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Historia 32398 — capítulo 2
Capitulo 1: Viajes Memorables.
Un joven de pelo castaño oscuro, mirada penetrante y facciones duras se hallaba en el muelle de la ciudad de Pool, en Inglaterra, junto a su madre soltera. Habían estado esperando el barco que los llevaría al centro del océano atlántico… ¿y para que esperaban eso? Por que allí, sumergido a miles de kilómetros por debajo del nivel del mar se encontraba el colegio de Magia y Hechicería de Atenghá. El único colegio de magia que existía, ubicado a 24 grados de latitud Norte y 41 grados de longitud Oeste en el corazón del Océano Atlántico, era ilegal, pero a tantos metros de la superficie, y oculto con cientos de increíbles encantamientos, los Muggles no lo encontrarían. Los jóvenes no podían dejar de aprender magia, era lo que los Muggles querían, que ninguno pudiera usarla, entonces se procedió a realizar este inmenso colegio donde asistían chicos de todo el mundo. Hacia él iba Ródick, un joven de 18 años que terminaría de cursar ese año y por fin podría vivir en la miseria como vivía su madre, pero ahora solo.
-Por fin podré vivir en la miseria. Me muero por poder hacerlo-decía irónicamente el muchacho a su madre.
-Ya deja de quejarte, Ródick, siempre dices lo mismo, vas a vivir mejor de lo que vivías conmigo-decía su madre que acababa de divisar el barco.
-Sí, seguro, estoy que salto de felicidad, adoro trabajar todo el día. Nada de esto hubiese pasado si no hubieras dejado ir al estúpido de mi padre-el joven tenía un carácter muy extraño.
-¿Piensas que se fue por que quise? ¡Tan solo un día no apareció! Y al siguiente tampoco, y así sucesivamente. Y a ti te pasará igual, sos idéntico a él, vas a dejar de lado a tu familia y jamás regresaras con ella-la madre no era muy alentadora.
Ródick la miró con furia.
-Sos una ignorante, mamá, lamento que tu cabeza no sea lo suficientemente rápida como para asimilar todo lo que te acabo de decir. Hay mucha gente que no tiene la familia que merece, pero lo mió es terrorífico sinceramente un dios estaba muy enojado cuando me concebiste.
La madre no dijo nada más, la gente ya comenzaba a mirarlos muy extrañamente. El barco ancló en la orilla del puerto y la gente comenzó a subir. Más lejos otra familia se despedía de su hija:
-Victoire, ¿recuerdas todo lo que te dijimos verdad? Trata de divertirte y no te preocupes por nada… lo mejor va a ser que te quedes allí también en las vacaciones. Pero cualquier cosa, envías a tu pequeña Dorothy
El que hablaba, un tipo pelirrojo, alto, con un traje muy fino, apuesto y de mirada intelectual, y su nombre era Bill. Tenía una barba de dos días, aunque se la había cortado completa esa mañana.
A su lado, su esposa, una mujer de rostro bello, joven, alta y esbelta, le acomodó las ropas a su hija, le dio un beso en cada mejilla y se abrazó con su esposo mientras la contemplaba.
Victoire, la jovencita de 14 años de edad, rubia, con algunas pecas en la cara, de muy hermoso rostro al igual que su madre, y un porte igualmente fino, esperaba ansiosa a que llegara su amigo.
Detrás de esa familia, caminó un jovencito pálido de extraño cabello turquesa, mirada profunda, y andaba con una tranquilidad acogedora.
-Gracias por acompañarme, abuela-le agradeció el pequeño Ted Lupin a Andrómeda.
-Hijo, es lo menos que podía hacer… las cosas están tan feas últimamente que uno nunca sabe cuando puede ser la última vez que me veas.
-Gracias por traerme Bill y Fleur.
-Ni lo menciones, siempre ayudas muchísimo a Victoire-dijo alegremente Fleur. Bill no miró con tanta confianza al muchacho.
-Bueno, suban al barco que se hace tarde, y pórtense bien, jovencitos-dijo Andrómeda mientras Bill cargaba el equipaje de los niños.
Una de las últimas en subir fue una muchacha morocha, que se encontraba sola entre tanta gente, cargando su equipaje y mirando el barco melancólicamente.
En pleno Océano Atlántico, pero por vía aérea, viajaba otro grupo de personas en un pequeño jet privado, con rumbo a España, que se supone, es donde se encontrarían con sus abuelos paternos y luego se reunirían con ellos sus padres una semana después. En la avioneta iban sentados cuatro chicos. El mayor, Willinton, a quienes todos llamaban Will, de 19 años, era muy responsable, siempre protegiendo a sus demás hermanos, y tenía el don de poder razonar mejor que cualquiera en momentos límites. La segunda de la familia, Danna, de 17 años era una chica fina y con clase, muy bonita y educada, nadie jamás le gritaba y mucho menos insultaba si no quería ganarse una golpiza por parte de su hermano o su padre. Todo lo que quisiera lo tenía. La tercera se llamaba Dennise, tenía 14, era igual de hermosa que su hermana mayor, pero al no ser tan refinada como su hermana, dejaba más de lado su aspecto y no se preocupaba por mantener su belleza. Pero en ese momento viajaba muy bien vestida, con un vestido acampanado carísimo, y una gargantilla que le molestaba desde que subió al avión pero sus hermanos no dejaban que se la sacara. La última, era una niña de 5 años, muy traviesa y caprichosa, que sacaba de quicio a Danna y que Will protegía con su vida. Los jóvenes tenían una vida tan perfecta y tan llena de lujos, que lo que menos imaginaban era que en ese momento, el avión sufriría una turbulencia.
-¿Todo está bien, señor piloto?
-Sí niños, sólo un pequeño cambio de viento.
Will se inquietó. Los demás lo dejaron pasar, pero el hermano mayor tenía un mal presentimiento. Les hizo colocar a todos los paracaídas y cuando menos se lo esperaba el avión chocó contra algo. Las chicas gritaron cuando se sacudieron y cayeron. Al instante después del choque se sintió un chapoteo como si la nave hubiera repostado en el agua.
-¡Señor piloto! ¿Se encuentra bien?-Will abrió la puerta que comunicaba la cabina del piloto con los asientos de los pasajeros y se encontró con el paisaje del océano furioso, con enormes olas y una gran roca, que emergía desde el agua, donde había quedado escarchada la cabina de los pilotos junto con los pilotos. El chico se sintió mal de pronto y no pudo aguantar las nauseas. El azul del mar que se teñía de rojo con la sangre de los pilotos le hizo perder el color en la cara, ya tenía la tez pálida de nacimiento y con tremendo susto se había vuelto transparente… ¿Ahora que harían?
Bueno… espero que les guste el primer capitulo, es un poco corto, el próximo va a ser más largo, lo que pasa es que no quiero cansarlos metiéndoles muchas palabras, ni quiero meterles toda la información junta. Vayan asimilando esto así se entiende completamente como quiero que se entienda, gracias a todos por leer, suerte!!!!