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Historia 32758 — capítulo 1

Era un día normal en Forks. El cielo estaba embotado y amenazaba lluvia desde primera hora de la mañana. Telva fue al instituto en su viejo Cadillac del 76, negro. Lo mantenía en unas condiciones óptimas, tanto que si el modelo no estuviese tan desfasado podría pasar por recién estrenado. Aparcó y se miró al espejo antes de bajar. Pelo alborotado, labios rojos, ojos oscuros y tez pálida. Así iba Telva a clases. Llevaba un gran escote, aunque en el cuello siempre llevaba un pañuelo para tapar unas marcas que tenía en el cuello. Al vestir así e intimidar tanto a los alumnos había levantado el rumor de que la había mordido un vampiro. Aunque era lo más alejado a la verdad. Le había mordido una serpiente venenosa y tuvieron que hacerle una diálisis de sangre por la carótida. Aunque tenía otras marcas, en el brazo. Ésas sí que se las había hecho un chico. Recordaba muy vagamente todo aquello.

Entró sin mirar a nadie en particular, sus ojos se posaron en Mike Newton, que estaba guardando sus cosas en la taquilla. La miró un segundo y desvió la mirada totalmente intimidado y Telva sonrió. No había nada que le gustase más que asustar a aquellos estúpidos. Les llevaba casi tres años y nadie se había preocupado nunca en querer ser amigo suyo. Así que cada vez su carácter se había vuelto más uraño. Asistió a sus clases y se sentó sola en el comedor a la hora del almuerzo. Era consciente de las miradas de los alumnos. De las tontas de Lauren y Jéssica. Incluso de los Cullen, que no dejaban de mirarla. Le hacía gracia. El resto de la gente del instituto desviaba la mirada cuando sus ojos encontraban los suyos, pero los Cullen la miraban intensamente, Telva rió y tras dejar su bandeja de comida en su sitio se acercó a su mesa. Se fijó que su comida estaba sin tocar. El jersey escotado que llevaba era corto, dejaba su ombligo al aire y mostraba su piercing de plata y topacios y que contrastaba con la enorme hebilla que llevaba en los pantalones de corte bajo, de una calavera y unas rosas.

  • Puede que si seguís mirándome tan fijamente se os resquebrajen las retinas - dijo mirando a Emmett, que parecía divertido, ella había apoyado las dos manos en la mesa.
  • ¿Tú crees? - contestó. Rosalie la miró con odio y Alice la  miraba sin verla, como viendo más allá.
  • Eso creo. No es bueno que las personas me miren así, podrían... resultar "heridas". Cóme algo, que tienes mal aspecto - le espetó acercándole más la bandeja de comida. Le guiñó el ojo y se fue.
  • ¿Qué crees que ha querido decir con eso, Edward? - preguntó Jasper.
  • Exactamente eso - se limitó a decir el joven de pelo cobrizo.

Telva llegó a su casa apenas unos minutos después de terminadas las clases. Abrió la puerta, Max y Rex estaban gimiendo, eran sus perros. Max era un Husky y Rex un galgo. Se le echaron encima. Eso no era normal. Los apartó y vió a su padre tirado en el suelo, olía mal. Dejó su mochila en el sofá y corrió a su lado.

  • ¿Qué te ha pasado? - le preguntó.
  • Quise levantarme de la silla - la silla de ruedas estaba volcada al lado - quise preparar la cena. Yo... antes podía. Pero no he podido caminar. Y después no me he podido levantar. Me he orinado y "lo otro" encima. Es humillante.
  • No te preocupes papá, yo te ayudaré a asearte.
  • Pero hija...
  • No hay peros que valgan. Tú has cuidado de mí durante todos éstos años. Tranquilo...

Lo levantó con cierta dificultad y le ayudó a subir las escaleras, su padre apenas podía sostenerse. Lo metió en la bañera y le quitó la ropa. Lo bañó y le puso el pijama. Le ayudó a meterse en la cama y llamó al Hospital de Forks para que le mandasen a un médico para que viesen a su padre. Mientras tanto, bajó al piso inferior y empezó a limpiar el charco que había dejado su padre. Recogió todo y al segundo siguiente de tenerlo todo limpio, llamaron al timbre de la puerta. Fue a abrir.

  • Buenas tardes, ¿Es la casa de los Banner? - preguntó un hombre rubio, de ojos color caramelo y muy guapo.
  • Sí.
  • Soy el Doctor Carlisle Cullen.
  • ¿Cullen dice? Así que es el padre del clan Cullen. Encantada de conocerle, pase por favor. No sé por qué me lo imaginaba con unos cuantos años más.
  • ¿Cuantos años me echa? - Telva rió socarronamente.
  • No más de cien - Carlisle rió y olió a la muchacha con disimulo. Tenía aroma de vampiro, aunque también humano, eso lo desconcertó.
  • Puede que tenga razón y no tenga más de cien, quién sabe. He sido informado de una urgencia.
  • Sí. Mi padre ha perdido movilidad, se ha caído de la silla de ruedas, antes podía levantarse y las rodillas no le han sostenido. También se ha orinado y defecado encima.
  • Entiendo... ¿Dónde se encuentra ahora?
  • En su habitación. Sígame, por favor - la joven lo acompañó escaleras arriba hasta la habitación de su padre.
  • ¿Va a clases con mis hijos?
  • No coincidimos en ninguna. Pero son un poquito descarados.
  • ¿Descarados?
  • Me suelen mirar mucho durante el almuerzo.
  • No va usted precisamente discreta.
  • ¿Eso cree? Son los únicos que se atreven a mantener sus ojos fijos en los míos - entraron en la habitación.
  • Papá, aquí está el Doctor.
  • Gracias hija. ¿Ha venido Elliot de la escuela?
  • No, papá. Todavía no ha llegado.
  • ¿Elliot es su hermano?
  • No Doctor Cullen, es mi hijo.
  • Parece muy joven para ser madre - Telva rió.
  • Puede que yo aparente también menos edad de la que realmente tengo. Estaré abajo.

Telva bajó a la cocina y se dispuso a preparar la cena. Era temprano. Haría un guiso, había sido un día frío y seguro que la carne guisada le sentaría bien a la salud de su padre. Se dió cuenta que no había ternera, tampoco zanahorias ni cebollas, tendría que acercarse al supermercado a comprar para la cena.