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Historia 32619 — capítulo 2

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CAPÍTULO 2: EL ABUELO

Salieron rápidamente del nevado patio de la escuela apresurándose a llegar a casa del abuelo de Tobías.

La mayoría de los días, después de clase o de comer, iban a casa del abuelo de Tobías a aprender la historia divertida de Riddeler.El abuelo sabía miles de historias relacionadas con las distintas guerras de Elementa y de otros países del continente.La mayoría tenían finales alegres y joviales pero también había alguna que otra historia de amor con un final dramático, una historia digna de novela rosa.

Tobías, hasta hace un par de años, pensaba que su abuelo había sido escritor de joven pero poco después (aproximadamente cuando conoció a Sandra y Alberto) descubrió que su abuelo había sido un explorador.Un aventurero.Debido aeso conocía tan bien las historias de Elementa y alrededores, ya que se había dedicado a estudiarlas antes de irse de expedición.

Pese al aire caliente que salía de sus piernas, Tobías no podía avanzar muy rápido, y, lógicamente, Sandra y Alberto tampoco.La nieve los golpeaba en la cara y los tres soltaron algún que otro juramento de vez en cuando: cuando la nieve se les metía en los ojos o cuando algún gracioso les lanzaba una bola de nieve y ésta se les metía por el cuello.Pese a todo fueron varias las bolas que se intercambiaron.Fue gracioso ver como intentaban salir de la burbuja impalpable y como intentaban destruirla con algún tipo de invocación de hielo o eléctrica.Esta última era la más divertida ya que los pelos se les erizaban por la corriente.

Se retrasaron mucho con la pelea de nieve, ya que paso un largo rato hasta que a Sandra le apeteció reventar las burbujas.Después de eso fueron más tranquilos ya que no se atrevían a lanzarlos nada más.

-Mirad.-masculló Alberto con la voz ronca por el frío y señalando a un lugar en el lateral del camino, un lugar cubierto con un toldo que lo protegía de la nieve.Se acercaron al pequeño puesto lo más rápido que pudieron ya que la nieve dificultaba bastante el paso.

El raído toldo protegía aquel destartalado puesto de mercado, que regentaba un señor con la barba dorada y llevaba una túnica invernal azul estampada de estrellas.

-¿Qué demonios hace aquí un puesto de mercado?Hoy no toca.-susurró Sandra al tiempo que llegaban.

El puesto vendía huevos.Huevos muy extraños de diversas formas y colores.Huevos de M.A.

Los ojos de los chicos se volvieron curiosos mientras miraban los huevos.¡Qué suerte!Un puesto de huevos de M.A. justo cuando les acababan de mandar un trabajo.

-Por la pinta que tenéis parece que sois del curso ése al que le han mandado de trabajo un M.A.-dijo el señor con una voz sosegada y suave.

-¿Cómo lo sabe?-inquirió Tobías mirando con suspicacia.

-Simplemente porque han aparecido un par de chavales de vuestra edad y han comprado un par de huevos.Me he enterado de para qué eran justo al final.Sino se los hubiese regalado.¡Eso voy a hacer con vosotros!Os regalaré los huevos que escojáis.Eso si, uno por persona que no nací ayer.

A los tres chicos se los iluminó la cara cuando el señor dijo aquello.Los huevos de M.A. eran caros y quizás no hubiesen tenido el dinero suficiente.

Escogieron cada uno distintos huevos y se fueron sonriendo mientras el anciano los despedía sacudiendo la mano.Cuando, tras varios metros, Alberto se giró vio que el puesto ya no se encontraba allí.Sacudió la cabeza y siguió andando con una extraña sensación.Segundos después solo recordaba hasta donde les habían regalado los huevos.El episodio de la desaparición del puesto ya no se encontraba en su mente.

Tardaron poco más en llegar a la casa del abuelo.Era una casa grande de color blanco perla, más brillante incluso que el de la nieve, con el tejado y los postigos de las ventanas amarillos, solo que en aquel día, en la casa no se veía nada de amarillo.El tejado estaba cubierto de nieve y los postigos estaban llenos de escarcha y opacaba el color.

Tobías se dirigió a tocar la pequeña campana para avisar de que abriesen la puerta, pero con el hielo se había quedado pegada a la pared.Puso los ojos en blanco, cerró el puño y tocó a la puerta cuya superficie estaba fría.

La puerta la abrió un señor alto y musculoso, o al menos lo que quedaba de los músculos que tenía cuando era joven.Tenía entradas y el pelo canoso, y para regocijo de su nieto, era tan despistado que llevaba el gorro de dormir aun puesto.También llevaba unos pantalones de tela y un grueso chaquetón de lana, en cuyos bolsillos había metido las manos. 

-¡Hola chicos!¡Qué sorpresa veros por aquí!-dijo con sarcasmo-.¿Habéis comido?Seguro que no.Tengo unas pastillas hechizo por aquí.Eso lo sé, lo que no se es donde demonios lo he puesto.¡Qué cabeza la mía!

-Si abuelo, y para pelo precisamente no la tienes.-bromeó Tobías con la alopecia de su abuelo.

-¡Qué gracioso es mi nieto!Buscaré a ver en el cuarto de la limpieza…

-¡Abuelo por dios!¿Dónde guardas las cosas?

-Las pastillas hechizo, ¿vienen en caja?-preguntó Sandra.

-Si.

-¿En una caja rosa?

-Exacto, ¿la has visto por alguna parte, Sandra?

-Si, sobresaliendo de uno de los bolsillos de su pantalón, señor.

-Uy, qué vergüenza.-dijo azorado el abuelo mientras sacaba cuatro pastillas rosas de la caja del tamaño de una de cerillas.

Se sentaron en unos sillones rojos situados junto al fuego, donde Tobías murmuró Inferenea y de las escasas brasas salieron unas fuertes llamas.

El abuelo se sentó en el sillón central y lanzó una pastilla hechizo a cada uno.

-Recordad: las pastillas se activan con el elemento fuego.

-¡Qué mala cabeza!Nos lo dices siempre que venimos a comer.Sabemos usarlas.

-¡Jolines!Ya sabes que con tanta información en la cabeza algo se me puede escapar.

-Es que a usted no se le escapa algo, señor.-Intervino Alberto-.A usted se le escapa todo.Seguro que, sin ofender, en vez de materia gris tiene aire.

-Lo peor de todo es que tienes razón.-dijo que abuelo con una mueca de desesperación en la cara.

Activaron las pastillas hechizo, que se convirtieron es sus comidas favoritas y, cuando acabaron de comer, el abuelo preparó chocolate caliente.

-Bueno, mientras tomamos este delicioso chocolate, que espero que no se me haya olvidado agregarlo nada-murmuró para si-, os contaré la historia de por qué los días están así, divididos en veinticuatro horas.

El tiempo pasaba muy rápido y cuando quisieron darse cuenta habían pasado ya casi dos horas con la historia de las horas.

El abuelo finalizó la historia diciendo: y por eso es así.

Tobías activó de nuevo la mente, ya que la había desconectado a mitad de la historia justo a tiempo cuando el abuelo decía:rn -Subid al desván y traedme algún objeto y os contaré su historia.

Los chicos subieron corriendo hacia la trampilla y subieron a la polvorienta y fría habitación abuhardillada.Allí había miles de cosas: baúles llenos de cuadernos, fósiles extrañas urnas con objetos viscosos, etc.

Una sensación extraña obligó a Tobías a acercarse a un baúl.Acarició el cerrojo de oro con relieves de criaturas místicas.Levantó con cuidado la tapa de palisandro y vio como, ante todo, destacaba una bolsa de cuero.La levantó con cuidado y sintió una corriente eléctrica.Abrió la bolsa y ojeó su contenido: varios cuadernos con las pastas de cuero y un colgante con forma de sol y una llama en medio.

-Esto.-susurró lo suficientemente alto como para que pudiesen oírle sus compañeros-.Esto es lo que necesitamos.

-¿A qué te refieres?-inquirió Sandra que apoyó su barbilla en la cabeza de Tobías.

-A esto.-dijo elevando el colgante.

A Sandra y Alberto les recorrió un escalofrío por la espalda.Era muy evidente que aquella energía que había recorrido a Tobías también había recorrido a sus compañeros de armas, a sus amigos.

-Que sensación tan extraña.-dijo Alberto arrugando la nariz y quitando la mano del hombro de Tobías.

Tobías asintió y guardó de nuevo el colgante en la bolsa de cuero.Bajaron del desván y fueron al salón donde el abuelo seguía en su sillón dormitando, una imagen bastante acorde a su atuendo, ya que seguía con el gorro de dormir.

Cuando se sentaron en los sillones, el ruido de los cojines despertó al abuelo.

-¿Qué…-bostezo-…me habéis traído?

-Ésta bolsa de cuero.-dijo Tobías a la par que lo entregaba la bolsa de cuero.

El abuelo frunció los labios y el ceño mientras miraba la bolsa.Las cejas grises se volvieron una.

-¿Por qué precisamente queréis saber ésta?

-Los tres hemos tenido una sensación extraña cuando lo hemos visto.-respondió Sandra.

-Define extraña.

-Yo sentí como si hubiesen usado sobre mí una invocación eléctrica.

El abuelo arqueó la ceja y se mordió el labio inferior.Se giró hacia los chicos, que aceptaron la explicación de Sandra con un asentimiento.

-De acuerdo.No es muy larga, pero quizás sea complicada.rn

-Inténtalo.

-Dejadme pensar la mejor forma de contároslo.

Los tres amigos se inclinaron hacia delante,buscando la mejor forma de escuchar la historia.

-Hace muchísimos años-comenzó el abuelo después de unos segundos de pensarlo-, este país no era para nada como ahora.El relieve estaba desigual, había volcanes, tierra y agua.Nada más.Ni humanos, ni animales, ni vegetación.

Lo que si que existían eran los dioses.Uno en concreto, Shower era no de ellos.Él era el Dios y Señor del Sol y el Fuego.Se apareció en este deshabitado país y comenzó, por decirlo de alguna manera, a crearlo: desvió los lagos creando los ríos. Dio forma y enfrió a la lava e hizo las montañas.Con su cetro del Sol y el Fuego, hizo aparecer los árboles.Pasaron unos días y de los árboles, influenciados por el poder del cetro, aparecieron algunos frutos.Exprimió éstos últimos en los ríos y del jugo salieron los animales.Escogió dos de cada raza, y con complicados sortilegios e invocaciones, los convirtió en hombres y mujeres y los enseñó a hablar.

Después de esto desapareció.

-¿Qué tiene que ver esta historia con el colgante?-preguntó Tobías.

-Mucho ya que este colgante perteneció a Shower.

-¿Y cómo lo conseguiste?

El abuelo dibujó una sonrisa en la cara y evitó la pregunta.

-Shower después de esto se corrompió a sobremanera, debido a que tenía a todo un país a sus pies, su poder bueno se convirtió en poder maligno.

-¿Qué poderes tiene el colgante?-preguntó Sandra.

-Dicen que quien posea el colgante tendrá el poder de conquistar el poder del cetro del Sol y el Fuego.Espero que sea alguna persona buena que pueda derrotar a ese malvado.

A todos se les pusieron los pelos de punta y los ojos se los salieron de las órbitas.

-Creo que va siendo hora de que todos os vayáis a vuestras casas.El temporal está cada vez peor y hace mucho tiempo que no tengo a niños en casa así que estoy desacostumbrado.

Todos se despidieron del abuelo y fueron a la puerta.Justo al lado de ésta apareció el perchero donde antes habían dejado los abrigos y las mochilas.En cuanto hubieron cogido las cosas el perchero se hundió de nuevo en el suelo de la casa.

Salieron de la casa seguidos por la mirada del abuelo desde detrás de la ventana.

Tobías estaba ausente y los otros no sabían por qué.

-¿Qué te pasa Tobías?

Tobías tenía una sensación extraña desde que habían salido de la casa del abuelo.Se quitó la mochila de los hombros, la abrió y sobre todos los cachivaches escolares se encontraba la bolsa de cuero con los cuadernos y el colgante.El abuelo se lo había metido.

-¿Te lo ha dado?

-Eso parece.

Siguieron charlando sobre los poderes del colgante hasta que llegaron a casa de Tobías y Tobías se resguardó dentro de ella.Fue hasta el salón, donde se encontraba el hogar apagado.

-Inferenea Ball.-masculló Tobías apuntando con ambas manos al hogar.De ellas salió una bola de fuego que lo encendió-.¡Ya he llegado!

Un tenso silenció siguió al grito.El silencio se fue apagando cuando un batir de alas se acercó.

-Fires, ¿no te has entretenido y has llegado directo a casa?

El dragoncito asintió mientras caía pesadamente en los brazos de su amo.Acercó su cabecita al pecho de Tobías dándole una especie de abrazo.

-¿Dónde están todos?-preguntó dando un beso en las duras y cálidas escamas rojas del hocico del dragón.

El dragón alzó las alas a modo de hacerle entender a Tobías que se estaba encogiendo de hombros.Con la dura lengua lamió la nariz de Tobías y acurrucó aún más su cabeza en el pecho de su dueño.

Tobías abrazó al dragón y se sentó, con él en su regazo, en uno de los sillones amarillos de enfrente del hogar.

Tobías sacó la bolsa de cuero, en cuyo interior estaban los cuadernos y el colgante. Se limitó a observar con curiosidad el colgante y Fires hizo lo mismo.Fires tocó el colgante y luego el cuello de Tobías.

-¿Quieres que me lo ponga?No me quedará nada bien.

Fires ladeó la cabeza inquiriendo el por qué.

Tobías puso los ojos en blanco y se colgó la fina cadena de oro en el cuello.Cuando la superficie del amuleto tocó la piel del cuello de Tobías, el colgante comenzó a brillar con un destello amarillo.Inmediatamente después, el destello amarillo, se convirtió en un destello rojo.

Fires echó a volar asustado.Cuando se giró vio a su dueño con la mirada perdida.Esto se debía a que Tobías estaba viendo algo en su mente.Se encontraban en un lugar completamente dorado, con algunas personas a las que no conocía, pero Alberto y Sandra seguían allí.También estaba su hermana.Enfocó la vista hacía otro lado y vio una silueta alargada…y allí la visión acabó.

Tobías no recuperó la consciencia, ya que cuando la visión acabó se quedó completamente dormido.

A la mañana siguiente, Tobías se despertó en su cama.Llevaba puesta aún la ropa del día anterior, por lo que procedió a cambiársela.Además tenía la boca pastosa, por lo que fue a la cocina, donde encontró el desayuno preparado: zumo de naranja, café y tostadas.

Se bebió de un trago el zumo de naranja.Y luego empezó con el café y las tostadas.

Cuando acabó de desayunar, la taza del café y el plato de las tostadas desaparecieron.Se giró para mirar donde había dejado el vaso de zumo y vio como este también había desaparecido.En su lugar se encontraba una nota escrita en un rollo de papiro.¿Quién escribe en papiro?

Desenrolló el papiro y empezó a leer la nota.Estaba escrita con tinta azul, un azul como el cielo de una noche estrellada.La nota decía lo siguiente:

Tus familiares han sido secuestrados . Al igual que los de tus dos amigos. Te he preparado la mochila y te he dejado unas cuantas pastillas hechizo dentro. Tú y tus amigos sois los únicos que podéis liberarlos.

Cuando acabes de leer esta nota, se convertirá en un Muvelotempo ; acércalo a tu huevo de M.A. y verá lo que pasa.

El Druida

En cuanto acabó de leer la nota, esta se convirtió en un Muvelotempo.Era una daga de oro amarillo, con una cadena al cuello y un reloj de arena en la empuñadura.

Con el miedo aún en la cara fue hasta el salón y cogió la mochila que seguía junto al sillón.Fue hasta la mesa de la cocina y sacó el huevo del M.A.Era un huevo de unos veinte centímetros de envergadura y tenía un potente color rojo con manchas anaranjadas.

Cogió el Muvelotempo que yacía inmóvil sobre el mantel de la mesa, y acercó su hoja desafilada a la superficie del huevo.El reloj de arena de la empuñadura comenzó a girar y el huevo se rompió.Milésimas de segundo después era un pequeño polluelo desplumado y en otro par de milésimas se encontraba frente a un fénix en toda regla, un fénix de dos metros de estatura de color escarlata y oro.Tobías apartó la hoja asombrado por lo rápido que se había convertido el pequeño huevo en un M.A. tan grande.

Corriendo salió de la cocina y fue hasta la puerta donde vio que no quedaba rastro de nieve.Fue entonces cuando se le ocurrió todo.¿Qué es lo que derrite la nieve?, se preguntó.El Sol y el Fuego, discurrió rápidamente. Shower era quien había secuestrado a sus padres.

Cuando iba a cerrar la puerta, pudo ver como Sandra y Alberto venían corriendo.Sus pies pisaban los charcos y se salpicaban mutuamente con agua y barro.

Sandra tenía marcas de haber llorado, Alberto simplemente tenía algo de cara de trastornado.

-¿Ya lo sabes?-preguntó Sandra con la voz quebrada.

Tobías asintió mientras Sandra se lanzaba a sus brazos llorando a lágrima viva.

Entraron en la casa de Tobías, quien les guió hasta la cocina, donde encontraron al M.A.-fénix.

-¿Hiciste lo que decía la nota?-preguntó Sandra con la cabeza aún en el pecho de Tobías, pero veía a través de un ojo.

-Si, no se me inspiró confianza.

Sandra apartó de repente la cabeza del pecho de Tobías y metió la mano dentro de la camiseta. -¿Qué haces?-preguntó escandalizado y sonrojado Tobías.

-Lo sabía.-Dijo la chica, sonrojada, sacando el amuleto del Sol y el Fuego-.Noté esa sensación extraña de nuevo.

-Vale.-Dijo Tobías aún rojo como un tomate y con el corazón a mil por hora-.Lo llamaré Birder.-murmuró acariciando el suave plumaje del M.A. para relajarse.

-Sandra, sería conveniente que nosotros hiciésemos lo mismo.

Sandra asintió y sacó de su mochila un huevo azul marino y una daga de color fucsia, con el reloj de arena rosa.Alberto hizo lo mismo solo que su huevo era negro y su Muvelotempo, azul eléctrico.

Acercaron las desafiladas hojas de los Muvelotempo a la lisa superficie de los huevos y el reloj de arena de las empuñaduras, comenzó a girar con mucha velocidad.Ocurrió lo mismo que con el huevo de Tobías, en apenas unas milésimas los huevos se convirtieron en unos poderosos M.A.

El de Sandra, pasó de ser un huevo azul marino, a ser una sirena con pelo y cola dorados.Era muy bella, debido, principalmente, a que su rostro refulgía con un bonito tono amarillo claro.Además las escamas de la cola lanzaban pequeños arco iris cuando la luz reflejaba en ellas.

El huevo de Alberto se convirtió en un murciélago gigante.Era de un color azul oscuro muy poderoso, y sus ojos, lanzaban destellos azul eléctricos.

-¡Guau!-mascullaron todos asombrados por la conversión de unos simples huevos en aquellas bestias, o mejor dicho, en M.A.

Los M.A. desaparecieron en un destello rojo, azul y amarillo.En cuanto desparecieron, en las mentes de cada chico aparecieron los versos capaces de invocarlos.

-Que sensación tan extraña cuando han aparecido esos versos en mi mente.-dijo Sandra llevándose la mano a la cabeza, mareada.

Tobías y Alberto asintieron con la cabeza, dándola a entender que ellos también habían tenido aquella sensación que tanto los mareó.

-¿Dónde hemos de ir?

-Solferneo.-dijo de improviso Tobías.

-¿Cómo lo sabes?-inquirió Alberto.

-Lo he visto.

-¿Dónde? Tobías bajó la vista hacia el colgante y luego los volvió a mirar.

-¿El colgante?¿El amuleto del Sol y el Fuego?

Tobías asintió.

-¿Cuándo?

Tobías acababa de tener aquella visión, justamente, cuando los versos aparecieron en su mente.Tobías explicó todo aquello.

-Así que tenemos que ir a Solferneo…

-Concretamente al Monte Del Saber.El lugar donde, se supone, se empezó a crear el país.

Cogieron las mochilas y salieron a la calle.Tobías inspiró aire y comenzaron a andar hacia las afueras.Todo el mundo los miraba ya que era muy raro, que fueran solos.

Mientras salían del pueblo, Sandra y Alberto fueron pensando en que nombres ponerles a sus M.A.Sandra decidió llamar al suyo, Siren, ya que era un nombre que le iba muy bien.Alberto decidió llamar al suyo Zorbrat, un nombre que no supo de donde lo sacó.

El colgante de Shower los incitaba, debido, principalmente, a que no sabían donde se encontraba Solferneo.Fueron tranquilamente por el camino mientras las botas hacían ruido cuando pisaban los guijarros.Era muy relajante.

-¿Cómo vamos a hacerlo?-explotó de pronto Sandra y comenzó a llorar.

-Tranquila, Sandra.-dijo Alberto mientras Tobías y él la animaban-.Ya verás como todo se soluciona.Somos fuertes, de hecho los mejores de la clase, podremos sobrellevar esto.

-No lo sé.

-Te lo aseguro Sandra.-Dijo Tobías-.Estamos protegidos por el poder del amuleto del Sol y el Fuego, sabes que soy especialista en ello y podremos hacerlo.¿Te das cuenta de que los tres controlamos elementos muy poderosos?

-Si, pero…

-Lo prometemos.-dijo Tobías a la vez que la besaba en el pelo.