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Historia 33018 — capítulo 4
Unos días después Sirius había reunido la información que necesitaba y estaba dispuesto a ir por su presa.
-Sirius, no hagas algo estúpido -le advirtió Lupin con preocupación. La muerte de James y Lily le había afectado enormemente y su dolor se hizo más grande al tenerlo guardado en el fondo de su ser, no lloró ni una vez cuando supo la noticia: sabía que si lo hacía Sirius acabaría muriendo de tristeza, Remus Lupin era ya el único amigo en el que Sirius Black confiaba.
-No puedo prometer eso, Lunático -replicó Canuto con una sonrisa triste
-Cuídate Canuto -se despidió Lupin y los dos amigos se abrazaron en señal de despedida.
-Y tú también -Sirius hizo un gesto con la mano y le dedicó una sonrisa sincera a Remus, sabiendo que sería la última que Lunático vería de él.
Partió primero a ver a Harry, transformado en perro anduvo por Privet Drive buscando el número 4. En el patio alcanzó a ver a dos niños jugando, uno obeso y grande que le lanzaba piedritas a uno pequeño y escuálido con gafas como las que usaba James; éste último niño tenía una cicatriz en forma de rayo, para muchos símbolo del fin de Lord Voldemort. Sirius no tardó en saber cual era Harry, se acercó corriendo y ladrándole a Dudley Dursley que huyó despavorido al interior de la casa.
Por alguna razón Harry no le temía a ese perro, a pesar de que era enorme y negro como la noche. Sirius caminó lentamente y se sentó frente a Harry.
Hola Harry<< le ladró amigable
-Hola amigo ¿estás perdido? -balbució Harry rascándole detrás de las orejas al perro.
No, vengo a despedirme<< ladró Sirius que levantó una pata delantera y la puso en el hombro de Harry.
-Eres muy bonito ¿Tienes dueño? -sonrió Harry
Cuídate, Harry<< y el perro negro apoyó su cabeza en el regazo de su ahijado
-Mejor vete ya. Tía Petunia saldrá -en efecto, Petunia Dursley salió de la casa blandiendo una escoba y gritando como loca para asustar al perro.
Adiós Harry<< ladró Sirius y le dio a Harry un lenguetazo en la cara. Harry rió, con la risa franca y amigable propia de un niño, la risa que Sirius recordó los siguientes años. Entonces el perro corrió lo más que pudo con sus cuatro patas pensando sólo en el culpable de todo. El culpable de que James no cuidara a Harry, el culpable de que fuera Petunia y no Lily la que saliera a reñirlo, el culpable de que él (Sirius) no pudiera quedarse con Harry más tiempo: Peter Pettigrew
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