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Historia 32333 — capítulo 6

Los disfraces de hombre-lobo que James había conseguido y que ahora lucían Albus y Scorpius estaban muy bien hechos. Con dos pieles de lobos reales, se pusieron la parte de la cabeza a modo de capucha y se ataron la parte de las garras a las manos, haciéndo parecer a las pieles como camperas. Chaquetones de cuero sin mangas cubrían sus pechos y llevaban leotardos como en la Edad Media. Como toque final llevaban cinturón y botas de cuero recubiertos en más piel de lobo. La piel de lobo que llevaba Albus era gris ceniza, mientras que la de Scorpius era negra azabache.     El disfraz de vampiro de Christian constaba de una capa larga hasta el suelo, negra por fuera y forrada de satín rojo del lado interior, camisa y pantalones. El toque final era dado por la pequeña botellita de poción que traía el disfraz que quitaba el color del rostro, avivaba el color rojo de los labios, hacía crecer los colmillos y volvía rojos los ojos, todo temporalmente.     Lawrence estaba vestido de ogro. Una máscara muy real de ogro totalmente desfigurado, junto con leotardos y camisola lo componía, y era uno de los más simples.     Por último, Augustus estaba de duende. Al ser bajo de estatura el disfraz le sentaba a la perfección. Como el disfraz de vampiro, el de duende constaba con una poción que alargaba la nariz y las orejas, también temporalmente. La vestimenta era exactamente como la de los duendes de Gringotts: calzas apretadas, camisas y chaquetones color rojo sangre.     Cuando llegaron al vestíbulo, lo vieron más vacío, pero aún había algunos alumnos es él, conversando animadamente y riendo; se dirigieron a la entrada del Gran Salón, donde se daba el baile. En el umbral estaba el celador, el señor McNally, quien era el sucesor del señor Filch, quien se había retirado hace unos quince años. El nuevo celador estaría rondando los sesenta años, era alto y fornido y sumamente serio. Era menos insoportable que Filch, pero mucho más peligroso con respecto a las normas y a los castigos. Se acercaron a él y sin decir nada ni preguntarle nada (para no levantar sospechas) cruzaron el umbral e ignoraron cuando el hombre sostenía frente a ellos un artefacto puntudo que debía ser el detector de edad.     Lo único que sintieron al otro lado del umbral fue que se quedaban sordos. La banda que habían contratado para el baile, llamada "Quimeras Furiosas" tocaba principalmente rock mágico pesado, pero también tocaba temas pedidos por el público y sonaban muy bien.     El Gran Salón había sido especialmente ambientado para la ocasión. Las esquinas rebozaban de calabazas luminosas que proyectaban sonrisas macabras en la oscuridad. Guirnaldas naranjas y negras atravesaban el techo y las paredes por doquier, y una enorme bandada de murciélagos vivos revoloteaba por encima de las cabezas del alumnado. Pero lo que más contrastaba era la diversidad de disfraces que había: príncipes, caballeros medievales, reyes, romanos, personajes famosos como un desaliñadísimo Sirius Black y un muy bien caracterizado Albus Dumbledore habían sido las elecciones de los chicos. Las chicas iban de princesas, reinas, damas antiguas, pitonisas, sacerdotisas, odaliscas árabes, diosas griegas, mariposas, banshees y mucho más.     Albus y sus amigos se deslizaron por un costado hacia la zona de mesas y consiguieron una libre para ellos, en la que se sentaron algo aturdidos. Sus jóvenes mentes de once años nunca habían presenciado un baile juvenil ni nada por el estilo, y la primera impresión los había dejado algo atontados. Luego de estar unos diez minutos contemplando el baile, Scorpius exclamó:

-¡No podemos quedarnos aquí!¡Vamos a bailar!

-¡Pero no tenemos parejas!-gritó Christian por encima de la ensordecedora música.

-¡Pues consigamos unas!

-¡No lo sé, Scorpius! ¡No creo poder animarme a sacarlas a bailar!

    En ese preciso instante, una chica vestida de sacerdotisa, con mucha piel al aire y bastante desenvuelta en el ambiente del baile se acercó a su mesa y le habló a Scorpius:

-Tu eres muy lindo... ¡Ven a bailar conmigo!-por lo que Albus pudo escuchar, la chica se había tomado unos cuantos vasos de ponche extra.

-De acuerdo-le contestó Scorpius mientras la chica lo arrastraba a la pista de baile. Los dos se pusieron a bailar en el centro de la pista, donde la chica llamaba mucho la atención de los varones y Scorpius recibía miradas de envidia rencorosa.

    Habían estado un largo rato sentados, simplemente mirando a su amigo bailar con la sacerdotisa, cuando Lawrence y Christian se pusieron de pie, anunciando que iban a bailar. Albus no disfrutaba mucho del baile por lo que declinó en acompañarlos y Augustus alegó que era "pésimo bailarín", por lo que ambos se quedaron sentados a la mesa.     Decidieron probar el ponche de frutas que estaba en una gran fuente en la mesa donde estaba la comida. Se sirvieron en copas de plata hasta el borde y bebieron. Tenía sabor tutti fruti con un sabor extra que Albus supuso que era el alcohol; pero aún así le encantó. Augustus pareció reflexionar un poco y luego se sirvió más. Albus lo imitó, y ambos volvieron a beber…     El mundo giraba a su alrededor. O al menos eso era lo que sentía. Estaba sumamente aturdido y no sentía su cuerpo, sólo podía observar con dificultad lo que sucedía a su alrededor. Augustus se había desplomado sobre la mesa y le pareció oír que roncaba. Scorpius, Lawrence y Christian no habían regresado aún, por lo que se imaginó que seguramente estaban bailando. Quizás con alguna amiga de la sacerdotisa que se había llevado a Scorpius. Su visión se empezó a nublar, sólo veía sombras pasar ante sus ojos y no escuchaba absolutamente nada. Finalmente se desplomó en la mesa de la misma forma que Augustus.     Volaba. Volaba por sobre montañas y mares, por sobre prados y lagos, hasta que veía un castillo. Era Hogwarts. Comenzó a descender y atravesó el techo del Gran Salón. El baile continuaba, los colores de los disfraces lo deslumbraban, lo encandilaban tanto que sintió que el recinto entero se iluminaba con la misma luz del sol. Las personas despreocupadas continuaban con su baile sin fin... Su atención se fijó en un pequeño grupo de personas que había en una esquina. Tres muy altas rodeaban a una más pequeña, que lucía un disfraz de elfo doméstico. No pudo distinguir las caras, sólo podía distinguir sus movimientos espásticos. Pero no era un baile. Las tres figuras altas discutían entre si, mientras que la más pequeña se mantenía en silencio, hasta que gritó "¡Potter! ¡Albus Potter!"...

-¡Albus! ¡Albus Severus Potter!-le gritaba alguien por sobre la música-¿Me escuchas?

-Siii...-su voz sonó sepulcral y gutural. Ya no estaba aturdido, poco a poco iba recuperando la compostura y pudo distinguir a Scorpius como su interlocutor.

-¡Levántate, debemos irnos de inmediato de este baile!

-¿Por qué? ¿Qué sucede?-Albus estaba muy confundido.

-Celina me dijo que escuchó un rumor sobre que algunos alumnos menores habían entrado utilizando una poción envejecedora. El rumor llegó a los oídos de los profesores, y están buscando a los responsables.

-¿Celina? ¿Quién es Celina?

-La muchacha con la que estuve bailando. ¡Vamos, debemos irnos ahora!

-Tranquilízate Scorpius-le dijo Albus. Luego se dirigió a Augustus que, como él, ya se había despertado y escuchaba la conversación de sus amigos:-No hay manera de que nos descubran, ¿verdad?

-Bueno...estamos disfrazados y no hay manera de que detecten la pócima. A menos que...-Augustus se detuvo y puso una mueca de horror.- ¡Jagellon! ¡Rápido, busca a Lawrence y a Christian, debemos irnos!

-¡Un momento! ¿Qué sucede con Jagellon, Augustus?-preguntó Scorpius sin comprender nada.

-¡Él puede olfatear las pociones!-explicó el niño disfrazado de duende.

    No lo volvieron a dudar. Se levantaron de las mesas con algo de dificultad y Scorpius fue a buscar a los otros dos chicos. Cuando se reunieron los cinco, se dirigieron a la salida. Avanzaban con dificultad, debido a la cantidad de personas que había en el Gran Salón y a los efectos que el ponche frutal aún tenía sobre ellos. En el trayecto Augustus tropezó con una mesa, cayendo al suelo y provocando un gran tumulto a  su alrededor, al haber tirado a dos chicas con él. Entre Lawrence y Scorpius lo incorporaron y lo llevaron a cuestas, ayudándolo a caminar. Albus iba en el medio de la comitiva, detrás de Christian. De repente, por sobre el estruendo, escuchó su nombre: "¡Potter! ¡Albus Potter!". Sin embargo continuó caminando con dificultad siguiendo la espalda de Christian sin darle importancia. Había tomado más ponche del que podía manejar y seguramente eso había provocado la alucinación de ser llamado por alguien invisible. Repentinamente, Christian se detuvo y chocó contra él. Alzó la vista para ver por qué su amigo se había detenido y el alma se le calló a los pies.     El director Lesseps, Saint-Clair y Jagellon se encontraban frente a Christian y lo miraban tanto a él como a los otros cuatro niños que estaban detrás de él con sumo interés. Lesseps estaba muy serio y les habló a todos por igual:

-Acompáñennos, por favor.-el director se dio la vuelta y salió del Gran Salón. Los niños no tuvieron más remedio que seguirlo. Detrás de Lawrence, Scorpius y Augustus iban Saint-Clair y Jagellon.

    El profesor Lesseps los escoltó hasta el segundo piso y se dirigió hasta el final del pasillo, donde había una enorme gárgola de piedra, que se hizo a un lado al escuchar unas palabras por parte del director, dejando al descubierto una escalera caracol, a la que Lesseps subió. Los alumnos los siguieron. La escalera parecía ascender en círculos, lo cual no ayudó a Albus, pues el movimiento le revolvió el estómago. La escalera los dejó en un amplio rellano frente a una puerta de roble que el calvo hombre abrió y los invitó a pasar.     La habitación en la que se encontraban era circular, amplia y bonita. Estanterías muy lustradas y cuidadas cubrían las paredes, repletas de libros de todos los colores y tamaños. El director avanzó hacia un escritorio y se sentó tras el. Con un movimiento de varita materializó cinco sillas y los invitó a sentarse con un movimiento de la mano. Tras permanecer un segundo en silencio, se dirigió a los niños con amabilidad:

-Bienvenidos a mi despacho. ¿Les gusta?-antes de que pudieran contestarle, les preguntó:-¿Les gusta tanto como el baile?

Un silencio sepulcral llenó la habitación después de ese comentario. La amabilidad había desaparecido del rostro del director y en su lugar había una severidad infranqueable. Los miraba con ojos escrutadores y Albus sintió que las luces titilaban. Momentos más tarde, el profesor Lesseps volvió a hablar:

-Bueno, veo que sí son los responsables. Como los recuerdos del señor Nott me han confirmado, ustedes en verdad hicieron una pócima envejecedora.-el director se puso de pies y comenzó a deambular en círculos, rodeando a los niños como un lobo acechando a su presa.-Formidable, ¿no Vladislaus? Una Multum Aetas a esta edad...

-Formidable en verdad, director. Sólo dos alumnos con tanto talento como Potter y Nott pudieron haber hecho esa pócima de entre todos los alumnos más jóvenes.

-Así es. Y debo recalcar que esta situación ha sido culpa mía-objetó el director-Nunca me imaginé que alguien utilizaría pócima envejecedora, por lo que no preparé al sensor para ello. Aún no puedo creerlo. Diez alumnos de primero deambulando en un baile para mayores de trece años...

-Disculpe, director-intervino Albus muy educadamente-. ¿A que se refiere con diez alumnos de primero? Nosotros somos sólo cinco...

-Bueno, a ustedes cinco los descubrí gracias a los otros cinco. Verá señor Potter, el señor Finnigan al parecer estaba buscando una forma de hacerle una broma, por lo que lo espió durante todo el día. Al verlo salir acompañado del señor Nott de cierta sala en el séptimo piso, el señor Finnigan entró en dicha sala y encontró los restos de la poción y el libro que ustedes habían estado usando para producirla. Tras leer la página en la que estaba abierto el libro, comprendió de qué se trataba y se llevó lo que quedó de poción para él y sus amigos. Esta noche, los profesores y yo escuchamos un rumor de alumnos menores a la edad estipulada que habrían entrado al baile por medio de la ayuda de una Multum Aetas. Tras escuchar ese rumor, comenzamos a buscar, hasta que el profesor Jagellon detectó en Finnigan la poción. Luego de interrogar a Finnigan, el nos dijo sin ningún reparo cómo había obtenido la poción.

-Bueno, Phillippe, creo que deberíamos castigarlos de una buena vez y mandarlos a la cama.-opinó Saint-Clair, severa como siempre.

-Tienes razón Marie. Bueno, creo que doscientos puntos menos para Slytherin y un mes de castigos es justo.-dijo Lesseps como dando por terminada esa extraña reunión.-La profesora Saint-Clair les comunicará en qué consistirá su castigo más adelante. Ahora pueden irse. Vladislaus, acompáñalos a la sala común por favor. No queremos que se vuelvan a meter en el baile ni nada por el estilo.

    Los muchachos se levantaron de sus asientos y salieron por la puerta que Jagellon mantenía abierta. El trayecto hasta la sala común fue muy silencioso. Albus tenía mucho sueño. Lo que más deseaba en ese momento era desplomarse sobre su cama y poder dormir durante tres semanas. Cuando pasaron por el vestíbulo y echaron una mirada al Gran Salón vieron que la fiesta continuaba. Albus contempló su reloj y vio que eran apenas las diez y media; el baile terminaría a las doce. Cuando llegaron a la puerta de la sala común pronunciaron la contraseña y la puerta se abrió. Albus era el último de sus amigos, y cuando estaba por entrar, Jagellon lo detuvo y le susurro al oído:

-Excelente pócima, Potter. Cuarenta puntos para ti y para Nott.

    Tras decir esto, el hombre se alejó dando grandes zancadas, dejando a Albus un poco más contento.