Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.7% · 90,801 de 95,911 páginas identificadas · 90,162/90,522 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 33023 · de

Historia 33023 — capítulo 11

¡Hola de nuevo! Sé que les debía capitulo para éste viernes pero me fue imposible subirlo. Desde el jueves me encontraba enferma, tos, dolor de cabeza y muscular. Lo bueno que fiebre no me pegó por que ya sospechaban que era Influenza. Por todo lo que se esta viviendo aqúí en México, aunque no soy del D.F más vale prevenir. Desde ayer me siento mejor y juro que no podía ni estar sentada frente al monitor. Agradesco sus comentarios y espero subir el capitulo doce en cuanto lo termine. Esta semana se suspendieron las clases en todo el país así que espero tener más tiempo para escribir.

El siguiente capitulo no me convenció pero bueno, ya tenía que subirlo.

Espero que se encuentren muy bien y recuerden tomar todas las medidas necesarias para no contagiarse de Influenza .

XI: Paranoia en Extasis.

La brisa es el aliento que se escapo de un suspiro.

Veía los admirables y hermosos paisajes postrarse ante mí y no podía evitar las ganas de llorar. Eran paisajes inimaginables que solo en libros había tenido la dicha de ver. Los verdosos pastos y altas montañas se imponían contra el viento que las golpeaban levemente. A unas millas, la playa. El agua parecía mas azul que en ningún otro océano y la arena no parecía arena. A simple vista podía percibirse como una delicada esponja color amarillo pálido que contrastaba con el agua de aquel océano. Era impresionante. Sentí mis ojos aguarse y oculte mi emoción reflejada en ellos mirando hacia abajo. Todavía faltaban unos metros para llegar al hotel. De pronto, como si mi pensamiento me traicionara sentí la calidez de su mano contra la mía y me besó la mejilla.

-Estoy seguro que te encantará el clima y por supuesto el paisaje- las palabras de Carl me hicieron controlarme y sonreí. Volví a mirar por la ventana y me dejé llevar por la placida sensación que me causaba observar aquel inmenso mar.

No estoy segura si me sentí sumergida en él o si por un instante me quedé sin respiración cuando mis ojos divisaron el lujoso hotel donde nos hospedaríamos.

-Carl, ¿seguro que puedes pagar esto?- pregunté un podo intimidada. Sabía que Carl tenía algo de dinero pero su sueldo como columnista no parecía tan espléndido

.-No te preocupes- y se bajó del taxi para ayudar con las maletas.

Aun seguía mirando todo a mí alrededor, desde el sólido pavimento que se encontraba bajo mis pies hasta el infinito cielo que amenazaba con dejar caer una leve llovizna. La brisa que golpeo mi rostro me estremeció. La sensación de cálido y frío a la vez me recordó a mi vida junto a Draco, ¿Por qué tenía que recordarlo?. Era inevitable no relacionar a Draco con el frío del viento, con la lluvia casi congelada que caía en Londres  o con el invierno que tapizaba de nieve las calles. Para mí ese era él. El rey de lo inmutable, del hielo que a veces gobernaba mi existencia. Observé como Carl me hizo una seña para entrar al hotel y lo seguí. La gente parecía tranquila y la mayoría sacada de una revista. Bastaba con observar a las despampanantes jóvenes que se paseaban con mini bikinis o admirar a los atléticos hombres que las acompañaban para darse cuenta que la mayoría tenían un ego absurdamente grande. Reí para mis adentros. Estaba bien cuidarse, verse atractivo pero personalmente no se debería de exagerar con el cuidado exterior porque puede dar la impresión de no tener interior.

-Nuestra habitación es la 213- la voz de Carl me sacó de mis pensamientos y caminamos hacia el elevador. - Mañana por la mañana tengo una reunión con el editor de una revista-

-¿Revista?, Creí que el periódico era tu vida-  agregué ante su comentario, me miró avergonzado y retiró sus ojos de mi.

-Lo es, pero hay que expandirse más- sus palabras me incomodaron, ¿expandirse mas?, tenía una idea de lo que quería decir pero no dije nada mas.

Pasamos la tarde vagando por la playa. No podía evitar correr como una niña por su alrededor y tratar de sacarme tantas fotos como me fuera posible. Carl solo reía y hasta proponía poses divertidas para las tomas. Realmente el clima era delicioso, Londres no tenía un clima tan ideal. Corrí hacia una pequeña laguna rodeada de algunas rocas y me senté en ellas. Abracé mis piernas contra mi pecho y dejé que algunas olas rompieran en ellas.

-Hermione, corres muy rápido- Carl llegó un poco después de mi y se sentó a mi lado. Trató de tomar aire y comenzó a ver las fotos en la cámara. Lo miré. Su rostro se encontraba algo rojo y su frente totalmente brillante por el sudor, me hizo reír.

Era una imagen tan infantil que me pareció estar viendo a Ron. Lo abracé fuertemente y casi hacía que la cámara cayera al agua.

-No te quiero perder- susurré levemente dejando llevar por aquel recuerdo. Carl solo correspondió a mi abrazo

  • No lo harás- por un instante sus palabras me hicieron sentir culpable. Yo se las había dicho dejándome llevar por la imagen de Ron… pero tal vez realmente no quería perder a Carl Smith.

-Mira, parecer una niña buscando tesoros en la arena- miré la imagen y me vi sentada tomando algunas conchitas de mar y mostrándoselas a Carl. Estaba a punto de decir algo cuando noté sus ojos vagar por aquella fotografía. Absorbían mis piernas algo bronceadas y desnudas por aquel traje de baño de dos piezas que decidí usar, claro que traía mi pareo cubriéndome un poco pero no bastó para que sus ojos desistieran de lo que hacían. No me miraban directamente pero casi desnudaba a la pobre imagen que se encontraba en esa cámara y me sentí avergonzada.

-Hay que nadar- agregué al notar que no había nadie mas en la pequeña laguna con salida al mar. Tomé una de sus manos y con la otra dejé la cámara en un lugar a salvo. -Anda- lo atraje hacia mí y lo tomé por la cintura al ver su renuencia.

 -Hermione…-

 -Anda, siempre he detestado a las personas que solo vienen a lucir sus cuerpos o su ropa, a la Playa se viene a nadar no a pasear como cangrejos en el arena- me estaba impacientando

-Si Hermione, pero…- y no lo dejé terminar y lo atraje aun mas hacia mi y juntos caímos al agua. Al salir solté una carcajada y Carl solo mostró un semblante de disgusto- Hermione, ¿Qué hubiera pasado si esto no hubiera estado profundo? Por eso no quería meterme hasta estar seguro.- le arrojé un poco de agua en la cara y omití su comentario o pregunta u observación. Seguí con mis acciones infantiles y nadé a su alrededor, la pequeña laguna era lo suficiente grande para nadar a placer. Cerré mis ojos y me dejé llevar por el agua. De repente no escuché su voz ni sentí su cuerpo en el agua y decidí abrirlos. Al hacerlo sentí como algo me jalaba hacia abajo y al abrir los ojos en el agua lo vi. Carl me había tomado por la cintura. Salimos a flote y solo traté de golpearlo.

-¿Que te pasa? ¿Y si me hubiera ahogado o pegado un grito mientras me jalabas? Hubiera tragado agua y quien sabe que pasaría.- Carl rió un poco y se acercó a mi, traté de alejarlo pero fue mas rápido y me sujetó de nuevo por la cintura.

-Si hubiera pasado te hubiera salvado- siempre había detestado la seguridad machista que los hombres demostraban pero desde hace un tiempo los comentarios de Carl se habían vuelto tolerables, dejé que me besara. 

El tiempo siguió pasando hasta que se nos hizo de noche cerca de la playa. Decidimos irnos al hotel por que como había pensado, parecía que llovería. Entramos al lobby y nos encaminamos de nuevo al elevador. Carl tenía su brazo encima de mi hombro mientras yo le sujetaba su mano. Antes que el elevador se cerrara me pareció ver a alguien, no estaba segura pero después de tantos años me era fácil reconocerlo. Pero no quise verificarlo y me volteé para besar a Carl, y la duda de que Draco Malfoy estuviera en el mismo hotel y en el mismo país se mantuvo conmigo todo el viaje. Hubiera sido sencillo quedarme viendo a aquella persona que se encontraba de espaldas en la recepción, era cuestión de segundos para que volteara aunque fuera de perfil y lo reconocería fácilmente pero no, decidí evitarlo y me volví a besar a Carl mientras cerraba mis ojos. El solo pensar en aquella posibilidad era absurdo, era aterrador. Al llegar a la habitación me encaminé al baño. Tenía que ducharme y cambiarme para dormir, me encontraba exhausta por el viaje y el paseo que en lo único que pensaba era en recostarme en aquella amplia cama que Carl y yo compartiríamos. Respiré hondo mientras el agua de la regadera caía sobre mi cuerpo y de repente pensé en la posibilidad de dormir en otro lugar. Carl me había propuesto dormir en cuartos separados pero yo, como siempre de terca, le di la contraria y le dije que preferiría estar acompañada. Claro, quería pasar tiempo con él, cortar de tajo mis prejuicios y mis miedos, aunque creo que ya lo había echo.  Y así fue como me vi sumida en aquella habitación.  Salí envuelta en una bata blanca y con el cabello recogido mientras Carl entraba al baño y se aseaba. Me acerqué al tocador y empecé a cepillarme el cabello, cerré mis ojos y lo vi. La imagen de aquella fornida espalda y de su cabello platinado me era inolvidable. No estaba segura si era él pero el gran parecido que aquellas características tenían me agobiaba, pero disipé ese pensamiento convenciéndome que Draco no tendría nada que hacer en aquel lugar.  Al poco rato, después de haberme puesto mi ropa para dormir vi salir a Carl del baño. Desprendía un olor raro, una fragancia europea que al parecer provenía de una pequeña botella que vi en el aparador del lavamanos. Cerré mis ojos y fingí dormir. Se recostó a mi lado y besó mi cuello de esa manera que solo él sabía hacerlo, pero no me inmute. Aunque sentía una explosión dentro de mi cuerpo traté de disimularlo. Una de sus manos acarició mis piernas y comenzaron a subir. Fue entonces que abrí los ojos.

-Carl, estoy cansada- dije entre bostezos tratando de no sonar antipática, él solo asintió con una sonrisa y me besó rápidamente en los labios, se recostó de nuevo y pareció conciliar el sueño. Traté de hacer lo mismo y me volteé para el lado contrario de él. Cerré los ojos y al parecer lo logré.

Los días pasaron rápidamente. Aquel mes fue uno de los más placenteros, desenfadados de mí vida hasta ahora. A pesar que la primera noche no resultó ser la mas mágica, por así decirlo, las siguientes, no en su mayoría pero si de vez en cuando me provocaban un éxtasis incomparable. Creía. Yo misma me había sorprendido por la facilidad con que me relacioné con Carl. Había cruzado una línea que no pensé que existiera. Un mes había bastado para dejar de verlo como espejo del pasado. Pero la sensación de estar viviendo una realidad tan lejana de mis pensamientos me dio pavor. Por todo ese tiempo que pasé a su lado ni Ron ni Harry figuraron en mi mente. Solo una persona lograba colarse por entre mis fortuitos placeres y acomodarse en mi mente de una manera permanente. Y es que aquel último día que nos quedaba en éste lugar de ensueño me pareció volverlo a ver, de nuevo. Pero esta vez me dio la impresión que iba a acompañado. Su eterna compañera rubia parecía estar en la recepción firmando unos papeles. No estaba segura si era ella, pero el temor de averiguarlo me hizo flaquear, caminé con un paso absurdo hasta el taxi que nos llevaría al aeropuerto y me subí tan rápido que solo escuché una voz quejándose.

-¡Señorita, por favor, he estado media hora esperando éste taxi, le ruego que se baje¡-

Miré a un hombre de unos cincuenta años, bien parecido y con unos ojos verdosos que brillaban de desesperación. A su lado percibí a dos pequeñas gemelas rubias tomadas de la mano del hombre y solo me avergoncé. Me había equivocado de taxi. Y es que el nerviosismo me invadió. El temor de comprobar lo comprobado me alarmó de sobre manera. Bajé del taxi con una sonrisa tímida y solo pedí disculpas al hombre y me encaminé hacia otro taxi donde Carl se encontraba esperándome. Me miraba divertido, casi riéndose por mi torpe acción y caminó para alcanzarme.

-¿Tan desesperada estas?-

 Preguntó entre risas y  me dio un beso en la mejilla. Sonreí. Miré por la ventana del auto y mientras éste avanzaba me pareció divisar un beso entre aquella joven con un hombre rubio. No alcancé a verles el rostro pero eran demasiadas coincidencias. -¿Pasa algo?-

Carl me tomó la mano y me miró.

-No, quiero regresar a Londres pero a la vez me encantaría quedarme aquí-

-Lo entiendo-

El viaje fue largo, pero por fin llegamos a Londres. Devuelta a aquella casa, a mi paranoia. Y es que al bajar del avión yo ya tenía claro lo que haría en cuanto pudiera hacerlo. Averiguar donde diablos estaba Draco y confirmar si era él el que se encontraba en Nueva Zelanda. Tenía que convencerme que no estaba loca. Por un segundo pensé en no hacerlo pero aquella idea, pretexto, se sembró en mi cabeza. Hasta el proximo capitulo xD

Comentarios.