Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.7% · 90,801 de 95,911 páginas identificadas · 90,162/90,522 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 32660 · de

Historia 32660 — capítulo 12

¡¡TIENE QUE PAGAR!!

//////////////////

Esa mañana me desperté más temprano que de costumbre y con un mejor humor que el día anterior y que el resto de mis días anteriores en Hogwarts. Quizás tendría que ver con ese ligero peso sobre mis hombros que había desaparecido desde mi visita a la Enfermería. Quizás el haber pasado toda esa hora de Pociones junto a James tenga algo que ver con mi buen humor o simplemente podría tratarse del efecto de la textura de sus cabellos rebeldes entre mis manos.

El hecho es que estaba de muy buen humor y no lo arruinaría con mis tonterías de siempre. No ahora que me sentía capaz de todo. Absolutamente todo.

Terminé de arreglarme para cuando Lauren acababa de abrir los ojos.

-¿A dónde vas?--me preguntó entre bostezos.

-A visitar a James.

Y sonreí emocionada. Sé que no éramos nada aún -énfasis en la última palabra-, pero sentía como si fuese a encontrarme con mi novio de toda la vida. Como si fuese lo esperado, lo obvio, lo destinado a ser. Porque iba a verme con él. Con James. Dormido. Tranquilo. Adorable… Era un espectáculo que no quería perderme.

-Espera…--dijo Lauren cuando estaba a punto de salir de la habitación, como si acabase de recordar algo.

-Créeme, lo que sea puede esperar--dije como si nada. Las siguientes palabras se me escaparon casi como si fuera un efecto colateral del Veritaserum de Black--¡Pero no James!

Y salí prácticamente disparada en dirección a la Enfermería, que debería estar abierta hace ya 5 minutos, tiempo más que suficiente para la primera visita del día.

Y así iba yo, contenta por el rumbo que habían tomado las cosas. Por el inesperado valor que había tenido al confesarle todos mis sentimientos a James -dormido o no- y por la tregua que nos habíamos dado Black y yo. Ahora sólo quedaba que James despertara y todo sería perfecto.

O eso creía yo.

Pero al llegar frente a la Enfermería, una aparición me demostró lo equivocada que estaba.

-Un momento… ¿Qué crees que estás haciendo?

Y lo miré, sin comprender del todo su actitud conmigo. Allí, apoyado en la pared justo al lado de la Enfermería; donde, hasta hace unos segundos, no había nadie, estaba él.

-¿Es una especie de contraseña que debo decir para poder visitar a James?--le dije en tono de burla.

-No, pelirroja, verás…--y se acomodó la ropa. Era como si hubiese pasado la noche ahí dentro, aunque yo sabía que era imposible--Hay una pequeña regla…

-¿Sirius Black hablando de reglas? ¿A mí?--y bufé. Ya no me parecía divertido lo que sea que estuviese haciendo Black, porque estaba evitando que yo volviese a acariciar los cabellos de James.

-Sólo porque al fin aceptaste que estás suspirando por los huesos de James, ¿te crees con algún derecho de venir a verlo? ¿Así como así?--me dijo pícaramente. Pero yo podía escuchar el tono serio que se escondía tras su burla.

-¿Disculpa?--casi deletreé la palabra.

-En estos siete años, ¿cuántas veces has venido a visitar a James a la Enfermería?--yo estaba a punto de replicarle, cuando me interrumpió--Incluyendo también las veces en que tú fuiste la causa de sus males, pelirroja… Ésas también cuentan.

Y esa frase me dejó muda. Porque yo sabía que tenía razón. Porque yo le había hecho daño a James en todos estos años, porque se lo seguía haciendo. Porque no tenía ninguna excusa para mi forma de actuar.

-No puedo cambiar mi pasado, Sirius--dije seriamente, dejando atrás el humor con el que había despertado--Pero siempre puedo mejorar en el presente. Es todo lo que puedo hacer.

Él se encaminó hasta entrar a la Enfermería, donde se giró de nuevo para hablarme.

-Dímelo cuando James esté despierto, pelirroja…--me dijo simplemente--Y hasta nuevo aviso, estás puertas sólo estarán abiertas para sus amigos más cercanos, las novias de sus amigos, su novia o sus admiradoras más fervientes… ¿Estás en alguno de esos grupos, Evans? Porque déjame decirte que las futuras novias no se incluyen…

Y dicho esto, me cerró la puerta en las narices sin esperar a oír mi respuesta.

-Ayer no hubo ninguna regla…-- mascullé por lo bajo, totalmente indignada.

-Ayer era una ocasión especial, pelirroja--me dijo a través de la puerta--Ayer fue por James… Así que no confundas las cosas.

Y ésa fue la gota que derramó la poción. Fueron demasiadas cosas las que le había soportado a ése cerebro de troll. Llegaría mi turno de hacerle pagar… Y yo sabía perfectamente quiénes iban a ayudarme…

˜*˜

-¡Tienes que ayudarnos!

-No, Lily. La verdad es que no tengo porqué hacerlo--respondió Remus serenamente, mientras era perseguido por nosotras después de la reunión de Prefectos.

Comencé a balbucear un montón de cosas que me pasaban por la cabeza con el único fin de que Remus me hiciese caso. Cosas como "¡tú mismo dijiste que no aprobabas lo que me hizo!" o "no hay que dejar que se salga con la suya, Remus".

-¡Debemos darle una lección!

-¿Y tu idea de darle una lección a Sirius es jugarle una broma? ¡Jamás lo creí de ti, Lily Evans!--dijo sin aminorar el paso, como si se estuviese burlando de mí.

-¡Claro, Remus! ¿O alguna vez has visto que Black aprenda algo con un simple sermón?…--mi amigo se atrevió a reír un poco--Aparte de que parece inmune a los castigos… Así que, sí Remus, debemos darle una cucharada de su propia medicina. Apuesto a que el profesor Dumbledore debe estar pensando lo mismo.

-¿Y por qué no dejas que Dumbledore se encargue entonces de hacerlo?--preguntó él, de nuevo haciéndome sentir como una tona.

-¡Remus…!--ya se me estaban acabando las ideas. Por suerte, Remus volvió a hablar.

-Lily…--se detuvo al fin para encararme, sonando cansado y derrotado, pero siempre divertido--¿Sabes qué me harían los chicos si se enteran de que te pasé información para que te vengaras de Sirius? ¡Porque yo no pienso volver a hechizar los calzoncillos de Filch y de Slughorn, y eso es el punto final de la discusión!

No me importaba lo que Remus hubiese hecho con la ropa interior de Filch y de Slughorn. Es más, preferiría nunca haber escuchado eso. Esa mañana Sirius Black había arruinado mi estado de ánimo de la peor forma posible. Y con esa imagen mental, simplemente no lo podía dejar pasar. Así que me giré hacia mi amiga, que se había limitado a seguirnos de cerca sin hacerse escuchar. Por primera vez parecía otra frente a él y me extrañaba que Remus no diese señales de notarlo.

-¡Vamos, Chels, dile algo!

Chelsea era la única que podría ayudarme, porque Lauren parecía otra desde que había empezado a estar con Black. Cuando le conté lo que había sucedido esa mañana, se limitó a decirme: "Eso te viene bien merecido por no haberme escuchado. Justo te iba a decir que Sirius había cuidado a James esa noche y podía estar de humor para molestarte. Pero como James no podía esperar, no quisiste escucharme". ¿Pueden creerlo?

-Creo que entre las dos podremos convencerlo--le dije, empujándola suavemente hasta que quedó frente a él--¡Venga! Tienes que convencerlo porque, sin su valiosa información, no podremos lograr nada.

Y entonces, algo increíble pasó. En realidad fueron dos cosas que ocurrieron casi simultáneamente: Primero, Chelsea estuvo a punto de decirle algo a Remus, pero dudó. DU-DÓ. ¡Chelsea nunca duda! ¡Chelsea es la enemiga número uno de la duda! Y entonces, casi de inmediato sucedió la otra cosa extraña, pues la mirada de Remus brilló con un interés en Chelsea casi palpable, como nunca le había interesado nada en la vida. En un gesto casi salvaje.

-P-por favor…--dijo mi amiga tras aclararse la garganta, sonando dulce, inocente y temerosa. Todo lo que no es. Todo lo que nunca ha sido.

Me viré inmediatamente hacia Rem, pero su mirada volvía a ser tan impasible como de costumbre. Entonces, la tercera cosa rara del día ocurrió, y esta vez fue de parte mía. Yo, Lily Evans, sentí una necesidad aplastante, casi como si fuese una obligación de vida o muerte, de lograr que Remus volviese a ver a Chelsea con la misma intensidad de antes.

-¡Vamos, Chelsea! ¡Así no vas a conseguir nada de Remus!--dije con un entusiasmo raro en mí, zarandeándola ante la mirada atenta de él--Haz otra cosa, los "por favor" no funcionan con Lupin… ¡No sé!… Ofrécele algo a cambio, ¡lo que sea!

Y luego, cualquiera diría que la cuarta cosa rara del día ocurrió, pero no fue así. Aquello no era raro. Aquello era la señal del Apocalipsis que al fin se mostró en la Tierra. Chelsea, la misma Chelsea que nunca ha tenido reparos en decir lo que piensa y que se ha ganado adjetivos como "atrevida" y "cínica", se sonrojó. Ni Lauren ni yo creíamos que Chelsea tuviese la capacidad de sonrojarse, ¡pero vaya si nos equivocamos! Pareciera que hubiese estado practicando más de la mitad de su vida para ese momento, para ese sonrojo frente a él. Chelsea. Sonrojada. ¡Se cuenta y no se cree!

-Hay tres cosas con las que no se pueden meter si aprecian sus vidas y la estabilidad mental de Sirius--dijo Remus pausadamente, con el tono de voz de alguien que ha tomado Veritaserum, sin quitarle el ojo de encima a Chelsea. Como si el sonrojo de ella hubiese bastado a cambio de la información--Su ego, que parece tener vida propia y que cuida como si fuese su hijo… Una moto a la que trata como si fuese su amante y de la cual me niego rotundamente a revelar su paradero…--hizo una pausa suficientemente larga para soltar un suspiro y esconder su sonrisa-- Y James.

Chelsea y yo nos miramos cómplices con sendas sonrisas en los labios.

-¡Eres el mejor, Rem!--y le di un beso eufórico en la mejilla--¡Vamos, Chels! Tienes que darle un beso también… Hay que aceptar que se ha portado bien con nosotras…

Chelsea me miró un instante, un simple segundo, con los ojos abiertos de par en par. Pero enseguida cambió su expresión y volvió a ser la misma de siempre.

Se acercó lentamente a Remus y le dio un beso allí, justo allí, en las comisuras de los labios, a un suspiro de distancia de un beso de verdad.

-Supongo que no eres tan "malo" como pensaba, Lupin… Me alegro…--dijo Chels, sumergiendo a mi amigo en un estado de sopor intenso.

Y salimos corriendo con rumbo a la habitación de las chicas. James parecía ser el Talón de Aquiles de Black y tendríamos que esforzarnos para hacerlo caer.

-¡De mí no han escuchado nada!--le oímos gritar a Remus cuando giramos a la derecha, como si hubiese despertado de un sueño profundo.