos enseñan Artes Oscuras no podemos saber tan bien como defendernos contra ellas. Debemos conocer todo el panorama para entenderlo mejor.

-Si, es cierto-coincidieron estúpidamente Lawrence y Christian al unísono. Albus no pudo evitar pensar que eran dos simios retardados que seguían a Scorpius en todo y sin preguntar. En otras palabras, los mejores sirvientes. Aún así le interesó mucho el comentario de Scorpius, por lo que decidió participar.

-Concuerdo contigo, Scorpius. Sin embargo, si nos enseñaran Artes Oscuras saben que es muy posible que alguien se sienta tentado de practicarlas, lo cual no sería nada bueno. Nadie quiere otro Señor Oscuro.

-Cobardía. Eso es lo que corre por sus venas-Scorpius había puesto una cara de asco y desprecio-. Tienen miedo de su propio régimen y de lo que pueda crear.

-¿A qué te refieres?-Albus parecía intrigado.

-No tiene importancia, ¿verdad?-Augustus había intervenido y miraba a Scorpius de manera extraña. ¿Qué decía esa mirada? ¿Advertencia? Albus se percató de que Augustus se dio cuenta de sus sospechas, por lo que miró su reloj y se levantó de la mesa-. Llegaremos tarde a Historia de la Magia. Apúrense.

    Salieron al vestíbulo y le preguntaron al prefecto que les había mostrado el camino a la sala común cómo ir al aula de Historia de la Magia. Una vez que supieron el trayecto, se encaminaron con prisa. No querían llegar tarde a su primera clase, por aburrida que fuera. Al llegar al aula había algunos alumnos dentro, esperando al resto de la clase y al profesor. Los de Slytherin compartían la clase con los de Hufflepuff. Según sus nuevos amigos, todos los de Hufflepuff eran unos inservibles "sangresucia".

-¿Qué es un sangresucia?-Albus no conocía ese término.

-Son esos "magos"-decía Scorpius con desprecio-que son hijos de muggles y que no saben nada de nuestro mundo hasta que les llega la carta. Y Hufflepuff está lleno de ellos. Son todos patéticos.

    Al se quedó callado. Su acompañante de viaje, Rob, era un sangresucia entonces. Se dio cuenta de que, sin habérselo propuesto, pensaba en él (y en todos los sangresucia) de manera diferente. No era odio o superioridad como era evidente que sentía Scorpius, junto con Christian y Lawrence. Era más bien indiferencia. No le importaban en lo absoluto. Miró a Augustus para ver si expresaba sus ideas de alguna forma, pero el blanco niño se mantuvo al margen, al igual que en el desayuno. Ese niño lo intrigaba. Era el que mejor le caía de sus compañeros, aunque hasta el momento era muy ausente.     Pasados unos minutos, cuando todos los alumnos habían llegado al aula y se habían sentado, una cosa plateada y traslúcida atravesó el pizarrón. Era un hombre de mediana edad, con grandes anteojos y expresión monótona. Albus tardó en percatarse de porqué era plateado y flotaba: ese hombre era, en realidad, un fantasma. Se presentó como el profesor Binns, dijo que sacaran pergamino y pluma y empezó a hablar. Su monólogo sobre los supuestos comienzos de la magia adormeció velozmente a Albus. El tema ya de por sí era aburrido, pero relatado por esa voz pausada y aburrida no ayudaba a evitarlo.

-¡Qué clase insoportable!-Albus se quejó ni bien salió del aula.

-Concuerdo contigo. Fue un completo desperdicio.-Scorpius le sonrió de manera cómplice-El lunes que viene nos la salteamos, ¿te parece?

-Mmm...De acuerdo. Pero deberemos conseguir lo que el espectro dicte ese día.

-No te preocupes, Augustus nos lo pasará.-Scorpius le dijo esto en voz baja para que Augustus, quien iba adelante con Lawrence y Christian, no escuchase

-¿Estás seguro?

-Por supuesto que lo estoy. Es completamente manejable, al igual que aquellos dos.

    En ese momento Albus acabó por darse cuenta del estado del grupo al que estaba entrando. Scorpius era el líder, y sus secuaces eran Lawrence y Christian. Augustus era más alejado, pero aún así no contaba con el respaldo de dos enormes guardaespaldas, por lo que se mantenía de perfil bajo. Y ahora, Scorpius, el líder, le estaba prácticamente ofreciendo compartir el liderazgo. La idea no le disgustaba en lo absoluto; después de todo, James siempre se había aprovechado del hecho de que Albus era menor y de la admiración que el sentía hacia su hermano mayor.

-De acuerdo, el lunes nos la salteamos-le dijo a Scorpius.

-Excelente elección, camarada.

    Llegaron al aula de Transformaciones en el primer piso antes de tiempo y esperaron fuera del salón al resto de los alumnos y a la profesora. Cuando fue la hora, la puerta se abrió y Saint-Clair apareció en la puerta y los hizo pasar.     Una vez todos se hallaban sentados, Marie Saint-Clair cerró la puerta y los miró. Era una anciana bruja alta, delgada, de rasgos afilados, canosa y de ojos grises. Llevaba el pelo recogido en un elegante rodete y los miraba aristocráticamente.

-Buenos días. Soy Marie Saint-Clair y soy su profesora de Transformaciones. Como deberían saber, y si no lo sabrán ahora, las transformaciones son un elemento crucial y poderosísimo de la magia, que, si es correctamente utilizado, nos da bastantes ventajas y comodidades. Sin embargo se las relaciona solamente con quehaceres domésticos y eso les ha quitado prestigio. Pero para mí, el director y el Consejo Escolar siguen siendo una materia clave; por eso es que tienen tantas horas semanales. Buenos, ahora, comencemos.

    Le repartió a cada uno un puñado de fósforos, los cuales debían ser alfileres al finalizar la hora.

-Los que no lo logren, tendrán que realizar una composición sobre los conceptos básicos de la materia de por lo menos cuarenta centímetros, así que les recomiendo que se esfuercen y den lo mejor de sí. El hechizo que deben usar es el que se utiliza en transformaciones básicas, y ése es ¡Transfors! Bueno, veamos que pueden hacer.

    Apuntando, golpeando, agitando o blandiendo la varita, no había forma de que Albus consiguiera cambiar ese fósforo en alfiler. Con Scorpius empezaron a hablar de sus varitas, dado que se habían dado por vencido.

-La mía es de nogal, con polvo de garra de esfinge.

-No sabía que Ollivander utilizara polvo de garra de esfinge-Albus miró curioso a la varita de su amigo.

-Dijo que eran muy nuevas, que había empezado hace poco a utilizarlo. ¿De qué es la tuya?

-De sauce y escamas de basilisco.

-¿De basilisco? Osea que tienes una varita con escencia del monstruo que casi mata a tu padre cuando el estaba en segundo año.

-Si, supongo...No creo que Ollivander haya conseguido muchos basiliscos para sacarles la piel.

-De hecho-dijo una voz a sus espaldas-el señor Ollivander consiguió una piel de basilisco proveniente de Tanzania, lugar donde abundan estos animales, hace unos diez años. Al igual que ustedes se han conseguido un castigo conmigo el sábado por la tarde. Ahora vuelvan a sus fósforos.     Saint-Clair puso especial énfasis en la palabra "fósforo", como remarcándoles lo poco que habían conseguido a lo largo de la hora. Al finalizar ésta, no habían conseguido cambiar en lo absoluto su fósforo, al igual que Lawrence y Christian. Augustus, por el contrario, le entregó un puñado de alfileres a la profesora, que lo recompensó con veinte puntos para Slytherin.

                                                                                       ***

     Después de almorzar se dirigieron al segundo piso, al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. Compartirían esta clase con los de Ravenclaw, por lo que vería a su prima Rose y a Rob. Antes le hubiera agradado, pero en ese momento no le importaba. Al menos ahora tenía alguien con quien compartir las clases.     Cuando la puerta del aula se abrió, la morena Leona Lippi los hizo pasar y esperó a que todos estuvieran sentados para empezar a hablar.

-Buenos días a todos. Como el director dijo anoche, mi nombre es Leona Lippi y seré su profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras este año. Hoy tendremos una clase práctica, así que por favor, pónganse de pie y organícense en parejas.

    Hubo unos minutos de tumulto mientras se organizaban. Se volvió a Scorpius pero Augustus ya se había puesto con él y Lawrence y Christian también estaban juntos. Su prima Rose vino saltando hacia él.

-¡Albus! ¿Quieres estar conmigo?

-No, ya tengo pareja, vete con Rob-le mintió muy rápido y con tono de exasperación.

-La próxima vez no tienes porque contestarme de esa manera, Albus Severus.

    Se fue hecha una furia pelirroja, pero a Albus no le importo en lo mas mínimo. No sabía por que le había mentido y menos por que le había hablado de tan mal talante, pero lo atribuyó ante la frustración de no tener con quién ponerse. Al instante oyó una voz femenina que le hablaba al oído:

-Puedes estar conmigo, si quieres.

    Albus volteó para ver quién le hablaba. Era una niña castaña, de ojos verdes intensos y con una sonrisa angelical que hizo que Albus se congelara en el tiempo. Se sentía hipnotizado por esos ojos tan similares a los suyos y por esos dientes blancos y relucientes. La niña lo miró extrañada y repitió si quería estar con ella.

-Eh...ehh...si, esta bien.

-Grandioso-la niña le dedicó una sonrisa encantadora-. ¿Cómo te llamas?

-Albus Potter, ¿y tú?

-Emma Sparks. Luego hablamos, ahora escuchemos a la profesora.

    La profesora Lippi había empezado a hablar.

-Hoy practicaremos el Expelliarmus. Como seguramente deben saber, dicho hechizo nos da ventaja en un duelo por que podemos arrebatarle la varita al adversario. Aunque en un duelo es muy fácil de interceptar, como hechizo sorpresa nos concede una considerable ventaja. Quiero que en pareja lo practiquen uno por ves. Comiencen.

    Al ser todos magos inexpertos y que estaban comenzando su educación mágica, los desastres fueron inevitables. Una de las chicas de Ravenclaw no consiguió desarmar a su compañero, sino provocarle una hemorragia nasal. El joven fue acompañado por su compañera hasta la enfermería, blanco como la tiza.     Albus practicaba con Emma, pero le costaba mucho concentrarse en el hechizo por que no quería lastimarla como había ocurrido con la otra pareja. Ella ya había conseguido desarmarlo varias veces y lo apremiaba a que hiciera lo mismo.

-¡Vamos Albus! No tengas miedo de lastimarme, estaré bien.

-De acuerdo-apuntó a la hermosa niña con la varita pero se decidió a conseguirlo esta vez-. ¡Expelliarmus!

    Ésa vez lo consiguió. Pero fue diferente a lo de todos los demás. Un haz de luz roja salió de su varita e impactó en el pecho de Emma, arrebatándole la varita y empujándola unos metros hacia atrás. Horrorizado, Albus corrió hasta ella y la ayudó a levantarse emitiendo unas apresuradas y sentidas disculpas:

-¡Emma! Lo siento, no era mi intención, no se lo que sucedió.

-No te preocupes, estoy bien

-¡Excelente!-la profesora había observado todo y se había acercado a zancadas para hablar en voz alta- El hechizo del señor...eh...

-Potter.

-¡Exacto! El hechizo del señor Potter ha sido perfecto. El verdadero Expelliarmus no sólo arrebata la varita sino que emite esa luz rojiza y golpea al adversario haciéndolo retroceder, claro que esto podrán controlarlo con el tiempo. Parece que el Expelliarmus del señor Potter es tan bueno como el de su famoso padre.-la profesora le dedicó una sonrisa-La clase terminó chicos, practiquen para el jueves y veremos lo que pueden hacer.

    Mientras caminaba hacia la salida, le dedicó una mirada enojada a la profesora. No le había gustado nada que lo comparara con su padre. Toda su vida lo habían comparado con él, de lo parecido que era físicamente, de lo modesto que era, cuando el no era nada parecido a su padre en realidad. Otra persona a la que siempre había tenido por encima había sido James. Siempre estaría a la sombra de James para su familia. Después de todo, James era un excelente alumno, jugador estrella del equipo de Gryffindor y estaba en Gryffindor. Aún no se había puesto a pensar como le diría a sus padres que había quedado en Slytherin. Quizás James ya lo había hecho.     Sus pensamientos se vieron interrumpidos por Emma, que lo había alcanzado y quería hablar con él. Sus amigos le dijeron que lo verían más tarde y lo dejaron solo con la niña.

-¡Hey, Albus!-Emma le dedicó una sonrisa-No hemos podido conversar nada hoy. ¿Te parece si mañana vamos después de almorzar al patio y charlamos un poco?

-S-si, de acuerdo.

-Jajaja, así de tartamudo te pareces a mi compañero Rob, ¿lo conoces? Me cae tan bien...-al decir esto último se sonrojó de manera compulsiva-.Bueno, debo irme Albus, nos vemos mañana.

-Adiós-alcanzó a decir en voz baja. Automáticamente su cerebro comenzó a maquinar. ¿Por qué se había sonrojado así al mencionar a Rob? ¿Acaso gustaba de él? La simple idea de que eso pudiera ser posible le hizo hervir la sangre a Albus.

    Venía muy enojado y enfurruñando cuando alguien lo llamó a gritos:

-¡Albus! ¡Albus!-era James, que venía corriendo-te vengo llamando hace medio pasillo. ¿Acaso ahora que eres Slytherin ignoras a los Gryffindors?

-¿Qué quieres James? ¿Molestarme por haber quedado en Slytherin?-el comentario de su hermano sobre las casas había hecho explotar el malhumor que venía creciendo desde que Emma se había ido.

-Veo que estás teniendo un buen día, hermanito. No, no te venía a molestar, quería decirte que si tú estás contento allí, me alegro por ti. Aunque si yo tuviera todos esos compañeros preferiría cortarme las venas...

-No se qué tienes en contra de ellos, James. Me han tratado muy bien aunque no lo creas. Y se podría decir que ya los considero mis amigos-dijo de mal talante; después de todo tenía que empezar a buscarse amigos-Así que agradecería que no hablaras así de ellos.

-De acuerdo Albus, pero ten cuidado. No se si conoces los apellidos de sus familias. ¿Goyle, Nott? ¿Malfoy? Te vi junto a ellos en el comedor.

-Sólo déjame en paz James.

    Se dio la vuelta y dejó a su hermano plantado en el pasillo del segundo piso con la boca abierta.