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Historia 32503 — capítulo 34

¡¡Último capítulo de Dígame Tonks!! Sé que a varios les gustaría saber qué pensaba Severus, por eso éste capítulo está prácticamente dedicado a él… jojo.

¡Disfrútenlo!

**XXXIV.**Muchas preguntas y una respuesta

Andrómeda me ayudó a dejar mi baúl vacío, y la ropa donde correspondía cuando llegamos a casa. Ésta brillaba por todos lados como yo había previsto: el pasatiempo favorito de mi mamá era limpiar. Mi habitación estaba así mismo, pero la mugre había quedado esparcida por todos lados al deshacer mi equipaje. Me dio cierta nostalgia ver toda la basura que tenía acumulada, y eso que en Hogwarts me había desecho de bastante. Pero eso no ayudó a que lo que pensaba con intensidad fuera desplazado.

—Otro día nos dedicaremos a encontrar a alguien a quien le quede tu uniforme. O al menos revenderlo… —me dijo mi madre haciendo un movimiento ágil con su varita para desaparecer la basura, y dejar todo tan reluciente como en un inicio.

—Sí —contesté, dejándola marchar y sin atreverme a atacar el tema de inmediato. ¿Cómo iba a hacerlo, si acabábamos de llegar? No sabía con seguridad cuál sería el momento indicado en atacar el tema, pero las circunstancias, para mi fortuna, se dieron en la noche. Traté de dormirme por todos los medios, y no lo conseguí; un zumbido me estorbaba en los oídos. Así que, a las doce de la madrugada, fui a la cocina a comer algo porque el estómago me rugía con ferocidad. La casa estaba en pleno silencio, así que debía actuar con sigilo.

¡Crash!

—Demonios —susurré furiosa. ¡El plato de cereales se me había caído! ¿Es que no podía hacer nada sin destruir algo?

Lo reparé en un segundo, aunque el escándalo no pude borrarlo mediante un hechizo.

El ruido de unas pantuflas me distrajo. Por el umbral de la puerta apareció mi madre con los ojos pequeños por el sueño, abrochándose la bata esponjosa y azul.

—Oh, lo siento mamá… ¿los desperté?

—No, sólo a mí —me contestó con voz pastosa —; sabes que tu padre podría no despertarse ni con un colacuerno húngaro encima. ¿Qué haces levantada a esta hora?

—Sólo que no podía dormir… —sinceré. Algo en mi voz hizo que mi madre se desperezara un poco. Se cruzó de brazos.

—¿Es por el colegio?

—No… no exactamente —titubeé vertiendo leche en el plato.

Drómeda no se movió. Estaba expectante, aguardando a que yo dijera algo más. Le eché un vistazo rápido para analizar el grado de molestia en sus facciones, sin embargo, no vi más que preocupación.

—Mamá —comencé, decidida— ¿Por qué no me dijiste que Snape era un Mortífago?

Creo que se esperaba cualquier pregunta, menos esa, porque se puso pálida como la cera. No le gustaba oír la palabra "Mortífago", ya que lo primero que se le iba a la mente era su hermana Bellatrix. Aunque también podía ser porque mencioné a Snape…

Tragó saliva con sonoridad y entró a la cocina dando pasos lentos.

—¿Cómo lo supiste? —inquirió más ronca de lo normal.

—Las cosas se saben, mamá, sobre todo si son cosas… malas.

La respuesta fue estúpida, pero nadie le contestaría a su mamá, algo así como "lo que pasa, mamá, es que estuve a punto de acostarme con Snape, y me alcancé a dar cuenta de que tenía la marca cuando le quité la camisa, por suerte".

De todas maneras, se conformó con eso. Frunció los labios un momento.

—No te lo dije porque temí a que te afectara. Y menos lo quise hacer cuando tú me dijiste… ya sabes — me enamoré de Snape, sí, lo sé. Su tono de voz denoto molestia al pronunciar aquellas palabras —, porque supuse que eso podría darpie a que lo delataras. Lo siento —agregó al ver mi cara ofendida—, pero nunca has sido muy delicada, hija, y aquello es prácticamente tabú; de seguro que se te podría haber escapado… —"¿escapado?" bueno,pensé*, tal vez lo hubiese dicho de la pura rabia si me hubiese enterado de una manera que no me comprometiera a mí en camino a desnudarme*—. Imagínate —continuó mi madre— que Dumbledore te hubiese oído decir aquello… se habría enojado mucho con nosotros por estar "metiéndote ideas en la cabeza". Él lo defiende.

Terminamos frente a frente, apoyándonos de costado en la encimera.

—¿Ahora me dirás lo que le dijiste a Snape el día que lo llamaste? Supongo que no me dijiste nada porque tenía que ver con aquello… ¿no?

Asintió, y contrariada me narró lo que había sucedido aquél día, antes de que Don Murciélago saliera por la puerta y me dijera "No puedo darte amor".

No me tuve que esforzar mucho para comprender las ideas de mi madre. Hablar de Mortífagos en tiempos de paz era incómodo y absurdo, y más si tu familia estaba compuesta de muchos magos oscuros.

Al pensar en mi tía Bellatrix se me vino la fugaz imagen de cuando mi madre fue al colegio y él la confundió con ella. Se había puesto delante de mí, como protegiéndome…

Me sacudí con brío.

—Dora —dijo de pronto, sacándome de mis cavilaciones —. Esto ha sido suficiente para que te olvides de él, ¿no? —su voz sonó amenazante, muy Black de hecho.

—Por supuesto, mamá —respondí con firmeza — Ya te dije que lo había olvidado. Sólo que hace unos días atrás —mentira — me enteré de eso y me dio bastante bronca, ya sabes…

Creo que la dejé conforme con eso, porque se despidió de mí de buena manera cuando tomamos el camino a nuestros respectivos cuartos.

Suspiré y me senté en la cama a comer mi cereal.

Había algo que no dejaba de molestarme, aparte de la pregunta de "si me había olvidado de él o no": ¿qué era lo que pensaba Snape? ¿Le había afectado yo en algo a ese ser… sin vida? ¿Realmente había sido todo algo banal, sin importancia… un juego? Partió como uno casi, mis estupideces para "conquistarlo", seduciéndolo y pidiéndole con descaro "dígame Tonks". ¡Qué estúpido sonaba eso ahora!

Cómo me habría gustado haber sabido Legeremancia para haberme internado en la mente de él...

Hacía varias horas atrás que los estudiantes se habían marchado ya. No me interesaba; todos los años pasaba lo mismo, y tenía claro que recibiría una generación nueva de ineptos de primero en unos meses más, para tratar de rellenar sus diminutos cerebros con materias demasiado difíciles para ellos. Sin embargo, había un vacío en mi pecho. Como si se me hubiese sido arrebatado algo… o alguien. Bien sabía yo de qué se trataba.

Cansado, me senté en mi escritorio para contemplar la nada, y sumirme en aquellos pensamientos que tanto me costaba evadir.

¿Cuántas clases de amor existían? Me habría gustado saberlo, porque deseaba entender lo que había sentido por ella.

Jamás podría olvidar a Lily, ella era la razón de mi existencia, de mis misiones, de porqué estaba trabajando en Hogwarts, y de porqué seguía con vida. Yo amaba a Lily, aunque no estuviera. Pero, ¿y ella? ¿Qué era "eso" que me había causado? ¿"Aquello" que aún rondaba por mi cabeza, y me erizaba el cabello?

Lo único que puedo afirmar con certeza es que, durante años estuve regañando a una niña cualquiera por sus problemas infantiles en la clase y que, de la noche a la mañana, me vi envuelto en su cautivadora mirada traviesa, llena de alegría y despreocupación. Fue como si por primera vez la observara.

No tardé en darme cuenta que sus ojos querían decirme algo, ese mensaje oculto que significaba que no sólo me veía como el profesor amargado de Pociones… ella estaba viéndome como hombre. ¿No que debería haberme sentido incómodo? ¿Por qué me gustaba que llamara mi atención? ¿Por qué la castigaba a menudo para tenerla cerca? ¿Por qué me agradaban sus berrinches y sonrojos? Y no me agradaban sólo por ver el resultado que generaban mis molestias en ella… Me producía satisfacción.

¿Por qué cuando me besó, sus labios me supieron a gloria? ¿Por qué le respondí?

Sin duda era deseo: ella era mujer, al fin y al cabo. Nada indicaba lo contrario, y mis pensamientos siempre se abrumaban al mirarla, ya fuese en el desayuno, en clases, en los pasillos, y con mayor razón cuando mis ojos por poco se perdieron en el interior de su falda cuando trataba de seducirme con esos trillados pasos, que a mí se me hacían nuevos. Sí, me había dado cuenta de sus intenciones, ya no cabía duda de que yo le gustaba. Según yo, le gustaba. Y a mí también ella, pero yo era su profesor trece años mayor. ¿No sería abusivo estar con ella? ¿No iría contra mis propias reglas, y las de Hogwarts, y las del mundo entero?

Traté de hacérselo ver, pero ella insistió, y me tuvo noches en vela pensando en el tema.

En mis sueños, en los que constantemente aparecía Lily, se forzaron a cambiar a la imagen de Nymphadora Tonks, y supe que tendría que hacer algo, que tendría que responder a mis deseos.

Y la busqué, la besé la abracé, siempre manteniendo a raya los sentimientos, y sólo dejando volar a las sensaciones. Pero odiaba sentirme dependiente de ella, odiaba tener que castigarla para que estuviera conmigo, comenzaba a odiar mirarla tanto… Sin embargo, ¡era inevitable!

Y me sentí mal cuando preguntó si me había enamorado alguna vez; ¿me estaba olvidando de Lily por pasar tiempo con Tonks? No, yo sabía que no… ¿y entonces por qué la necesitaba a mi lado? ¿Y por qué su patronus había sido tan significativo para mí?

Quería hacerme el desentendido cuando se fue a vacaciones sin despedirse. No me afecta, me decía a mí mismo. No pude soslayar, claro, cuando su madre me amenazó con publicar ciertos aspectos de mí. De lo que estaba seguro, era que la chica no tenía idea de nada. ¿Y si lo supiera? ¿Me afectaría? ¡Claro que no! Era algo puramente físico… Los sentimientos estaban de lado. ¡Los malditos sentimientos no existían en aquel romance!

Pero todo cambió cuando ella me solicitó amor esa misma noche. Quise hacerme el hombre duro, y qué fácil me salía el papel, pero algo sucedió que no me dejó expresarme como quería, así que no la engañé. Y ella insistió, utilizando a Lockwood como carnada. La ira que sentí allí fue incontenible. Al único que imaginaba besándola era a mí.

No quería ceder, no podía, y me vengué, lo que demostró aún más debilidad. Ella lo supo y me enfrentó obligándome a que le contestara si la quería o no, y no lo hice. Me escabullí. Yo no quería conocer la respuesta que saldría de mis labios.

A pesar de todo, la esperé, la aguardé, y un día llegó. La deseé más que nunca, y me alivié al pensar que seguía siendo algo externo, pero cuando la vi con ese cabello tan rojo… me di cuenta que había olvidado a Lily. Fue como si su fantasma hubiese aparecido delante de mí, para atormentarme.

Pensé que lo habría pasado por alto, pero investigó violando mi privacidad, y se enteró. Quise encontrarla para gritarle, o tal vez para darle explicaciones, pero ella había desaparecido. Y por mí culpa, eso lo sabía bien.

Pensé que ese sentimiento de angustia por ella no sería superado. Creí que sus lágrimas derramadas por mí habían sido suficiente para dejarla tranquila, y lo hice. Lo intenté. Juré no volver a tocarla, a molestarla, pero ella apareció otra vez, sola, inocente… Traté de decirle que sí la quería, mas de mis labios no surgieron otra cosa que besos, por desgracia, apasionados.

No me acordaba haber deseado tanto a una mujer.

Ella no opuso resistencia, ella me quería, me amaba, y me lo había dicho una y mil veces.

Me olvidé de quién era yo, mi fin era poseerla, y no me importaba ser mayor, no me importaba ser su profesor, no me importaba Lily, no me importaba nada, hasta que…

Me había olvidado de ese dibujo satánico en mi antebrazo izquierdo, y me había olvidado de que ella era hija de Andrómeda Black. Me había olvidado de la familia de la que provenía ella, y el traspié que había cometido yo en mi juventud.

Su cara no tuvo precio. El profundo terror reflejado en ese rostro acorazonado hizo que mi corazón, literalmente, se me dividiera.

Quise explicarle que eso había sido un error, que yo no había hecho daño a su familia, que habían sido pocos los años que estuve en servicio del Señor de las Tinieblas. Sin embargo, ¿qué sacaba cuando su madre iba a llenarle la cabeza de otras ideas? ¿Qué sacaba, si Nymphadora Tonks había sido criada odiando a los Mortífagos? ¿Qué sacaba si yo ya le había provocado suficiente daño antes?

Me dejó, y yo no persistí. Yo le había hecho una herida en ella, y sabía que no sería perdonado.

Ella siempre creyó que yo la había utilizado, que me había querido aprovechar de ella. Nunca fue así, aunque se podía interpretar fácilmente de esa manera. Yo no hacía más que besarla y, luego, fastidiarla.

Sus ojos y su voz quedaron grabados, hoy que se fue del castillo para ser libre, más que de los estudios, de mí.

Y su voz… su voz al decirme "¿Sabes qué fue lo peor de todo? Que yo de verdad estaba enamorada de ti, Snape… de verdad."

No pude responder nada. No cuando ya no tenía sentido hacerlo, ¿para qué dejarla marchar con una sensación de culpabilidad? Las cosas habían quedado así, y lo mejor que podía hacer yo era callarme. Guardarme los sentimientos para mí, como lo había hecho durante toda mi vida.

Tarde me había dado cuenta de que yo me había enamorado de ella. ¿Y Lily? Ella seguía presente en mí. No obstante, Nymphadora Tonks había encontrado una parte de mí que yo no sabía que existía… Esa siempre había sido la respuesta a todo.

Estoy sentado aún en mi escritorio; no me he movido. De pronto siento la necesidad de hacer algo. De verla, de sentirla a mi lado. Veo la hora, y son casi las cuatro de la madrugada. Un sentimiento de ira e inutilidad se apoderan de mí. ¿Qué estoy haciendo? No sé, no sé lo que hago, pero me pongo de pie, apenas atinando a sacar una túnica del armario, y partiendo hacia las afueras del castillo.

Tal vez si el murciélago idiota me hubiese dicho en algún momento que me quería, yo le habría perdonado lo de la marca. O es lo que creo en estos instantes. Es distinto analizar tu último año escolar a solas, como lo estoy ahora, y la verdad es que me siento mucho más aliviada, como si una ola de paz hubiese inundado mi cuerpo llevándose consigo los malos sentimientos. Creo que veo las cosas más claras… de cierto modo.

Son las tres y media, y hace más de nueve horas que llegué de Hogwarts.

Estoy arrodillada en mi cama, mirando el cielo azul por la ventana y tratando de contar las estrellas infinitas para agarrar el sueño, pero lo único que se me viene a la mente es su nombre: Severus Snape… hasta en el firmamento está escrito. ¿Me estaré volviendo loca?

¡Cómo me gustaría saber qué pensaba! ¿Por qué no le había dado una oportunidad de que se explicase?

Oh, ya es tarde para pedirlo. Y lo que menos quiero es arrepentirme. Sé que tomé el camino correcto al no hacer nada más; no existe futuro, la diferencia de edad, de personalidad… El tiempo hará que me olvide de él. Confío en eso.

Nuestros caminos ya se habían separado en el momento en que salí del castillo, de todas maneras.

Recorro con la vista el cielo, relajada, respirando profundamente el aire estival que mueve como una brisa suave las copas de los árboles…

Reacciono: algo veo que se mueve en la oscuridad, cerca de los árboles que dan a la calle. Pestañeo un par de veces. Juro que vi una sombra, como si una persona me estuviera observando…

Y entonces, se me viene a la cabeza una idea loca.

—¿Snape? —mascullo con las mejillas coloradas, producto de la vergüenza que me causo a mí misma.

Nada. Todo permanece quieto…

—Pero qué tonta… —gruño para mí misma.

Me acomodo con la cara entre mis manos, cerrando los ojos, suspirando.

La veo en la ventana. Pronuncia mi nombre… Eso me hace saber que tengo que desaparecer de su vida. Ganas de aproximarme al alféizar no me faltan, sin embargo ¿no le había hecho suficiente daño? Decido alejarme rápidamente, y desaparecer.

Me quedo un buen rato así, hasta que poco a poco mi mente despega a la inconsciencia. Lo primero que veo en mi mente, al momento de introducirme en el mundo de los sueños, son sus ojos, mirándome, diciéndome adiós. Luego, paso a una situación ya vivida, cierta vez que el muy idiota iba a depararme un castigo; jugaba con el tintero, yo le tomé la mano y…

—Dígame Tonks… —farfullo suplicante.

Vuelvo a la realidad, sobresaltada: había hablado en voz alta, y estaba aún en el alféizar de la ventana, con la nariz hacia el cielo.

Asqueada de mí misma, cierro la ventana, me acuesto, me tapo y trato de conciliar el sueño.

Sí, pienso otra vez, perdonándome por el desliz, el tiempo hará que me olvide de él. En unos días más estaré como nueva…

Olvidar a una persona sin verla, es de lo más fácil. Sin embargo, yo no tengo idea de que en un futuro no muy lejano, volveré a reencontrarme con Severus Snape.

Su apestoso destino grasoso, y mi destino rosa chillón están unidos de alguna manera. Pero tampoco sé que las cosas van a ser un poco diferentes… ¿un poco?

Si es que sólo se complican un poco, daré permiso a todo el mundo para que me llamen Nymphadora a secas, aunque me duela el alma.

Me doy la vuelta, bostezando, cayendo en los brazos de Morfeo, el feo imbécil de los sueños ridículos que me hace tener… —no soy la única, al menos, con de un nombre horrible, eso me hace sentir un poco mejor —La verdad es que no sé qué hacen los hombres lobos en mis sueños últimamente…

Doy una vuelta más… otra… Y otra. Y de pronto, no encuentro más cama. Oh, oh.

¡Pum!

No, nada en mí ha cambiado. Sigo siendo igual de torpe. Al fin y al cabo, soy Tonks.

F I N

Tal vez ustedes esperaban otro final. Sé que muchos querían un final romántico, de película… Sin embargo, no podía hacerlo, porque sino la segunda parte pierde sentido. Según yo, un reencuentro es lo mejor. Sólo espero no haberlos decepcionado mucho; realmente me esforcé. Lo edité 3 veces xD. Al principio era sólo la mitad de lo que resultó al primer intento.

Me encantaría, de verdad, que al menos la mitad de los que me tienen en favoritos comentaran, no sólo el final, sino qué les pareció la historia completa. Qué les gustó, qué no les gustó, qué les habría apetecido ver, qué desean que suceda en la segunda parte.

Y ahora, dejo esto hasta aquí.  En "Agradecimientos" leerán más información.Los dejo por ahora... ¡y comenten! (Y también comenten los nuevos =), sigo contestando comentarios).

Besos.