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Historia 32333 — capítulo 4
Durante la cena, Albus estuvo de muy malhumor. Apenas había tocado el pastel de carne que se había servido. Sus amigos le habían preguntado repetidas veces que le sucedía pero el no contestaba. Luego de un rato de silencio, Lawrence le volvió a preguntar.
-No quiero hablar de eso, ¿no te das cuenta, estúpido?-el tono de Albus había sido amenazador y sumamente agresivo pero al mismo tiempo muy tranquilo, y había hecho que Lawrence pareciera más pequeño y había provocado un silencio incómodo alrededor de ellos.
-Lo siento, perdona Albus. No tienes por que contarnos.-Lawrence miró su plato y no dijo nada más. Albus no pudo evitar esbozar una sonrisa. Scorpius tenía razón: Lawrence era muy manejable y acababa de comprobarlo.
Esa sensación de poder que había experimentado insultando a Lawrence lo había puesto de buen humor y había empezado a comer su pastel de carne. La mesa se fue vaciando hasta que sólo quedaron Scorpius y él sentados a la mesa de las serpientes. Su rubio amigo comía parsimoniosamente un trozo de papa, como disfrutando a cada bocado. Albus se percató de ello y le preguntó:
-¿Se puede saber por qué te esfuerzas en tardar tanto comiendo una papa?
-Bueno, te hago compañía. Además, no voy a dejarte sólo hasta que me digas por que estas de ese humor.
-Te comportas como si fueras mi mejor amigo, y la primera vez que hablamos fue ayer.-Albus no quería que sonara mal, pero a fin de cuentas era cierto.
-Bueno, pero ¿cómo pretendes que forjemos una amistad si no nos contamos cosas? Se supone que eso hacen los amigos. Me encantaría saberlo, claro, pero nunca antes tuve un amigo.
-¿Y qué me dices de Lawrence y Christian? ¿Y Augustus?
-Bueno, es cierto que a ellos los conozco hace tiempo, y que formamos algo así como una pandilla. Pero cuando uno es el "líder" de esa pandilla en realidad no tiene amigos. Contigo es diferente Albus; yo sí quiero ser tu amigo.
-Bueno...-esa extraña muestra de sentimentalismo en Scorpius lo había tomado por sorpresa. Nunca se había esperado esa frase de ese chico, y menos teniendo en cuenta hijo de quien era.-supongo que puedo decirte que es lo que me ha perturbado. La profesora Lippi me comparó con mi padre y eso me hizo pensar cosas sobre el y sobre mi hermano, y luego...-se detuvo. No quería contarle a Scorpius lo de Emma, así que se salteó esa parte-y luego apareció mi hermano y discutimos.
-¿Por qué discutieron?-preguntó Scorpius astuto como una serpiente.
-Por...-no quería decirle a Scorpius que su nombre había estado en la discusión, pero igual tenía la impresión de que el ya lo sabía-porque quedé en Slytherin. Y bueno, sabes que para mi familia no es lo mejor que le pudo haber pasado.
-Pero Slytherin sigue siendo la mejor casa de todo Hogwarts-intervino el platinado-. De todos modos entiendo, es como si yo hubiera ido a Gryffindor.
-Exacto. Y ese es el motivo de mi malhumor.
-Bueno, me parece que no debes preocuparte por lo de las casas. Slytherin es sin lugar a dudas la mejor casa aunque tenga tan mala reputación y no debe afectarte lo que digan los demás sobre Slytherin; después de todo, ellos se lo pierden. Ahora Albus, con tu permiso, tengo mucho sueño, así que me voy a la Sala Común. ¿Vienes?
-Si, si voy.-se levantó y juntos caminaron hacia el vestíbulo y a la sala común. En todo el trayecto no se dijeron una sola palabra, lo cual le permitió a Albus pensar sobre lo que había dicho Scorpius. El rubio tenía razón, no debía prestar atención a lo que decían los demás, la gente siempre hablaría en contra de los Slytherins.
***
Luego del desayuno a la mañana siguiente se dirigieron a la primera clase de Pociones, que se dictaba en una de las mazmorras más grandes del castillo. Compartirían la clase con los de Gryffindor, quienes ya estaban esperando afuera a que se abriera la puerta. Cuando llegaron, un chico de pelo claro y ojos pequeños se volvió y le habló a Albus:
-No se cómo terminaste allí, Potter. Supuse que vendrías a Gryffindor, pero supongo que en el fondo estás tan podrido y echado a perder como todas las demás serpientes-miró con asco el grupo de Albus y luego fijó sus ojos en Scorpius-.Aunque no tan podrido como el basilisco, claro.
Albus estaba muy enojado. Sacó la varita con una velocidad impresionante y apuntó al chico, que también sacó su varita y apuntó a Albus. Ambos eran consciente de que no podrían hacerse demasiado daño, dado que habían empezado su educación mágica el día anterior.
-¡Retira eso, Finnigan!-exclamó Albus con fiereza.
-No voy a retirar nada de lo que dije Potter. Todos los de las demás casas opinamos lo mismo, pero solo los Gryffindors tenemos la valentía para expresarlo en voz alta.
-Pues cómete tu valentía. ¡Expelliarmus!.
El haz de luz roja golpeó a Patrick Finnigan en el pecho, le arrebató la varita y lo lanzó al suelo. El niño se levantó muy rápidamente, rojo de ira y vergüenza, dado que todos los de Slytherin se burlaban de él y vitoreaban a Albus. Finnigan se adelantó con intención de golpear a Albus, pero su amigo, Dorian Mcmillan, lo detuvo. Al ver que se calmaba, lo soltó y Patrick se quedó más tranquilo. Sin embargo, el asunto no acababa ahí.
-¿Dónde está tu valentía, "león"?-Scorpius se había dirigido despectivamente a Finnigan-¿O debería decir "gatito"?
Al escuchar las risas de los Slytherin ante el comentario de Scorpius, Patrick se enfureció de nuevo; pero antes de que pudiera acercarse demasiado, el rubio de Slytherin les hizo una seña a Lawrence y a Christian, quienes se adelantaron y lo cubrieron. Patrick pareció no darle importancia y de todas formas lanzó un golpe. El resultado del conflicto fue Patrick Finnigan en el piso sangrando por la nariz. En ese momento se abrió la puerta del aula y el profesor los miró sorprendido y luego indignado.
-Que alguien me explique inmediatamente qué ocurrió aquí.-dijo el profesor con voz gélida y amenazante.
Una chica de Gryffindor explicó todo con lujo de detalles. Luego de escuchar la historia, el docente se volvió y dijo:
-Potter, Malfoy, Goyle, Flint y Finnigan se quedarán a hablar conmigo después de la clase. Ahora entren.
Se apartó para dejarlos pasar. La mazmorra era un ambiente muy grande y frío, con numerosos bancos y un gran pizarrón negro. Una vez que todos entraron, el profesor cerró la puerta y se volvió hacia ellos. Era un hombre alto y de unos cuarenta años. Se le notaba por la expresión del rostro que era un hombre bastante arrogante, tenía la nariz larga y muy recta, y las aletas de la nariz se movían cada vez que respiraba. Unas pobladas y alborotadas cejas cubrían los fríos e inexpresivos ojos azules que los evaluaban desde su escritorio. El profesor se dirigió con lentitud hasta su escritorio. Luego comenzó a hablar.
-Mi nombre es Vladislaus Jagellon y soy su profesor de Pociones. Y dado que soy el profesor, los cambiaré de lugar, y los asientos que les designe serán los mismos durante todo el año. También quiero agregar que si hay algún brote de violencia durante mi clase, lo acallaré por los medios necesarios.
Teniendo en sus manos la lista del curso, comenzó a hacer parejas entre las casas. Albus temía que le tocara con Finnigan, pero el que tuvo esta mala suerte fue Augustus. Él acabó sentado con el mejor amigo de Finnigan, Dorian Mcmillan. Luego de unos cinco minutos todos tenían un compañero y estaban sentados en los bancos. Jagellon no perdía el tiempo.
-En su primera clase intentarán hacer una simple pócima para dormir. Los ingredientes que necesitan y el procedimiento están en el pizarrón. Cualquier duda que tengan estaré caminando por el aula, con levantar la mano bastará.
Agitó su varita y un largo texto apareció en el pisaron. Albus comenzó a leer los ingredientes y fue sacándolos de la bolsa donde tenía los componentes que les habían ordenado comprar. Mientras cortaba diferentes raíces y frutos y echaba polvos y líquidos al caldero, los colores de la sustancia en su interior iban cambiando. Del transparente del agua al amarillo, luego al verde y por último, celeste bebé. Había pasado casi toda la hora y según los procedimientos había terminado con su pócima para dormir. Levantó la mano y al cabo de unos segundos Jagellon estaba frente a él.
-¿Qué requieres, Potter?
-Creo que he terminado, profesor.
Jagellon tomó un cucharón de su escritorio y lo introdujo en el caldero de Albus. Al principio no lo movió, sino que se dedicó a observar la poción. Luego comenzó a darle vueltas; también levantó el cucharón y se lo acercó a la nariz, olfateándolo de modo compulsivo. Cuando hizo esto último, Mcmillan río por lo bajo. Jagellon se percató de ello, dejo el cucharón a un costado luego de limpiarlo y se acercó a Dorian, cuya expresión cambió al instante, adoptando una de preocupación y algo de miedo.
-¿Acaso te provoca risa, Mcmillan, que haya olido la pócima de Potter?-la mirada de esos fríos ojos azules parecía divertida y amenazadora al mismo tiempo-Pues déjame decirte que gracias a eso que hice puedo saber si mi comida está envenenada, así como también que Potter le puso suficiente amapola a su brebaje como para dejarte dormido un mes. Si no quieres que mi mano vaya a tu copa y te administre la pócima de Potter, te recomiendo que empieces a identificar las pócimas por sus aromas-y después agregó mirando con una sonrisa burlona la solución rosa de Dorian-: Aunque dudo que tengas esa sutileza necesaria para la materia, Mcmillan. Diez puntos para Slytherin, Potter.
Albus se animó ante esa recompensa, pero después recordó que seguramente Jagellon le quitaría por lo menos cincuenta a su casa como castigo por su pelea con Finnigan. Como aun faltaban diez minutos para el final de la hora, se dedicó a observar al resto de la clase. Augustus estaba levantando la mano y al parecer también había terminado. El también recibió como recompensa diez puntos. Parecía que el y Albus serían los mejores de su curso en esa materia. Scorpius, por el contrario, parecía muy frustrado. Su poción echaba chispas doradas y su interior era rojo. Cuando pasaba a su lado, Jagellon dijo con total claridad:
-Agrega polvo de ópalo y luego revuelve tres veces hacia la izquierda, Malfoy. Eso contrarestará la cristalización.
Scorpius lo miró con cara de pocos amigos pero aún así siguió sus instrucciones. Al sonar la campana su poción ya no echaba chispas y era de un color violáceo, lo cual indicaba que se había acercado bastante a la gama de los azules de los cuales debía ser la poción. Los alumnos comenzaron a salir de la mazmorra, menos Albus, Scorpius, Lawrence, Christian y Finnigan, quienes se acercaron al escritorio del profesor.
-A pesar de que su actitud fue totalmente reprobable, no voy a quitarles puntos a ninguna de las dos casas. Sin embargo, todos están castigados.
-Eh...profesor-comenzó Albus-Scorpius y yo tenemos castigo el sábado por la tarde con la profesora Saint-Clair.
-Ya veo. Con que metiéndose en problemas los dos primeros días de clase. No quiero ni imaginar lo que será el resto del año-Albus podría haber jurado que Jagellon los miraba con diversión, pero era difícil escrutar esos ojos-. De acuerdo. El castigo se llevará a cabo el domingo por la mañana. Pueden retirarse.
Mientras caminaban hacia la puerta, Finnigan les susurró lo suficientemente bajo para que Jagellon no lo oyera:
-Gracias por nada, viboritas. Ahora deberé pasar el domingo en su asquerosa madriguera subterránea.
Ante el nuevo comentario ofensivo, Albus volvió a enfurecerse; pero antes de que pudiera expresar su enojo, Scorpius lo había tomado del brazo para impedir que se lanzara sobre Finnigan, dejándolo transitar los pasadizos en paz. Los de Slytherin se dirigieron al cuarto piso, donde tendrían clase de Encantamientos con los de Hufflepuff. En el trayecto, Scorpius soltó a Albus, diciéndole:
-Lo siento, amigo. No hubiera sido prudente que volvieran a pelear. Ya habrá tiempo para provocar problemas, pero no creo que sea en los primeros días de clases.
-Tienes razón. Menos mal que me detuviste.-después de todo, Scorpius estaba en lo cierto.
La clase de Encantamientos fue la más divertida de todas las que habían tenido. El profesor Flitwick era un mago anciano y muy bajito que hablaba con una voz sumamente chillona. Les repartió a todos plumas y les dijo cómo debían hacerlas levitar. Al final de la clase sólo una niña de Hufflepuff lo había logrado. Luego se fueron al Gran Salón para almorzar. Todos sus amigos se asombraron al ver la velocidad con la que Albus comía.
-¿Sucede algo, Albus?-le había preguntado Christian con los ojos como platos.
-No, sólo tengo prisa.
-¿Por qué? ¿Qué tienes que hacer?-Augustus estaba muy curioso.
-Tengo que ir a... hablar con mi prima. Debo hablar con ella.-se levantó y salió corriendo del Gran Salón. Sus amigos se encogieron de hombros, pero continuaron con su almuerzo.
Albus corrió a través del patio y se sentó en un banco. Emma le había dicho que se encontraran allí luego del almuerzo y Albus estaba muy nervioso por ese motivo. Al cabo de unos minutos la vio aparecer a través de una columna. Cuando lo vio esbozó una de esas sonrisas que habían cautivado al niño.
-Creí que te olvidarías.
-Claro que no. Suelo tener muy buena memoria.-le dijo Albus con una sonrisa
Comenzaron a charlar sobre sus dos primeros días de clase y los veinte minutos que tenían libres se les pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Antes de que se percataran, la campana sonó devolviendo a Albus al mundo real.
-Tenemos Herbología juntos.
-Es cierto-coincidió Albus-. Me había olvidado.-luego pensó en lo que dirían sus amigos si descubrieran que el motivo de su apuro era verse con Emma. Decidió que evitaría ir con ella.-Eh... me encantaría que fuéramos juntos, pero antes tengo que buscar algo en mi Sala Común.
-Oh, de acuerdo. Nos veremos allí entonces.
Albus entró al castillo y para ganar tiempo fue a su Sala Común. Luego de unos minutos decidió que era seguro salir sin correr el riesgo de ser visto por la niña, y se fue hacia los invernaderos, donde sería su primera clase de Herbología. Neville Longbottom impartía esta asignatura desde hace diez años, cuando Pomona Sprout había decidido dejar la docencia. Muchos la considerarían la más aburrida luego de la clase de Binns, pero a Albus le gustó. Tenía mucha mano para tratar a las plantas y se aprendió rapidamente los nombres y propiedades de las que Neville había mostrado. En el transcurso de la hora, Albus ya había ganado treinta puntos por parte de Neville, quién le afirmó que tenía un gran talento para su materia. El niño salió con una gran sonrisa de autosuficiencia del invernadero. Luego de Herbología, Albus y sus amigos se dirigieron al Gran Salón para cenar. Antes de salir del invernadero Emma había intentado que se acercara llamándolo, pero Albus hizo de cuenta que no la escuchaba. La había visto muy feliz trabajando con Rob en sus ficus kenios y eso lo había puesto de malhumor. Sin embargo, durante la cena decidió disimularlo. Tenía que aprender a disimular sus emociones, no quería que todo el mundo estuviera siempre preguntándole que le sucedía. Mientras comía el postre, un alumno mayor que el se acercó y lo felicitó por haber puesto a "ese leoncito de Finnigan" en su lugar al haber insultado a la casa de Slytherin. Albus agradeció muy sorprendido el elogio y se volvió para mirar el resto de la mesa. Varios rostros le sonreían y le echaban miradas cómplices y divertidas. Al parecer, Albus se estaba ganando a los de Slytherin. Su buen humor se esfumó cuando, mientras cruzaba el vestíbulo, su hermano le pidió hablar con él. Lo llevó a una esquina del vestíbulo y se quedó dubitativo. Albus decidió tomar las riendas del asunto.
-¿Qué necesitas James?-su tono fue cortante. No tenía tiempo para perder. Debía empezar la redacción para Saint-Clair o la anciana le redoblaría el castigo que tenía el sábado.
-Quiero preguntarte porque le hiciste eso a Patrick. Su padre es amigo del nuestro, y siempre que nos juntábamos te llevabas muy bien con el.
-Eso era antes de que me insultara.
-¿Y eso es un justificativo para desarmarlo y hacerlo volar por los aires? ¿O para que tus amigotes le dejen la nariz como una toronja?-James lo miraba expectante-¿Qué le harás para la próxima? ¿Veneno, maldiciones por la espalda?
-No solo me insultó a mi, James. También insultó a mis amigos y a mi casa. Y no voy a tolerarlo; si se mete con Slytherin se está metiendo conmigo.
-¡Pero no es así como debes reaccionar!-James estaba perdiendo la paciencia-Mira, yo se que no soy un buen ejemplo; pero yo no recurro a la violencia sino a las bromas, inocentes bromas. Por lo menos haz lo mismo.
-¡Las bromas no amedrentarán a los enemigos, James! Si quieres que no vuelva a suceder, dile a él y a sus amigos que nos dejen a nosotros los Slytherins en paz, por que sino podríamos tomar nuevas medidas.
-Vaya...-James parecía consternado-Después de todo le has tomado cariño en poco tiempo a tu casa. Eres leal, serías un buen Hufflepuff.
Tras este comentario, James giró sobre los talones y comenzó a subir las escaleras para ir a su Sala Común, que se encontraba en el séptimo piso. Albus, por el contrario, se volvió a sus amigos que lo estaban esperando en las escaleras que bajaban al subsuelo y a las mazmorras.
-¿Qué sucedió, Albus?-Christian preguntó con cautela. Al parecer no se había olvidado de la reacción de Albus para con Lawrence la noche anterior.
-Nada-Albus sonrió de una manera misteriosa y comenzó a bajar las escaleras-. Sólo lo puse en su lugar.