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Historia 32660 — capítulo 11

Los Leones También Morimos Por La Boca

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¿Para qué intentar engañarme? Pasé toda la noche en vela pensando en Potter y en su accidente. Y me levanté en tal mal estado, que ni siquiera pude prepararme una poción energizante.

Así que, resignada a pasar el día tropezando a diestra y siniestray luchando para no quedarme dormida en medio de alguna clase, bajé al Gran Comedor. Quizás un buen desayuno es todo lo que necesite.

Y ahí estaba él: el motivo principal de ese dolor de cabeza que no me deja ni a sol ni a sombra desde hace varias semanas. Mejor conocido por todo Hogwarts como Sirius Black. Y estaba sentado con Remus y Peter… y mis amigas. ¿Cómo es que tomaron la decisión de sentarse junto a ésos y Remus? Era bastante obvio que despertar de última no era opción para mí.

-Hola, Chels… Laur… Rem… Peter--asentí con cada uno de ellos y me senté. Sirius no se inmutó con mi presencia ni con mi insolente intento de ignorarlo. El resto de los chicos no me quitaban la vista de encima.

-Yo también te quiero, pelirroja--me respondió con descaro--¿Lista para romper algunas reglas hoy?

Bufé sonoramente sin poder evitarlo, pero no di más muestras de haberlo escuchado. Con algunas personas -Black- la mejor política es la ley del hielo. Si no quieres cometer homicidio culposo en primer grado con alevosía y terminar en Azkaban, definitivamente es lo mejor.

-¿Y cómo está James?--preguntó Chelsea a nadie en particular, aunque yo sentía las miradas de reojo que me lanzaba mientras condimentaba con pereza mis huevos revueltos.

-Estable--dijo Remus escuetamente. ¡Ahora hasta el Rey de las Palabras se mordía la lengua! ¿Cómo es que Sirius no podría seguir su ejemplo?

Pero la actitud de Remus se me hizo de lo más sospechosa. De hecho, empezaba a parecerme como si todos tuviesen la palabra "Conspiración" tatuada en sus rostros.

-Aunque, en mi opinión personal,--ladró Black, tan fuerte que dominó toda la atmósfera de la mesa--la mejor forma de averiguarlo es con una buena visita.

Me negaría totalmente a tomarme ese comentario de forma personal. Si ellos querían perder el tiempo hablando sobre el accidente de James -Potter, Lily, siempre ha sido Potter- ¡allá ellos! Yo no me uniría a su grupito…

De pronto me di cuenta de que condimenté demasiado mi desayuno (la garganta de repente parecía un desierto) y extendí la mano para tomar un vaso con agua. Alguien me alargó una copa con jugo de calabaza y, sin levantar la mirada, le agradecí el gesto.

Para cuando terminé de dar el primer sorbo, cuatro pares de ojos me miraban fijamente, haciéndome sentir como si estuviesen a la expectativa de que combustionara espontáneamente. Los únicos pares de ojos que no me observaban -grises, para mi total sorpresa- eran de la única persona que me habló.

-Así que…--dio un sorbo a su bebida--te gusta James, ¿eh?

Abrí los ojos de par en par. ¿Cómo se le ocurría preguntarme algo así en medio del desayuno? Tendría que ocurrir un milagro -que Merlín resucitara de entre los muertos bailando tap como niño de 6 años, ese tipo de milagro- para que yo volviese a admitir eso de nuevo en algún lugar en el que cualquier persona pudiese escucharme.

-Sí.

Me llevé ambas manos a la boca ante la mirada asombrada de todos. Bueno, de todos menos Black. Es que ésa era mi voz. Esos eran mis labios pronunciando aquellas palabras en contra de la orden directa de mi cerebro.

-¿Qué has…?--pero de nuevo lo vi tomarse un sorbo de su copa--¡¡Tú me pasaste el jugo de calabaza!!--lo señalé con dramatismo, poniéndome de pie en un claro gesto de indignación--¿Qué le has puesto?

Su sonrisa pícara fue una respuesta más obvia que si hubiese usado un "Sonorus" para gritar ¡VERITASERUM! en medio del Gran Salón.

-Siéntate--me dijo suavemente, disfrutando cada sílaba. Pero yo me negué, cruzándome de brazos y bufando sonoramente. Las siguientes palabras salieron de su boca con mucha lentitud--¿Te.Gustaría.Volver.A.Hacer.El…?

Me senté de inmediato.

-El Veritaserum no da espacio a la consciencia ni te suelta la lengua de esta forma… No me hagas tener que repetirlo: ¿Qué me has dado?

-Veritaserum--entorné los ojos un poco más--MÍ Veritaserum… Con menos agua del Río Nilo para mantenerte consciente… Reemplacé el pelo de Unicornio macho con un cabello de Banshee, por eso es que tienes la lengua "suelta"--hizo el gesto de las comillas con los dedos--Pero no te confundas, Evans. Con mi receta, no hay forma de que puedas mentir… Ahora dime, ¿quieres ver a James?

-Sí--respondí antes de poder silenciarme.

-Ve--entornó los ojos y habló en tono serio--No será difícil encubrirte con Slughorn. A esta hora Pomfrey está recogiendo retoños de rosas acuáticas para sus pociones curativas. Y no hay más enfermos en todo Hogwarts que James… Ve.

-Pero…--intenté decir algo, cualquier cosa. Pero temía lo que saliera por mi boca en su lugar.

-Evans…--me miró de forma cómplice--si no vas, no seré tan clemente contigo al hacer la próxima pregunta.

Ya todos se estaban poniendo de pie para ir a la primera clase, incluso mis amigas, que no habían hecho el mínimo esfuerzo para defenderme. Así que, ¡qué demonios!, tomé mis cosas y pretendí marcharme con la mayor dignidad posible, a pesar de la obvia derrota.

-Y ni se te ocurra hacerte un Silencius o un Obliviate… O mi experiencia del año pasado será un mal chiste en comparación.

Me detuve un segundo, como en una especie de respingo involuntario. Se lo que pretendía Black, así que lo mejor era jugar con sus reglas y seguir con mi vida lo mejor posible. Había que admitir que, al menos, Sirius Black había sido un contrincante entretenido.

Anduve todo el camino hacia la Enfermería en total silencio, pensando cuál sería al mejor forma de decírselo todo a James. Pero cuando llegué al lugar, había tomado la decisión de dejar que el Veritaserum -el Blak-ritaserum en realidad- el que pronunciara aquello que yo no era capaz.

-¿Qué hace aquí a esta hora, señorita Evans?

¡Maldito sea Sirius Black! Por las túnicas de Merlín, tenía que decir algo rápido. Algo coherente. Algo que sonara razonable y me ayudase a salir de este embrollo.

-He venido a ver a James.

¡Algo menos obvio, Lily! A ver, podía agregar algo que me justificara. Algo sobre ser Delegados. ¡Sí, eso era! Tendría que funcionar. Algo como es mi obligación como Premio Anual chequear su estadoy él tendría que hacer lo mismo por mí. ¡Eso tendría que funcionar!

Lástima que sonó mucho más a:

-Él haría lo mismo por mí.

Y quité la mirada rápidamente de Madame Pomfrey. Porque si ella me veía tan sonrojada como me sentía en esos momentos, ¡juro que empezaría a llorar allí mismo!

-Supongo que minerva ha querido asegurarse de que su Capitán Estrella esté como nuevo para el siguiente partido--bufido ruidoso. ¿Eran ideas mías o la enfermera le tenía ojeriza a la profesora McGonagall?--Si ella la ha enviado, no veo que pueda oponerme… Asegúrese de cerrar la puerta al salir, Evans.

Y se fue diciendo su típica retahíla de quejas y censuras sobre "ése juego de bárbaros", mientras yo me adentraba en aquel lugar.

Y ahí estaba él, en la última cama, la que estaba junto a la ventana. Los rayos del sol le hacían lucir como un angelito en medio de aquella respiración acompasada. Se veía tan extraño estando ahí tan quieto, tan callado. Sin esa sonrisa tan suya.

Estando así se parecía más al chico de aquella noche.

-Sirius quiere que te lo diga todo--solté de repente, sólo para distraerme de sus brazos vendados y de esa extraña herida que tenía en la coronilla--Hasta me ha dado Veritaserum, el muy…

Seguía respirando calmadamente. ¿Estaría realmente dormido o sólo intentaba ponerme las cosas más fáciles? Con lo poco que le conocía, me inclinaba más a la segunda opción.

-Te quiero, ¿ok? Y he estado negándolo desde aquel beso en el Gran Comedor. Le he puesto mil nombres a esto, desde "simple capricho" hasta "obsesión enfermiza". Lo mismo he hecho con eso que dices sentir por mí… Me he equivocado.

Y suspiré profundamente. Le vi sonreír levemente, casi como si se estuviese conteniendo, mostrándome un poco de su sonrisa angelical. Mi sonrisa privada. Lo tomé como una señal para continuar.

-¡Vaya si me he equivocado, James! Creer que pasar la noche contigo me quitaría ésto que me haces sentir… Y en realidad ahora estás más adentro de lo que jamás nadie ha estado. Y… Te quiero, James, ¿vale? Te quiero y no te lo podía haber dicho antes porque me aterra que me haya enamorado del chico dulce de aquella noche y que no seas tú en realidad…--impulsada por algo más que el Veritaserum, me fui acercando a él, hasta terminar hablando sobre sus labios--…Porque TIENES que ser tú, James. Porque no quiero sentir esto por nadie más.

Y lo besé. Más que un beso, fue un suave roce de labios. Una promesa sellada. Un juramento silencioso que sabía más a hasta que la muerte nos separe. Una confesión muda y un TE AMO más allá de las palabras.

Al separarme de él se escucharon varios aplausos suaves de un solo par de manos.

-¿Viste que no era tan difícil, Evans?

Me giré rápidamente. Allí estaba Sirius Black apoyado en el marco de la puerta, con una sonrisa leve en los labios.

-Si tú estás aquí, ¿quién…?

-Créeme, Lauren era la indicada para excusarnos con Slughorn. Mejor incluso que Remus.

Ni siquiera perdería el tiempo preguntándolo, sabía que lo había escuchado todo. Se le notaba en la mirada. Se le notaba en todo el cuerpo.

-Tú ganas--su sonrisa se amplió aún más.

-Nadie ha ganado aún. No hasta que el cuatro-ojos te haya escuchado, al menos.

-¿¡James no…!?--me giré de inmediato a verlo. James seguía respirando acompasadamente y sus ojos se mantenían cerrados.

-Su recuperación es muy dolorosa y Pomfrey prefiere mantenerlo dormido para que no sufra más de lo necesario. Eso es lo que cree Remus--me viré a verlo de nuevo en el momento que me habló. Él seguía viendo a James--Yo creo que no lo aguantó despierto más de una hora y decidió sedarlo.

Black parecía estar admitiendo algo más a través de ese chiste. Como si le costara reconocer que, de hecho, se había preocupado por James o que le hacía falta.

-Él también te extrañaría si tú estuvieses en su lugar--se volteó a verme, al fin--Aunque sería el único.

Me rió el chiste sin gracia, con una risa desganada y casi muda. Se dio la vuelta y empezó su camino fuera de mi vista. No terminó de alejarse sin antes pronunciar:

-Asegúrate de que esté consciente la próxima vez, Prefecta.