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Historia 32437 — capítulo 2

Había pasado una semana desde el día en el que recibieron la lechuza con la novedad de que cursarían en Hogwarts a partir del primer día de Septiembre.

  Era 31 de Agosto, a ninguno de los chicos se les olvidó la promesa que  le había hecho Harry. Por la tarde irían al Callejón Diagon, para comprar todo lo necesario para su primer curso en el colegio de Magia y Hechicería. Al parecer, debían llevar mucho dinero, ya que los libros eran más de veinte, tenían que conseguir una mascota para cada uno de ellos, varitas, calderos, pergaminos, túnicas y algunos elementos que utilizarían en pociones y en transformaciones.

  Ninguno desayunó mucho por la mañana, todos estaban con la mente en el callejón y en Hogwarts. Era el día en el cual visitarían el lugar tan famoso entre los magos y brujas, el pueblo con los locales más importantes de casi todo el mundo mágico. Todos se levantaron de la mesa, y cada uno corrió a su dormitorio a vestirse, tomaron los pequeños ahorros que tenían cada uno y lo pusieron en los bolsillos de sus pantalones. Pero Ginny, muy precavida como siempre, llevó muchos galleons en su túnica, por si faltaba dinero, que seguramente era lo que ocurriría.

  Toda la familia se dirigió hacia el vestíbulo de la casa, donde había una chimenea hecha de ladrillos color naranja, con franjas blancas. El interior, parecía no haberse limpiado desde hace siglos, había mucho polvo y muchas cenizas de leña. Era como una multifunción: la utilizaban tanto como para mantener el ambiente caliente, que como para transportarse mediante red flu.

  El padre de la familia sostenía un balde plateado, mientras llamaba a uno por uno de los chicos explicándoles:- Como ya saben, estos polvos que tengo aquí, nos servirán para transportarnos al Callejón Diagon. Solo deben tomar un puñado, una vez que están dentro de la chimenea y lanzarlos al suelo, cerrando los ojos y pronunciando fuerte y bien claro DIAGON si lo pronuncian mal, les pasará lo mismo que me pasó a mi, cuando estaba en la Madriguera de mi amigo Ron. Fui a parar a cualquier lado, menos a donde tenía que ir.- todos rieron, incluso su esposa, Ginny, que estaba algo apurada por empezar.

  -Vamos todos, cerca de la chimenea, primero lo hará Harry para que vean como se hace. Luego seguirán James, Lily, Ted y Albus.- dijo Ginny, mientras le lanzó  una mirada a Albus Severus como queriendo decirle que no proteste por ser el último.

  Harry tomó los polvos flu pronunciando fuerte y claro DIAGON. Así lo hicieron todos, hasta que Ginny, que fue la última, cayó de una chimenea de un local del Callejón Diagon, se sacudió las cenizas de sus pies, y sonrió al ver que ninguno de sus hijos, ni Ted habían ido a parar a otro lado.

  Salieron de ese negocio, y los ojos de Ted se llenaron de alegría. No sabía por donde empezar, ni que comprar. Se había quedado como una estatua de piedra, hasta que su padrino, lo tomó del hombro y lo llevó a donde se dirigían todos. Un local que lucía muy bien por dentro, no era muy grande, pero les gustó muchos a los chicos. Un gran letrero estaba colgado en la vidrieda decía "Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones". Ginny se dirigió al mostrador, donde la dueña la recibió amablemente. Ésta observó el talle de sus hijos y de Ted, y corrió a una estantería donde habían túnicas de Hogwarts, todas dobladas, una encima de la otra. Y se las entregó a su clienta. Ginny afirmó con la cabeza que el talle era el correcto para cada uno, y le entregó unas cuantas monedas. Luego se retiraron del negocio, y cruzaron al frente.

  Harry se sorprendió, había olvidado que Ollivanders había cambiado de dueño. Hace años que no ponía un pie en ese lugar.

  -Encárgarte de las varitas de los chicos, amor. Mientras yo iré a dar una vuelta por aqui.- Era mentira, Harry quería ir al local de George que tanto éxito había tenido.

  Vio a lo lejos un cartel rojo con letras amarillas "Sortilegios Weasley". Se alegró de que el negocio siga en pie y con mucha clientela como de costumbre. Abrió la puerta, y un sonido como una corneta se escuchó. Subió una escalera, y fue hacia el mostrador esperando ver a George, ya que Fred había muerto. Pero borró ese horrible recuerdo de su cabeza, y ... no estaba George. Estaba su mejor amigo de toda la adolescencia, y que lo seguía siendo.

  -¡¡Hola Ron!! - exclamó Harry.- ¿No me esperabas por aquí, no?

  - ¡¡Wuau!! - se alegró Ron.- ¡Una sorpresa inesperada! ¿Qué haces por aquí? Ya se que viniste a comprar todo para el curso de tus hijos y de tu ahijado, pero no me imaginé que mi hermana, actualmente tu esposa - rió- te deje venir a este sitio...

  -Es que no me deja venir, solo le dije que iba a dar una vuelta "por ahí". No especifiqué donde. No le gusta mucho que Ted y James vengan a este local, porque dice que si llegan a ver algo de estos chascos se gastan todo sus ahorros en juguetes "trae problemas".

  -¿Con que mi hermana llama a estos chascos "juguetes trae problemas"? No traen problemas, traen éxito. Mira a donde ha llegado mi hermano con esto sortilegios. Son geniales. - se defendió Ron, mientras señalaba a la puerta como señal de alarma. Ginny estaba entrando con sus hijos y con Teddy.

  -Me imaginé que estarías aquí. -regañó ella a su marido.- ¿Cómo estás Ron? ¿Ya compraste todo para cuando tus hijos empiecen mañana las clases?

  -De eso se encarga Hermione. Ella dice que yo no sirvo para las compras. Y en parte tiene razón - rió Ron a carcajadas.

  -¿Y por qué estás ahora al cargo del negocio? - preguntó Harry, mientras metía la mano en una caja llena de orejas extensibles.

  -Yo me ofrecí, pero es solo por hoy. George tenía que llevar una caja de surtidos salta clases a una ciudad vecina. Ahora implementó un nuevo servicio: delivery. Es algo absurdo, pero admito que está ganando mejor que antes.

  -¿Te gusta mi lechuza papá? - Lily acercó su jaula, con una lechuza marrón a su padre- La llamé Will.

  -Una lechuza es algo absurdo. Es mejor un ratón. - Albus Severus, se lo enseñó a Harry - Creo que lo llamaré Chester.

  Ron arqueó una ceja:- Yo mejor no opino, no tuve una muy buena experiencia con mi rata Scabberts.

  Todo eran risas en el local. Hasta que el sonido de la corneta, indicando que alguien había llegado, rompió el silencio. Luego la puerta se cerró y un grito de furia se escuchó:- ¡¡Ronald, no me ayudaste en lo más mínimo con las compras de nuestra hija Rose!! ¿No serías capaz de bajar y darme una mano con todas estas bolsas? - era Hermione, sin duda alguna. Y estaba tan furiosa, como Molly cuando se entera de que alguno de sus hijos se metió en problemas.