← Historia 32333 · de
Historia 32333 — capítulo 18
-¿TPM?-Lawrence formuló la pregunta que seguramente estaba en la mente de todos sus amigos.
-Así es. Ése es el nombre de la enfermedad que tengo-le contestó Albus en un susurro.
Era de noche. Esa tarde, cuando había vuelto del despacho de Lesseps, sus amigos le habían preguntado el motivo por el cual Saint-Clair lo había ido a buscar, y él había pospuesto el momento de contárselos hasta la noche. Estaban los cinco sentados en el centro de la habitación, rodeados por sus baúles, los cuales rebozaban de prendas arrugadas y medias sucias que los elfos recogerían al amanecer, para devolverlas como nuevas durante la noche. Había dos cajas de Grageas Berttie Botts de todos los sabores en el centro del circulo, junto con una caja de ranas de chocolate, todo cortesía de sus padres. Sus cuatro amigos lo miraban con interés mientras mascaban diferentes golosinas.
-¿Y de qué se trata esa enfermedad?-le preguntó Scorpius, quien examinaba una gragea de color marrón violáceo. Tras deliberar un segundo, se la llevó a la boca y exclamó:-¡Maldición! ¡Hígado crudo!-Scorpius retiró la gragea de su boca, estando al borde del vómito, mientras sus amigos se desternillaban de risa debido a su mala suerte.- ¿Y bien? ¿De qué se trata el TPM?
Albus tardó en contestar. Tomó una gragea rosada y se la llevó a la boca. Por fortuna era de fresa, por lo que la saboreó mientras pensaba sobre cómo explicarles su situación. ¿Serían sus amigos capaces de repudiarlo debido a su enfermedad? ¿Acabaría siendo un marginado? En realidad, Albus no creía que semejantes cosas fueran a ocurrir, pero aún así le hubiera encantado ser vidente para poder comprobarlo. Tragó el último trozo de gragea y comenzó a explicarles:
-Según el medimago que nos lo explicó, el TPM es una enfermedad muy rara en el mundo mágico-se detuvo a esperar cómo reaccionaban sus amigos, pero ellos solo lo miraban esperando que continuase-. El mago que la sufre posee diferentes personalidades.
-¿Diferentes personalidades?-le preguntó Lawrence en un susurro, rascándose la cabeza.
-Sí, Lawrence. Estas personalidades se presentan en momentos de emociones potentes, como amor, odio, enojo. Y generalmente son acompañadas por brotes de magia involuntaria.
Sus amigos permanecieron en silencio. Lawrence y Christian tenían una cara de sorpresa absoluta; y Lawrence también de desconcierto. Albus supuso que aún estaba procesando la información que su cerebro acababa de recibir. Scorpius parecía sorprendido, aunque lo disimuló tomando una gragea verde brillante, para luego exclamar: "¡Qué asco! ¡Césped!". Augustus estaba pensativo. El pálido niño lo miro con sus profundos ojos negros y le preguntó:
-¿Y hay alguna forma de combatirla?
-Sí. Hay una poción. Según Goldsmith (el sanador que me atendió), deberé tomarla de por vida, porque el TPM no desaparece nunca.
-¿Y sabes prepararla?-le preguntó Christian con cara de admiración.
-No. Pero Lesseps le ha pedido a Jagellon que la prepare. Supongo que uno de estos días tendré que hablar con él al respecto.
-Ahora entiendo por qué perdías tan fácilmente los estribos, Albus-dijo Scorpius con una pícara sonrisa-Y también por qué atacas con tanta regularidad a Finnigan.
-No voy a negar que es la persona que consigue irritarme con más facilidad-declaró Albus riendo.
-Después de su último encuentro no volverá a acercarse a ti; al menos no muy pronto-intervino Christian-Marianne Shelley me dijo que pasó por la enfermería para que Madame Pomfrey le diera una pócima para el resfrío el jueves por la tarde y Finnigan seguía inconsciente. No creo que cuando despierte venga a buscarte corriendo.
-Christian tiene razón, Finnigan es un cobarde-corroboró Scorpius con desdén-. Seguramente a partir de ahora te tendrá miedo y estará siempre acompañado de su pandilla.
-Aunque así sea, ahora voy a poder controlarme y no lo atacaré cada vez que tenga la oportunidad.
-A pesar de que deberías-apuntó Augustus-. Te empiece a temer o no, estoy seguro de que Finnigan aprovechará cada oportunidad para echarte alguna maldición. Así que deberás ir con cuidado.
-Que lo intente-aventuró con fiereza Albus-. Con TPM o sin el puedo vencerlo con los ojos cerrados.
El sábado por la tarde el castillo estaba más vacío que de costumbre. Los alumnos de tercero en adelante tenían la posibilidad de ir de excursión a Hogsmeade, oportunidad que ninguno había desaprovechado. Albus se pasó toda la tarde en la Sala Común jugando al ajedrez mágico con Augustus y realizando diversas tareas; más tarde fue a la biblioteca para continuar con su búsqueda de las Siete Runas Antiguas. No había vuelto a la biblioteca desde el martes, día en el que había aturdido a Finnigan. Sin embargo no obtuvo mejores resultados que antes. No encontró mención de las Siete Runas Antiguas en ninguno de los libros que consultó: Introducción al estudio de las Runas Antiguas y Los Secretos de las Runas Antiguas. Ambos tomos eran tan voluminosos que Albus tenía que tomarlos entre las dos manos para que no cayeran al suelo.
-¿Encontraste las propiedades del veneno de basilisco para Pociones?-le preguntó Christian cuarenta minutos después, cuando Albus entró a la Sala Común. Albus extrajo un rollo de pergamino de su mochila y se lo lanzó:
-Esas son las propiedades. Pero redacta tú la redacción; Jagellon ya me ha dicho que no los ayude o me bajará la calificación a mí.
Christian y Scorpius emitieron un bufido y se inclinaron ante el pergamino que Albus les había entregado. Él, por el contrario, extrajo de su mochila el grueso libro que sus tíos Ron y Hermione le habían regalado para Navidad y comenzó a hojearlo en busca de una maldición en particular. El nombre "Citimoris" no se encontraba en ningún lado del libro. Sin embargo, hubo una página que le llamó la atención a Albus. El título rezaba: Maldición del Miedo. Se trataba de una maldición que infundía miedo al enemigo y lo dejaba imposibilitado de pelear. ¿Acaso sería la misma maldición que él había utilizado con su prima? Las palabras para efectuar el hechizo eran diferentes: ¡Panikós! ¿Era la misma maldición? También había un contramaleficio; podría probar el contramaleficio con Rose. Quizás pudiese hacer que su prima vuelva a ser la de antes.
Su pluma no cambió en absoluto. Pronunció una vez más el hechizo: "¡Velumfors!". Estaban en la clase de Transformaciones del lunes y se suponía que la pluma que la profesora Saint-Clair les había entregado al comenzar la clase debía transformarse en una vela. Él y Scorpius, que se sentaban juntos, no consiguieron mucho. Pudieron ver cómo la textura de la pluma era más cerosa, pero aún así seguía siendo una pluma. Augustus, por el contrario, ya estaba rodeado de velas y Saint-Clair lo había recompensado con veinte puntos. Sin embargo, Albus se sintió aliviado cuando Hera McLaggen derritió la pluma en lugar de transformarla. Al menos su pluma seguía intacta. Cuando salió del aula, una chica de Ravenclaw más grande que él se le acercó.
-¿Tú eres Albus Potter, verdad?
-Sí, soy yo.
-El profesor Jagellon me ha enviado a buscarte. Quiere que te dirijas a su despacho antes del almuerzo.
-Eh…de acuerdo, gracias.
Sorprendido, se despidió de sus amigos diciéndoles que los vería en el Gran Salón, y se dirigió a las mazmorras, donde estaba el despacho de Jagellon. En el vestíbulo se cruzó con varios estudiantes de Ravenclaw, que subían las escaleras que se dirigían a las mazmorras; probablemente habían tenido clase de Pociones y se dirigían al Gran Salón para almorzar. Albus recorrió las mazmorras con rapidez y se detuvo frente a una puerta que estaba al lado de la mazmorra en la que se impartía la clase de Pociones. Extendió el brazo y golpeó suavemente la puerta con los nudillos. Un segundo después, la puerta se abrió y Jagellon apareció en el umbral.
-Pasa, Potter.
Era la primera vez que Albus entraba en ese despacho. Era bastante espacioso, aunque ese espacio parecía verse reducido debido a la cantidad de estanterías que cubrían las paredes. En ellas había libros de diferentes tamaños y colores, así como un sinfín de recipientes y frascos con ingredientes de pociones. Algunos contenían criaturas viscosas y blanquecinas, las cuales flotaban en líquidos de diferentes colores. Al fondo del despacho había un gran escritorio cubierto de pergaminos y plumas, así como de cucharones, un caldero y numerosas ampollas de diferentes tamaños. En la pared que estaba a la derecha de la puerta había una segunda puerta, que quizás comunicara con el salón de clase, mientras que al fondo del despacho había otra puerta, la cual seguramente llevaba a las habitaciones de Jagellon. El profesor acercó una silla a su escritorio con la varita, para que Albus se sentara y luego se sentó en su propia silla, la cual tenía respaldo alto y era completamente de madera. Albus tomó asiento y esperó a que el profesor tomara la palabra.
-La razón por la que te he mandado a llamar, Potter, es porque debemos arreglar algunos asuntos con respecto a tu…eh…problema-finalizó Jagellon con delicadeza-. Como bien sabes, el director me pidió que hiciera la poción para combatir el TPM, adjudicándome dicha tarea como una de mis nuevas…obligaciones.
Albus sintió que sus mejillas se encendían. No le agradaba causar tantos problemas, y sospechaba que a Jagellon no le agradaba tener una nueva "obligación". Sin embargo, si el profesor pensaba igual que él no lo demostró.
-Ya he preparado un caldero entero, el cual durará aproximadamente unas dos semanas-Jagellon señaló el caldero que estaba sobre su escritorio, el cual estaba cubierto con una tapa de hierro-.Como debes tomar la poción diariamente, vendrás a mi despacho todos los días antes del almuerzo a buscar la ampolla con la poción y la beberás en el almuerzo, como si fuera jugo de calabaza. ¿Entendido?
-Sí, señor.
-Bien. Toma la ampolla del día de hoy-Jagellon tomó una ampolla de una estantería cercana con una sustancia color púrpura y se la alcanzó a Albus-. Eso es todo, puedes retirarte.
El profesor pareció olvidarse de él. Se calzó un par de anteojos de lentes redondas y se concentró en los pergaminos que estaban sobre su escritorio. Albus se levantó de la silla y salió del despacho en dirección al Gran Salón. A Albus no le agradaba la idea de tener que beberse la poción en el Gran Salón durante el almuerzo, porque no quería llamar la atención ni nada por el estilo. Lo horrorizaba pensar lo que diría Finnigan si se enteraba. ¿Acaso todas las demostraciones de poder se debían a su enfermedad y no a él mismo? ¿No habían sido sus propios poderes los que habían emanado durante sus clases impresionando a los profesores debido a su potencia? No. Por supuesto que eran sus poderes. Solamente que él no los controlaba. Era su otra personalidad, la agresiva, la que dominaba esa magia tan potente. ¿Podría él dominarlos a sus anchas, o estarían siempre bajo el dominio de su otra personalidad? Con todos estos pensamientos en la cabeza, Albus subió las escaleras hasta el vestíbulo y atravesó las puertas dobles del Gran Salón. Para su disgusto, parecía estar más lleno de lo normal. ¿Por qué justo ese día todos los alumnos del colegio parecían haber asistido al almuerzo? Generalmente siempre había alumnos que se quedaban en sus Salas Comunes adelantando deberes, o poniéndose al día con ellos. ¿Acaso los profesores de Hogwarts ya no daban deberes? Pensando que dicha suposición era completamente ingenua y utópica, Albus se sentó a la mesa de Slytherin junto a Scorpius quien, para su desgracia, charlaba muy animadamente con Mia Speymouth y Marianne Shelley. Marianne Shelley era otra de las chicas de su curso en Slytherin. Era bastante alta y delgada, con pelo color oro y ojos color miel. Tenía unas cejas delgadas y una nariz algo respingada, que le sentaba muy bien. Al ver a Albus sus delgados labios esbozaron una gran sonrisa. Mia, para su sorpresa, reaccionó de la misma manera al ver al delgado niño de pelo negro y ojos verde esmeralda.
-Hola Albus-saludaron las dos a coro, para luego emitir una tonta risita estridente.
-Hola-respondió el niño manteniendo distancia. Había comprobado que Mia era bastante más inteligente de lo que aparentaba, pero aún tenía serias dudas sobre Marianne. No le gustaba mucho juntarse con gente con pocas luces.
-¡Albus!-exclamó Scorpius-Marianne me estaba contando de cuando vio a Finnigan inconsciente en la enfermería el jueves pasado-su amigo le guiñó velozmente un ojo.
-Tres costillas rotas. Es un buen trofeo a cobrarse por un Gryffindor, Albus-le dijo Marianne con los ojos llenos de malignidad.
-Sí, lástima los cien puntos menos y todos los urinales que tuve que limpiar-dijo Albus, poniendo cara de sufrimiento.
-Eso no es tan importante, Albus-intervino Mia, sonriendo abiertamente-. Ya te lo dije, lo que importa es que los demás se den cuenta de que no somos tan mansos. Tú al menos no lo eres.
Albus se limitó a asentir con la cabeza y a sonreír levemente agradeciendo ese… ¿cumplido? Si eso era un cumplido, era uno sumamente raro. Extendió la mano para servirse puré de papas, que era lo que tenía más cerca. En realidad no tenía apetito, sólo era consciente de que si no comía luego se sentiría mal y más débil, y luego tenía Defensa Contra las Artes Oscuras, por lo que quizás necesitara fuerzas. Observó el entorno a su alrededor: Scorpius seguía hablando con Mia y Marianne, mientras que Lawrence charlaba con Hera McLaggen. "Son tal para cual" pensó Albus mirando el tamaño de los dos. No había señales de Christian y Augustus. Decidiendo que no había mejor momento para tomar su poción que ese, se llevó la mano al bolsillo de la túnica en el que había guardado la ampolla de vidrio. Muy lentamente extrajo el tapón con la mano derecha, mientras con la izquierda se llevaba el tenedor repleto de puré de papa a la boca. En un rápido movimiento levantó la ampolla y se la llevó a los labios, inclinándola lo más disimuladamente que pudo para no llamar la atención de sus compañeros. Bebió a tal velocidad la poción que no tuvo tiempo de sentir que gusto tenía. Sin embargo sintió que estaba tan fría como probablemente debía de estar el agua del lago. Más allá de eso no sintió nada más. No sintió como si sus fuerzas disminuyeran ni nada por el estilo. Se sentía más normal que de costumbre. Por suerte. Como era de esperarse, la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras de ese día fue práctica. Eso era lo maravilloso de las clases con Lippi: que nunca eran aburridas. James le había contado en una ocasión que las clases del profesor que había estado el año pasado, Leonard Boyd, eran extremadamente aburridas, hasta el punto de ser comparadas con las clases de Historia de la Magia. Albus se colocó a un costado de la puerta y se sentó junto a Scorpius y Lawrence. Fue entonces cuando recordó formular la pregunta que venía pensando desde el Gran Salón.
-¿Dónde están Augustus y Christian?
-¡Oh! Cierto-exclamó Scorpius-. Olvidé contártelo. Están en la enfermería.
-¿QUÉ?
-Que están en la enfermería. Cuando te fuiste de transformaciones nos cruzamos en las escaleras a Dorian Mcmillan y a Ronald Walken y, obviamente, discutimos. Los Gryffindors les lanzaron la maldición Furnunculus, aunque ellos se llevaron una sorpresa cuando las uñas de sus pies comenzaron a crecer de forma descomunal destrozando sus zapatos. Supongo que a estas alturas Madame Pomfrey ya los habrá arreglado a todos.
En ese momento entró la profesora Lippi y cerró la puerta tras de sí. Los miro con sus profundos ojos grises y dijo velozmente:
-El día de hoy practicaremos en parejas el hechizo obstaculizador. Ya saben cómo hacerlo, adelante.
Hubo un revuelo mientras los niños se ponían en parejas. Albus se puso con Scorpius, dejando que Lawrence practicara con Hera. El aula se llenó de gritos de "¡Impedimenta!". Albus inmovilizó rápidamente a su platinado amigo y observó el entorno del aula mientras esperaba a que se pasara el efecto del hechizo para que Scorpius pudiera inmovilizarlo a él. Vio cómo Emma practicaba con Rob (a lo que arrugó la nariz como si estuviera oliendo algo verdaderamente repugnante) y vio a su prima Rose practicar con Melissa Richardson, una chica de Ravenclaw. Se preguntó si debía intentar realizar el contramaleficio con Rose. Podía hacerlo e ir a hablar con ella al final de la clase para ver si había funcionado. Lamentablemente no pudo realizarlo en ese momento, porque escuchó una voz que gritaba "¡Impedimenta!" y se encontró a sí mismo tirado en el suelo, incapaz de mover un solo músculo del cuerpo. No era una sensación muy agradable. La sensación de impotencia que provocaba el estar tirado en el suelo e inmovilizado era muy perturbante. Unos veinte minutos después se le presentó la oportunidad. La compañera de Rose, Melissa, había confundido el encantamiento obstaculizador con el de desarme, por lo que la varita de su prima había volado varios metros, atravesando el aula entera, para caer a unos tres metros de distancia de Albus. Al principio Rose parecía completamente reacia a recuperar su varita, pero luego de unos segundos de deliberación se acercó sigilosa, pasó por detrás de Albus y se agachó para tomar su varita. Fue entonces cuando Albus la apuntó con su varita y susurró:
-¡Dêsinere!
Quizás el encantamiento estaba diseñado para ser indetectable, porque si él no lo hubiera pronunciado no se hubiera dado cuenta de que alguien lo había hecho. Rose ni siquiera lo miró cuando se dio la vuelta, antes de volver con su compañera. El resto de la clase continuó con normalidad, excepto cuando un chico de Ravenclaw realizó con tanta potencia el hechizo que su compañero terminó sangrando por los oídos y la profesora lo mandó a la enfermería diciendo que la presión que ejercía el encantamiento había sido tal que al niño le habían estallado los tímpanos. Cuando sonó la campana, en lugar de tomar velozmente su mochila e irse a la Sala Común como de costumbre, Albus guardó la varita en el bolsillo de la túnica y se acercó a Rose. La niña estaba dada vuelta, por lo que no pudo verlo. Sólo giró sobre sí misma para verlo cuando Rob Warwick lo miró con desconfianza y le preguntó con desdén:
-¿Qué quieres, Potter?
-Nada contigo, Warwick-le espetó Albus con el mismo tono-. Quiero hablar contigo-agregó mirando a Rose, quien parecía más molesta que asustada.
-¿Sobre qué?
-Bueno…-Albus pensó cómo sería la mejor forma de decirlo-aún no me has dejado hablarte lo suficiente como para poder disculparme-Albus sintió cómo sus mejillas se encendían cuando Rose alzó las cejas-. Lamento haber perdido los estribos y haberte hechizado.
Su prima continuó con las cejar arqueadas y mirándolo como si fuera un engendro de circo. Luego sonrió y lo abrazó brevemente.
-¡Sabía que seguías siendo tú!-lo soltó y lo miró a los ojos-Gracias por tus disculpas, Albus. Las acepto. Ahora debo irme, tengo muchos deberes.
Se colgó la mochila al hombro y salió apresuradamente del aula. Emma le sonrió a Albus y también salió del aula para alcanzar a su amiga, dejando a Albus y a Rob completamente solos. La profesora Lippi ya se había marchado, seguramente al Gran Salón para cenar. Rob lo miró destilando odio por los ojos y habló, poniendo cara de asco:
-A mi no me engañas, P-potter. Yo sé cómo eres en r-realidad. Mantente alejado de Rose y Emma, si sabes lo que te co-conviene.
-No creo que debas ser tú quien me diga lo que más me conviene, gracias-le espetó Albus con tono glacial-. Además, dudo que seas lo suficientemente inteligente como para saber cómo soy.
Rob sacó velozmente la varita de la túnica y la apuntó al pecho de Albus, a quien tenía a menos de un metro y media de distancia. La punta de la varita echaba chispas azules y la mano de Rob temblaba debido al enojo.
-Tómame en serio, Potter. No sabes de lo que soy capaz-Rob no tartamudeaba y lo miraba amenazadoramente.
-No, no lo sé. Demuéstramelo-lo retó Albus-. Sinceramente, no creo que tengas las agallas suficientes para atacarme. Sabes lo que te espera si lo haces. Eres un cobarde.
-No soy un cobarde, asquerosa serpiente. Guarda tu lengua y aléjate de Emma-Rob estaba lívido de ira, completamente rojo-. No creas que no he visto c-como la miras. Nunca la t-tendrás. Eres un Slytherin, y t-tú como el resto de tus compañeros han p-pasado a la historia.
Albus sintió un poderosísimo impulso de sacar la varita, pero increíblemente se contuvo. Logró contener su rabia y dijo con el tono más gélido posible:
-No cometas más errores, Warwick.
Tras decir esas palabras, se alejó del Ravenclaw, tomó su mochila y salió del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras.