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Historia 32780 — capítulo 3

Los ojos de Hermione se abrieron por mera inercia y costumbre a las seis de la mañana, su primera clase era a las ocho. Le ardían fuertemente debido a que había dormido poco, pero el estudio era el estudio y ella no iba a quedarse dormida.

Al encontrarse en una habitación desconocida, todos los recuerdos de la noche anterior le llegaron de repente, se giró en la cama para ver a su acompañante, pero en lugar de ello, se encontró con un espacio vacío.

La joven castaña se apresuró a ponerse de pié, no era correcto que se levantara habiendo dormido tan poco, él aún estaba herido y tenía que guardar tanto reposo como fuera posible, así fueran unos cuantos minutos.

Se puso de pié y se apresuró a salir de la habitación, sintiendo un miedo latente en su corazón, como si Voldemort hubiera decidido seguir con sus asquerosos juegos y hubiera llamado de nuevo a su fiel vasallo.

El alma le volvió al cuerpo cuando vio un cuerpo tendido en unos de los sillones.

No era correcto, que él, estando herido durmiera en un sillón, y ella en la cama. Se reprochó mentalmente, tal vez y él se había molestado por ello y por eso se había marchado, después de todo, para él ella no era mas que una mandona sabelotodo.

Se acercó y lo miró fijamente. No traía almohada, ni cobija, simplemente se había derrumbado en el sillón. Hizo que sus ideas se ordenaran para encontrar alguna respuesta coherente. No era por que ella le desagradara, o al menos no era solo por eso.

Tal vez había sido la vergüenza lo que lo hizo alejarse de ella. Meditó… no, no podía ser eso, por que Severus Snape no se intimidaría por algo como la vergüenza, ni siquiera una como la de la noche anterior.

De repente, una imagen de si misma y Ginny golpeó su mente.

No importaba cuanta gente estuviera en la Madriguera, los hombres iban apiñados unos sobre otros de ser necesario en un cuarto, pero Ginny y Hermione jamás tenían que compartir su habitación. En alguna ocasión, Ron dijo algo como "Pero mamá! Estamos todos apretados en mi habitación! Podemos dormir Harry y yo con Ginny y Hermione, por Merlín, no es como si fuera a pasar nada!!" y la respuesta de la señora Weasley había sido "Ron, ya no discutas. Se perfectamente que no ocurriría nada, pero tengo la esperanza de que tu y Harry sean unos perfectos caballeros, y un caballero jamás duerme en la misma habitación que una dama que no es su esposa, o por lo menos su pareja. Es una falta de respeto"

Un caballero…

Snape… un caballero?

Hubo un ligero crack y Winky apareció en ese instante con la cesta en las manos, pero apenas y hubo aparecido, Severus despertó, sacó su varita de golpe y apuntó con ella a la pequeña elfina, la cual brincó asustada, y Hermione se apresuró a colocarse en medio.

  • Tranquilo, espere!

Snape la miró fijamente y luego a la elfina, la cual había dejado caer la cesta del susto. Bajó la varita y se cubrió el rostro con las manos.

  • Winky se siente apenada por haberlo despertado, profesor... señor, Winky lo siente.

  • No es tu culpa. Tranquilízate.

Dijo el maestro poniéndose de pié y caminando a su habitación, bajo la atenta mirada de Hermione.

Miró a Winky, la cual levantaba la cesta del suelo.

  • Winky?

  • Si señorita?

  • El profesor Snape siempre te trata así?

  • Así? Winky no comprende, señorita.

  • Así, bien… sin gritarte ni nada.

Winky sonrió.

  • El profesor Snape siempre trata bien a los elfos domésticos, señorita, por eso los elfos le guardamos sus secretos.

  • Secretos?

La elfina movió su cabeza negativamente.

  • Winky no puede revelar los secretos del profesor Snape, señorita. No, no, Winky es una elfina buena y le guarda sus secretos al profesor.

Al mirarla, no pudo evitar recordar a Barty crouch y su hijo.

  • Ya veo… tal vez y debería ser más amable con nosotros también.

  • Lo sería, señorita Granger, si sus compañeros no fueran un montón de pelmazos que solo saben hacer estallar calderos.

Hermione giró y observó al profesor, el cual le miraba desde la puerta de la habitación, con algunas ropas bajo el brazo.

  • Use la regadera, señorita Granger, vístase y márchese, antes de que alguien se entere de que ha estado aquí y quieran acusarme de pedrastra.

  • Si profesor.

La joven castaña tomó sus ropas y se despidió de Winky, para luego pasar corriendo junto al profesor, repentinamente avergonzada de sus piernas al aire en aquella bata masculina.

Snape ni siquiera la miró cuando escuchó cerrarse la puerta del baño. Miró a la elfina, la cual acomodaba sus ropas de mortífago en un baúl debajo de la cama.

  • Limpiaron la sangre anoche?

  • Si profesor, señor. Dobby dijo que nadie sabrá de la sangre, señor.

  • Bien. Las paredes quedaron limpias?

  • Si señor, la sangre no estaba seca y Dobby dijo…

  • De acuerdo. Gracias por la ropa, puedes retirarte.

La elfina hizo una profunda reverencia.

  • Y otra cosa.

Winky le miró con sus ojos castaños.

  • Ni una palabra de que viste a Hermione Granger a medio vestir en mi habitación, ni de que durmió aquí.

  • Si profesor, señor…

Una vez que se hubo marchado, Severus suspiró y comenzó a cambiarse de ropa, ya para nada le daba el tiempo de darse un baño, por que tenía que ir a poner en orden su laboratorio antes de que iniciaran las clases, incluso antes del desayuno, pues la noche anterior, el llamado de Voldemort lo había interrumpido, y con la señorita Granger usando la ducha, el tiempo le daba menos todavía.

Terminándose de vestir, tomó sus pijamas y entró a su habitación, dispuesto a retirarse lo antes posible, palpó su bolsillo y maldijo entre dientes. Donde diablos había dejado la varita??

Cerró los ojos. Se despertó, apuntó con ella a Winky, se relajó, se levantó y se fue al baño, dejó la varita sobre el lavabo mientras se lavaba el rostro, salió del baño y…

Mierda…

Se acercó en silencio y abrió la puerta lentamente, el sonido del agua dentro le hizo sentirse tranquilo, mientras hubiera agua, ella estaría dentro de la ducha, alargó la mano desde el marco de la puerta y sus dedos rozaron la varita, miró para ver que ella siguiera en lo suyo, y no pudo despegar su mirada.

La cortina dibujaba un cuerpo desnudo, juvenil y hermoso. Severus movió su cabeza rápidamente, alcanzó su varita y se marchó, cerrando la puerta tras de si.

Minutos mas tarde, Hermione salió de la habitación y no encontró al profesor por ningún lado, así que prefirió salir lo antes posible, corriendo a la torre de Gryffindor antes de que cualquier pudiera verla.