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Historia 32333 — capítulo 5
El familiar chillido del reloj mágico de Scorpius lo despertó la mañana del 31 de Octubre. Le lanzó la almohada al somnoliento platinado que se había levantado para apagar su reloj y se desplomó nuevamente sobre la cama. Había estado soñando algo muy interesante y no quería que el sueño terminase.
En su sueño, el estaba deambulando por el castillo de noche, cuando se encontraba con el director, quien tenía un gran libro en las manos. El director le entregaba con fuerza el pesado libro y lo obligaba a leer un pasaje. Luego, salía corriendo y dejaba a Albus parado solo en la oscuridad, con el libro en sus manos. Luego, el libro se abría sólo y empezaba a chillar...de la misma manera que chillaba el reloj de Scorpius.
-¿Por qué demonios pusiste el despertador? Hoy no tenemos clases.-la voz de Augustus venía del interior de su cama, tras sus verdes cortinas de terciopelo.
-Lo olvidé, lo siento muchachos.
-Ya estaba despierto de todas formas-Augustus se levantó de un salto de la cama y comenzó a vestirse.
Desde que lo había conocido, Albus opinaba que Augustus era sumamente extraño. Generalmente era distante, reservado y frío; pero a veces era cálido y amigable. Además, pasaba mucho tiempo en la biblioteca, entre libros que no era necesario leer y anotaba demasiadas cosas. Su sector de la habitación estaba repleto de pergaminos amontonados en diferentes lugares: su mesa de luz, a los pies de la cama, junto a su baúl y varios rollos de pergaminos ensu estante correspondiente, a un lado de la cama. Varias veces Albus le había preguntado qué era lo que leía y anotaba, pero el joven Nott se mostraba tan reservado como Albus había aprendido a reservar sus emociones negativas, como los enojos.
Ese día las clases se habían suspendido debido a la poca predisposición de los alumnos para trabajar. Esto se debía al anuncio que el director Lesseps había hecho en la cena del lunes:
-Es mi placer informarles-había dicho el calvo director sonriendo a sus alumnos-que este año hemos organizado un baile de disfraces para festejar la festividad de Halloween.-muchos alumnos respondieron a este anuncio con aplausos y silbidos. Lesseps tuvo que esperar a que se callaran para poder continuar.-Sin embargo, el subdirector y yo hemos creemos conveniente que dicho baile debe estar restringido para los alumnos de primero y segundo año.-un murmullo de desaprobación por parte de dichos alumnos recorrió el Gran Salón.-Pero los alumnos que no puedan ir al baile del Gran Salón podrán festejar Halloween en sus propias salas comunes.
-Bueno, no está tan mal.-había dicho Christian cuando el director había dicho lo último.-Al menos podremos divertirnos un rato.
-Es cierto, la pasaremos genial. ¿No es cierto Albus?-Scorpius se había vuelto hacia el para ver que opinaba.
-¿Qué? Ah, sí, sí, será genial-respondió Albus, apartando la mirada de la emocionada Emma, quien se encontraba en la mesa de Ravenclaw. Esas mini fiestas no le hacían nada de gracia. Significarían que Emma estaría en la sala común al igual que Rob, y Albus sabía que se gustaban.
Luego del desayuno del viernes, Albus les propuso a sus amigos:
- ¿Qué tal si vamos a la biblioteca a empezar la redacción para Jagellon?
-¿Acaso estás loco?-Scorpius lo miraba con incredulidad-Ya te estás pareciendo a Augustus. Tenemos un largo fin de semana por delante, hay que disfrutarlo. Ya harás la redacción el lunes.
-Si, además Jagellon te adora. Te pondrá un "Extraordinario" aunque le escribas un poema de amor-bromeó Lawrence.
Todos rieron ante el comentario y Albus aceptó ir a los terrenos a disfrutar los últimos días que podrían estar en el exterior sin congelarse el cuerpo. Estaba bastante fresco afuera, pero si estaban al sol podían aplacar esa sensación. Se sentaron en la orilla del lago a observar al calamar gigante y a charlar sobre lo malo que sería no poder ir al baile en el Gran Salón.
-Tenemos que intentar entrar en ese baile-había expresado Christian es voz alta.- ¡Pero no sé cómo!
-Debemos encontrar la forma. Tenemos que hacerlo.
-Muchos lo intentarán y nadie lo logrará-el comentario de Augustus era acertado y había provocado que los demás lo miraran con reproche.-Nadie menor de trece años podrá entrar. Tendrán detectores de edad especializados.
-Pero tiene que haber una forma. Siempre la hay-Scorpius parecía estar exprimiéndose el cerebro.
-¡Lo tengo!-los demás se sobresaltaron ante la repentina intervención de Albus. Lo miraron con curiosidad.- ¡Tomaremos una Multum Aetas!-los demás lo miraron intrigados, menos Augustus, que abría la boca con asombro.
-¿Cómo? ¿Qué demonios es eso?-Lawrence se rascaba la cabeza.
-Multum Aetas. Una pócima envejecedora.-Scorpius lo miró asombrado y le sonrió.
-¿Crees que funcione? ¿Crees poder prepararla?
-Bueno, no perdemos nada con intentar. No se enseña hasta quinto año y es muy complicada de hacer, pero creo que si Augustus y yo nos esforzamos lo conseguiremos.-miró a Augustus y le preguntó:-¿Qué dices? ¿Me ayudarás?
Augustus pareció reflexionar un momento. Unos segundos después asintió con la cabeza.
-Debemos empezar ya. Tiene un tiempo mínimo de cocción de cinco horas, y ya son las once y media. El baile empieza a las siete y termina a las doce.-luego pareció desanimarse-¿De donde sacaremos los disfraces? Después de todo es un baile de disfraces. Además nos ayudarán a que nadie nos reconozca.
-Muy simple.-intervino Albus. En ese preciso momento había visto a su hermano James salir del castillo con sus compañeros y se dirigían hacia la verja de Hogwarts para ir a su primera excursión a Hogsmeade.-Denme dinero. Y no me digan que no tienen por que sé que todos vienen de familias ricas.
Los demás le dieron unos cinco Galleons cada uno sin entender absolutamente nada. En cuando tuvo el dinero en sus bolsillos, corrió lo más rápido que pudo y llamó a gritos a su hermano, quién ya no estaba tan lejos de él. Ya habían restaurado su relación, por lo que pudo decirle con toda tranquilidad:
-James, necesito que me hagas un favor.
-¿Qué necesitas, hermanito?
-Necesito que me alquiles cinco disfraces en Hogsmeade.
-¿QUÉ? ¿Y para qué quieres disfraces?-preguntó James. Un segundo más tarde contestó su propia pregunta:-Ah, claro. Para la fiesta en tu sala común, ¿verdad?
-Eh...Sí, sí, claro-mintió Albus velozmente-.Entonces, ¿lo harás?
-Bueno, si. ¿Tienes dinero? Porque no tengo tanto oro como para pagar mi disfraz y cinco más.
-Aquí tienes-Albus le entregó los Galleons.-Gracias James, te debo una.
-No hay de qué, hermanito-James le sonrió y se dio la vuelta para seguir su camino a Hogsmeade.
Cuando Albus regresó con sus amigos, estos seguían algo atontados. Ni bien se sentó al lado de Scorpius, le preguntaron:
-¿Qué acabas de hacer?
-Pues acabo de conseguirnos a los cinco disfraces para esta noche. ¿Dónde está Augustus?
-Se fue al castillo. Dijo que te encontraras con él en el pasillo del séptimo piso frente al tapiz de Barnabás el Chiflado. ¡Apresúrate!
Salió corriendo hacia el castillo. Mientras subía las escaleras no se le ocurría porqué Augustus lo querría ver allí, tan lejos de la Sala Común. Luego se percató de que nunca había estado en aquella parte del castillo antes. En el quinto piso alguien lo llamó a gritos.
Era Emma la que había pronunciado su nombre y avanzaba hacia él con una sonrisa de oreja a oreja. Pero no venía sola: Rob estaba con ella.
-¡Hola Albus! ¿A dónde vas?
-Hola Emma. Hola Rob-el saludo que le dio a Rob fue mucho más ácido que el que le dedicó a Emma.-Voy a encontrarme con un amigo. ¿Ustedes a dónde van?
-A la b-biblioteca. N-no se p-puede hacer n-nada en la sala común, están con los preparativos para la mini f-fiesta-Rob señalo atrás de si con el pulgar a una puerta con una aldaba en forma de águila que Albus supuso sería la entrada a la sala común de Ravenclaw.
-¡Muy bien, Rob! Estuvo mucho mejor, ¿no lo crees Albus?-Emmahabía abrazado a Rob brevemente, provocando que éste se ruborizara, y ahora lo miraba expectante.
-¿Qué qué?-dijo Albus saliendo del ensimismamiento en el que había caído al ver el gesto de afecto de Emma hacia Rob.
-¡Que Rob está mejorando mucho con su tartamudeo!
-Ah, si, si, es cierto. Bueno-dijo queriendo dar por terminado el encuentro-lo siento, pero debo irme. Adiós.
-Adiós Albus, te veremos luego. ¡Vamos Rob!
Mientras Albus se alejaba, un sentimiento de enojo y rencor crecía en su interior. Ésta noche seguramente Rob le diría a Emma lo que sentía por ella y comenzarían una relación. Quizá tuvieran sólo once años, eso no cambiaba demaciado las cosas.
Al llegar al séptimo piso, vio a Augustus apoyado contra la pared frente al tapiz de Barnabás el Chiflado, quién era golpeado a mazazos por unos feos ogros.
-¿Por qué tardaste tanto? Tenemos que empezar a preparar la poción.
-Lo siento, me encontré con...alguien-hasta el momento no le había dicho a ninguno de sus amigos sobre Emma y prefería mantenerlo así-. Si tenemos que preparar la poción, ¿por qué me citas aquí?
-Bueno, considerando que lo que hacemos es prácticamente ilegal a los ojos de las autoridades escolares, no podemos preparar la poción en cualquier lado. Por eso la haremos aquí.
-¿Aquí?-Albus lo miró sorprendido. Era totalmente ilógico que prepararan la pócima en el medio de un pasillo del castillo, por muy transitado que sea y no en el resguardo de la sala común o el dormitorio.
-No aquí en el pasillo, Albus. La haremos en la Sala Multipropósito.
-¿La qué?
-Sala Multipropósito. Un elfo me contó sobre ella. Apártate-Albus se alejó de su amigo, quien se volvió a mirar la pared en la que estaba apoyado. Augustus caminó tres veces enfrente de la pared y, ante los anonadados ojos de Albus, una puerta se materializó de la nada. Augustus abrió los ojos, avanzó hacia ella y abrió la puerta haciéndole señas a Albus:-Vamos, entra antes de que alguien nos vea.
Albus entró en el recinto y Augustus lo siguió, cerrando la puerta. Estaban en una habitación de dimensiones similares a la mazmorra en la que tenían clases de pociones. Las paredes estaban cubiertas de estanterías repletas de frascos con diferentes elementos y de gruesos libros. Había elementos de laboratorio, calderos de diferentes dimensiones y una mesa y sillas. Augustus, al ver su cara, le dijo:
-Tienes que pasar tres veces en frente de la pared pensando cómo quieres que sea la habitación y para qué quieres usarla. Yo simplemente pensé: "quiero un lugar para preparar pociones donde no pueda ser encontrado" y este lugar se ha materializado. Increíble, ¿no?
-Sorprendente.-Albus estaba sin habla.-Bueno, comencemos-dijo adelantándose hacia la estantería.
La receta para la poción envejecedora estaba en un libro llamado "Pociones Útiles Avanzadas". Era mucho más complicada que todas las que habían hecho hasta el momento en la clase de Jagellon. Llevaba muchísimos ingredientes y había que echarlos en el momento preciso y cambiar constantemente la intensidad del fuego. Luego de unas dos horas, se alejaron del caldero sudando y pasándose una mano por la frente. El calor allí era agobiante.
-Bueno, ahora sólo queda esperar. Vamos a almorzar, no pienso quedarme aquí durante cinco horas, además tengo hambre.
-No tengo argumentos en contra-dijo Augustus levantándose de la silla.
Salieron de la Sala Multipropósito y bajaron los siete pisos hasta el Gran Salón, donde los alumnos que no iban a Hogsmeade estaban almorzando. Se sentaron en la mesa de Slytherin junto a sus amigos. En cuando se hubieron sentado, Christian les preguntó con interés:
-¿Cómo salió? ¿Lo consiguieron?
-Creemos que sí, pero sólo lo sabremos al tomarla e intentar entrar-dijo Augustus en tono cómplice.
-Genial. Esperemos que todo salga bien, por que si nos descubren nos castigarán feo-a pesar de su comentario Scorpius parecía divertido ante la idea de estar castigado.
Al terminar el almuerzo decidieron salir nuevamente a los terrenos del castillo. Como antes, se sentaron en la orilla del lago y comenzaron a hablar del baile.
-Será genial. Podremos estar con los más grandes y como estaremos disfrazados no podrán reconocernos.
-Si, sumándole los efectos de la poción...-Augustus se vio interrumpido por Scorpius:
-¿A qué te refieres? ¿Qué efectos? Se supone que nos hará más viejos a los ojos del detector mágico.
-Pero ese no es el único efecto. También puede que cambies físicamente. De todas formas nuestros cuerpos cambiarán prácticamente nada, sólo nos envejeceremos un par de años-le contestó Albus-Pero igual deben estar prevenidos. Al tener trece años puede que nuestros impulsos cambien un poco...No sé si me explico...
-Yo no entendí lo último-dijo Lawrence, lento como siempre.
-Digo, Lawrence, que al tener trece años tu cuerpo esté algo más maduro(no mucho) y te sientas más atraído por el sexo femenino que ahora. Si envejecieras cinco años tu cuerpo crecería y cambiaría mucho más y tus impulsos sexuales estarían descontrolados.
-Ah, si, si, ahora entiendo.
-Bueno, pero no se qué tiene eso de malo...-dijo Scorpius con una sonrisa pícara.
-Absolutamente nada-dijo Albus con la misma expresión.
Luego de un par de horas, Augustus le dijo que sería prudente revisar la poción para ver si estaba evolucionando como debiera. Mientras atravesaban los terrenos del colegio hacia el castillo juntos, Albus divisó en la orilla opuesta del lago aEmma y a Rob, que jugaban una especie de inocente rugby muggle, y a su prima Rose que leía un libro e ignoraba lo que hacían sus amigos. Al instante la sangre comenzó a hervirle y los celos hicieron que se enfureciera. Parecía ser que su reacción era evidente, pues Augustus le preguntó:
-¿Albus? ¿Te pasa algo?
-No, estoy bien-se vio obligado a contestar Albus entre dientes.
-Vamos, Albus. No tienes que mentirme. Lo sé todo.
-¿Todo qué?-el malhumor de Albus se esfumó en un segundo y fue reemplazado por nerviosismo.
-Oh, por Merlín. Que sé que te gusta esa chica de Ravenclaw.
-¡Por supuesto que no! ¡No me gusta!
-De acuerdo, como digas.-le dijo Augustus sonriendo. Luego agregó con complicidad:-Pero podría ser tuya en un abrir y cerrar de ojos.
-Ya cállate y camina, Nott.
Todo iba de acuerdo a lo planeado. La poción seguía cocinándose a fuego lento como era debido y su consistencia era tal cual como el libro decía que tenía que ser. Al verla Albus no pudo evitar imaginar que era sangre coagulada, por el color rojo oscuro que tenía. Antes de salir de la habitación inspeccionó un poco los libros de las estanterías, para ver su contenido. Encontró uno que le pareció interesante e inofensivo, llamado "Pociones para bromistas". Mientras lo guardaba en la mochila, Augustus murmuraba "Qué perdida de tiempo" pero a Albus no le importó. Después de todo hacía mucho que no le hacía nada a Finnigan. A fines de septiembre habían tenido otro encontronazo, en el cual Albus había terminado con un ojo morado y Patrick con la nariz sangrando; pero no había habido intervención de autoridades.
Luego de revisar por última vez la poción, salieron de la Sala y fueron a encontrarse con sus amigos en la sala común de Slytherin. Había mucho revuelo. Entre los alumnos mayores que se preparaban apresuradísimos para el baile y los alumnos de primero y segundo que colgaban la decoración para la fiesta, se hacía muy difícil conversar, y más aún de planear el plan de la noche. Antes de que empezaran a idearlo, Albus les dijo a sus amigos que iría a buscar a su hermano para que le diera los disfraces.
Encontró a James en el sexto piso de pura casualidad. Su hermano no traía los disfraces con él, por lo que tuvo que esperar a que fuera a la sala común de Gryffindor y a que los trajera en una voluminosa bolsa. "Me compadezco del que tenga que vestirse de duende" le había dicho su hermano entre risas. James se despidió de Albus alegando que tenía que prepararse para el baile. Giró sobre sus talones y le dio la espalda subiendo por las escaleras al séptimo piso, donde se encontraba la sala común de Gryffindor.
Una vez de vuelta en su propia sala común, sus amigos lo tomaron velozmente del brazo y lo llevaron escaleras abajo, a su dormitorio.
-¡Pueden comenzar a sospechar!-le había dicho Scorpius-Debemos ser cautelosos. ¿Qué disfraces consiguió tu hermano?
-Eh...dos de hombres-lobo-los fue sacando de la bolsa-uno de ogro, uno de vampiro y uno de duende. Yo quiero uno de hombre-lobo.
-Yo también-agregó rápidamente Scorpius.-repártanse los demás muchachos.
Christian se quedó con el de vampiro y Lawrence con el de ogro, dejándole a Augustus el de duende. El niño no dijo nada, pero miró el disfraz con una expresión de profundo descontento. Se probaron los disfraces para ver las dimensiones, confiando en que la poción no los haría crecer mucho y que entrarían cómodamente en los disfraces.
A las siete en punto, Albus y Augustus estaban apagando el fuego de la poción. La cocción debía ser de exactamente cinco horas, y así lo habían hecho. Del color rojo oscuro que tenía anteriormente, ahora estaba color violeta y era de consistencia acuosa, fácil para beber. Calcularon cuánto debían beber para envejecer dos o tres años y llenaron cinco ampollas de la cantidad correspondiente. Las guardaron en las mochilas con extremo cuidado y salieron de la Sala. Estaban más nerviosos de lo que esperaban, y esperaban que si se cruzaban con un profesor no se les notara en el rostro. Afortunadamente llegaron a sus salas comunes sin cruzarse con ningún docente. Al pasar por el vestíbulo este estaba abarrotado de alumnos con sus respectivos disfraces, encontrándose con sus compañeros y amigos y entrando al Gran Salón, de cuyas puertas salía música muy movida a todo volumen.
Cruzaron las mazmorras a toda velocidad y entraron a la sala común. Ésta estaba también bastante llena de alumnos, aunque mucho más vacía que el vestíbulo. Bajaron a su habitación, donde sus amigos estaban esperando impacientes.
-Primero tomen la poción y luego pónganse los disfraces.-indicó Augustus. Repartió las ampollas para los cinco. Los niños las destaparon y bebieron el contenido.
La primera impresión que tuvo Albus fue que la pócima tenía un potente sabor a sopa, lo cual no le agradó para nada. Esperó unos segundos para ver si se sentía diferente, pero se sentía exactamente igual; nada parecía haber cambiado. De repente, Scorpius lanzó un grito.
-¡Me creció el cabello!-dijo tocándose su rubio pelo-¡Y Lawrence está más grande!
Era cierto. El ya de por si muy fornido Lawrence había aumentado unos diez centímetros de estatura. Y no era el único. Los demás también estaban más altos, aunque no tanto. Aparte de eso, no hubo ningún cambio visible. Decidieron que había funcionado y se pusieron los disfraces. Una vez estuvieron vestidos, salieron del dormitorio y de la sala común para dirigirse al baile.