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Historia 32780 — capítulo 2

Snape suspiró profundamente, signo de que estaba resignado. Aquella noche, Hermione Granger, la sabelotodo de Gryffindor sería su enfermera. La castaña se mordió el labio, si el profesor de pociones aceptaba, tenía que ser lo mas fría y neutral posible.

Al final, visiblemente cansado de hablar, aceptó con la cabeza.

Hermione no necesitó nada mas para ponerse a trabajar, abrió los cajones del buró de Snape y extrajo algunas botellas con pociones, las destapaba y olía, fruncía los labios y a veces repetía el proceso, sacando las que necesitaría y las que no. El profesor se sintió internamente orgulloso de la que fuera sin duda su mejor alumna en toda su carrera de enseñanza, la cual, al no encontrar todo lo necesario en su buró, se había trasladado a todo objeto que tuviera cajones o puertas, hasta encontrar lo que necesitaba.

  • Tome esto.

Dijo ella con firmeza mientras le llevaba a los labios una poción. El aroma y el sabor le indicaron de inmediato que era una poción coagulante. Eso detendría los sangrados de todo el cuerpo. Terminada la poción, ella se marchó y continuó trayendo los aditamentos que usaría para sanarle.

Cerró los ojos en algunas ocasiones, mordiendo sus labios cuando alguna punzada de dolor atacaba su anatomía, sin embargo, como Slythering que era, y más aún, como orgulloso jefe de su casa, no daría mas señales de dolor de las que ya vergonzosamente había ofrecido.

Finalmente pudo sentir la presencia de la castaña a su lado, también se dio cuenta de que, metido en sus pensamientos y dolores, no se había dado cuenta de cuando ella había traído una toalla, para luego acomodarlo boca abajo, echándole la toalla en sus regiones bajas.

Escuchó el sonido inconfundible de una varita siendo extraída del bolsillo.

  • Desvisttio.

El maestro hubiera querido burlarse y decir su sarta de sarcasmos, pero eso hubiera sido solo si tuviera la fuerza suficiente, y no la tenía. La joven Gryffindor, por su parte, parpadeaba confusa de que su hechizo no hubiera funcionado para nada.

  • Desvisttio!

Y nada ocurrió. Si esto hubiera sido cualquier otra cosa, Snape estaba seguro de que estaría diciendo algo así como "Creo que la señorita Sabelotodo finalmente se ha dado cuenta de que puede fallar. No es así, señorita Granger? Después de todo, tal vez no es tan perfecta como usted misma pensaba"

Si, eso le diría. Pero este no era el caso. Su ropa de mortífago tenía un hechizo especial colocado especialmente por Voldemort en persona, quien deseoso de siempre tener la lealtad de sus seguidores, había echo que ninguno pudiera ponerse, quitarse o transfigurar de cualquier manera esas túnicas, haciendo que los mortífagos pusieran toda su astucia a la hora de recibir el llamado y salir corriendo a cambiarse, siempre procurando mantener un bajo perfil a los ojos de todo el mundo.

Sintió repentinamente como su cuerpo era girado de nuevo, con mucho cuidado. Frunció el ceño para observar a la joven, la cual llevó sus manos al cuello de él y comenzó a deshacer los broches en su capa, al instante, la mano de él se cerró sobre la de ella.

Sus inexpresivos ojos negros se encontraron en una batalla contra los dulces y avergonzados de ella. Se quedaron quietos, y finalmente la soltó, cerrando sus ojos. Ella continuó con su labor.

Hermione, por su parte, se sentía demasiado nerviosa, inclusive estaba luchando con las ganas de salir corriendo de ahí. ¡Por el amor de Dios, estaba desvistiendo a su profesor de pociones!

No que lo estuviera haciendo por gusto, eso era cierto, sin embargo, había que hacerlo para curar sus heridas. Tras retirar los broches, tuvo que enderezar al profesor un poco para poder sacarle aquella prenda, la cual echó a un lado. Ya la doblaría luego.

Observó un instante las manchas de sangre en sus dedos, y luego la capa. Pensando en que mejor la mandaría a lavar.

La chica se mantuvo en el mas profundo de los silencios, sacando una por una cada prenda que el profesor vestía, intentando no sonrojarse cuando finalmente encontró nada mas que piel. Piel muy lacerada, lastimada, abierta y sangrante, pero piel al final.

Sus ojos se fijaron casi sin querer en los pezones del profesor, y desvió la mirada avergonzada, pero un segundo mas tarde la regresó precisamente a ese lugar.

No era posible…

Sus ojos vagaron rápidamente por el pecho del profesor, por su estómago, observando profundas marcas de heridas, generalmente en grupos de cuatro, lo suficientemente separadas como lo eran los dedos de las manos… y pequeñas heridas, casi círculos… del tamaño perfecto que tendría una mandíbula humana. El pezón sangrante tenía una marca bastante profunda de, lo que sin duda alguna eran dientes.

Una breve duda asaltó su mente, y sus ojos vagaron rápidamente a la entrepierna del profesor.

  • Una palabra… de compasión… Granger… y me aseguraré de que… repruebe en… pociones…

Y las mejillas de ella se sonrojaron, incapaz de afrontar que el profesor Snape la había observado mientras ella echaba un rápido vistazo a su entrepierna.

Hasta ese momento, y a pesar de las heridas que iba a atender, Hermione, como adolescente que era, había sentido un potente choque sexual en el hecho de desvestir a un hombre, pero ahora todo había desaparecido, su temperatura había bajado a niveles insospechados y su rostro estaba pálido.

  • Mis heridas… no son tan graves… de la cintura para…

  • No profesor… yo… yo… solo déjeme hacer mi trabajo.

Y como si se le fuera la vida en ello, su rostro mostró una concentración que el maestro solo le había visto en pociones, mientras se deshacía del cinturón, abría el botón y bajaba el cierre rápidamente y de una sola vez, lo cual fue mala idea, pues Severus emitió un débil quejido y su cuerpo se arqueó por medio segundo. Hermione se puso completamente roja cuando jaló el pantalón para bajarlo y se encontró con que estaba ganchado a la ropa interior del profesor.

  • Por Merlín, lo siento tanto profesor!

Chilló ella completamente horrorizada, prácticamente segura de que había ganchado no solo tela, sino también piel. Quiso subir de nuevo, pero estaba completamente atorada, suspiró y con su otra mano se ayudó a hacer presión sobre la prenda interior para liberar la piel. Hasta finalmente lograrlo.

  • Lo siento… profesor.

Susurró ella con las mejillas enrojecidas. Snape cerró los ojos mientras su cuerpo se relajaba y aceptaba con la cabeza.

Hermione continuó con su labor de desvestirlo, dejando solo la ropa interior, y sin poderlo evitar, sintió sus ojos ardiendo con lágrimas que no pensaba soltar, por que sería una vergüenza para el profesor.

Latigazos, muchos… por todo el cuerpo, mordidas… arañazos… dos de ellos subiendo por los muslos y perdiéndose en la ropa interior.

Hermione casi fue capaz de ver a su profesor, atado, amordazado, no lo sabía… pero desnudo y a la merced de una sombra colocada a sus espaldas, sus manos cubiertas de tinieblas rasgando todo el cuerpo, subiendo por sus muslos y encajando sin piedad sus uñas sobre la pálida anatomía del maestro.

Quería preguntarle lo obvio, quería abrir la boca y decir la mayor estupidez de su vida, solo para que el profesor le dijera que estaba loca, que estaba equivocada, pero… pero sabía la verdad, y admitirla en ese lugar y en ese instante le pareció demasiado duro. Miró a su profesor, el cual había abierto los ojos y miraba al techo. Perdido dentro de su propia cabeza, y Hermione pudo ver un profundo dolor oculto en esas orbes negras.

Sin pensarlo más, le retiró la ropa interior, procurando no mirar, sino hasta que fue muy necesario.

Mordidas.

En su vientre, en su cadera, y como ella se había negado a creer. En su miembro.

Tomó entonces una toalla y la mojó en un platón con agua caliente, comenzando a lavar la sangre que había emanado de las heridas, dejando todo su cuerpo manchado. Limpió su rostro con delicadeza, casi con ternura. Pasando por todo su cuerpo, levantando sus brazos para poder sacar todas las marcas carmesíes que se extendía a través de ellos. Hermione sintió asco al ver algunos pequeños moretones en el cuello del profesor, en sus costados, había uno inclusive en su muñeca.

El cerdo que le había echo esto al profesor era un desgraciado pervertido, un maldito y…

De repente detuvo su labor y se quedó quieta. Tal vez y ella nunca hubiese visto en todo su esplendor el poder del profesor Snape, pero aún en boca de Dumbledore, había escuchado decir casualmente "Si Severus lo quisiera, podría batirse a duelo con Voldemort, tal vez no ganaría, pero si lo heriría gravemente, el echo de que no lo haga, es que de nada nos serviría su muerte"

Quien había echo esto, era alguien mas fuerte que Severus… alguien sádico, alguien cruel, alguien que gozaba del dolor y tenía una posición tan fuerte, que el profesor había aceptado la agresión.

Hermione observó de repente a su profesor a la cara, con el horror dibujado en sus facciones al verlo tan tranquilo, como si nada ocurriese.

Era casi imposible de creer, pero el profesor Severus Snape… había sido violado por Lord Voldemort.

Negó con la cabeza, incapaz de creer. Terminando de limpiar su cuerpo por la parte superior, comenzó a vaciar la poción cicatrizante en las heridas, utilizando luego la varita para cerrarlas. Llevaba mucho tiempo leyendo sobre heridas y curas mágicas, y aunque era la primera vez que lo intentaba, no por nada era la mejor estudiante de Hogwarts.

Severus, por su parte, no podía negar que la chica tenía profesionalismo. Se había tardado en sacarlo, pero lo tenía. La manera en que aplicaba la poción cicatrizante en sus regiones íntimas lo demostraba. Bajó la mirada para observar un espejo que estaba junto al armario, y quiso reír, mas no lo hizo por que sabía que dolería.

La escena en el espejo se veía tan distinta a la realidad, una jovencita de dieciséis años, de espaldas, sentada en una enorme cama acariciando el miembro de un hombre desnudo cuyas heridas eran prácticamente imposibles de ver actualmente. Aunque eso no quería decir que hubieran dejado de doler.

  • Le daré la vuelta.

Dijo ella mientras le tomaba por los hombros y se dedicaba a girarlo, cuidando las heridas en su espalda. Frunció los labios indignada al ver los feos y extensos moretones en los glúteos del maestro, seguramente el monstruo que le había echo esto se habría deleitado apretando con todas sus fuerzas el trasero de su profesor. Mordisqueando, lamiendo…

Sacudió la cabeza para sacarse semejantes imágenes de la cabeza.

Se dedicó a repetir el proceso de limpieza, y luego el de cerrar heridas, untando cuidadosamente una segunda poción que hiciese desaparecer los moretones. Y aunque él no dijera nada, ella podía ver y sentir bajo sus dedos como la piel se tensaba involuntariamente de dolor.

Observó su trabajo una vez hecho, y tomó una profunda bocanada de aire, pues solo le faltaba un último lugar por revisar, y muy seguramente curar. Colocó sus manos en los glúteos de su maestro y procurando que su sangre se volviera prácticamente de hielo, separó y observó cuidadosamente. En la orilla de su visión alcanzó a ver como el profesor ladeaba la cabeza y apretaba los párpados con fuerza, dividido entre el dolor, la impotencia y la vergüenza.

Tomó la poción cicatrizante y la colocó en los arañazos que había encontrado, sin embargo, no había signos de penetración. Eso le pareció increíble.

El monstruo lo había torturado en todas las formas posibles, dejando solamente una sin hacer. Se preguntó por que. Miró el rostro del profesor y se mordió el labio. Preguntándose si Voldemort habría abusado de la boca de Snape en lugar de su trasero.

  • Terminé.

No hubo respuesta. Hermione se puso de pié y alcanzó algunas ropas que había traído consigo antes de empezar con las curaciones.

  • Aquí tiene, profesor.

Snape le miró con el ceño fruncido, y finalmente comenzó a enderezarse. Las heridas le dolían, como si llevara días con ellas, tomó la ropa que la jovencita la ofrecía y comenzó a vestirse, echándose encima la ropa interior y los pantalones mientras Hermione recogía toallas, frascos de pociones y retiraba las sábanas manchadas de sangre.

Severus, por su parte, caminó hasta el baño, donde Hermione escuchó correr agua, y girando la mirada observó al maestro echado hacia delante sacándose toda la sangre seca del cabello.

Cambió las sábanas rápidamente para cuando llegó el profesor, el cual se sentó y se mantuvo pensativo largo rato, Hermione se mantuvo en silencio y se marchó al laboratorio para lavar los frascos vacíos. Sin embargo, se sintió muy sorprendida al observar que había ya en espera bastantes frascos de pociones, todos idénticos al que ella llevaba en la mano.

Se apoyó en la pileta y se cubrió el rostro con una mano. Cuanto tiempo llevaría el maestro sufriendo eso y teniendo que curarse él solo heridas tan horrorosas?

Regresó a la habitación para ver que más podía hacer por el profesor, y sonrió brevemente al verlo acostado de lado en la cama, profundamente dormido. No podía ni imaginar lo cansado que habría de encontrarse.

Y así, habiendo terminado la locura, se dio cuenta de que debía de ser tardísimo, y que no podía arriesgarse a salir así para volver a la torre de Gryffindor. Se había perdido a ciegas, pero para volver necesitaría un Lumus, y si algún profesor la pillaba, tendría muchas explicaciones que dar, empezando por la sangre en su ropa.

Se acercó al profesor y lo arropó cuidadosamente, se dirigió al baño y sacó una toalla, la cual dejó a un lado, para luego salir rumbo al guardarropa del profesor, del cual extrajo lo primero que tocaron sus manos, lo cual resultó ser una camisa de dormir de manga larga en color negro.

Regresó al baño y colocó el pijama en un lugar donde no fuera a mojarse, luego pasó a retirarse toda la ropa, echándose luego encima una bata de baño. Tomó su varita e hizo un elegante giro que culminó apuntando hacia el suelo.

Solo segundos después apareció ante ella una carita conocida, unos ojos abiertos como platos en color almendra y una nariz aplastada como tomate, moviendo nerviosamente sus deditos mientras alisaba su paño de cocina con el escudo de Hogwarts. Hermione sonrió.

  • Hola Winky.

  • La señorita ha llamado a Winky, y Winky ha acudido. En que puede ser útil Winky, señorita?

Mentalmente agradeció al profesor Dumbledore. Ella había estado presente, por supuesto. Estando Harry dormido después de haber visto el regreso de Lord Voldemort, Winky también fue llevada a la enfermería, llorando completamente destrozada e histérica, y ningún intento de Hermione por tranquilizarla dio frutos, hasta que una luz pasó rozándole y golpeó a Winky, dejándola inconsciente.

El director había tomado personalmente a la elfina y la había colocado en una cama, para luego apuntarle con la varita. Los instintos sobre protectores le indicaron a Hermione que cuidara de la elfina, pero siendo Dumbledore quien apuntaba, se obligó a si misma a creer que nada malo iba a ocurrir.

  • Obliviate!

Los ojos de Winky se abrieron de repente y se desenfocaron, y tras varios minutos, el profesor bajó la varita, volviendo la elfina a la inconciencia.

Hermione sonrió al recordar como Dobby había traído una túnica idéntica a la de los otros elfos y había vestido cuidadosamente a Winky, y tras haber echo esto, la despertaron.

Se había puesto muy roja al descubrirse en la enfermería, se había deshecho en disculpas, y finalmente, Dumbledore la había felicitado por que a pesar de estar enferma, ella había estado limpiando la sala común de Revenclaw, halagándola diciendo que era una elfina buena.

Y se marchó. Dumbledore borró todo recuerdo que Winky tuviera de Barty Crouch y su hijo, y le hizo creer que siempre había trabajado en Hogwarts. Hermione se sintió feliz al verla fuera de la depresión, y en ocasiones, cuando volvió a las cocinas y mantuvo la boca cerrada en cuanto al P.E.D.D.O., siempre la descubrió sonriendo. Justo como ahora.

  • Winky, necesito que me hagas un favor.

  • Winky hará lo que quiera la señorita.

  • La ropa que dejé en el cesto es del profesor y mía, quiero que la laves y la tengas lista antes de las siete, crees poder hacerlo?

La elfina aceptó enérgicamente con la cabeza y tomó el cesto en sus manos.

  • Espera.

Winky se giró a ver a Hermione, la cual se agachó brevemente y palpó la cabeza de la criatura.

  • Gracias Winky, eres una elfina buena.

La sonrisa en el rostro del pequeño ser no pudo ser mas abierta y sincera, incluso sus ojos se llenaron de lágrimas, y así fue como se fue, completamente feliz.

Hermione por su parte regresó a sus cosas. Tomó un baño rápido, se puso su ropa interior y se echó encima la bata del profesor, riendo tontamente cuando vio que le quedaba excesivamente grande.

Caminó hasta la cama y le tomó la temperatura al profesor, tenía un poco de fiebre. Pensó en despertarlo y darle una poción, pero sabía que lo mejor era dejarlo descansar.

Le dio la vuelta a la cama y se echó en el otro extremo, mirando las espaldas del hombre a quien acababa de curar. Tal vez y estaba mal, vistiendo solo una camisa de dormir y su ropa interior, acostada en la cama de un profesor, y precisamente, en compañía de dicho profesor.

Pero ella era lo suficientemente madura para ver que allí no ocurriría nada malo, que Severus Snape jamás abusaría de ella, sobre todo, por que ni siquiera tenía las fuerzas para hacer algo como eso.

Con esos pensamientos en mente, la joven castaña cerró los ojos, y poco tiempo después cuando la respiración de Hermione se volvió acompasada, signo de que estaba dormida, Severus abrió los ojos y se giró lentamente para observar a la Gryffindor.

Aquella noche prácticamente le debía la vida. Suspiró y con cuidado se puso de pié, miró una última vez a la Gryffindor y se marchó.