Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.7% · 90,801 de 95,911 páginas identificadas · 90,162/90,522 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 32437 · de

Historia 32437 — capítulo 3

Hermione dejó de gritar. Se puso roja como un tomate al ver que Harry y Ginny habían estado escuchando como gritaba dándole órdenes a su esposo, Ron. Rápidamente, dejó las bolsas a un lado, y subió para saludar a las visitas, disimulando el papelón que había pasado delante de todos.

  -Los chicos crecen tan rápido.- suspiró Hermione mientras le pasaba la mano por la cabeza a Ted.

  -Amor, ¿Te estás dándo cuenta de que estás tratando a Ted como a un cachorro? ya tiene trece años, está entrando en la adolescencia al igual que nuestros hijos. Es hora de que los dejemos de tratar como niños.- comentó Ron.

  -Ya lo sé. Pero para mi, seguirán siendo niños por siempre. ¿Acaso tu mamá no te trata como un bebé? Eso es más absurdo, Ron. Ya pasaste los treinta.- se burló. Todos rieron por lo bajo, con el fin de no ofender a Ron, pero lo que había dicho ella era una verdad muy cierta.

  -Hermione, hablando de mi madre, me hiciste acordar de algo. Ella dice que si no les gustaría pasar todo este día, en mi casa, hasta llegar al momento de ir al Expreso. Allí podremos ir todos juntos, ya que también debo acompañar a Hugo y Rose, es su primer curso.- dirigiéndose a Harry y Ginny.

  A Ginny no le pareció mala idea, como vivía con su esposo, hacía mucho que no visitaba la casa en la cual ella vivió por toda su infancia y juventud: la Madriguera. Como Ron y Hermione, nunca anduvieron bien económicamente, decidieron irse a vivir allí. Por lo menos hasta que hayan conseguido algo de dinero, como para cambiar de hogar. Así que tanto Potter como la muchacha Weasley, aceptaron la idea. Pero antes, debían pasar por su casa, para recoger las valijas de los chicos que estaban preparadas sobre la cama matrimonial.

  Fueron acompañados por Hermione, mientras Ron se encargaba de cerrar el negocio, y hecharles todos los encantamientos de seguridad necesarios, para evitar robos. Ya más de un mago, quiso llevarse toda la mercancía de "Sortilegios Weasley". En el camino de ida a la chimenea más cercana, Ted le preguntó a Rose dónde se encontraba su hermano. Ella le respondió que en la Madriguera, jugando con su tía Fleur. Hugo era uno de los más vagos de la familia Weasley, cada vez que le daban de elegir si salir a pasear o quedarse en su casa, obviamente elegía la segunda opción. Era todo lo apuesto a Rose, ella era tan activa como una lechuza, siempre tiene algo que hacer. Pero ambos tenían algo en común: El mismo entusiasmo por ir a Hogwarts.

  Al llegar a la chimenea, todos tomaron un puñado de polvo, gritaron claro y fuerte "MADRIGUERA" y aparecieron en la casa de los Weasley. El primero en llegar fue Teddy, y se encontró con Molly dándole la bienvenida, mientras le sacudía su ropa con un plumero muy extraño y lo acariciaba. Luego llegaron Ginny, Rose y Lily. Seguidos por Albus Severus, James, Harry y Hermione. Todos saludaron educadamente a la Sra. Weasley, a excepción de Hermione, que estaba cansada de verla todos los días en la casa.

  -Ted, Hugo me dijo que te dijera que te estaba esperando. Él está en el jardín, ayudando a desgnomizarlo a Fleur. ¿Qué tal si vas? Se pondrá enormemente feliz de verte aquí. - dijo Molly.- Harry querido, ¿Cómo estás? Desde el cumpleaños de Ron que no te veo. No hagan cumplido, suban a las habitaciones. Hay una para ustedes - señaló a Harry y Ginny - y otra para los niños. Espero que se sientan como en sus casas.

  Ron miró a su madre queriendo que deje de hablar y que vaya a hacer otra cosa que la distraiga. Cuando se quiso dirigir a su hija, no la encontró. Se había ido con el resto, al jardín. Parecía que revolear gnomos era todo una diversión para ellos, pero no para Molly, que estaba cansada de hacerlo a diario. Solo quedaban los adultos en el comedor. Decidieron ir a la cocina, donde se encontraba Bill ayudando a su madre a servir unas cuantas galletas en la mesa. Este levantó la cabeza, y al ver que Harry y Ginny se acercaban, dejó de hacer lo que estaba haciendo y fue a saludarlos. Luego todos tomaron asiento, y hablaron durante un buen rato sobre varias cosas. Pero de lo que más conversaron, fue acerca de la noticia que impactó tanto en el Profeta de hace una semana. Bill le comentó a Harry que el mago que había sido víctima del ataque de una mantícora era muy amigo de él. Se llamaba Phineas Rodget y tenía unos 42 años. Trabajaba en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos. Cada uno dió una opinión distinta, ninguno pensaba la mismo. La conversación duró unas cuantas horas, hasta que llegó Fleur exhausta. Estaba tan cansada por culpa de los gnomos, que casi se cae al saludar a su cuñada. Le pidió a su marido, sino podían irse a casa, ya que no solo estaba cansada, sino que una de las criaturas del jardín le había dado un mordisco en la pierna.

  Una vez que se fueron, Hermione salió afuera a buscar a los jóvenes. No paraban de reir y divertirse. Dió un aplauso fuerte con sus manos para llamarlos, ya que era la hora de la cena. El tiempo había pasado volando desde que llegaron. En la mesa, todos estaban con la boca llena. La comida de la Señora Weasley le gustó a todos, a excepción de Ron, que estaba arto de comer esa comida durante toda la semana. Pero decidió mentirle a su mamá diciéndole que estaba descompuesto y que por ese motivo no podía probar ni un bocado.

  Al terminar de cenar, todos fueron a sus respectivas habitaciones. Lily durmió junto a Rose, Albus y James por otro lado, y Ted junto a Hugo en su cuarto. Ted y Hugo eran los que mejores se llevaban, sus locuras y travesuras las compartían juntos. Todos cayeron en un profundo sueño, pero el par de amigos tardó en dormirse. Se había quedado jugando a los Gobstones en el dormitorio por más de una hora. Al ganar Hugo, apagaron la luz que salía de sus varitas, e intentaron disimular que dormían al escuchar, el chancleteó de las sandalias de Molly acercándose a la puerta. Abrió la puerta del cuarto, para ver si estaban dormidos, y al ver que estaban con sus ojos cerrados acostados, cerró la puerta sin hacer ningún sonido que los despierte. Luego Hugo abrió un ojo para ver si se había ido, le dió la señal a su amigo, para que deje de disimular, y mientras miraraban el techo, comenzaron a hablar por lo bajo, acerca de lo que los esperaría al llegar a Hogwarts.