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Historia 32594 — capítulo 1

Después de que echaran a mi padre del ministerio de magia, pensamos que el mundo entero se nos iba abajo. Nos obligaron a desaparecer, nos quitaron la casa, nos lo quitaron todo, y tampoco es que tuviéramos mucho, pero nos obligaron incluso a dejar la escuela y a escaparnos lejos de ahí, lejos del mundo mágico, y comprenderás que eso era verdaderamente complicado para nosotros, acostumbrados de toda la vida a convivir con varitas, hechizos... eso facilitaba mucho la vida, y ahora, empezar de nuevo, los cuatro, porque los demás ya eran mayores de edad, y no estaban metidos en el lote, a ellos no los expulsaran. Supuestamente, mi padre había estafado al departamento, pero yo estaba completamente segura de que no era así, mi padre nunca haría es por nada del mundo, pero tenían las pruebas suficientes como para hacernos empezar una nueva vida en un sitio completamente diferente, dónde nos sería mucho más complicado vivir... mis padres tendrían que buscar un trabajo corriente, Ron y yo tendríamos que ir a un colegio dónde no sabíamos ni siquiera lo que se impartía, y encima nos convertiríamos en los bichos raros del pueblo, seríamos la comidilla perfecta... Obviamente, mis padres tampoco estaban muy conformes, pero era lo que quedaba. No teníamos a dónde ir, no teníamos a penas dinero como para comprar una casa en el centro de Londres ni mucho menos, así que mi padre se las apaño para encontrarnos una casa en la periferia, en el barrio marginal, el cual iríamos pagando según fuéramos pudiendo, cuando mis padres comenzaran a trabajar.

La casa tenía dos habitaciones nada más, una que era ligeramente grande, aunque aun así era pequeña, y otra que era un trastero... también había un cuarto de baño y una cocina - comedor, todo era extremadamente pequeño, pero ahí debíamos vivir por lo menos hasta que el ministerio nos admitiera de nuevo, o hasta que mis padres se permitieran pagar algo más... decente, así que ya debíamos acostumbrarnos. Mis padres se quedaron con la habitación más grande ya que tenía una cama doble, y Ron yo nos acomodamos en el mini - trastero, que tenía dos gemelas de diferentes tamaños y yo, por ser la pequeña, me quedé con la más pequeña de las dos. Coloqué mis cosas como pude en una de las estanterías, algunos libros de la escuela, aunque solo había metido dos, uno de hechizos y otro de pociones, y algunas figuras que me habían regalado por navidades, por ejemplo, una de una bruja en escoba, y otra que tiene debajo un libro. La ropa la colocamos como pudimos en un solo armario. Los pantalones los metimos juntos debajo de todo, y las camisetas justo arriba, aunque sabía que ese orden no duraría mucho tiempo, nunca duraba, siempre tenía que ir mamá a colocarlo todo con un golpe de varita pero esta vez... nos iba a costar tanto acostumbrarnos a esta nueva vida...

Ron tampoco trajera muchas cosas, apenas dos tonterías, igual que yo, y las colocara sobre las dos estanterías que le correspondía, varias fotos de sus amigos, Harry y Hermione, supuestamente porque no los quería olvidar, aunque yo tenía claro que no los olvidaría, montones de cartas porque sabía que no le llegarían más, ya que las lechuzas serían vistas con facilidad, y suponía que sus dos amigos no le mandarían más, dos libros, uno de ellos era de Hermione, se lo había prestado en el verano, y a Ron no le diera tiempo a devolvérselo, y algún que otro recuerdo más del colegio...

-Bueno chicos, ¿qué os parece la nueva casa? - les pregunta la señora Weasley entrando en la habitación de ellos con una gran sonrisa

-Bueno... no es gran cosa - le digo yo - es un tanto pequeña y...

-Ginny, Ginny, mi pequeña Ginny, ¿cuándo aprenderás a verlo todo con un toque de magia? - me dice sentándome encima de su colo

-Mamá, ya no soy una niña - le digo levantándome - además, ahora ya no podéis utilizar magia, y lo sabes... hay que verlo tal como es, una auténtica mierda.

-¡Ginny!, ese lenguaje cariño - mi padre estaba entrando también en la habitación con una caja en la mano - bueno, esto es para vosotros, apañé lo que pude en casa antes de que el ministerio la hiciera desaparecer. - Eran fotos de cuando éramos pequeños, alguna que otra camiseta mágica, pero que ahora no se movían, habían perdido toda la gracia, unos guantes de Ron, alguna bufanda de esas que nos hacía mamá por navidad... bueno, por lo menos algún recuerdo de nuestra casa.

-Bueno chicos, vuestro padre va a ir a buscar trabajo, yo iré a comprarme un libro de cocina abajo, intentaré aprender a hacer de cocinar, ¡si no pasaremos mucha hambre! - dice con un tono gracioso - y luego iremos a ver si os apuntamos al colegio, lo hemos visto antes y tiene bastante buena pinta, ¿verdad, cariño?

-Si amorcito, bueno, yo ya me voy - dice mientras nos da un beso a cada uno en la frente - mañana os prometo que ya podréis empezar en el nuevo colegio, y yo ¡tendré un trabajo como Dios manda!, os sentiréis orgullosos de vuestro padre...

Continuará...