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Historia 32780 — capítulo 1
OS AVISO ESTE ES UN SNAPE - HERMIONE AUNQUE AL PRINCIPIO HERMIONE ESTE ENAMORADA DE RON . ES UNA HISTORIA QUE EMPIEZA LENTA!!!
Cretino.
Si, ESA era precisamente la palabra que estaba buscando. CRETINO.
Baboso, imbécil, idiota, descerebrado, inútil, estúpido, maldito… maldito precioso pelirrojo que la tenía vuelta loca.
Hermione se recargó contra una pared con las manos contra el rostro, sus ojos le ardían, pero ella no iba a dejar salir ni una sola lágrima, NI UNA SOLA.
Por que es que él no comprendía lo importante que era para ella? Y sobre todo, no comprendía por qué ella, la mejor estudiante de todo Hogwarts, podía estar enamorada de un chico que era menos sensible que una piedra.
Ella necesitaba a un hombre, no a un niño quejumbroso. Necesitaba a alguien valiente, inteligente, serio, noble, romántico, centrado y responsable.
Hermione soltó una risa despectiva contra si misma. Claro, las cualidades perfectas en un hombre, y su nieve de que la quería? Pues para su desgracia, se había enamorado de Ronald Weasley.
Ron se quejaba de todo y por todo, de que no tenía muchas cosas, sin darse cuenta de que tenía el corazón de ella para él solito, que con sus estupideces y corta habilidad mental había vencido ni mas ni menos que a Victor Krum en el juego del amor, y eso sin mover un solo dedo, cuando el jugador profesional de quiddich se había desvivido por ella.
Y que había pasado esa noche? Pues lo de siempre, eran las horas de las madrugada y esos dos, el futuro salvador del mundo mágico y su mejor amigo, no habían terminado los deberes que iban a entregar mañana a primera hora, y eso que el trabajo estaba desde hacía dos semanas.
Bufó exasperada al recordar como ella estaba corrigiendo las horribles faltas ortográficas de Ron, cuando pasó por ahí una de las chicas de séptimo curso, saludó a Hermione y recogió un libro que se le había quedado.
Y que había echo el pelirrojo? Pues claro, quedarse mirándole como un idiota y la mandíbula brevemente caída.
-
Vaya que está guapa, verdad, Harry?
-
Hay chicas más guapas que ella, Ron.
-
Menciona una.
El joven de gafas fingió pensar un momento y exhibió una sonrisa traviesa, los colores se le subieron al rostro a la chica del trío y antes de que pudiera hacerle alguna señal para que se callara, el moreno habló.
- Hermione, por ejemplo.
Se hizo un tenso silencio mientras el pelirrojo evaluaba a la castaña de arriba abajo, haciéndola sonrojar profundamente, hasta que finalmente este soltó una risilla burlona.
- Si, claro Harry.
Y los rojos de Hermione subieron de nuevo, esta vez con furia.
-
Así que yo no soy tan guapa, eh, Ron?
-
No, digo, si… bueno… estás linda, si. Pero otras chicas tienen algo especial que… bueno, tu sabes, tienen "algo" y tu…
Movió las manos como haciendo una esfera mientras hacía un curioso gesto moviendo la cabeza de un lado al otro. Harry estrelló su mano contra su frente.
Hermione frunció los labios verdaderamente enfadada, lo que le daba un increíble parecido con la profesora MacGonagall. Se levantó y se marchó por el retrato, y lo último que alcanzó a escuchar fue a Ron gritándole "Oye, me estabas corrigiendo el trabajo!!"
Por que no podía comprenderlo?? Harry ya se lo había figurado de hacía mucho, y ambos lo habían hablado un par de veces, pero si Ron no daba luces de entender que diablos ocurría entre ellos, ella que podía hacer?
No iba a declarársele, eso era seguro, por que Ron tiraría una carcajada y diría alguna incoherencia, por que su escasa materia gris le indicaría que su amiga estaba bromeando.
Los pasillos estaban oscuros y ella no sabía ni a donde iba, podía escuchar a los retratos susurrando por que escuchaban los pasos de la castaña, ella se negó a encender su varita. Quería que la oscuridad se la tragara.
Sin embargo, y tras haber estado ausente dentro de si misma demasiado tiempo, sus ojos alcanzaron a captar el débil destello de un lumus más delante.
Se detuvo asustada, por que sabía que si la pillaban iba no solo a perder puntos para Gryffindor, sino que además tendría que explicar que hacía fuera de la sala común a semejantes horas de la madrugada.
Pero cualquier explicación o plan de escape se extinguió cuando la luz se movió violentamente y se escuchó mas claro que nunca el sonido de algo cayendo, o más bien rodando pesadamente por las escaleras, así como un golpe sordo cuando el cuerpo chocó contra el suelo, acompañado del débil gemido lastimero de quien quiera que se hubiera caído.
Sin pensárselo dos veces sacó la varita e invocó su propio lumus, descubriéndose en el pasillo que llevaba a las escaleras que desembocaban en las mazmorras. Y tras correr unos cuantos pasos, sus ojos se abrieron de sobre manera al observar todo un camino de sangre que venía de no muy lejos, por el camino contrario al que había venido ella.
El hechizo de la otra persona se veía muy tenue por la escalera, apagó el propio y bajó en silencio, pisando tan suave como le era posible. Hasta que finalmente pudo observar una figura negra echada en el suelo la cual se levantaba poco a poco, se apoyaba en la pared y volvía a caer.
Quiso gritar, y se tapó la boca para no hacerlo, se acercó con cautela.
- Profesor Snape?
Ni bien lo hubo dicho tocó el hombro del profesor, cuando una de las manos del mortífago se cerró sobre la muñeca de la jovencita con un exceso de fuerza, la jaló rápidamente y en un abrir y cerrar de ojos estaba sentado sobre ella, una mano cerrada en su cuello y la varita apuntándole amenazadoramente, los ojos negros de él fijos en una expresión de aterradora alerta.
- Pro-profesor Snape… s-soy yo…
Snape no contestó en lo absoluto, su respiración era demasiado agitada, y para espanto de Hermione, su rostro estaba cubierto de sangre, lo mismo que sus ropas.
- Profesor?
La mano que se cerraba en torno a su garganta se aflojó lentamente, pero aún así no la soltó, y la joven Gryffindor pudo sentir como todo el cuerpo de su maestro temblaba de manera descontrolada, hasta que finalmente se hizo a un lado, incapaz de sostenerse por más tiempo y cayó al suelo.
-
Profesor!
-
No me toque!!
Fue un breve siseo parecido al de una serpiente, dicho con un esfuerzo tremendo que le provocó arcadas.
- Yo…
El le extendió la mano, incapaz de hablar, indicándole que a no dijera ni una sola palabra más, Hermione se enderezó del suelo y se sentó, mirando fijamente al hombre que se encontraba junto a ella.
No necesitaba ser un genio, cosa que era, para saber que el profesor habría sido convocado durante la noche por Voldemort, y que ese llamado era el resultado de su estado actual. Cuando finalmente el profesor dejó de tener espasmos, sus ojos negros se posaron en los marrones de Hermione.
-
Permítame llevarlo a la enfermería, profesor.
-
Váyase a su sala común Granger, si no quiere que…
-
No me voy a ir profesor.
Se hizo un tenso silencio en el que el único movimiento era el de sus respiraciones. Los ojos de ella chispeaban en decisión.
- No diré nada. Ni a Harry ni a Ron, se lo juro… pero déjeme llevarlo a enfermería.
Snape no dijo nada, y la joven consideró que se lo estaba pensando.
- No… a la enfermería no…
La miró fijamente, con cierta apatía.
- Mi habitación está al final del corredor.
Hermione aceptó con la cabeza y se pasó por encima el brazo del profesor, ayudándole a incorporarse.
El camino a la habitación del profesor fue demasiado largo, quizás para ambos. Hermione por su parte, sentía no con asco, pero si con ciertas ansias la sangre que resbalaba entre las telas, manchándola a ella, emanando aún de las heridas, e igualmente, el peso prácticamente muerto del profesor de pociones, el cual no podía hacer mucho para sostenerse por si mismo. Para Snape tampoco era sencillo, pues cada paso era como sentir una vez mas las torturas del señor oscuro, y como sus heridas eran incapaces de cerrarse ante los movimientos irregulares de la Gryffindor que lo llevaba prácticamente cargando.
Hermione observó el pasillo final que le había indicado su profesor, el cual desembocaba en una pared.
-
Profesor…
-
Sacrificio.
Dijo él en un débil susurro, y al instante, las piedras de la pared comenzaron a moverse, de la misma manera en que lo hicieran los ladrillos del callejón Diagon.
- Vamos…
Susurró ella entrando a la habitación, mientras la pared se volvía a cerrar detrás de ambos. El profesor finalmente dio más signos de vida que simplemente caminar y se safó de los brazos de Hermione, ella no se lo impidió.
- Ya…. ha hecho… suficiente…. señorita Granger… espero que…
Sin embargo, no pudo decir lo que esperaba, por que una fuerte punzada de dolor atravesó violentamente su cuerpo haciéndolo caer al suelo.
Hermione no dijo absolutamente nada mientras el hombre se quedaba en el suelo, sujetando firmemente sus costillas. Miró en varias direcciones y caminó a través de las habitaciones de Snape, abrió algunas puertas, una de las cuales conducía al despacho y otra al aula de pociones, y finalmente encontró su habitación. Esta puerta la dejó abierta.
- Venga, profesor…
Dijo ella en un susurro tomándole de un brazo, Snape trató de negarse, pero en su condición era absurdo siquiera negarse a la joven Gryffindor.
Hermione intentó no poner atención a muchas cosas, ni al echo de que se encontraba llevando casi en rastras a su profesor de pociones, ni el echo de que estaba en su habitación, o que en aquél preciso instante se encontraba recostándolo en la cama y subiendo sus pies al colchón, procurando que estuviese lo mas cómodo posible.
-
Iré a buscar a Madame Pomfrey, ella…
-
No.
-
Pero…
-
Creí que sabía… aceptar órdenes… Granger… no llame a la enfermera.
-
Tal vez el profesor Dumbledore…
La mano de Snape se cerró en la muñeca de la castaña.
- Por sobre todo… no se debe enterar… Dumbledore…
Se hizo un largo y tenso silencio, y Hermione aceptó con la cabeza.
- En ese caso, lo curaré yo.
CONTINUARA !!