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Historia 32619 — capítulo 3
CAPÍTULO 3: EL VIAJE DEL INVOCADOR.
Apenas estaban a un kilómetro del pueblo cuando sintieron que un muro invisible los bloqueaba el paso, tan fuerte como el mayor de los aceros, y a la vez tan fino como el cristal.
-¿Qué demonios es esto?-se preguntó Sandra, fatigada y dolorida por empujar el muro.
-Una barrera impasibilizadora, o un muro invisible, como prefieras llamarlo.-respondió Tobías mientras miraba hacia arriba.
-¿Podemos saltarlo o rodearlo?
-Imposible, esta destinado a impedir el paso a determinadas personas, y resulta que somos nosotros.
-¿Entonces?
-Pues una de dos: o lo destruimos, lo cual es bastante difícil, o tiene contraseña.
-Vamos a por la primera.-dijo Alberto, que acto seguido invocó a su M.A.
Sandra y Alberto invocaron a Siren y Birder respectivamente.
Entre los tres colosos fue totalmente imposible destruir aquella mole invisible.-Nada -dijo Tobías sentándose con la espalda apoyada en un tocón-, ya os decía que era una posibilidad completamente remota, lo peor de todo es que la idea de la contraseña es aún más remota.
-¡Tú si que eres remoto!-dijo Sandra, quien se encaró al invisible muro y gritó-: ¡Solferneo!
En el aire aparecieron unas cenicientas palabras escritas en rojo, que era muy parecido a rosa.
-¡Muy bien, Sandra!Parece ser que si que había contraseña.-felicitó Alberto.
-Chicos -dijo Tobías mirando fijamente a las palabras escritas en el muro sin leerlas-, ¿no os parece de que lleva aquí muchísimo más tiempo que un día?Lo digo por el color de la letra, antes debía ser rojo, y ahora es rosa, o magenta.
-Si, tiene un color un poco antiguo.Es como si supiese lo que íbamos a hacer.Como si supiese que realizaríamos este viaje llegado el momento.
-Siniestro, ¿verdad?
-No sabes cuanto.
-¿Qué es lo que pone?Me suena un montón.-dijo Tobías escrutando con la mirada.
-Leo -anunció Sandra-: ¿Cuál es el único animal, que por la mañana a cuatro patas puede andar, por el mediodía con dos caminar y a la noche con tres suele terminar?
El acertijo le sonaba muchísimo a Tobías, pero no sabía de que.Era algo que posiblemente hubiese leído o aprendido, pero repasando todo lo que sabía de la naturaleza no pudo identificar la respuesta.
-Me suena muchísimo, pero, si os digo la verdad, no se de qué.
-Me suena de historia.-intervino Alberto.
Cuando Alberto dijo aquello Tobías por fin cayó.
-¡El enigma de la esfinge!-chilló con alegría-.Era el enigma que la esfinge le dijo a un tal Edipo para liberar a una ciudad de la que día a día se comían a sus habitantes.
-¿Cuál era la respuesta?-preguntó Sandra.
-De eso si que no me acuerdo… ¡Esperad!Este maldito druida seguro que nos ha metido…-gruñó Tobías mientras rebuscaba en su mochila-.Lo sabía.El libro de historia.-dijo mientras sacaba unlibro verde.
-¿Por qué nos ha metido los libros?
-Ni idea.-respondió Alberto mientras miraba por encima del hombro de Tobías el libro de historia.
-¡Aquí está!-exclamó ilusionado Tobías-.Según esto, la respuesta al acertijo es…el hombre.
Se escuchó un crujido proveniente de la barrera impasibilizadora.
-Parece que se desvaneció.-dijo Alberto mientras se dirigía hacia el muro.No se había dado cuenta de que las palabras cenicientas seguían en el aire, prueba irrefutable de que aún no había caído.Se dio un buen golpe en la cabeza y eso provocó que el muro empezase a oscilar hacia delante y hacia atrás, hasta que por fin cayó hacia donde estaban los tres.
-¡Socorro!-gritó sin respuesta alguna Sandra.
Cuando el muro estaba a punto de aplastar, ellos lo sabían porque veían las letras cerniéndose sobre ellos, una bola de fuego surcó el aire e impactó contra el invisible muro que solo impedía que no pasasen Tobías, Sandra y Alberto.
Cuando se giraron hacia atrás a ver quien había sido su salvador, se encontraron con Fires, el pequeño dragoncito rojo, con los dientes asomando y de su boca emanaban pequeñas volutas de gas.
-¿Cómo?-preguntó Sandra mirando al pequeño dragón-.Nuestros M.A. no han podido destruirlo y sin embargo este pequeño dragón lo ha conseguido con apenas una bola de fuego.
-Creo saber porque.-dijo Alberto, lo que provocó que Sandra y Tobías se girasen en su dirección.
Tobías lo interrogó con la mirada y Alberto acabó cediendo:
-Simplemente, la barrera impedía que pasásemos, por lo que también impedía que nuestros poderes, la destruyesen…
-¿Y los M.A.?-inquirió Sandra.
-Los M.A. tienen parte de nuestro poder por lo que tampoco lo podía destruir.
-Muy bien, Fires.-dijo su dueño abriendo los brazos para que el dragón saltase a ellos.
-Sigamos hacia Solferneo.-comentó Alberto mientras pisaba un trozo del muro invisible, cuyos trozos eran ahora perfectamente visibles-.¿Era esto lo que nos impedía el paso?
-Si, asombroso.-Dijo Tobías-.Un gran trabajo de magos.
-Eso significa que Shower no puede haberlo hecho, ¿no?Shower es un invocador.
-Pero es un dios, desconozco totalmente cuales sean sus poderes.Puede que sepa hacer de todo.-explicó Tobías mientras acariciaba las escamas del pequeño dragón rojo que los había salvado la vida.
-Puede.-murmuraron los otros dos.
-Una pregunta: ¿Woodvill estaba en dirección Solferneo?-preguntó Sandra a sus compañeros.
-Si, creo que si.¿Por qué?-preguntó Alberto
-Porque si queremos derrotar a Shower, necesitaremos refuerzos.Y en Woodvill vive mi prima Flora, la Señora de las Plantas.
-¿Flora es tu prima?-preguntó Tobías asombrado.
-Hay muchas cosas de mi vida que no sabéis…
-Tantas no.-Rebatió Alberto-.Por ejemplo sabemos que le tienes miedo a los ositos de peluche.
-Yo no lo sabía.-declaró Tobías.
Sandra lanzó una mirada de vergüenza y odio a Alberto y seguidamente le arreó una bofetada que resonó en un kilómetro a la redonda.
-Para que vuelvas a hablar.-dijo despechada y empezó a seguir el camino.
Alberto tenía los ojos inundados de lágrimas de dolor y Tobías y él empezaron a seguir a la chica que iba a paso rápido.
Alberto empezó una retahíla de disculpas cuando la alcanzaron, pero Sandra se giró y su cara amenazaba que como no se callase, le sacudía otra bofetada.Fue entonces cuando Alberto decidió quedarse atrás.
Tobías avanzó al lado de Sandra y la dijo:
-Tranquila, no es para tanto tenerle miedo a los ositos de peluche.
-Lo sé, pero no tenía porque contártelo.Me da mucha vergüenza.
-Da lo mismo.A decir verdad yo le tengo pavor a los payasos y no me muero por ello.
-¿Lo dices de verdad o sólo para tranquilizarme?
-¿Por qué te iba a mentir con una cosa tan embarazosa?
-Gracias.
Tobías le hizo una seña a Alberto para que se acercase y este se acercó a la chica.Cuando iba a empezar de nuevo a pedir disculpas, la chica lo detuvo levantando la mano y le dijo "lo siento".Alberto volvió a sonreír.
Regularmente, Tobías mandaba a Fires, a comprobar si veía Woodvill en el horizonte.
A mediodía pararon a comer, y usaron tres pastillas hechizo de las de Sandra.Después de comer se tumbaron en la fresca hierba.Parecía que nunca hubiese nevado, y menos un día antes.
Cayendo la noche, en el horizonte se divisaba Woodvill, por lo que decidieron seguir viajando durante la noche para llegar al pueblo y pedir alojamiento.
Aquello fue un tremendo error, debido a que cuando distaban unos pocos kilómetros de Woodvill un peregrino se les cruzó en el camino y les pidió algo de comer.
-Lo siento, señor, no tenemos.
-En ese caso, no me dejáis otra alternativa.¡Totale impasing!
El peregrino se quitó la vieja y mugrienta capa que lo cubría y descubrió a un joven mago con una vara.
-¡No podéis pasar!Y menos ahora con esta barrera impasibilizadora.
-¡Así que fuiste tú!-bramó Alberto lanzándose contra él y volviendo a golpearse contra el muro invisible-.¡Au!
-¡Qué bobo!-dijo el mago riendo sarcásticamente-.Yo no fui, no soy capaz de crear un muro con contraseña…uy.
El mago dijo mucho más de lo que debía, de esa forma, los tres amigos supieron que solo quedaba una forma de pasar: destruir el muro.Además eso también significaba que el muro no era tan poderoso.
-Muy bien, tú lo has querido.-Dijo Tobías-:
Llamas del infierno,
llamas del cielo,
yo os invocó:
transformaos en Birder.
Una bola del fuego salió del cielo, la bola era de un fuego blanco con destellos dorados.Otra bola de fuego salió de una grieta que apareció en el suelo, era de un color negro y también tenía destellos dorados.Las dos llamas chocaron en el aire formando una onda de choque dorada.De aquella explosión salió un gran fénix dorado y escarlata cuyos ojos destilaban fuego, al contrario que cuando apareció en la mesa de la cocina, pues sus, en aquel entonces, ojos eran dorados.
-¡Meteorito ardiente!-gruñó el M.A. mientras ascendía hacía el cielo y sus alas empezaron a brillar.De súbito paró y agitó las alas y de ellas salieron piedras cubiertas de fuego.Todas y cada una de las piedras chocaron contra aquel muro más débil que el anterior y lo destruyó.
Las piedras quedaron esparcidas por el suelo con un suave color rojo ennegrecido debido al fuego.
El mago empezó a temblar con un tembleque bastante cómico.Alzó la vieja vara y la sacudió, de ella salió un rayo azul chillón que impactó en el pecho del fénix, quien exhaló fuego de su boca y rugió lastimeramente.
-¡Birder, arremete!
El fénix se lanzó en picado y de su pico salió una llamarada que cubrió todo su cuerpo.
-¡Escudoum protecto!-salió un brillo azul, de nuevo, de su vara que tomó la apariencia de una cúpula contra la que chocó el fénix y lo destruyó.El mago consiguió escapar del pico justiciero.
Sandra se removía inquieta, al lado de Tobías.Tobías sabía que ella quería invocar a Siren para que ayudase a Birder.
Birder seguía arremetiendo con el pico henchido de fuego como un pájaro intentando atrapar un traicionero gusano.El mago seguía lanzando rayos azules y el fénix seguía destruyéndolos con el pico de fuego.
Tobías estaba gruñendo irritado porque no sabía como hacer para acabar con él.Sin embargo vio las intenciones de Birder: el fénix, estaba acercando al mago hacia un tronco de árbol para obstaculizarlo y poder atacarlo.
Cuando el mago chocó contra el árbol, Birder atacó y prendió fuego al mago, pero la combustión apenas duró unos segundos, bastó para dejarlo fuera de combate.
-¡Por fin!-exclamó Alberto.
-Bueno, después de acabar con este fanfarrón podremos seguir con nuestro camino para visitar a tú queridísima prima, Flora.-Dijo Tobías esbozando una sonrisa y mirando a Sandra-.Adelante, Woodvill.