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Historia 32503 — capítulo 10
**X.**Venganza
"¿Estás sorda? ¡Ándate de una buena vez!". Eso era lo que me había gritado Snape antes de que yo saliera corriendo del aula de pociones. Tardé varios segundos en darme cuenta porqué estaba huyendo con la cara transpirada, el pelo rosa, acalorada y mareada. Cuando las piernas no me dieron para más, y ya había llegado al séptimo piso, cerca de una de las torres, frené llevándome la mano derecha a mi boca. Lo había besado. Y él había respondido. ¡El desgraciado me respondió el beso y después me echó! Intenté calmarme, pero no podía hacerlo del todo: había sido tan… sutil, tan húmedo, tan sensitivo ese beso con sus finos labios y… ¡luego me gritó! Su mirada era de ira, pero estaba furioso… ¿conmigo o con él?
Inspiré y expiré profundo varias veces, sentía que los nervios se me iban a escapar. Incluso me retorcí las manos como una loca de San Mungo para tranquilizarme. No obstante, era prácticamente imposible, no cuando había besado, maldita sea, BESADO a Snape. El problema que se me estaba presentando era que… ¿qué iba a hacer después de eso? Era totalmente vergonzoso. ¿Acaso yo había malinterpretado sus actitudes de héroe? No lo creo. No lo creo tanto, al menos.
Cuando dejé de hacer movimientos estúpidos, y pude recuperar mi color natural de cabello y tener control motora de mis piernas para hacerlas andar por donde yo quería, fui hasta la sala común, saltándome la cena, y me dediqué a analizar la situación, casi todo el rato pasándome el índice por los labios. Y, ese era el problema. Mientras más le daba vueltas al asunto, más me daban ganas de recibir otro beso… ¡y eso no podía ser! Eso era poco ético, y… ¿qué importaba la ética? Y si él me había respondido, y yo lo pillaba de sorpresa otra vez, lo más probable es que hiciera lo mismo, y luego me gritara… luego yo lo besara de nuevo, él me respondería y me gritaría y… podría pasarme el año escolar haciendo eso. Sin embargo, seguía siendo vergonzoso, con mayor razón si le contaba a Dumbledore, aunque eso lo dejaría peor a él que a mí… o lo dejaría peor a él, y a mí me expulsarían. O a los dos. ¡Ah, sólo había sido un maldito beso! No obstante, si era así, ¿por qué me sentía tan nerviosa?
Di un respingo cuando sentí ruido de pasos; los estudiantes estaban regresando de la cena. Fui de inmediato al cuarto y me quedé sentada en mi cama, tomando una decisión: no me presentaría en sus clases nunca más. O al menos, por un buen tiempo.
Nada me haría cambiar de opinión, por supuesto. Eso era lo que yo juraba con todas mis fuerzas, y para cumplirlo, ideé el plan de vengarme de Lockwood, así me distraía un poco. El idiota me la debía por haberme entregado el dardo explosivo, y por otras tantas. ¿Qué haría? Algo simple y que le dejara en vergüenza ante un buen grupo de gente, sobre todo de SU gente. Obviamente tendría que dedicarme a pensar qué tipo de broma, lo que me tomaría más tiempo de lo pensado.
Me distraje bastante esa semana durante las clases, pensando en qué podría hacer, y por ello me gané una horrible reprimenda de McGonagall, quien ya había descubierto mi táctica: cada vez que me perdía en mis ideas, el cabello me comenzaba a cambiar de color.
—No sé qué demonios piensa durante mis clases, Tonks, pero si insiste en distraerse tendré que decirle al profesor Snape —el corazón me dio vuelco y me puse colorada tanto esforzarme en que mi pelo no cambiara de color — que me de algo de Veritaserum para que me revele qué es lo que tanto le ataca.
—Yo…
—No quiero excusas. Y, ahora, póngase a trabajar o tendré que restarle puntos, a menos que lo que realmente sienta sea un terrible dolor de estómago que le haga necesitar ir al baño.
Hubo pocas risas, pero lo de los puntos surtió un efecto terrible: Shacklebolt me miró con cara de asesino, al igual que los de Ravenclaw. Quise desaparecer allí mismo, mas a la vez, tuve una brillante idea: un terrible dolor de estómago que le haga necesitar ir al bañoera perfecto para Lockwood. Lo principal era que no llegara al baño.
Por eso, tuve que comportarme el resto de la clase, y el resto de la semana, poniendo mi máximo esfuerzo para no irme en mis pensamientos. También tuve que ser muy simpática con Shacklebolt, más de lo normal. Era el único que podía ayudarme, pero no debía enterarse. Así que tuve que utilizar la tarde del jueves para hacer indagaciones. Estábamos en grupo, sentados cerca del fuego, haciendo los deberes. Él estaba trabajando en los de Pociones, yo sólo lo observaba. Supuestamente, al día siguiente, me ausentaría en la clase.
—Eh, Kingsley —farfullé como quien no quiere la cosa y me apoyé en mi mano derecha, con el codo en la mesa —, oí que a un muchacho de Gryffindor le dio indigestión porque alguien le hizo una broma… ¿qué hechizo le hicieron?
—No existe hechizo —me contestó distraído, mientras escribía a alta velocidad en el pergamino. ¿No que los hombres no podían hacer dos cosas a la vez?
—Ah… Entonces… ¿qué se hace?
—Se usa una poción…
Bufé, sintiéndome mareada. ¡Pociones, pociones! ¡Malditas pociones de…!
—Mmh… —traté de mantener la calma —, ¿y qué poción es?
—Es…
Se calló y me miró con las cejas arqueadas.
—¿Por qué el interés?
—Sólo quería saber…
—No me engañas —su voz se hizo más profunda de lo normal —. ¿Planeas hacer algo en pociones?
—No, de hecho, mañana no pienso ir a pociones —le revelé.
Margaret y otros muchachos más, me miraron sorprendidos. Había hablado más fuerte de la cuenta.
—¿Estás loca? ¿Quieres que nos resten más puntos? —saltó Shacklebolt golpeando la mesa con el puño — Irás —me ordenó señalándome con un gran dedo —, sino me encargaré de decirle a Snape que no piensas ir a su clase mañana.
¡Pues dile! Ya vas a ver cómo te dice que qué bueno que yo no asista. Se va a poner a saltar en una pata. Dile, anda, dile, revélaselo al mundo…
—Está bien. Iré.
Eso no salió de mi boca, ¿o sí? Daba igual, de todas maneras me arrepentiría más tarde, como sucedió a la hora de la cena cuando miré "accidentalmente" a la mesa de profesores y Snape me miró. Fue una mirada intensa. Llena de odio de parte de él, y llena de… algo, de parte de mí. No tenía muy claro qué era ese "algo": podía ser deseo, o miedo… o atracción, o ganas de besarlo nuevamente…
Pues bien, cuando se toparon nuestros ojos, me dieron unas ganas locas de presentarme al día siguiente a su clase. Pero al mirar a Lockwood, tuve unas ganas infernales de dejarlo en vergüenza.
Piensa, piensa Tonks… Eres torpe, pero tienes cerebro…¿Laxante muggle? Eso no lo podría conseguir nunca, a menos que fuera precisamente a una tienda de laxantes muggles, y eso implicaba tener que salir de Hogwarts. ¿Quién podría tener pociones en su cercanía, sin contar al único que estaba claro que tenía pociones? La respuesta se presentó cuando Margaret mencionó que iría donde Madame Pomfrey para que le diera una poción para la migraña.
—¿No es un poco pronto para que vengas a la enfermería? —me espetó Madame Pomfrey cuando me vio entrar al momento que Margaret se iba.
—No vengo por nada… es decir… —fingí estar nerviosa —, lo que pasa es que no he podido ir al baño durante una semana, ya sabe —la miré como si fuera obvio —los nervios de los exámenes y todo eso. Así que necesito algo que sea fulminante y que me vacíe por completo… No doy más de la incomodidad.
—Ya veo —su voz fue comprensiva y dulce —. Tengo algo realmente efectivo —buscó en su armario de pociones una botella roja —, pero funciona luego de quince minutos. Te sentirás mucho mejor. Con media cucharada basta.
Tras recibir la botellita, le agradecí sin sonar exagerada, y me fui caminando muy lento hasta la sala común para no tropezar con nada y así no botar la botella tan valiosa.
Lo que me quedaba por hacer era recordar el puesto usual de Lockwood, pero eso no era nada complicado. Me levanté en la mañana, temprano, para poner una cucharada en su vaso vacío. El líquido era transparente, así que sólo pensaría que era agua.
Me vanaglorié antes del resultado, y creo que ese fue mi gran error. Por un momento pensé que Lockwood no bajaría, pero apareció junto con su inseparable amigo, Liam Masterson, y… un momento. ¡Demonios, los lugares eran al revés!
Estuve tentada de gritar "¡No!" cuando vi que era Masterson quien iba a coger el vaso, pero me arrepentí. De todas maneras era como vengarme de Lockwood, ¿o no?
Lo vi beber plácidamente, luego de carcajearse de algo con su amigote idiota. En una de esas, yo me había equivocado y creí poner la poción en cierto vaso. Quizá realmente Lockwood estaba bebiendo de la poción. Lockwood me miró con sus ojos del color del hielo y formuló la palabra "perra" sin dejar escapar sonido alguno.
Sólo me quedaba esperar a ver los resultados en la clase de pociones.