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Historia 32503 — capítulo 23

**XXIII.**Consejo maternal

Me toqué las mejillas aún desconcertada: en efecto, tenía lágrimas. No me había dado cuenta… ¿mi corazón se habría inyectado anestesia muggle para no sentir el dolor?

Y otra vez con la cursilería…

¿O se había fumado un porro muggle, de los más fuertes?

Eso suena más Yo.

—Bah, no es nada, mamá.

—¿No me digas que estás enojada porque te tuve que echar de la sala?

Tragué saliva.

—Bueno, un poco, pero, no, mamá, no es eso. Sólo que me acordé de algo y… pero no es nada.

Pero qué mala mentirosa.

—¿Segura? —insistió ella entrecerrando sus ojos — Porque luego, no quiero que andes con la cara larga y contestándonos mal a tu padre y a mí.

—No, claro que no pero… —puse cara de súplica — ¿Me van a decir qué le dijeron a Snape?

Drómeda se sentó a mi lado, palmeándome la pierna.

—Lo siento, hija. Si te dije que te fueras, era para que no escucharas. ¿Para qué preocuparte, o hacerte sentir mal? Pero, te resumo que le amenazamos: o dejaba de castigarte, o se abstendría a las consecuencias.

No dije nada. Me dio un beso en la frente y se puso en pie, en el momento en que se me ocurría una idea: era la hora de pedir ayuda a mi madre.

—Mamá, espera.

Se volteó y volvió a sentarse a mi lado. Ella jamás me sonsacaba información, pero cuando yo daba indicios de querer hablar, ella demostraba el máximo interés. Al fin y al cabo, yo era su única hija.

—¿Qué es lo que sucede?

—Lo que pasa es que…

—¿Tienes novio?

¿Qué demonios? ¿Por qué las madres tienen el sexto sentido tan avanzado?

—No… no exactamente pero…

—Él demuestra interés por ti.

—¡Mamá —la reprendí —, déjame terminar!

Me sonrió con dulzura y orgullo mezclados.

—Lo siento, prosigue.

—Sí, él demuestra interés por mí algunas veces —continué, teniendo una clara visión de Snape en mi mente, besándome —. Sin embargo… Hay días en que me ignora, o dice cosas estúpidas y es un… déspota. Entonces, lo que yo quiero saber es si lo que siente por mí es real o no… y sé que la manera más rápida sería preguntárselo, pero no me va a contestar. Así que… ¿Qué mierda hago?

La sonrisa de Andrómeda se borró.

—Primero que todo, Nymphadora —su voz sonó severa —, ten más cuidado con tu lenguaje.

—Lo siento, mamá.

—Y, lo segundo, ¿le has sacado celos alguna vez? Tu padre lo hizo conmigo —rodó los ojos, como si lo que recordara fuera desagradable —, y le resultó muy, muy bien. Las reglas son aplicables también para los hombres —añadió con satisfacción —, así que… fácil: buscar la forma de hacerlo; tienes a tu amigo Shacklebolt, y es atractivo…

—No puede ser él —interrumpí —, porque esa persona me ve constantemente a su lado… y ya sabes, no puedo hacer como que siento algo por Kingsley porque se podría arruinar nuestra amistad. Y no podría decirle que es algo falso, porque se negaría a ser utilizado como carnada.

Mi madre asintió, dándome la razón y meditando un poco.

—Entonces, vas a tener que conseguir a alguien… no creo que en Hogwarts elmuchacho que te gusta y tu amigo sean los únicos, ¿no?

—Por supuesto que no —contesté.

—Entonces, vas a tener que aproximarte a alguien más… y asegúrate que ese muchacho sea lo suficientemente cercano al chico que te gusta, para que le importe más, pero también, que no tenga un lazo amistoso, para que no afecte amistades.

Asentí fervorosamente.

—Y… —titubeó un poco — Una chica nunca llora por un hombre que no la merezca, así que no quiero que vuelvas a derramar lágrimas en mi presencia, Dora, a menos que sea por otra situación en particular.

—Sí, Drómeda.

Ésta vez sí que me dejó sola, y estuve por unos cuantos minutos más allí, antes de ir a despedirme de mi padre, bañarme y lavarme los dientes.

Cuando me acosté, los ojos me ardieron formando un nudo en mi garganta.

"Yo no puedo darte amor"

Eso era lo que me había dicho él. ¿Qué podía entregarme, sino? ¿Caricias fogosas, carente de sentimientos? ¿Besos intensos, pero vanos? ¿Calentura por un momento, y ya?

Ciertamente, me negaba a pensar que Snape estaba jugando conmigo. Las miradas que me lanzaban no podían significar nada, tampoco su tono de voz cuando me declaró la frase fatal. Lo había dicho con tristeza, o como si me estuviera mintiendo. Severus Snape que tenía que tener sentimientos, y yo iba a encargarme de encontrarlos, y si los celos eran lo indicado, eso tendría que hacer. Además… en algo iba a tener que ocupar mi tiempo libre: adiós despacho del profesor por castigos de mentiritas.

Las celebraciones de fin de año fueron muy entretenidas: vinieron a casa mis abuelos paternos, recibí unos cuantos regalos y reímos hasta no dar más. Por ser servicial y lavar la losa, rompí unos cuantos platos, ganándome una reprimenda de mi madre, ya que dos quedaron irreparables, y eran sus favoritos. Mi padre, rompió unos vasos, y Drómeda se volvió a enojar. Sin embargo, finalmente, todo resultó ser un éxito, y con alegría nos despedimos.

Esa alegría se mantuvo hasta el día en que tuve que volver a Hogwarts. La despedida fue amena, y mis padres me dieron palabras de ánimo para el segundo trimestre.

Estar con los muchachos otra vez fue agradable y entretenido, pero no pudieron comprender lo emocionante que le veía a tener un automóvil muggle.

—¿Qué es lo emocionante? Sólo provocan accidentes estúpidos —comentó Margaret con un rictus de incomprensión.

—Los accidentes estúpidos la comete la gente estúpida —corregí yo, y agregué —. Y creo que no soy tan estúpida.

Esa vez el viaje fue en la noche, así que llegamos en la mañana, después de la hora del desayuno.

Lockwood, que se había quedado en el colegio —según él porque "sus padres habían ido de vacaciones a Australia con unos familiares" —, me dio una cálida bienvenida cuando hacíamos acto de presencia en el vestíbulo.

—¿Recibiste tu quimera de Navidad, Nymphadora?

Estuve tentada de decirle una grosería… pero me contuve "cuida tu vocabulario" me había dicho mi madre. Y sí, tenía razón. Últimamente me había puesto demasiado disparatera para mis cosas. Con la frente en alto, y derecha, caminando lo mejor que pude, pasé sin mirarlo.

—Deberías ignorarlo más seguido —me aconsejó el morenazo color chocolate —: no pudo creer que no le contestaras.

—¿En serio? —indagué, sorprendida — Bueno, así me libro de un problema.

—¿Qué tantos problemas tienes? —Margaret no lo pasó por alto.

—Oh… nada, nada.

—¿Solucionaste lo que hablamos?

—Sí, eso sí. Puedes mandarle todas las lechuzas que quieras a mi madre, ya está enterada.

—¿Y qué hizo?

Íbamos camino a la Sala Común, casi llegando.

—Eh… mandarle una lechuza —mentí.

—¿Y?

—Snape contestóque… me dejaría en paz, supongo —antes de que Margaret comentara algo mordaz, añadí —. La verdad es que no vi la carta, pero mi mamá me dijo que estaba todo bajo control.

—Ah, sí, porque eso de que "te dejaría en paz" no me la creo. De seguro le escribió más cosas a tu madre y no te las quiso contar.

Asentí. ¿Cómo podía adivinar tanto? A pesar de que le había dado una situación diferente, era casi lo mismo que había ocurrido.

Y, suerte que no me encontré a Snape en el camino. Entré a mi habitación sana y salva, para revisar si mi baúl estaba allí.

Con Margaret fuimos las únicas que nos quedamos tiradas en nuestras respectivas camas, como si estuviéramos cansadas.

—Ay… Tonks —suspiró con dramatismo. Me giré.

—¿Qué sucede? —me enderecé en la cama para mirarla mejor. Ella me devolvió una mirada significativa, casi apenada.

—¿Cuál es la mejor manera de atraerle a un hombre?

Abrí la boca, totalmente sorprendida. ¿Margaret hablándome de hombres? ¿Haciendo una pregunta de esa índole?

Celos, la voz de mi madre resonó con fuerza en mi cabeza.

—Pues… sacar celos es lo mejor. Con eso uno puede comprobarlo: si el chico que te gusta cambia de actitud contigo justo poco después de que hayashecho algo que no le agrada… entonces, es porque está celoso.

—Suena tan simple —contestó—. El gran problema es conseguir a alguien con quién poder sacar celos.

Estuve total y plenamente de acuerdo, era lo que yo exactamente había pensado en algún momento.

Si hubiese sido una buena amiga, le habría preguntado si podía ayudarla, o incluso, que quién le gustaba —aunque tenía mis sospechas: no podía ser otro que Kingsley —, sin embargo, yo también tenía que dar muchas vueltas a mi asunto: ¿quién sería la víctima que me ayudaría a comprobar si Snape me quería o no, sin que lo supiera?

Tendría que dedicarme a mirar a la hora del almuerzo, y hallar a alguien que fuera agradable para mí. O, al revés: a alguien a quien yo le resultara agradable.

Besos y abrazos a todos!