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Historia 33023 — capítulo 12
Muchas Gracias por sus comentarios. Ando con mucha prisa, pero les prometo que en el #13 tendremos más de Draco. Gracias de nuevo por pasar.
XII: Deja vu
Observé la modesta casa que encerraba los sentimientos más oscuros que laguna vez tuve, o tenía. Era un claustro el estar ahí, pero tenía que vencer mi miedo. Tenía que mirarla como antes lo hacía. Caminé hacia la puerta mientras Carl y el taxista tomaban mis maletas y los tres entramos a la sala. Me topé con las escaleras de frente y me dio pánico subir. ¿Por que?. No lo sabía.
-¡Regresó!- escuché la voz de María mientras se dirigía a saludarme, se limpió sus manos con el delantal, parecía estar cocinando.
-Hola María, huele delicioso.-
-Es verdad- Carl intervino en nuestro saludo y dejó las maletas en el piso mientras le pagaba al taxista. -¿Qué está cocinando?- respiré profundo al sentir la mano de Carl pasearse por mi cintura queriendo atraerme hacia él, solo me separé lo más rápido que pude y María nos miró con extraño.
-El platillo favorito de la señora- respondió.
-¡Oh! Yo no se cual es, ¿Cuál es Hermione?- Me estaba sintiendo sofocada.
-María ¿Por qué no vas y ves si ya está listo el estofado?- la anciana mujer pareció entender mis palabras y se retiró, Carl se sintió en libertad para ahora si atraerme hasta su pecho y me sujetó fuertemente mientras esquivaba sus labios.
-¿Te preocupa que tu cocinera sepa lo nuestro?- ¿cocinera? Yo jamás le había dado aquel calificativo a María, ni sirvienta o ama de llaves, para mí solo era María. -¿Cocinera? No me gusta llamarle así- repuse quitándome de su lado. Pareció molesto y se sentó en el sofá.
-¿Cocina, cierto?- Lo miré de manera afirmativa- Entonces es cocinera- entorné mis ojos y caminé hasta la repisa de libros. Se encontraban limpios, sin una gota de polvo, al parecer María había estado viniendo a limpiar.
-Sabes Carl, no me gusta decirle así, me hace sentir que soy superior a ella y la verdad no lo soy- dije aquello en tono serio. Había notado el sarcasmo con que Carl mencionó la palabra cocinera y de pronto me pareció un ser banal. Lo miré fijamente. -Creo que debemos descansar- sonrió de aquella manera que solo él sabía. Se levantó y se acercaba a mí con ese aire seductor que solo él desprende y yo, modestamente, me alejé un poco y me senté en otro sofá.
-¿No me invitas una copa?- agregó viendo mi evasiva, miró el mini bar y volvió a mirarme.
-Te digo Carl, estoy cansada, mejor salimos a cenar o mañana te llamo- indiqué con tono exhausto y al parecer logré que persuadiera de aquella idea que vi en sus ojos desde que llegamos. Quedarse en mi casa por lo menos a comer. Asintió lentamente y se acercó a mí. Me encontraba todavía sentada y él solo se agachó un poco para depositar un beso en mi frente. -Esperaré tu llamada- y después salió silenciosamente. Respiré. ¿Qué me pasaba? Había tenido un mes prácticamente de ensueño a su lado y ahora me mostraba distante. Creo que solo era el cansancio del vuelo. Quería recostarme en mi cama, dormir largo rato y estar repuesta para los siguientes días pero no fue así. Recordé lo que había planeado:Localizar a Draco.
María entró de nuevo a la sala y me miró. Se veía un poco preocupada, como si tuviera algo que decirme y de aquello dependiera su vida. Tal vez solo exageraba. -Señora, tengo algo que contarle, algo que sucedió mientras se encontraba de viaje-
Miré a la anciana y sonreí, -Me lo podrás decir después ahora tengo que hacer una llamada- María sonrió y se retiró. Mi inquietud por saber de Draco comenzó a invadirme. Tomé el teléfono y empecé a marcar un número, el de Charlotte Johnson.
Charlotte era una antigua compañera de la universidad. Inteligente, linda y tenaz. Realmente se había abierto un amplio paso en la abogacía. En el ultimo par de años se convirtió en la abogada más joven, recién graduada, que llevaba un caso de la compañía escocesa Milo's Light, era la distribuidora de fármacos más importante en el meridiano. Era todo un logro para todos. Su aspecto era intimidante y combinado con su carácter resultaba cohibida cualquier persona con quien mantuviera una plática. Medía un poco mas de 1.80 de estatura, tez morena y largo cabello rizado que caía frondoso sobre su espalda, grandes ojos de un café oscuro casi negro combinados con un cuerpo de complexión gruesa con muy buenas curvas. Era perspicaz y sagaz. Se movía ágilmente en los tribunales y eso la llevaba ahora a donde estaba. En la empresa donde Draco trabajaba defendiendo a los pobres empresarios de una demanda. Que original. El teléfono timbró un par de veces y al tercer timbre atendieron.
-Buenos Días, habla Charlotte Johnson.- su voz, como siempre, sonó segura de si misma.
-¿Charlotte?- Se quedó en silencio un momento.
-Me parece ridículo que confirme con una pregunta lo que ya se le dijo.-
-Y ami me parece aun mas ridículo que gaste saliva para reprocharlo- Ambas nos echamos a reír. Me venía tan bien hablar con ella. En la universidad nos volvimos muy unidas, y considerando laruptura de mi amistad con Ginny necesitaba a alguien más.
-Hermione, me alegra mucho escucharte-
-A mi igual, ¿Cómo has estado?-
-Llena de casos, menores claro, pero ahora me estoy enfocando en la compañía de tu esposo- Reí.
-Ex - le corregí entre risas y el silencio volvió.
-¿En serio?, Lo siento tanto- claro que lo sentía. A Charlotte le parecía que Draco era un Adonis, cada vez que tenía la oportunidad me decía que si algún día nos separábamos ella se quedaría con él.
-Aquí no ha dicho nada, aunque sabes como es, no muy extrovertido en el trabajo, aunque… ¿recuerdas a Charles Wells?-
-¡Como no recordarlo!- Charles era casi el intimo amigo de Draco. No hablaba mucho sobre él, tampoco lo llevaba a comer a la casa pero se notaba que con él por lo menos cruzaba mas de dos palabras, eso para Draco ya era íntimo.
- Pues hace días lo veo serio, y hace poco más del mes creo que él y Draco se fueron a un bar, se veían deprimidos.- ¡Já! ¿Draco deprimido? Eso era gracioso. -Tal vez a él si le dijo algo-
-Tal vez… pero la oferta sigue en pie, si es que todavía consideras llevarte a Draco.-
Al otro lado de la línea escuché como Charlotte soltó una carcajada.
-Hermione, ¿recuerdas ahora a Frederick Grissom?-
Ahora fui yo quien rió. Claro que lo recordaba, Frederick, aquel escuálido pelirrojo de ojos avellanas que apenas medía 1.60, tímido y sin muchas ambiciones había sido el novio de Charlotte durante la universidad, y todavía siguió con él después de graduarnos.
-Por tu risa parece que si lo recuerdas- agregó al echarme reír. Y es que no lo podía evitar, sabía que estaba mal pero Frederick era y me parecía gracioso. -Me casaré con él el próximo año- pude notar una pizca de ilusión y pena en su voz y casi me pude imaginar a aquella imponente mujer sonrojada.
-Me alegro por ustedes, en serio-
-Lo se, no será tan apuesto como Draco pero su atractivo son sus sentimientos-
Y vaya que si lo era, Frederick a pesar de su apariencia, era un hombre generoso y le profería amor a Charlotte de una manera casi impensable. Realmente era un buen hombre. -Además…- añadió- … tiene grandes habilidades, si sabes a lo que me refiero- solo solté un sonido de asco y reí.
-Basta Charlotte, lo último que quiero es imaginarte a ti y a Frederick teniendo sexo-
-¡Es maravilloso!- exclamó con gran pasión y reímos. El tiempo pasó rápido y yo aun no llegaba a la pregunta que evocó aquella llamada. Miré por la ventana y vi a María sentada en aquella banca leyendo un libro, recordé que tenía algo que decirme.
-Charlotte, ¿y está Draco por ahí?- pregunte en tono casual, entre las risas y los recuerdos.
-Para serte sincera, no lo he visto desde el día que te mencioné, cuando él y Charles salieron al bar.-
Seguimos platicando y llegó la ahora de despedirnos. Quedamos que algún día, antes de su boda, nos juntaríamos a tomar un café y con esto la llamada se cortó.
Por eso quería a Charlotte, no era de las personas que hacía muchas preguntas, a pesar que era abogada. Me levanté del sofá y caminé a la cocina. Pasé por en frente de las escaleras y una leve brisa de aire me envolvió, estaba segura que hasta mi cabello se levantó un poco. Sentí aquel invisible aliento golpear mi rostro y giré rápidamente mi cabeza para mirar hacia arriba. No había nada. Sentí mis ojos inundarse y caminé rápidamente siguiendo mi curso hacia la cocina. No se de donde salio ese viento y no estaba segura si en verdad lo había sentido. Pensé en Draco.
"Así que no lo han visto en la oficina hace un mes"
Aquello casi corroboraba mis sospechas. Entré a la cocina y vi a María entrar al mismo tiempo por la otra puerta, solo pegué un grito.
-Tranquila, solo soy yo-
Respiré y sonreí- Lo siento- agregué acercándome a la estufa. Vi el estofado de carne con algunas verduras y me serví. Invité a María a comer conmigo y aunque al principio se negó logre convencerla. Nos sentamos en la mesa.
-Deberías de ver los fantásticos paisajes que alberga Nueva Zelanda, la paya y las montañas casi están juntas y no puedes evitar sentirte ahogada de emoción, es impresionante- Impresionante. No podía creer como después de tantos años en Hogwarts, al lado de aquella magia y maldad que nos siguió tanto tiempo, aun siguiera impresionándome por cosas que tal vez a alguien no le parecieran tan impresionantes al lado de la magia. Pero es que aquel paisaje en sí, era mágico.
-Señora…- la voz de María se mostró preocupada y miró su plato.
-Tenías algo que decirme, dímelo.- agregué comiendo un poco más.
La anciana evitó mis ojos y prosiguió.
-Durante el segundo domingo que usted se encontraba de viaje vino el señor- detuve mi tenedor en seco y casi lo dejaba caer. Ahora volvía a dudar. No se que ansiaba más, que él hubiera estado en Nueva Zelanda o todo lo contrario
- ¿Qué quería?- pregunté tratado de comer, como si aquel comentario no me inmutara.
-Dijo que había olvidado algo de su recamara, lo dejé subir y después bajo diciendo que estaba cerrada y que él no tenía llave, se marchó y agregó que después volvería- Algo de lo que María decía me llamó la atención. "el no tenía llave". Claro que tenía, si es que se la llevó. Terminamos de comer y platicamos un poco más, María dijo que tenía que retirarse y se marchó. Me despedí de ella con una sonrisa y cerré la puerta. Me giré y mis ojos chocaron con las escaleras. No había subido desde que llegué. Las maletas aun seguían en la sala y me daba un pánico poner un pie en el primer escalón. Pensé en lo que había dicho María y me entraron unas imperiosas ganas de subir a la habitación de Draco y ver en verdad que estaba cerrada. Claro yo la había cerrado pero quería verificarlo. Iba a subir y de repente pensé en llevar las maletas conmigo. Las tomé, una en cada mano y subí. Iba casi a la mitad de las escaleras cuando sentí un escalofrío recorrerme, no sabía que era pero los nervios me atacaron, solté las maletas y de pronto no supe más. Solo logré sentir el filo de los escalones agolparse en mi espalda y costados y luego todo, repentinamente, negro.
Jamás voy a estar segura de la claridad de las cosas. Del tiempo en que los hechos transcurrieron. Solo de aquel rostro que se mostró frente a mi el día que abrí los ojos.
Carl se encontraba tomando mi mano. Y poco a poco distinguí algunos destellos que invadían el cuarto del hospital. Cuando Carl se percató que había despertado me besó en la frente y me sujetó más fuerte la mano. -¡Oh Hermione! Me asustaste mucho, ¿Cómo te sientes?- Aun me encontraba aturdida, confundida y no respondí. -Hace dos días caíste por las escaleras, si no hubiera sido por María que regresó por su bolso solo Dios sabe como estuvieras en estos momentos- Apenas si podía recordar algo del accidente y traté de respirar. ¿Dos días? Se me hacían demasiados para una caída.
Salí un jueves del hospital y los siguientes meses se volvieron una eternidad. El asunto de Draco me dejó de importar y me parecía un gran avance en mi vida. No me lo había vuelto a topar o a imaginármelo en alguna calle. Volví a ser yo, poco a poco con la ayuda de Carl tomé mi camino. Desde aquel accidente había pasado ya tres meses y nos encontrábamos sentados en una banca del parque, eran alrededor de las siete de la noche.
-Hermione, el día que caíste por las escaleras me asusté mucho, yo te amo y muchas veces antes te lo he dicho pero no fue hasta ese momento que me di cuenta de la gravedad de éste amor- me encontraba recostada en su pecho y sus brazos envolvían mis cintura.-No se si tu sientas lo mismo, pero eso no importa, yo te quiero tener así para siempre- y en ese momento sobre mis ojos se postró una pequeña caja negra con un brillante anillo en su interior. Me quedé paralizada. Carl trataba que me acomodara en la banca para quedar de frente pero mi cuerpo se volvió pesado e inmóvil. Parpadee como para dar señal que seguía viva. -¿Te quieres casar conmigo?- al parecer Carl desistió de la idea de sentarme bien, trató de contorsionarse para ver bien mi rostro y estaba a la espera de una respuesta. El escalofrío que solo a veces me invadía lo sentí mas fuerte, con mas peso sobre mi y sentí que me iba hundir en aquella banca, en aquella tierra junto a Carl. Tragué saliva y por fin pude sentarme. Lo miré. Traté de decirle con los ojos todas las cosas que mi boca no podía. ¿Acaso no era muy pronto?, Era un hombre ejemplar, tenía sus defectos como sus pequeños y locos ataques de sarcasmo y menosprecio que a veces relucían, como aquella tarde que llamó cocinera a María, pero la mayor parte del tiempo era excelente. Y de pronto la inquietud sobre Draco y el viaje a Nueva Zelanda vino a mi mente. ¿Sería posible que todavía viviera en le pasado? ¡No Hermione! Tenía que dejarlo ir, así como él lo hizo conmigo hace tiempo. -Si- acepté con un poco de temblor en la voz y pareció que Carl no notó aquello y me abrasó. De pronto sentí un deja vu. Draco había predicho aquello.
Era un ente del futuro que gozaba con el privilegio de leerme cada pensamiento para anticiparse a mis decisiones.
Y por un instante quise arrojar a Carl al suelo y retractarme de mi respuesta solo para no darle el gusto a Draco. Pero no lo hice. Si uno vive para darle gusto a todos jamás se dará gusto a si mismo. Y es que yo quería estar con Carl, tal vez no sentía lo que Carl sentía tan fuerte como él pero tenía que darle un empujón a mi vida y así lo hice. Acepté aquel matrimonio que en menos de seis meses se llevaría a cabo.
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