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Historia 32619 — capítulo 4
CAPÍTULO 4: WOODVILL, EL PUEBLO BOSQUE.
Ya casi el amanecer despuntaba en el cielo.Habían tomado un "pequeño" desvío para evitar cualquier otro secuaz de Shower. Tobías pensó que lo mejor era seguir por el camino, y si se encontraban a algún otro idiota de Shower derrotarlo igualmente que habían hecho con el mago.
Llegaron a las puertas de la muralla de Woodvill, y penetraron en su interior sin que nadie les avisase ni les llamase la atención.
Los habitantes de Woodvill, se llamaban así mismos "floradores", que es la combinación de flora e invocadores, un curioso nombre que llamaba la atención de todo Elementa.
-¿Dónde está la casa de tu prima, Sandra?
-Hace muchísimo tiempo que no vengo aquí.De hecho, no vine a la envestidura de Flora.
-Eso significa que no tiene idea alguna.-dijo Alberto, aunque Tobías no necesitaba aquella traducción.
Los tres caminaron por todo el pueblo mirando escaparates, ignorando completamente donde estaba la endemoniada casa de Flora, o mejor dicho, la casa de la Señora de las Plantas, ya que, de lo poco que conocían sobre los Señores y todo su séquito, sabían que tendrían que tener un cierto respeto.
Se sentaron en un banco de piedra debajo de un gran roble, cuyas ramas ya estaban desnudas.
Empezaron a jugar a las cartas con una baraja que tenía Alberto, para las situaciones en las que las clases de Sylaby se volvían totalmente insoportables.El juego se vio interrumpido cuando un insecto azuzó la nariz de Fires, que contemplaba la partida de cartas, y el dragón estornudo y una llama prendió fuego a las cartas que tenía Alberto en la mano, y por extensión las manos del chico.
Cuando aquello ocurrió, los tres se sentaron con la cabeza en las manos.
-¿No deberíais estar en el colegio?-preguntó una vieja con mirada acusadora.
-¡Me he metido yo en su vida, señora!-exclamó Sandra dejando a la anciana con los ojos como platos-.¡Y si no quiere vivir en una burbuja el resto de su vida, lárguese!
Tobías y Alberto se giraron asombrados hacía Sandra, debido a que era ella, por lo general, la más educada del grupo.
-¡Te pondré una queja a la Señora de las plantas!
-¡Hágalo, señora!¡Ya verá usted que chasco!
La vieja se fue agitando el puño y mascullando maldiciones ininteligibles.Tobías corrió peligro por su vida, ya que se estaban enfrentando a una veterana invocadora de las plantas, y estaban debajo de un fuerte árbol, cuyas raíces podían arrancar una cabeza de cuajo.
-¿Estás mal de la cabeza?-preguntó Alberto mirando fijamente a Sandra.
-No, perdona…al contrario.—dijo esbozando una sonrisa en su cara de ángel caído.
-¿A qué te refieres?
-Recuerdo perfectamente que cuando era niña, cuando pegaba a Flora, ella amenazaba con chivarse al Señor de las Plantas.Por eso he hecho eso.Estaba planeando hacerlo, pero no tenía motivo alguno como para amenazar a alguien con dejarlo morir dentro de una burbuja impalpable.
-Eres astuta.-Murmuró Alberto—. Y por eso me das miedo.
Sandra volvió a esbozar su sonrisa más pícara, y luego los miró con ojos tiernos.
-No os lo dije porque sabía que os ofreceríais, y era mejor que fuese yo la acusada, debido a que soy la prima de Flora, que alguno de vosotros.
-¿No podías preguntar en vez de amenazar?
-No, lo siento.Salí defectuosa.
-Eres mucho más extraña cuando estas fuera de Riddeler.
-¿Tú crees?-dijo abrazándose las piernas.
-Sandra nos conocemos desde hace muchísimo tiempo.
-A decir verdad, es la magia de Riddeler.Eso y más cosas.
-¿Cómo por ejemplo?
Sandra lanzó una carcajada y se levantó de un salto.
-Tengo la boca pastosa.¿Queréis beber algo?
Tobías y Alberto pidieron sendos zumos de manzana de fuego y Sandra fue a comprarlos balanceando de un lado a otro la cabeza.
-Está súper extraña.Es decir, más que de costumbre.
Tobías asintió con la mirada fija en la taberna a la cual Sandra había entrado, y vio como la sacaban a trompicones.
si no comentais, enviare un troll a vuestra sala comun¬¬ risa malévola